Por venganza y placer
- Автор: Гордон Люси
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Por venganza y placer». Краткое содержание книги:
Elise Carlton ansiaba ser libre… del matrimonio y de los hombres controladores. Después de ser durante años una esposa sumisa, sentía un enorme recelo hacia los hombres… Pero parecía que había uno en particular que la hacía reaccionar de otro modo.
Vincente Farnese era rico e increíblemente guapo y Elise no tardó en sucumbir a sus dotes de seducción. Pero no se habían conocido por casualidad. ¿Qué haría Elise cuando descubriera que su amante sólo la deseaba para vengarse?
Su casa, el Palazzo Marino, estaba en las afueras de Roma. Había pertenecido a unos aristócratas que ya no podían mantenerlo. Su abuelo lo compró, pero había sido Vincente quien lo restauró.
Vincente llevaba fuera una semana y había mantenido su promesa de no molestarla. Ella pensó que tal vez fuera su forma de mantenerse un paso por delante en el juego, de demostrarle que había olvidado su noche juntos. O su forma de simularlo.
Tal vez sabía que esa noche de sexo voraz no abandonaba su mente y que anhelaba su regreso. Pero ella no lo admitiría.
Elise se despertó una noche con el sonido del timbre, como si alguien estuviera apoyado en él. Se puso una bata y fue a abrir.
– Hola -dijo él.
Le hizo entrar, agarró su cabeza con ambas manos y capturó sus labios. Agresiva, introdujo la lengua en su boca y la asaltó deliciosamente. Llevaba días deseando eso y pensaba aprovecharlo al máximo.
Lo condujo al dormitorio sin soltarlo, por si pretendía escapar. Pero él la tumbó en la cama y le quitó bata y camisón mientras ella aún luchaba con sus botones. Por fin estuvieron desnudos y ella lo atrajo, abriendo las piernas para darle la bienvenida.
Gimió cuando la penetró. No hubo ternura, sino vigor y fuerza en sus embestidas. La reclamaba para sí una y otra vez. Eso era lo que ella deseaba. Gimió con cada movimiento, hasta que explotó con un sonoro grito. Pero no acabo ahí. Él se quedó sobre ella, en su interior, acariciando sus senos y sus pezones.
Era un hombre incansable que la llevaba al clímax una y otra vez, hasta que, finalmente, se tumbó de espaldas, jadeando.
Elise, con esfuerzo, se alzó para apoyar la cabeza en su pecho. No tuvo fuerzas para más. Un rato después, se taparon y se durmieron abrazados.
El sol ya había salido cuando ella se despertó. Se quedó inmóvil, rememorando la noche anterior. Cada nervio de su cuerpo estaba relajado y feliz. Miró su rostro y, sonriente de placer, pasó la mano por la sombra de barba que lo oscurecía.
Se libró de sus brazos, se puso la bata y fue a la cocina. Mientras hacía café encendió la radio, a tiempo para oír una noticia que la sorprendió. Regresó al dormitorio con una sonrisa en el rostro. Vincente estaba despierto, recostado en la almohada con las manos tras la cabeza.
– Acabo de escuchar una noticia fascinante -le dijo-. Por lo visto tus negociaciones en Sicilia sufrieron un bache. Te enfadaste tanto que saliste de la reunión y te encerraste en el hotel, donde estás incomunicado. No aceptas mensajes ni contestas al teléfono.
– Tonio lo está haciendo bien -sonrió él-. Es mi asistente y tiene órdenes de ocultar que no estoy allí.
– ¿Cómo conseguiste salir sin que te vieran? -le preguntó, consciente de que lo había hecho para estar con ella, y que él sabía que lo sabía.
– El hotel tiene un pasadizo subterráneo. El coche me llevó al aeropuerto donde esperaba mi avión. Esta noche volveré de la misma manera.
– Buen truco para el negocio. Muy inteligente.
– Sí que lo soy, ¿verdad? -dijo él con seriedad-. Con suerte, cuando regrese, la otra parte se habrá rendido, impresionada por mi negativa a negociar.
– Harías cualquier sacrificio por tu negocio, ¿eh?
– Ven aquí.
Elise llamó a la agencia de limpieza para que no fueran ese día y pasaron doce horas perfectas. No se había creído capaz de una pasión tan recurrente. Era como si un cuerpo nuevo hubiera reemplazado el vacío y desilusionado de antes. Por más veces que la buscara, siempre estaba lista para él. Vibrante.
