El martillo de Lucifer [Lucifer's Hammer - es]
- Автор: Нивен Ларриё, Пурнель Джерри
- Год: 1983
- Язык: испанский
- Год: Acervo
- ISBN: 84-7002-349-7
- Переводчик: Jordi Fibla Feito
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «El martillo de Lucifer [Lucifer's Hammer - es]». Краткое содержание книги:
Mark se encogió de hombros.
—La verdad es que no soy quien manda aquí.
—¿Quién si no? —dijo uno de los hombres fornidos.
—Pero... Mark, ¿podemos hablar? —preguntó Tim—. Tengo una idea...
Pensó rápidamente en algo que Wagoner había dicho. Era constructor de apartamentos, pero...
—Sí, podemos hablar —le dijo Mark—, pero no servirá de mucho. —Entregó su rifle a uno de sus compañeros y rodeó la barrera—. ¿De qué quiere hablar?
Tim le llevó hasta el coche.
—Brad, usted dijo que construye apartamentos. ¿Es contratista o arquitecto?
—Ambas cosas.
—Eso me parecía —dijo Tim. Hablaba apresuradamente—. Así pues, entiende de cemento armado y trabajos de construcción. ¡Podría construir una presa!
Wagoner frunció el ceño.
—Supongo...
—¿Lo ves? —dijo Tim en tono de triunfo—. Presas. —Señaló el mapa del Auto Club—. Mira, hay centrales eléctricas y presas junto a la carretera, a partir de aquí y hasta la Sierra, y esas presas reventarán, pero algunas de las pequeñas centrales eléctricas seguirán ahí. Y yo sé bastante de electricidad para hacerlas funcionar si alguien puede construir la presa. Tenéis aquí un equipo completo de electricidad y construcción. Eso debe valer algo.
Tim mentía, pero no creía que aquellos hombres supieran lo bastante de electricidad para hacerle un examen. Y, por otra parte, conocía la teoría, aunque se le hubieran olvidado un poco los aspectos prácticos de los alternadores polifásicos.
Mark pareció pensativo.
—¡Maldita sea! —gritó Tim—. ¡Le di a Jellison cincuenta mil dólares cuando el dinero valía para algo! ¡Al menos puedes decirle que estoy aquí!
—Sí, déjame pensar en ello —dijo Mark.
Lo que Tim decía tenía sentido. Y aquel hombre había sido amigo de Harvey Randall. Si Hamner se hubiera marchado sin reconocerle, hubiera podido olvidar eso, pero no ahora. Harv lo descubriría y tal vez no le gustara. Y cincuenta mil dólares... Mark no había pasado mucho tiempo con el senador, pero Jellison estaba, en cierta forma, chapado a la antigua y tal vez pensara que eso era importante. Estaba también lo que Tim había dicho sobre las presas y las centrales eléctricas. Mark les hubiera dejado pasar, pero no podía. Los Christopher no se lo permitirían, pero todavía escucharían a Jellison.
Mark miró al hombre que acompañaba a Tim, un tipo robusto.
—¿Ha estado en el Ejército? —le preguntó.
—En los marines —dijo Wagoner.
—¿Sabe disparar?
—Todos los marines son primero fusileros. Sí.
—De acuerdo. Lo intentaré. —Mark regresó a la barricada—. Este tipo parece ser un viejo amigo del senador —dijo a los otros—. Iré a decírselo.
El guarda corpulento pareció pensativo. Tim contuvo el aliento.
—Puede esperar —dijo finalmente. Alzó la voz y añadió—: Pónganse al lado y quédense en el coche.
—De acuerdo. —Tim subió al vehículo. Lo apartaron de la carretera hasta dejarlo casi al borde de la cuneta—. Si viene alguien en plan de pelea, estaremos apartados de las balas perdidas.
Observó que Mark ponía en marcha una moto y se alejaba.
—¿Es probable que haya lucha? —preguntó Rosa Wagoner.
—No lo sé —respondió Tim, acurrucándose en el asiento—. Ahora vamos a esperar y a ver.
Eileen se rió. Imaginó a Tim tratando de poner en marcha un enorme generador.
—Toca madera —le dijo.
—Usted le conocía, yo no —dijo el senador Jellison—. ¿Es de alguna utilidad?
Harvey Randall se quedó un momento pensativo.
—Sinceramente no lo sé. Ha llegado hasta aquí y eso dice mucho en su favor. Es un superviviente.
—O ha tenido suerte —dijo Jellison—. Hamner, el Hamner-Brown.. No ha sido afortunado para el mundo. Sí ya sé que descubrir no es inventar. Mark, ¿dices que el otro tipo ha sido marine?
—Eso dice. Y lo parece, senador. Es cuanto sé.
—Seis personas más. Dos mujeres y dos niños. —Jellison reflexionó—. Harvey, ¿qué le parece ese proyecto de hacer que las plantas de electricidad funcionen de nuevo?
—La idea parece útil.
—Sí, pero, ¿puede hacerlo ese Hamner?
Harvey se encogió de hombros.
—La verdad es que no lo sé, senador. Es universitario. Debe saber algo, aparte de astronomía.
—Y yo estoy en deuda con él —dijo Jellison—. La cuestión es si le debo suficiente. Aquí podemos pasar hambre este invierno. —Se quedó de nuevo pensativo—. El tipo que descubrió el cometa. Eso me dice una cosa, que probablemente tiene paciencia. Y podemos establecer un puesto de vigilancia en lo alto del despeñadero, donde esté alguien que vigile de veras. Y tenemos un marine que tal vez construya presas o no. ¿Fue oficial o soldado raso, Mark?
—No lo sé, senador. Supongo que oficial, pero no podría asegurarlo.
—Sí. Bien, siempre me gustaron los marines. Mark, ve y dile al señor Hamner que hoy es su día de suerte.
El rostro de Mark lo dijo todo. Tim lo supo cuando Mark se acercó al coche.
Estaban a salvo. Después de todo lo ocurrido, estaban a salvo. A veces los sueños se convierten en realidad, aunque uno los cuente.
LA FORTALEZA: DOS
La importancia de la información es directamente proporcional a su eventualidad.