Cartas de un asesino insignificante
- Автор: Somoza José Carlos
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Cartas de un asesino insignificante». Краткое содержание книги:
He optado por continuar con la farsa, ya que me siento fecunda en el buen sentido de la palabra, quiero decir, en el más abstracto. Tus anónimos me han arrancado de la vida vegetal que soportaba, y ahora me dedico con todas mis fuerzas a perfilar la traducción de Light in August y a esbozar mi novela, cuyo tema es el siguiente:
Tema de novela
Una escritora se instala en un pueblecito costero con el fin de hallar inspiración para su próxima novela, cuyo tema es el siguiente:
Tema de novela II
Un asesino envía cartas a una mujer solitaria, invitándola a responderle.
Tema de novela I (continuación)
Para inspirarse, la escritora mima los detalles de su fantasía: escribe los supuestos mensajes del «asesino» y sus respuestas, y los abandona en el muro de su casa para «hallarlos» al día siguiente; pero, tras varios meses de invenciones, se harta del juego y decide finalizarlo. Y es entonces cuando las cosas se ponen interesantes, porque alguien, un vecino del pueblo, ha estado leyendo a escondidas esa extraña correspondencia unívoca y se dispone a continuar la trama adoptando el papel de asesino. Lo más curioso es que la escritora, tímida como todos sus colegas a la hora de enfrentarse a la realidad no imaginada, accede a prolongar la diversión con el aliciente de la mano anónima que ahora le escribe de verdad, y…
Pero el final no lo he decidido aún, así que tendrás que esperar nuevas entregas, Manolo. Comprendo que al lector le surgirán algunas dudas.
Dudas del lector
Pensará el lector: «¿Qué intenciones tiene este vecino? ¿Concibe el juego tan sólo como un espejo de la fantasía de una escritora a la que quizá admira? ¿Acaso pretende llevarlo hasta el final, con todas sus consecuencias? ¿Y por qué alguien iba a pretender eso? ¿O bien -¡delirio inmenso de la literatura!- se trata todavía de la misma escritora, que intenta confundirme? ¿Se ha vuelto loca? No obstante…». Compadezco al desesperado lector llegado este punto, Manolo, porque la irrealidad se filtra como la niebla, basta una rendija: «Si la escritora se lo inventa todo, ¿por qué no se va a inventar también el pueblo? Y si el pueblo es ficticio, ¿por qué no ella misma? ¿Y por qué no yo, su lector?››. Terrible y desconocido tormento es leer lo que otro maquina. A mí me ocurre eso contigo, Manolo, que no sé qué es lo que inventas y qué lo que afirmas con seriedad, y tampoco sé si lo que afirmas con seriedad es inventado (porque la seriedad nada tiene que ver con la existencia de las cosas, ya lo decía Nietzsche). y ni siquiera sé si lo que inventas es serio y, por tanto, si merece el esfuerzo de mi reflexión.
Las últimas líneas van dedicadas a mi «asesino».
Carta a mi asesino
Señor. Usted no quiere matarme. Su «broma», si de eso se trata, estriba precisamente en todo lo que sucede «antes». Le interesa observarme sometida a su lamentable amenaza, estudiar mi reacción ante ese destino supuestamente cierto. Y, mientras tanto, le apasiona filosofar, fingir, esconderse, seguirme, vigilarme hacerse el modisto, el poeta y el loco.
Concedamos que quiere ganar tiempo, pero para qué? ¿De qué manera funciona una burla que no hace efecto? Si yo he decidido prolongar este juego con mis propias cartas es porque quiero, así que ¿qué satisfacción encuentra usted en obedecerme? Ni siquiera la idea de mí asesinato resiste la más elemental de las deducciones, ¿Matarme usted? ¿Y matarme por qué? Incluso un loco tiene motivos, por absurdos que sean, para hacer lo que hace. ¿Cuáles son los suyos? No seguiré indagando, que me da usted más pena que un niño pobre.