Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
Fan Club - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Fan Club

Электронная книга - «Fan Club». Краткое содержание книги:

Sharon Fields, estrella de cine, es una mujer cuyo éxito parece irresistible a todo el mundo. Existe un silecioso grupo masculino de fans que está planeando raptarla. Su meta retorcida, sus aspiraciones, son satisfacer sus más oscuros deseos y frustraciones con ella. Sharon, a quien la vida sonreía, se ve secuestrada, atada, humillada y, lejos de rendirse, planea su propia escapada. Uno por uno engatusa a los secuestradores para salir sana y salva de su prisión.
1 ... 103 104 105 106 107 108 109 110 111 ... 167
Перейти на страницу:

– Yo escribí una narración corta -le dijo-. No es gran cosa. En la actualidad, la hubiera escrito de otra manera. Pero he pensado que te haría gracia leer algo que escribí. Claro que no pagan nada. Pero hay que empezar como sea. Bueno, ahora no te molestes en leerla. Hazlo cuando dispongas de un rato.

Ella simuló sentirse muy impresionada. Eso sabía hacerlo muy bien. Muy impresionada.-Estaba deseando leer la narración. Entre todos los famosos personajes que conocía, a los escritores les respetaba más que a nadie. El proceso creador se le antojaba una cosa mística y pavorosa.

– Sé que algún día llegarás a ser famoso -le dijo con desarmante sinceridad-. Y yo podré decir que te conocí. Hasta bueno, ¿no te parecería maravilloso que más adelante me escribieras el guión de una película? Siempre que tú quisieras, claro.

– Sería la máxima aspiración de mi vida -le dijo él extasiado.

Siguió bebiendo y demorando el momento de acostarse con ella. Sharon no se lo esperaba. Estaba segura de que la noche anterior había conseguido infundirle confianza. Pero, al parecer, no había sido así. Temía el fracaso.

Y, sin embargo, ella estaba totalmente segura de su capacidad de conseguirlo. Con vistas a sus planes y esperanzas, le había parecido sumamente importante llevárselo a la cama cuanto antes para disponer del tiempo suficiente y conseguir restablecer su virilidad.

Sólo así podría sojuzgarle, últimamente, en sus cavilaciones, el Soñador había llegado a antojársele el miembro más vulnerable del grupo y aquel a quien con mayor facilidad podría manejar con vistas a que la ayudara sin saberlo.

Fue centrando por ello gradualmente la conversación en el punto en que ésta había quedado interrumpida el día anterior.

Le recordó que le había confesado su amor y que ella había estado dándole vueltas en la cabeza preguntándose sí la amaría por lo que representaba o lo que de ella se decía, o bien por ella misma ahora que había tenido ocasión de conocerla de cerca.

– Te amo a ti por ti misma -le repitió él ardorosamente.

– No sabes lo maravillosamente bien que eso me hace sentir -le dijo ella apasionadamente, yendo a sentarse sobre sus rodillas.

Después no le costó el menor esfuerzo pasar del dicho al hecho. Se encontraban tendidos en la cama desnudos, acariciándose el uno al otro en silencio. Pronto estuvo dispuesto y fue a levantarse para penetrarla procurando contenerse, pero ella notó que se movía y extendió el brazo impidiéndole levantarse.

– Espera, cariño -le dijo entrecortadamente-, hagamos lo que hicimos ayer.

– No sirvió.

– Servirá si yo me encargo de todo. Ahora estoy libre y puedo hacer todo que quiera.

– Déjame probar -le dijo él intentando apartarle el brazo.

– No, hagámoslo a mi manera.

El volvió a tenderse y permitió que Sharon le hiciera lo mismo que le había hecho la noche anterior.

A pesar de su decepción, ella se lo repitió tres veces en el transcurso de quince minutos. Ahora ya estaba listo una vez más.

– Déjame, Sharon -le suplicó.

– Te dejaré, pero lo haremos a mi manera -le dijo ella soltándole.

– ¿Cómo? Déjame probar, quiero…

– Espera, por favor, espera, quédate donde estás, apártate un poco. -Se había puesto de rodillas-. Sí, quédate así tendido de espaldas. No te muevas.

Se le arrodilló entre las piernas extendidas. Separó los muslos y se le colocó encima apoyando las rodillas a ambos lados de sus caderas.

Después descendió con toda naturalidad, cerrando los ojos al notar que él la penetraba. Siguió descendiendo, sentándose encima suyo hasta rozarle los muslos con las nalgas. Se inclinó hacia él, le acarició el cabello y le sonrió.

