Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Историческая проза » Favoritos De La Fortuna
Favoritos De La Fortuna - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Favoritos De La Fortuna

Электронная книга - «Favoritos De La Fortuna». Краткое содержание книги:

Argumento: Desde el año 83 al 69 antes de Cristo, los principales acontecimientos de la historia de la antigua Roma en un fascinante mosaico novelesco que respeta escrupulosamente la verdad de los hechos, aunque narrándolos con la amenidad de la mejor de las novelas. En el relato aparecen numerosos personajes, pero el que tiene mayor protagonismo es un Julio César adolescente que consigue desembarazarse de sus obligaciones sacerdotales para demostrar a todos su extraordinaria inteligencia y su valor, que harán de él en el futuro un héroe celebérrimo de la historia romana. Las costumbres de la época, las estrategias bélicas, las intrigas políticas, los usos amatorios, etc., adquieren también gran importancia en esta novela, que constituye la tercera parte del gran ciclo de Colleen McCullough.
1 ... 99 100 101 102 103 104 105 106 107 ... 273
Перейти на страницу:

Mesala se dispuso a contar la historia de modo vivaz para ganar el interés de Cicerón.

– Sexto Roscio tiene mi edad, y le conozco desde que íbamos a la escuela. Hemos servido nuestras seis campañas a las órdenes de Lucio César y de Sila en Campania. El padre de Roscio era propietario de casi toda Amena, incluidas trece fincas en la orilla del Tíber, de una enorme riqueza. Roscio es su único hijo, pero hay dos primos que son los malvados. El padre de Roscio fue a Roma a hacer una visita a principios de año y allí le asesinaron. No sé si fueron los primos, y Roscio tampoco lo sabe. Es probable, pero podría ser que no -añadió Mesala con una mueca-. La noticia del asesinato del padre llegó a Amena a través de un agente de los primos, desde luego. Y lo más sospechoso es que ese agente no le dijo nada al pobre Roscio. Sólo habló con los primos, quienes urdieron la historia para hacerse con la heredad.

– Creo que lo entiendo -dijo Cicerón, cuya mente era implacable analizando la perfidia humana.

– Volaterrae acaba de sublevarse y Sila estuvo allí dirigiendo las primeras fases del asedio; y con él iba Crisógono.

No había necesidad de explicar a Cicerón quién era Crisógono, pues todo Roma conocía al infame administrador encargado de las listas, los libros y todos los detalles relativos a las proscripciones de Sila.

– Los primos acudieron a Volaterrae y les fue concedida una entrevista con Crisógono, quien, mediante un alto precio, acordó con ellos falsificar una de las listas de proscripción incluyendo el nombre del padre de Roscio. Luego fingió que había «visto por casualidad+ un informe oficial sobre el asesinato y «recordó+ que el nombre figuraba en una lista de proscripción. En resumen: las propiedades del padre de Roscio, con un valor de seis millones, fueron subastadas y las adquirió el propio Crisógono por dos mil sestercios. ¿Te imaginas?

– ¡Me encanta ese infame! -exclamó Cicerón, con gesto de perro perdiguero al acecho.

– ¡Pues a mí no! ¡Es odioso! -replicó Mesala.

– ¡Sí, sí, es odioso! ¿Y qué sucedió después?

– Todo esto sucedió antes de que Roscio supiera que su padre había muerto. La primera noticia la tuvo cuando los dos primos aparecieron con una orden de proscripción de Crisógono y le expulsaron de las propiedades del padre. Crisógono se ha quedado con diez de las trece fincas y ha instalado en ellas al segundo primo como administrador y agente. Las otras tres fincas Crisógono se las ha asignado al otro primo. El golpe para el pobre Roscio ha sido por partida doble: al enterarse que su padre estaba proscrito hacía meses y que había sido asesinado.

– ¿Y ha creído toda esa sarta de mentiras? -preguntó Cicerón.

– Totalmente. ¿Por qué no había de creerlas? Cualquiera con unos sestercios ahorrados teme verse en una lista de proscritos, viva en Roma o en Amena. ¡Y Roscio se lo creyó! Y abandonó las propiedades.

– ¿Y quién descubrió el pastel?

– Los ancianos del lugar -contestó Mesala-. Un hijo nunca conoce la auténtica naturaleza del padre, pero los amigos de éste sí; cosa lógica. Una persona conoce a un amigo sin las deformaciones emocionales propias de un hijo.

– Cierto -añadió Cicerón, pensando en su propio padre.

– Fueron los amigos del padre quienes se reunieron y convinieron en que el muerto no tenía ni un pelo de partidario de Mario, Cinna o Carbón, y convinieron ir a Volaterrae para pedir audiencia con Sila en persona para suplicarle que revocase la proscripción para que Roscio pudiese heredar. Reunieron numerosas pruebas y se pusieron en marcha sin dilación.

