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Электронная книга - «Ha estallado la paz». Краткое содержание книги:

Después de Los cipreses creen en Dios (época anterior a la guerra) y de Un millón de muertos (época de la guerra), José María Gironella en Ha estallado la paz trata de la posguerra. La familia Alvear sigue siendo el núcleo de la acción del libro y Gerona vuelve a ser la ciudad protagonista. Finalizada la contienda, todos los personajes retornan a sus hogares, excepto los exiliados, que se reparten a voleo por el mundo… La obra abarca los años inmediatamente posteriores a la guerra, con una mezcla de dramatismo, de poesía y de ironía que subyuga desde los primeros capítulos. El clima de aquellos tiempos aparece recreado con singular maestría, de tal modo que para el lector de edad madura constituye la ordenación de sus recuerdos, y para el lector joven un descubrimiento impresionante. En Ha estallado la paz, Gironella alcanza su momento cumbre de novelista nato, gran narrador que consigue fundir la historia con la ficción novelesca.
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En cuanto a Manolo y Esther, se pasaban el día mordiéndose los puños. Esther recordaba sus tiempos de estudiante en Oxford y no alcanzaba a imaginar que acaso las botas alemanas pisaran aquellas históricas aulas de cultura. ¡Y si hubieran tenido en quién confiarse! Pero, aparte del profesor Civil, y del doctor Andújar, encontraban escaso eco en la ciudad. El mismo Ignacio andaba titubeante. "Esto es una catástrofe, Ignacio -le decían al muchacho-. Tú no sabes lo que los alemanes, en plan victorioso, son capaces de hacer. La raza aria lleva dentro algo monstruoso". Ignacio aceptaba tal planteamiento, pero a condición de añadir que Inglaterra a lo largo de su historia había cometido también atropellos sin cuento, gracias a los cuales su Imperio había llegado precisamente a ser lo poderoso que era. Esther abría los brazos en señal de impotencia. "Por favor, Ignacio, no comparemos…", decía. Pero no aportaba argumentos válidos, capaces de convencer.

Naturalmente, tampoco faltaban personas cuyos comentarios, dictados por el más frío materialismo, ponían carne de gallina. Por ejemplo, el administrador de la Constructora Gerundense, S. A., se lamentaba de que a los hermanos Costa no les hubiera dado tiempo a fundar una Compañía de Seguros que abarcara el transporte marítimo. "Podríamos cobrar tarifas enormes para garantizar el flete de barcos cargados de material. O hacer la operación a la inversa y simular hundimientos. ¡Qué sé yo!". En Barcelona, el padre de Ana María, don Rosendo Sarró, que vivía jornadas gloriosas, se había situado en una línea semejante. Consideraba que todo cuanto ocurría tenía un significado claro: había llegado para España la hora de enriquecerse. "Ahora nuestras materias primas podrán venderse al precio que sea, empezando por el volframio. Además, los judíos que entran en nuestro país huyendo pueden dar un gran empuje a nuestra economía. Si de mí dependiera, no les permitiría que se fueran a Portugal…"

Tal vez la persona más equilibrada, la que mayor confianza inspiraba a su alrededor, fuera una vez más el camarada Dávila, el Gobernador, el hombre de las inspiraciones pulmonares profundas. Dominó la situación lo mismo que el obispo había dominado el Vía crucis y el general el desfile de la Victoria. De acuerdo con Madrid, y aunque ello le costara discutir de nuevo dramáticamente con el coronel Triguero, trató a los refugiados -franceses, belgas, judíos y demás- que entraban por aquella zona gerundense "como caballeros" y no "como enemigos", haciéndolos acompañar cortésmente hasta Barcelona, donde el Gobernador de allí se hacía cargo de ellos bajo su responsabilidad. Procuró que la prensa y la radio bajo su control no se desmandasen, lo que hubiera ocurrido sin remedio de haberlas dejado en manos exclusivas del exaltado Mateo.

Dio las instrucciones necesarias al comisario Diéguez para que varios diplomáticos ingleses que se habían instalado en Gerona, en el Hotel Peninsular, no fueran molestados, a fin de que no les ocurriera lo que antaño al doctor Relken, cuando los falangistas entraron en su habitación y lo pelaron al cero y lo atiborraron de aceite de ricino. Deseaba ardientemente, ¡cómo no!, el triunfo alemán; pero le pedía a Dios que tal triunfo no exigiese nuevos derramamientos de sangre. Lo único que no pudo evitar fue que Falange organizara en Gerona, lo mismo que en toda España, manifestaciones constantes y masivas pidiendo la devolución de Gibraltar. ¡El eterno sonsonete! Ahora Inglaterra era vulnerable, la ocasión no podía ser mejor. Varios centenares de personas, en su mayoría jóvenes y chiquillos, entre los que no faltaba nunca 'El Niño de Jaén', se reunían casi a diario y recorrían las calles gritando: "¡Gibraltaaaaaaaar! ¡Gibraltaaaaaaaar!". Pilar estaba convencida de que la fruta caería. "¡Qué remedio! -decía-. Está a merced de nuestros cañones".