– Lo has conseguido -le dijo dulcemente-. Ahora procura no moverte aunque lo desees. Quédate dentro y acostúmbrate a mí. ¿No es una maravilla?

El mantenía los ojos clavados en su rostro.

– Sí -musitó.

Sharon levantó ligeramente la pelvis y volvió a descender para que él experimentara la sensación de moverse en su interior.

– Santo cielo -dijo él jadeante-. Eres todo lo que siempre he soñado.

Sharon se inclinó, le rozó la mejilla con la suya y le susurró:

– Nos estamos haciendo el amor, cariño. Eso es lo único que importa.

Empezó a mover involuntariamente las caderas, a arremeter hacia adelante y hacia atrás con rapidez creciente, Sharon se percató de que se estaba moviendo a su mismo ritmo.

– Me muero -dijo jadeando.

Levantó las piernas y se agarró a ella presa de espasmódicas contracciones. Había terminado. Lo había conseguido.

Sharon celebró en su fuero interno el éxito de su técnica y de su actuación cuidadosamente controlada. A partir de ahora le tendría en el bolsillo.

Más tarde, mientras ella se estaba poniendo el camisón y él se vestía, volvió a alabarle sin exagerar. No quería que se le viera el plumero. Sería una imprudencia correr el riesgo de que la considerara una hipócrita. Prefirió hablarle del futuro.

– Ha sido una maravilla sentirme tan unida a ti -le estaba diciendo-. Ningún ser humano podría sentirse más unido. A partir de ahora, ya no habrá dificultades, cariño.

Basta con romper la barrera psicológica. A partir de ahora podremos hacernos el amor, siempre que nos apetezca.

Al sentarse él en una silla para ponerse los zapatos, ella se acurrucó a sus pies.

Comprendió que se sentía estúpidamente satisfecho de sí mismo y hasta incluso un poco aturdido. Sin embargo, era consciente de la colaboración que ella le había prestado y se mostraba agradecido.

– No creo que hubiera muchas mujeres con tanta paciencia como tú -le dijo.

Ella se echó la larga melena rubia hacia atrás.

– Es porque te quería -le dijo sonriendo-. Y ahora ya te tengo.

– No tienes idea de lo que significa -empezó a decirle él con veneración-que todo haya salido tal como tantos años llevo soñando.

Le fastidiaba tener que soltar otra idiotez, pero no tenía más remedio.

– A veces los sueños se convierten en realidad -dijo con voz ronca, orgullosa de saber interpretar su papel.

– Yo así lo creía -reconoció él-. Ojalá pudiera hacer algo más por ti.

Es más, mañana saldré con How… con uno de los demás para hacer algunas compras. ¿Necesitas algo? Me encantaría comprarte alguna cosa.

Estuvo tentada de intentar averiguar algo más acerca del lugar al que se dirigirían.

Se preguntó hasta qué extremo podría llegar sin que él recelara y se encerrara en sí mismo. Decidió probarlo cautelosamente.

– Eres muy amable -le dijo-, pero no se me ocurre nada en concreto.

Sin saber qué tipo de tiendas habrá, es difícil.

– En realidad, no conozco muy bien esta zona -le dijo él-y no sabría decirte.

Hay una farmacia y uno o dos supermercados.

Una farmacia. Uno o dos supermercados. Indudablemente una ciudad pequeña a cierta distancia de Los Angeles, con alguna colina o montañas cercanas.

– Gracias, cariño -dijo ella poniéndose en pie-, pero no te preocupes por los regalos. Encárgate de tus compras. Mañana por la noche te estaré esperando.

– Sí, será mejor que duermas un poco -dijo él levantándose.

– Te quiero -le dijo ella abrazándole.

– Y yo a ti más -le dijo él devolviéndole el beso.

Esperó a que se fuera y, una vez sola, corrió hacia los dos montones de libros y revistas y tomó la revista trimestral que contenía su narración y que él le había traído como regalo.

La abrió por la página del índice. Su dedo recorrió la lista de autores. Ninguno de ellos le era conocido.

Súbitamente su dedo se detuvo en un agujero cortado en el papel.

Habían eliminado cuidadosamente un nombre.

El título de la narración corta era "Dormir, tal vez soñar", página 38.

Pasó rápidamente las páginas hasta llegar a la 38. Bajo el número de la página había una señal en tinta y dos palabras garabateadas en tinta: "Mi narración".

1 ... 103 104 105 106 107 108 109 110 111 ... 167
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)