Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
El Peso De La Culpa - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

El Peso De La Culpa

Электронная книга - «El Peso De La Culpa». Краткое содержание книги:

Parece que Asuntos Internos va a dejar de investigar de una vez por todas a la brillante, pero indisciplinada detective Barbara Havers. Tras una suspensión temporal como policía, Havers regresa al trabajo a las órdenes del lúcido Inspector Lynley en un extraño caso: el hallazgo de dos jóvenes en un bosque, con signos visibles de haber sufrido una cruenta muerte. Un asesinato de especial virulencia que abre una puerta hacia las oscuras y poderosas alteraciones de la psique humana. Un sórdido espacio en el que el sexo deviene en sadomasoquismo, y el pasado se adentra en la cara odiosa de una doble vida.
1 ... 111 112 113 114 115 116 117 118 119 ... 159
Перейти на страницу:

– Sí, Terence Cole. -Barbara comunicó los datos a Matthew, con la esperanza de que pudiera verificarlos-. Neil Sitwell, el mandamás de Bowers de Cork Street, dijo que le envió a usted con una partitura manuscrita de Michael Chandler que había encontrado. Supuso que usted sabría cómo Terry podría ponerse en contacto con los abogados de los herederos de Chandler.

Matthew frunció el entrecejo.

– ¿Hizo eso? Extraordinario.

– ¿No sabía cómo ponerse en contacto con esos abogados? -preguntó Barbara. Le parecía increíble.

Matthew se apresuró a corregirla.

– Conozco a los abogados de Chandler, claro. De hecho, conozco a los Chandler. Michael tenía cuatro hijos y todos viven en Londres, al igual que su viuda. Pero el chico no mencionó a Bowers cuando vino a verme, y tampoco a Neil Sitwell. Y lo más importante, no mencionó ninguna partitura.

– ¿No? Entonces ¿para qué quería verle?

– Dijo que había oído hablar de la fundación. Bien, eso seguro, porque la prensa lo aireó cuando mi padre murió. Cole confiaba en obtener una beca. Me trajo algunas fotos de su trabajo.

Barbara tuvo la sensación de que el cerebro se le llenaba de telarañas, pues no estaba preparada para aquella información.

– ¿Está seguro?

– Por completo. Traía una carpeta con muestras de su trabajo, y al principio pensé que aspiraba a un apoyo económico mientras estudiaba para diseñador de vestuario o decorados. Porque, como ya he dicho, esa es la gente a la que apoya la fundación: artistas relacionados con el teatro de una forma u otra, no artistas en general. Pero él no lo sabía. O lo malinterpretó. O leyó mal los detalles. No lo sé.

– ¿Le enseñó lo que llevaba en la cartera?

– Fotos de sus obras, la mayoría horrorosas. Herramientas de jardinería torcidas de cualquier manera. Rastrillos y azadas. Desplantadores divididos en secciones. No sé mucho de arte moderno, pero por lo que pude ver diría que necesitaba pensar en otra profesión.

Barbara reflexionó. ¿Cuándo había tenido lugar la visita de Terry Cole?, preguntó.

Matthew pensó un momento y salió de la habitación para ir a buscar su agenda, que llevó a la sala de estar, abierta sobre la palma. No había tomado nota de la visita, puesto que Terry Cole no había pedido cita con antelación. Pero era un día en que Ginny, la viuda de su padre, estaba en la oficina, y sí había tomado nota de eso. Matthew le proporcionó la fecha. Era el mismo día de la muerte de Terry Cole.

– No le dije lo que pensaba de su trabajo, por supuesto. Habría sido inútil, ¿verdad? Además, parecía muy entusiasmado.

– ¿Cole no habló de música, de un fragmento de partitura? ¿O de Michael Chandler, o de su padre?

– En absoluto. Sabía quién era mi padre, claro. Lo dijo porque confiaba en obtener dinero de la fundación. Le dedicó uno o dos cumplidos para hacerse el simpático, ya sabe. Pero eso fue todo. -Volvió a sentarse, cerró la agenda y cogió su taza-. Lo siento. No le he sido de mucha ayuda, ¿verdad?

– No lo sé -contestó Barbara con aire pensativo.

– ¿Puedo preguntar por qué está reuniendo información sobre ese chico? ¿Ha hecho algo…? Usted es policía, al fin y al cabo.

– Le han hecho algo. Fue asesinado el mismo día que le visitó.

– ¿El mismo…? Oh, Dios. Qué horror. ¿Sigue la pista de su asesino?