– ¿En compañía de qué primo? -inquirió Cicerón.

– Buena pregunta -contestó Mesala sonriente-. Del primero, que, además, tuvo la audacia de asumir el mando de la misión. Mientras, el segundo primo se adelantó al galope hasta Volaterrae para advertir a Crisógono de lo que sucedía. Por eso la delegación no llegó a ver a Sila; les paró los pies Crisógono, quien tomó nota de todos los detalles, se quedó con las pruebas, y les prometió entrevistarse con el dictador para que derogase la proscripción, asegurándoles que no se preocuparan y que Roscio heredaría.

– ¿Y no sospechó nadie que hablaban con el verdadero propietario de las trece fincas? -inquirió Cicerón.

– Nadie, Marco Tulio.

– Es signo de los tiempos, ¿no es cierto?

– Eso me temo.

– Continúa.

– Transcurrieron dos meses, y los amigos del padre de Roscio se dieron cuenta de que les habían engañado, pues no llegaba ninguna orden anulando la proscripción, y ya se sabía que los dos primos vivían en las propiedades como si fuesen suyas. Hicieron averiguaciones y supieron que el primero era dueño de tres y Crísógono de las otras diez. Y todos se quedaron aterrados, pues imaginaron que Sila estaba al corriente de todo.

– ¿Tú crees que es así? -inquirió Cicerón.

Mesala reflexionó un buen rato y, finalmente, meneó la cabeza.

– No, Cicerón, lo dudo.

– ¿Por qué? -preguntó aquel jurista nato.

– Sila es terrible. A mí me hace temblar. Dicen que de joven mataba a mujeres por dinero, y que entró en el Senado pasando por encima de esos cadáveres; pero yo le conocí un poco cuando estuve en su ejército (yo era muy joven para tener amistad con él, desde luego, pero él siempre andaba revisándolo todo) y me llamó la atención por su escrupulosidad aristocrática. ¿Sabes lo que quiero decir?

Cicerón sintió una comezón de bochorno, pero lo disimuló. ¿Sabía él lo que el noble patricio Marco Valerio Mesala quería decir con escrupulosidad aristocrática? ¡Oh, claro! Nadie mejor que Cicerón, que era «hombre nuevo» y tanto envidiaba a los patricios como Mesala y Sila.

– Creo que sí -dijo.

– Sila tiene un lado oscuro, y seguramente sería capaz de matarnos sin escrúpulos si conviniera a sus planes, pero sería por tener un motivo patricio. No lo haría por codiciar trece ricas fincas en la ribera del Tíber. Si tuviera ocasión de acudir a una subasta de propiedades confiscadas, no digo yo que no aprovechara la ocasión de comprar unas tierras muy baratas, pero ¿urdir algo así para enriquecerse él o su liberto de un modo deshonroso poniendo en peligro algo tan vital como su reputación? No; creo que no. A él le importa su honorabilidad; se advierte en sus leyes, que yo considero son honorables. Puede que no esté de acuerdo con él en que a los tribunos de la plebe deba arrebatárseles todo su poder, pero lo ha hecho legal y abiertamente. Es un patricio romano.

– Entonces Sila no sabe nada -apostilló Cicerón, pensativo.

– Yo creo que no.

– Continúa, Marco Valerio, te lo ruego.

– Cuando los ancianos de Amena dieron en pensar que Sila estaba al corriente de los hechos, mi amigo Roscio optó por protestar más. El pobre había estado muy abrumado durante meses y apenas tenía ánimo para hablar. Pero una vez que se soltó la lengua, comenzó a contar cosas. Habían atentado contra su vida varias veces. Y por ello hace dos meses huyó a Roma y buscó refugio en casa de una vieja amiga de su padre, la vestal retirada Metela Baleárica, la hermana de Metelo Nepote. La otra hermana era esposa de Apio Claudio Pulcro y murió dando a luz a ese horrible niño que se llama Publio Clodio.

– Continúa, Mesala -dijo Cicerón.

– Parece ser que el hecho de que Roscio conociese a gente de tanta influencia como los Metelos Nepote y una vestal retirada de los Cecilios Metelos, quitó el sueño a los primos, que comenzaron a temerse que Roscio pudiera entrevistarse con Sila. Pero no se atrevieron a asesinarle por temor a que se descubriese el crimen si los Cecilios Metelos conseguían que se llevasen a cabo pesquisas. Así que decidieron que era mejor desacreditar a Roscio falsificando pruebas de que era el asesino de su padre. ¿Conoces a un tal Erucio?

– ¿Y quién no? -replicó Cicerón con una mueca de disgusto-. Es un acusador profesional.

1 ... 99 100 101 102 103 104 105 106 107 ... 273
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)