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El arca de la redención [Redemption Ark - es]

Электронная книга - «El arca de la redención [Redemption Ark - es]». Краткое содержание книги:

Estamos a comienzos del siglo XXVII. Hace cincuenta años, el hombre puso en marcha un antiguo sistema alienígena que detectaba el nacimiento de formas de vida inteligentes. Los inhibidores llevan mucho tiempo esperando, pero ahora se preparan para volver…
Mientras tanto, una fuerza desconocida ha sembrado el terror en el Sanctasanctórum de los combinados. A medida que la naturaleza de la nueva amenaza se vuelve más clara, Clavain, uno de sus guerreros, empieza a plantearse que es hora de volver al combate. En Resurgam se ha descubierto un cargamento de armas devastadoras que podrían ser utilizadas para el bien de la Humanidad, pero alguien ya ha logrado hacerse con su control…
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—¿Se interesaría por nosotros?

—Hasta ahora nunca había dado señal de ello. Claro que tampoco han ocurrido tantas cosas en el mundo exterior desde que fue introducido en Hades. Pero ahora, de repente, han llegado los inhibidores y han comenzado a cargarse este lugar. Debe de seguir llegando información al interior de Hades, aunque solo sea cuando se trata de una emergencia. Pero piensa en ello, Thorn. Aquí abajo hay mucha mierda, y grave. Podría incluso afectar a Sylveste. No podemos saberlo, pero tampoco podemos decir con seguridad que no sea cierto.

—Entonces, ¿qué era esa cosa?

—Un mensajero, supongo. Un trozo de Hades, enviado para reunir información. Y Sylveste envió una copia de sí mismo junto con él. El mensajero se enteró de lo que pudo, trajinó un poco por la maquinaria, nos vigiló y luego volvió a Hades. Es de suponer que cuando llegue allí se volverá a fusionar con la matriz. Quizá nunca estuvo desconectado del todo, podría haber habido un filamento de materia nuclear de solo un quark de anchura que se estirase desde la canica hasta el filo del sistema, y nunca nos habríamos enterado.

—Vuelve atrás un momento. ¿Qué pasó cuando dejaste Hades? ¿Ilia fue contigo?

—No. Ella nunca se introdujo en la matriz. Pero sobrevivió y volvimos a encontrarnos en la órbita alrededor de Hades, dentro de la Nostalgia por el Infinito. Lo más lógico habría sido alejarse de ese sistema, alejarse mucho, pero era imposible. La nave estaba, bueno, no exactamente dañada, pero sí cambiada. Había sufrido una especie de episodio psicótico. No quería tener nada más que ver con el universo externo. Lo único que conseguimos fue llevarla de vuelta al sistema interno, a menos de una unidad astronómica de Resurgam.

—Hmm. —Thorn se había apoyado la mejilla en un nudillo—. Esto va mejorando, desde luego. Lo extraño es que, de hecho, creo que podrías estar contando la verdad. Si fueras a mentir, al menos se te habría ocurrido algo que tuviera sentido.

—Tiene sentido, ya lo verás.

Khouri le contó el resto mientras Thorn la escuchaba en silencio y con paciencia, asintiendo de vez en cuando y pidiéndole que clarificara ciertos aspectos de su historia. Ella le dijo que todo lo que ya le habían contado sobre los inhibidores era verdad, por lo menos por lo que ellas sabían, y que la amenaza era tan real como habían afirmado.

—De eso creo que ya me has convencido —dijo Thorn.

—Fue Sylveste el que los atrajo, a menos que ya estuvieran de camino. Por eso quizá todavía se sienta en la obligación de ayudarnos, o al menos por eso siente algún interés pasajero por el universo externo. Pensamos que lo que rodeaba a Hades era una especie de disparador. Sylveste sabía que corría un riesgo al hacerlo, pero no le importaba. —Khouri frunció el ceño al sentir una oleada de ira—. Puto científico arrogante… Se suponía que yo tenía que matarlo, ya sabes. Para empezar, para eso estaba yo en la nave.

—Otra deliciosa complicación. —Thorn asintió con gesto de aprobación—. ¿Quién te envió?

—Una mujer de Ciudad Abismo. Se hacía llamar la Mademoiselle. Sylveste y ella se conocían desde hacía años. Ella sabía lo que él se traía entre manos y que había que detenerlo. Ese era mi trabajo. El problema fue que la jodí.

—No pareces de las que cometen asesinatos a sangre fría.