Miguel Rosselló, secretario y chófer del Gobernador, admiraba cada día más a su jefe y camarada. No comprendía que, con tal peso sobre sus hombros, conservase tanta serenidad.

– ¿Cuál es tu secreto? -le preguntaba.¿Cómo te las arreglas, si puede saberse? Si a mí me dijeran que pasan por aquí los Rotschild; y además tuviera tantos detenidos en el Seminario; y diplomáticos ingleses y alemanes en el Hotel Peninsular, y al mismo tiempo tuviera que perseguir a los estraperlistas y discutir en casa con mi mujer, creo que me volvería loco.

El Gobernador, el camarada Dávila, se quitaba las gafas negras y sonreía.

– Los años, amigo Rosselló, los años. Los años enseñan a no mezclar los asuntos y a hacer de ellos un resumen coherente. No hay más secreto que ése.

– ¿Resumen coherente? ¡Ya me dirás!

– Pues claro que sí. ¿No comprendes que todo lo que ocurre demuestra sólo una cosa: que teníamos razón? Olvídate por un momento de los estraperlistas y de los miedos nocturnos de mi querida esposa, María del Mar. ¿Qué sucede? Que mientras Europa está ardiendo, España sigue firme en su trayectoria de reconstrucción nacional. ¿Quién podrá, a partir de ahora, echarnos en cara el Alzamiento? ¿Te imaginas lo que sería esto si aquí hubiera continuado el Frente Popular o si hubieran ganado los rojos? Hitler no se hubiera detenido donde lo ha hecho, en el sur de Francia; hubiera franqueado los Pirineos y ahora nuestro país sería otra vez un campo de batalla. En vez de eso, ya lo ves: España no beligerante… y respetada por todos. La mano que la gobierna demuestra ahora el mismo pulso que a lo largo de la Cruzada. Lee, lee Amanecer de hoy y te convencerás…

Era cierto. El periódico de aquel día no llevaría ningún subrayado de Jaime, porque el lápiz rojo de Jaime iba a lo suyo. Pero traía varias noticias de este estilo: se habían reabierto oficialmente las Bolsas de Madrid, Barcelona y Bilbao. España había enviado a la Feria de Milán una brillante participación industrial -trece stands- entre la que destacaban productos del corcho elaborados precisamente en la provincia de Gerona. La Delegación Nacional de Sindicatos había creado la organización "Educación y Descanso", cuyo objeto era proporcionar a sus afiliados, los obreros, facilidades para la práctica del deporte, para el disfrute de vacaciones y otras ventajas de este orden. Asimismo se había puesto la primera piedra para la reconstrucción de Guernica. El Coro de la Sección Femenina, bajo la dirección del maestro Quintana, había efectuado su primer ensayo…

– ¿Comprendes, camarada Rosselló? Esto es lo importante. Aquí hay una persona que ha visto claro: el mariscal Pétain. El mariscal Pétain declaró anoche por radio que "Franco es la espada más limpia del mundo".

– De acuerdo, de acuerdo -admitía el camarada Rosselló-. Pero no has contestado a mi pregunta. ¿Cómo te las arreglas para mantenerte sereno y en forma? A mí me basta con perder jugando al póquer o con oír en el coche un ruido raro para ponerme nervioso. El argumento de los años no me sirve, pues veo a gente mayor que tú ahogarse en un vaso de agua.

– No sé qué decirte… Será el temperamento. Será el haber vivido en el campo y amar las dificultades. Lo que yo no soporto es qué todo me salga bien. El día que el comisario Diéguez me da un disgusto, o que me lo da mi hija Cristina, es el día que vengo al despacho con más ganas de trabajar.

– Desde luego, te envidio. ¿No será un problema de salud?

– ¡Por supuesto! Esto es fundamental. Por eso hago gimnasia todas las mañanas y ando lo menos una hora diaria.

– ¿Quieres decir que si te fallara la salud no serías el que eres?

– No lo puedo asegurar… También quizá lograra sobreponerme. Pero no estoy seguro.

– A ver si pillas la gripe… Me gustaría comprobar qué tal te portas con cuarenta de fiebre.

El Gobernador volvió a sonreír.

– Seguramente tendría un humor de perros… y deliraría. Deliraría corno tantos otros. Corno el camarada Núñez Maza, que cree posible repoblar forestalmente a España en cinco años. Como el general De Gaulle, que ha fundado en Londres nada menos que "la Francia Libre". Y como esos diplomáticos alemanes que están en el Hotel y suponen que voy a facilitarles todos los impertinentes informes que me han pedido…

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