Barbara se interrogó al respecto. Parecía una pista. Parecía, olía y actuaba como una pista. Pero por primera vez desde que el inspector Lynley la había encaminado hacia el Crime Recording Information System con la orden de examinar los casos pasados de Andrew Maiden, por si descubría una posible relación con la muerte de su hija, y por primera vez desde que ella había rechazado esa línea de investigación como absurda e inútil para el caso, se veía forzada a preguntarse si estaba siguiendo a un zorro o a un arenque, curado y teñido. Lo ignoraba.

Sacó las llaves del coche de su bolso y dijo a Matthew King-Ryder que se pondría en contacto con él si necesitaba hacerle más preguntas. Y por si recordaba algo más relacionado con Terry Cole, le dio su número. ¿Querría telefonearle?, pidió. Uno nunca sabía qué detalle podía acudir a la memoria cuando menos se esperaba.

Por supuesto, contestó él. Y por si Terry Cole había conseguido descubrir el nombre de los abogados de Chandler sin la ayuda de King-Ryder, quería que la policía tuviera el nombre del bufete y su número de teléfono. Pasó las páginas de su agenda hasta llegar al directorio, y siguió con el dedo una columna de nombres y números. Encontró el que buscaba y recitó la información. Barbara lo anotó. Le dio las gracias por su colaboración y le deseó buena suerte en su mudanza al sur del río. Matthew la acompañó hasta la puerta. Como todos los londinenses prudentes, corrió el pestillo después de cerrar.

Sola en el pasillo que corría delante del piso, Barbara pensó en lo que había escuchado, y se preguntó si la información reunida encajaba, y cómo, en el rompecabezas de la muerte de Terry Cole. Este había hablado de su gran proyecto, recordó. ¿Tal vez hablaba de sus esperanzas de recibir una beca de la Fundación King- Ryder? Había llegado a la conclusión de que su visita a King-Ryder estaba relacionada con la música de Michael Chandler. Pero si le habían informado de que no podía sacar ningún provecho de dicha música, ¿para qué se habría tomado la molestia de localizar a los abogados y entregar la partitura a los Chandler? Tal vez esperaba una recompensa de ellos. Pero aunque se la hubieran dado, ¿habría equivalido a una beca King-Ryder, que le habría permitido proseguir su dudosa carrera de escultor? No creo, decidió Barbara. Mucho mejor intentar impresionar con talento a un mecenas que confiar en la generosidad de gente desconocida, agradecida por recuperar su propiedad.

Sí, era lógico. Y cabía que Terry Cole hubiera desechado toda idea de obtener dinero por la partitura, una vez enterado de lo necesarias que eran la bondad y generosidad de unos desconocidos para conseguirlo. Después de hablar con Sitwell tal vez había tirado la partitura, o se la había llevado a casa para guardarla entre sus cosas. Lo cual alentaba la pregunta de por qué Nkata y ella no la habían encontrado cuando registraron el piso. Claro que ¿se habrían fijado en una hoja de música? Sobre todo si se detenía a pensar en el bombardeo a que había sometido sus sentidos el arte de los dos ocupantes del piso.

El arte. Había un aspecto que relacionaba todos los detalles del caso, pensó. El arte. Artistas. La Fundación King-Ryder. Matthew había dicho que solo se concedían becas a artistas relacionados con el teatro. Pero ¿qué impedía a un artista entregarse al teatro para conseguir algo de dinero? Si Terry Cole se había aferrado a esta idea, si se había presentado como diseñador y no como escultor, si su gran proyecto era en realidad un fraude perpetrado contra una fundación cuyo objetivo era convertirse en un memorial dedicado a un gigante del teatro…

No. Se estaba pasando. Estaba mezclando demasiadas posibilidades. Iba a pillar un buen dolor de cabeza y lo iba a empantanar todo. Necesitaba pensar, salir a tomar el aire, dar un buen paseo por Regents Park para reordenar todo lo que se estaba acumulando…

Los pensamientos de Barbara se interrumpieron en seco cuando su mirada se posó sobre la basura acumulada ante la puerta de King-Ryder. No le había prestado atención al entrar, pero ahora sí. Habían hablado de artistas, de que no sabían gran cosa acerca de arte moderno. Y lo que vio ante la puerta de King-Ryder llamó su atención debido a la conversación recién sostenida: había un lienzo entre la basura de King-Ryder, estaba apoyado de cara a la pared y rodeado de bolsas que lo mantenían erguido.

Barbara miró a derecha e izquierda. Tomó la decisión de ver lo que Matthew King-Ryder consideraba arte, descartable o no. Apartó las bolsas y le dio la vuelta al lienzo.

1 ... 111 112 113 114 115 116 117 118 119 ... 159
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)