—No me conoces, Thorn. En absoluto.

—Todavía no, quizá. —El hombre le dedicó una detenida mirada hasta que, con cierta reticencia, la mujer desvió la suya. Era un hombre por el que se sentía atraída, y sabía que era un hombre que creía en algo. Era fuerte y valiente, lo había visto con sus propios ojos en la Casa Inquisitorial. Y era cierto, aunque no quisiera admitirlo, que ella había maquinado esta situación con la vaga idea de cómo podría acabar, desde el momento en que había insistido en que se llevara a Thorn a bordo. Pero no había forma de escapar de una única y dolorosa verdad que seguía definiendo su vida, incluso después de todo lo que había pasado: era una mujer casada.

Thorn añadió:

—Pero siempre hay tiempo, como se suele decir.

—Thorn…

—Sigue hablando, Ana. Sigue hablando. —Thorn hablaba en voz muy baja—. Quiero oírlo todo.

Más tarde, una vez que pusieron un minuto luz entre ellos y el gigante gaseoso, el panel comunicó que entraba una transmisión de haz estrecho enviada desde la Nostalgia por el Infinito. Ilia debía de haber rastreado la nave de Khouri con sensores de profundidad, a la espera de que hubiera una separación angular suficiente entre ella y las máquinas de los inhibidores. Incluso con los zánganos repetidores, le inquietaba muchísimo comprometer su posición.

—Ya veo que volvéis a casa —dijo; había un intenso desagrado grabado en cada palabra—. Veo también que os acercasteis mucho más al corazón de su actividad de lo que habíamos acordado. Eso no está bien. Nada bien.

—No parece muy contenta —susurró Thorn.

—Lo que hicisteis fue excepcionalmente peligroso. Solo espero que os hayáis enterado de algo a cambio de vuestros esfuerzos. Exijo que volváis a toda prisa a la nave estelar. No debemos demorar a Thorn y alejarlo de su urgente trabajo en Resurgam… ni a la inquisidora de sus obligaciones en Cuvier. Tendré más que decir sobre este asunto cuando regreséis. —Hizo una pausa antes de añadir—: Irina corta y cierra.

—Todavía no sabe que yo lo sé —dijo Thorn.

—Será mejor que se lo diga.

—Esa no me parece una idea muy inteligente, Ana.

Ella lo miró.

—¿No?

—Todavía no. No sabemos cómo se lo tomaría. Quizá sea mejor que actuemos como si yo todavía pensara…, etcétera. —Dibujó una espiral con el índice—. ¿No te parece?

—Una vez le oculté una cosa a Ilia. Fue un grave error.

—Esta vez me tendrás a mí de tu parte. Podemos comunicárselo poco a poco una vez que estemos sanos y salvos a bordo de la nave.

—Espero que tengas razón.

Thorn entrecerró los ojos con expresión juguetona.

—Al final todo saldrá bien, te lo prometo. Lo único que tienes que hacer es confiar en mí. No es tan difícil, ¿verdad? Después de todo, no es más de lo que tú me pediste a mí.

—El problema era que estábamos mintiendo.

Thorn le tocó el brazo, un contacto que podría haber parecido accidental si no lo hubiera prolongado durante varios taimados segundos.

—Tendremos que dejar eso atrás, ¿no crees?

Khouri extendió el brazo y le quitó con delicadeza la mano, que se cerró con suavidad alrededor de la suya; por un momento los dos se quedaron inmóviles. La mujer era consciente de cada bocanada de aire que aspiraba. Miró a Thorn, sabía muy bien lo que deseaba y sabía que él deseaba lo mismo.

—No puedo hacerlo, Thorn.

—¿Por qué no? —Hablaba como si no hubiera ninguna objeción válida que ella pudiera hacer.

—Porque… —Se desprendió de la mano de él—. Por lo que todavía soy. Por una promesa que le hice a alguien.

—¿A quién? —preguntó Thorn.

—A mi marido.

—Lo siento. No pensé ni por un momento que pudieras estar casada. —El hombre se recostó en su asiento, poniendo así una repentina distancia entre ambos—. No pretendo con ello insultarte. Es solo que un minuto eres la inquisidora, al siguiente eres una ultra. Y ninguna de esas cosas encaja muy bien con la concepción que yo tenía de una mujer casada.

Ella levantó una mano.

—No importa.

—¿Y quién es él, si no te importa que te lo pregunte?

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