Por venganza y placer
- Автор: Гордон Люси
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Por venganza y placer». Краткое содержание книги:
Elise Carlton ansiaba ser libre… del matrimonio y de los hombres controladores. Después de ser durante años una esposa sumisa, sentía un enorme recelo hacia los hombres… Pero parecía que había uno en particular que la hacía reaccionar de otro modo.
Vincente Farnese era rico e increíblemente guapo y Elise no tardó en sucumbir a sus dotes de seducción. Pero no se habían conocido por casualidad. ¿Qué haría Elise cuando descubriera que su amante sólo la deseaba para vengarse?
Recordaba vagamente que la había besado en la frente antes de irse, un gesto extrañamente formal tras lo que habían compartido.
Cuando Ben se la llevó de Roma, nunca habría imaginado cómo despertaría su primera mañana de vuelta allí, bostezando y estirándose con lujuria.
Llena de vigor, se levantó y fue a la ducha. Desayunó un café y se vistió. Volvía a pensar en Angelo y quería visitar los sitios en los que habían estado juntos, cuando aún creía en los finales felices.
Él tenía veinte años, era un joven guapo y «estudiante pobre», según él, aunque nunca parecía estudiar y siempre tenía dinero. Elise había sospechado que provenía de una buena familia que lo animaba a estudiar y le proporcionaba dinero.
Pero había estado demasiado enamorada para preocuparse por eso. Se amaban y el destartalado apartamento era un paraíso que no compartían con nadie.
Antes de salir de casa, apagó el móvil que le había dado Vincente. Aunque la había afectado, el día era de Angelo, y no quería que la molestaran.
Tenía una docena de sitios que visitar, pero sus pies se encaminaron solos hacia la gran Fontana de Trevi. Seguía siendo tan bella como entonces, un gran semicírculo dominado por la estatua de Neptuno. Allí, Angelo la había animado a lanzar una moneda y prometer que no lo abandonaría nunca. Y ella lo había prometido con todo su corazón.
Fue terrible enfrentarse al recuerdo de esa felicidad. El joven a quien había amado seguía allí, sentado junto al agua, riendo mientras ella lo dibujaba.
Le resultaba fácil captar un parecido y su dibujo había captado su esencia. No sólo su rostro sino su alegría despreocupada. Después transformó el boceto en una acuarela que a él le encantó.
– La enmarcaré y colgaré en un lugar de honor.
Después, la había llevado a la cama y se habían olvidado del mundo. Casi había sido la última vez que fueron felices. Una semana después, había llegado Ben. Elise se preguntó qué habría sido del retrato.
Cerca había una pareja lanzando monedas al agua, jurando volver a Roma y amarse eternamente.
– Para siempre -murmuró-. Si ellos supieran…
Cerró los ojos y le habló a Angelo mentalmente.
«Lo siento. Siento mucho lo que te hice. Nunca dejé de amarte».
De pronto, su mente se llenó de imágenes de la noche anterior, cuando sólo había existido Vincente, y sintió una oleada de calidez. Había amado a Angelo con pasión, pero había sido una joven ignorante, que desconocía el placer que podía llegar a proporcionarle un hombre. Comprendió que Angelo había sido un chico inexperto, pero ella no había buscado más. Pensó que era una traición hacia Angelo pensar en Vincente en ese momento.
«Te quiero. Pase lo que pase, siempre serás mi amor verdadero».
Dedicó las siguientes horas a pasear por los cafés donde habían estado juntos y la complació descubrir que muchos seguían funcionando. Finalmente, paró un taxi para ir a Trastevere.
Bajó a corta distancia del piso y recorrió las calles que le habían sido tan familiares. Estaban distintas. Algunas tiendas habían sido reformadas y no reconoció ningún rostro dentro.
La mayor sorpresa la esperaba cuando llegó a la calle donde había vivido. En lugar de los viejos edificios, había una gran obra, y muchos obreros trabajando.
– ¿Puedo ayudarla? -le preguntó una mujer de mediana edad, con rostro risueño.
– Buscaba el edificio donde viví hace tiempo -dijo Elise-. Pero ya no está aquí.
– Sí. Ahora gastan dinero en el Trastevere, rehabilitan todo. No hay que ser sentimental respecto a los viejos tiempos.
– Supongo. ¿Y la gente que vivía en esta calle?