Se preguntó qué había sido de las creencias que le habían inculcado: que el sexo era una bonita parte del amor y que había que conocerse para disfrutarlo.
Sentía algo muy intenso por Vincente, pero no era amor. El amor era el sentimiento dulce y tierno que había conocido años atrás y que no se repetiría. Se planteó iniciar una conversación para que sus mentes se encontraran, pero cada vez que la tocaba olvidaba todo menos el placer que sabía proporcionarle.
No era amor pero sí una nueva vida, de momento, con eso le bastaba.
Finalmente, llegó la hora de su partida. Ella se quedó escuchando la radio que informó del momento en que el «conocido empresario Vincente Farnese había accedido a reiniciar las negociaciones».
Tres días después, telefoneó para decirle que había regresado y preguntar si podía ir a visitarla.
Una vez más, la sorprendió apareciendo con el equipaje. Obviamente, llegaba directamente del aeropuerto.
Elise hizo que se sentara a la mesa, había preparado cena. Él comió despacio, haciendo comentarios sobre su estancia en Sicilia. Todo parecía ser largas reuniones, desayunos de trabajo, jornadas interminables y algunos minutos de sueño robados aquí y allá.
– Soy así -dijo, cuando ella lo mencionó-. Aguanto durmiendo poco y a ratos. Bueno para el negocio.
– Hum. Pues tienes un aspecto horrible -le dijo.
– Gracias.
– De nada.
– Pero sigo siendo capaz de hacer lo importante. Deja que te lo demuestre.
La tomó de la mano y la llevó al dormitorio. Se desnudaron sin preámbulos y se tumbaron. Elise no esperaba que fuera tan fantástico como otras veces, para eso tendría que ser un superhombre.
Pero se esperanzó al sentir sus caricias. Cuando él apoyó la cabeza en su pecho y sus manos dejaron de moverse, sintió una punzada de decepción.
– Vincente -dijo, moviéndolo un poco-. Vincente.
Consiguió ver su rostro y comprendió que sus temores se habían hecho realidad. Estaba dormido.
Al principio deseó gritar de frustración, pero al ver sus rasgos relajados, la invadió la ternura y lo abrazó. Una vocecita en su cabeza le advirtió que eso era peligroso. Podía con el sexo, pero la ternura se parecía demasiado a lo que había sentido con Angelo y se había prometido no volver a sentir nunca. Era una debilidad a la que no se rendiría.
Mientras ambos estuvieran de acuerdo en ese punto, todo iría bien.
Él durmió tres horas, mientras a ella se le derretía el corazón al contemplarlo. Elise se quedó adormilada y despertó cuando él retomó la situación en el punto exacto donde la había dejado. Se miraron y sonrieron, para luego rendirse a la pasión.
– Hora de volver al mundo real -suspiró Vincente, largo rato después.
– Y a esa reunión de accionistas que celebrarás pronto -comentó ella.
– ¿Cómo sabes eso?
– He estado leyendo los periódicos financieros, para mejorar mi italiano, ya sabes. Parece que te enfrentarás a una gran batalla.
– Sin duda. Pero he descubierto muchas cosas útiles en Sicilia. Cuando las procese, estaré listo. Hasta entonces casi viviré en la oficina.
– Entonces te veré de nuevo después de la reunión… si tengo tiempo disponible.
– Creo que lo encontrarás -dijo él, moviendo la mano entre sus piernas.
Ella no discutió. No merecía la pena. Sabía que la necesidad de estar juntos era mutua y que aguantar sin sexo hasta que concluyera su reunión sería un reto para su paciencia.
Por eso le provocó un placer especial que él se rindiera antes. La llamó por teléfono.
– ¿Sabes montar a caballo? -preguntó.
– Sí, me encanta, pero no tengo equipo.
– Hay una tienda en la Via dei Condotti -él le dio el nombre y añadió-: Allí tienen lo mejor. ¿Qué tal se te da?
– Prefiero un caballo tranquilo.
– Bien. Te recogeré mañana temprano -colgó.
Fue a la tienda y era cierto que era muy buena. Encontró todas las prendas que necesitaba.
– ¿No cree que el pantalón me queda algo ajustado? -preguntó al dependiente con cautela.
– Es ajustado, pero la signora puede permitirse lucir lo que otras no podrían -contestó él. Una forma cortés de decirle que le quedaba provocativo.
– Me lo llevo todo -dijo ella.