El martillo de Lucifer [Lucifer's Hammer - es]
- Автор: Нивен Ларриё, Пурнель Джерри
- Год: 1983
- Язык: испанский
- Год: Acervo
- ISBN: 84-7002-349-7
- Переводчик: Jordi Fibla Feito
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «El martillo de Lucifer [Lucifer's Hammer - es]». Краткое содержание книги:
—Lo lograrás —dijo Maureen—. Es tu trabajo.
—¿Piensas en algún otro que pueda hacerlo?
—No te hice una pregunta, papá.
—Entonces recuérdalo cuando tenga que hacer algo que no me guste. —Apretó la mandíbula—. Vamos a lograrlo, pequeña. Te lo prometo. La gente de este valle va a resistir este desastre sin perder la civilidad. —Sonrió y añadió—: Pero estamos hablando demasiado. Es hora de ir a la cama. Mañana tengo mucho qué hacer.
—De acuerdo.
—No es necesario que me esperes. Me acostaré en seguida. Buenas noches.
Maureen besó a su padre y salió de la sala. Arthur Jellison vació el vaso de whisky y lo dejó sobre la mesa. Miró largamente la botella y luego su mirada se posó en la chimenea vacía. Podía ver la manera de edificar una civilización a partir de las ruinas que había dejado el martillo de Lucifer. Había mucho que salvar en las viejas ciudades costeras. El agua no lo habría destruido todo. Podrían perforarse nuevos pozos petrolíferos y reparar las carreteras. Las lluvias no durarían eternamente.
Lo reconstruirían todo, y esta vez harían las cosas bien.
Los hombres se extenderían más allá de su pequeño globo nativo, llevarían la civilización humana a todo el sistema solar, incluso a las demás estrellas, y no habría nada que pudiera ponerles de nuevo al borde de la extinción.
Claro que podrían hacerlo. Pero había que vivir lo suficiente para iniciar la reconstrucción. Lo primero era lo primero, y el problema inmediato consistía en organizar aquel valle. Nadie iba a ayudar. Tenían que hacerlo por sí mismos. No habría más ley y orden que los que ellos establecieran, y la única seguridad que tendrían Maureen, Charlotte y Jennifer sería la que ellos pudieran defender. Arthur Jellison había sido responsable del pueblo estadounidense, y en especial del californiano. Ya no lo era. Ahora era sólo responsable de su familia, y se preguntaba cómo podía protegerla, lo cual enlazaba con otra pregunta: ¿cómo conservar el rancho? Tal vez no podría hacerlo sin ayuda. Ayuda, ¿de quién? De George Christopher, desde luego. George tenía muchos amigos. Entre los dos podían hacer las cosas bien.
Arthur Jellison se incorporó fatigosamente y apagó de un soplo la lámpara de queroseno. En la repentina oscuridad la lluvia y los truenos sonaban aún con más intensidad. La luz de los relámpagos le permitió ver el camino hasta su dormitorio.
Había luz bajo la puerta de la habitación de Al Hardy. Se apagó cuando el ayudante oyó que el senador iba a acostarse.
SANTUARIO
Dios da a todos los hombres la tierra entera para amar, pero, como el corazón del hombre es pequeño, dispone que cada uno ame a su terruño por encima de todos los demás.