El Libro de las sombras contadas. Las Cajas del Destino
- Автор: Гудкайнд Терри
- Серия: La Espada de la Verdad #1
- Язык: испанский
- Переводчик: Joana Claverol
- Жанр: Фэнтези
Электронная книга - «El Libro de las sombras contadas. Las Cajas del Destino». Краткое содержание книги:
A continuación la anciana sostuvo la bandeja frente a Kahlan, pero ésta declinó cortésmente. Cuando le tocó el turno a Richard, éste cogió una tira. Las cuatro muchachas rehusaron y observaron a Richard. Kahlan esperó hasta que dio un bocado a la carne e intercambió una breve mirada con el Hombre Pájaro, tras lo cual volvió a clavar los ojos en las hogueras.
—Sabes, no acabo de decidirme cuál de estas hermosas jóvenes elegir —dijo Richard tras tragar el primer bocado—. ¿Crees que podrías ayudarme? ¿Cuál debo elegir? ¿Qué te parece?
Pugnando por normalizar el ritmo de su respiración, la mujer contempló la sonriente faz del joven y repuso:
—Tienes razón, es una elección difícil. Creo que dejaré que seas tú quien elija.
Richard comió un poco más de carne, mientras Kahlan apretaba los dientes y tragaba con fuerza.
—Esta carne tiene un sabor extraño. Nunca había probado nada igual. —Hizo una pausa y preguntó—: ¿Qué es? —Su voz había cambiado y ahora tenía un tono que la asustó tanto que estuvo a punto de dar un brinco. Richard la miraba amenazadoramente, con dureza. Kahlan no había pensado decírselo pero esa mirada le hizo olvidar su intención inicial.
Preguntó al Hombre Pájaro y respondió:
—Dice que es un apagafuegos.
—Un apagafuegos. —El joven se inclinó hacia adelante—. ¿Y qué tipo de animal es un apagafuegos? —Kahlan miró sus penetrantes ojos grises y respondió dulcemente—: Uno de los hombres de Rahl el Oscuro.
—Ya veo. —Richard recuperó su postura inicial.
Lo había sabido. Kahlan se dio cuenta de que lo había sabido incluso antes de preguntárselo, pero quería comprobar si le mentía.
—¿Y quiénes son los apagafuegos?
Kahlan preguntó a los ancianos cómo habían llegado a saber de los apagafuegos. Savidlin ardía en deseos de contarle la historia. Cuando el hombre acabó, se volvió hacia Richard.
—Los apagafuegos viajan por la Tierra Central para hacer cumplir la prohibición de Rahl de que nadie encienda fuego. Pueden llegar a ser brutales. Savidlin dice que dos de ellos llegaron a la aldea hace pocas semanas, les dijeron que el fuego estaba prohibido y, cuando la gente barro se negó a acatar la nueva ley, los amenazaron. Como temían que si se marchaban regresarían con más hombres, los mataron. La gente barro cree que si se comen a sus enemigos adquieren su sabiduría. Para ser un hombre entre la gente barro, para ser uno de ellos, tú también debes comer y así tendrás el conocimiento de sus enemigos. Éste es el principal propósito de los banquetes. Esto y convocar a los espíritus de los antepasados.
—¿Y ya he comido lo suficiente para satisfacer a los ancianos? —La mirada de Richard la traspasó.
—Sí —contestó, deseando poder levantarse y correr.
Con movimientos deliberadamente cuidadosos Richard dejó a un lado la tira de carne. Sus labios volvieron a curvarse en una sonrisa y miró a las muchachas mientras dirigía la palabra a Kahlan, incluso abrazando a las dos que tenía más cerca.
—Kahlan, hazme un favor. Ve a buscarme una manzana a la mochila. Creo que necesito un sabor familiar para quitarme este gusto de la boca.
—Que yo sepa, no estás inválido —le espetó Kahlan.
—No, pero necesito tiempo para decidir con cuál de estas bellas muchachasyaceréesta noche.
Kahlan se levantó, lanzó una mirada colérica al Hombre Pájaro y se dirigió hecha una furia a casa de Savidlin. Se alegraba de alejarse de Richard y de esas chicas que no dejaban de sobarlo.
Mientras caminaba entre felices aldeanos se clavó las uñas en las palmas de las manos, pero ni siquiera lo notó. Los bailarines danzaban, los músicos tocaban los tambores, los niños reían y la gente la saludaba al pasar. Pero ella deseaba que alguien le dijera algo desagradable para poder golpearlo.