– Realojados. No volverán. Estos pisos serán muy caros cuando los acaben. Lo que había aquí ha desaparecido para siempre.
– Ya lo veo -musitó Elise. Se alejó de allí. No tenía sentido quedarse más.
Capítulo 5
Encontró un pequeño café, se sentó en la terraza y bebió una botella de agua mineral mientras consideraba la situación. Pero su cerebro parecía atascado. Había tenido la esperanza de encontrar a alguien que recordara a Angelo y pudiera decirle cómo y cuándo había muerto.
Sacó el móvil, preguntándose si Vincente habría llamado. Sólo tenía un mensaje de texto de un tal señor Baltoni, pidiéndole que lo llamara. Lo hizo y descubrió que era el abogado que había mencionado Vincente, y que quería verla lo antes posible. Concertaron una cita para esa tarde.
– Me he tomado la libertad de solicitar un pequeño préstamo bancario en su nombre -le dijo. Era un hombre mayor, con aspecto de abuelo sonriente-. No es mucho, pero servirá para mantenerla mientras decide qué quiere hacer.
La asombraron la cuantía y el bajo tipo de interés.
– ¿Cómo es posible que lo hayan concedido con unas condiciones tan favorables? -le preguntó.
– Los bancos tratan bien a los buenos clientes.
– Pero yo soy una desconocida para ellos.
– Sí… bueno… ejem.
– Alguien ha dado garantías por mí, ¿verdad? -lo miró con suspicacia-. ¿O no debería preguntar?
– No debería preguntar -afirmó él con alivio.
Podía enfrentarse con Vincente o quedarse callada y dejar que las cosas siguieran su curso. En realidad no tenía opción; debía decirle que no podía aceptar.
Le llegó la brisa de la ventana. Se levantó y fue a contemplar las vistas, estaban en el cuarto piso. En la distancia se veía el brillo del río y San Pedro.
– De acuerdo. No preguntaré.
Él sonrió y después todo fue como la seda. Cuando salió de allí, sabía que tenía medios suficientes para mantener un nivel de vida acorde con el barrio en el que vivía. Y también que había cruzado un límite invisible y accedido a quedarse en Roma, al menos por un tiempo.
Siguiendo la sugerencia del señor Baltoni, fue a la pequeña agencia de limpieza que había en el sótano de su edificio y les contrató a tiempo parcial para que se ocuparan del mantenimiento del enorme piso.
Ya en casa, se permitió pensar en ropa. Necesitaba más y podía permitírsela.
Vincente se pondría pronto en contacto y pasarían juntos la velada, y tal vez la noche. Sólo tenía un vestido adecuado, al día siguiente iría de compras. Lo sacó y comprobó que tendría que plancharlo.
Vincente llamó un segundo después.
– ¿Fue bien tu reunión con Baltoni?
– Muy bien, gracias.
– ¿Me darás problemas por haber interferido?
– Creo que no -rió ella.
– Bien. Quiero convencerte de que Roma es un lugar agradable. A mi regreso intentaré persuadirte.
– ¿Regreso?
– Sí, los negocios. Debo ir a Sicilia unos días. Pero antes dime, ¿va todo bien?
– Sí, todo va bien.
– Te llamaré cuando regrese, pero no antes. Sé que me consideras dominante así que te dejaré en paz hasta mi vuelta. Adiós.
– Adiós -Elise colgó lentamente.
Elise se negó a añorar a Vincente. Sería darle demasiada importancia. Tenía trabajo, registros públicos que consultar, en busca del certificado de defunción de Angelo.
Pero varios días de pesquisas no revelaron a ningún Caroni que hubiera muerto en esas fechas. Desesperada, se preguntó si lo habría soñado todo.
Decidió perfeccionar su italiano, observando la televisión durante horas y leyendo cuanto caía en sus manos. Compraba el periódico a diario y lo leía tomando café en un pequeño restaurante con jardín, cercano a su casa. Pronto estuvo en condiciones de leer publicaciones financieras sin problemas.
Tal y como le había dicho Vincente, la corporación Farnese era enorme. Fundada por su abuelo y mantenida en pie por su padre, el crecimiento real se había producido cuando Vincente tomó las riendas. Artículo tras artículo, Elise descubrió que Vincente era despiadado y un genio de los negocios.