Al llegar a la casa, entró y se dejó caer sobre la piel que cubría el suelo, tratando en vano de contener las lágrimas. Se dijo que todo lo que necesitaba eran unos minutos para recuperar de nuevo el control. Richard hacía lo que la gente barro esperaba de él, lo que ella misma había prometido al Hombre Pájaro que haría. Ella no tenía ningún derecho a enfadarse, ninguno; Richard no le pertenecía. Ahora lloraba con todo su corazón. No tenía ningún derecho a sentirse de ese modo, ni de enojarse con él. Pero estaba enfadada, y furiosa.
Entonces recordó lo que había dicho al Hombre Pájaro sobre que ella misma se había buscado el problema y que temía las consecuencias que debería sufrir.
Richard simplemente hacía lo que era necesario para que el consejo de videntes se reuniera, lo que era necesario para encontrar la caja y detener a Rahl. Kahlan se secó las lágrimas.
Si al menos no disfrutara tanto con ello. Podría hacerlo sin comportarse como un...
Bruscamente sacó una manzana de la mochila. ¿Qué más daba? Ella no podía cambiar las cosas, pero tampoco tenía que aceptarlas con alegría. Se mordió un labio y abandonó la casa pisando con fuerza, tratando de adoptar una expresión impávida. Por suerte estaba oscuro.
Tras atravesar de nuevo la multitud festiva y acercarse a la plataforma vio que Richard se había quitado la camisa. Las jóvenes le pintaban con barro blanco y negro los símbolos de los cazadores, dibujando con los dedos líneas quebradas sobre el pecho y otras circulares en la parte superior de los brazos. Se detuvieron cuando Kahlan llegó y se quedó mirando la escena fijamente.
—Toma —dijo, arrojó a Richard la manzana y se sentó enfurruñada.
—Todavía no he tomado una decisión —comentó el joven, frotando la manzana contra los pantalones para sacarle brillo y mirando a las jóvenes una a una—. Kahlan, ¿estás segura de que no tienes ninguna preferencia? Me vendría muy bien tu ayuda. —El joven bajó el tono de voz significativamente, nuevamente adoptando un matiz de dureza—. Me sorprende que no eligieras una por mí.
Kahlan levantó la vista hacia él, perpleja. Lo sabía. Sabía que ella había accedido a aquello sin consultárselo.
—No. Sea cual sea tu decisión, será correcta —dijo, y apartó de nuevo los ojos.
—Kahlan. —Richard esperó hasta que la mujer volvió a mirarlo—. ¿Alguna de ellas está emparentada con los ancianos?
—La de tu derecha es sobrina del Hombre Pájaro —contestó ella, tras mirar de nuevo a las jóvenes.
—¡Su sobrina! —La sonrisa de Richard se hizo más amplia mientras continuaba sacando brillo a la manzana—. Entonces creo que la elegiré a ella. Escoger a la sobrina del Hombre Pájaro será un signo de respeto hacia los ancianos.
El joven cogió la cabeza de la muchacha entre sus manos y la besó en la frente. La chica sonrió encantada. El Hombre Pájaro sonrió encantado. Los ancianos sonrieron encantados. Las otras jóvenes se marcharon.
Kahlan se volvió hacia el Hombre Pájaro y éste le lanzó una mirada de simpatía, una mirada que decía que lo sentía. Ella giró de nuevo el cuerpo y, transida de dolor, dejó que su mirada se perdiera en la noche. Así pues, Richard ya había hecho su elección. Ahora, pensó sombríamente, los ancianos llevarían a cabo una ceremonia y la feliz pareja se marcharía a algún lugar para hacer un bebé. Kahlan contempló a las demás parejas que caminaban cogidas de la mano, felices de estar juntas, y tuvo que tragarse el nudo que se le había hecho en la garganta y también las lágrimas. Oyó el ruido que hacía Richard al dar un mordisco a su estúpida manzana.
Inmediatamente los ancianos y sus esposas dieron un respingo y lanzaron exclamaciones.
¡La manzana! ¡En la Tierra Central todas las frutas rojas eran venenosas y ellos no conocían las manzanas! ¡Creían que Richard estaba comiendo veneno! Rápidamente se dio media vuelta.
Richard había alzado un brazo hacia los ancianos para pedir silencio y que se quedaran donde estaban. Pero a quien miraba era a ella.