Favoritos De La Fortuna
- Автор: Маккалоу Колин
- Язык: испанский
- Жанр: Историческая проза
Электронная книга - «Favoritos De La Fortuna». Краткое содержание книги:
– Conforme estipula actualmente la constitución, Lucio Cornelio, sólo una asamblea legalmente convocada puede aprobar una sentencia de muerte. Si vas a despojar a las asambleas el derecho a juzgar, ¿quiere eso decir que serán esos tribunales los que tengan potestad para imponer la pena de muerte?
– No, Quinto Lutacio, no es eso. Todo lo contrario. No habrá pena de muerte. Las futuras penas se limitarán al destierro, a multas y/o confiscación de parte o de todas las propiedades de los convictos. Mis nuevas leyes regularán también las actividades de la comisión que determine los daños y perjuicios, que la formarán entre dos y cinco de los jurados, elegidos a suertes, más el presidente del tribunal.
– Has creado siete tribunales -dijo Mamerco-. Traición, extorsión, malversación, soborno, falsificación, violencia y homicidio. Pero, conforme a la lex Plautia, existe aún un tribunal para casos de violencia pública. Yo quiero preguntar dos cosas: una, ¿qué sucederá con este tribunal?, y dos, ¿qué sucede en los casos de sacrilegio?
– La lex Plautia ya no es necesaria -respondió Sila, reclinándose en la silla con gesto complaciente; el Senado parecía satisfecho ante la perspectiva de privar a las asambleas del derecho a juzgar delitos-. Los delitos de violencia se juzgarán en el tribunal al efecto o en el de traición si son de gran magnitud. En cuanto al sacrilegio, los delitos de esta naturaleza son poco frecuentes para que exista un tribunal permanente. Se determinará un tribunal especial en los casos concretos y lo presidirá un ex edil; pero su actuación será la misma que la de los tribunales fijos y no habrá derecho de apelación ante las asambleas. Si se trata de delitos de castidad de las vestales, seguirá siendo aplicable la pena de morir en la hoguera, pero su amante o amantes serán juzgados en otro tribunal, sin que se les imponga pena de muerte.
Lanzó un carraspeo y continuó:
– Por hoy casi he acabado. Pero antes que nada, una palabra sobre los cónsules. No es bueno para Roma ver a sus cónsules enredados en guerras extranjeras. Durante el año en que ejercen su cargo, los dos cónsules deberían ocuparse del bienestar de Roma y de Italia, y nada más. Ahora que los tribunos de la plebe han quedado en el lugar que les corresponde, espero que los cónsules se dediquen más a promulgar leyes. Otra cosa: comportamiento en el Senado. De ahora en adelante, un senador podrá ponerse en pie y tomar la palabra, pero no se le permitirá caminar de arriba abajo mientras hable; hablará desde su sitio, sentado o de pie. Y no se tolerarán ruidos, aplausos, pateo, ni voces y gritos. Los cónsules impondrán una sanción de mil denarios a los que infrinjan este nuevo reglamento de conducta en la cámara.
Un reducido grupo de senadores se reunió al pie de la escalinata de la Curia Hostilia una vez que Sila hubo salido; algunos (como Mamerco y Metelo Pío) eran partidarios irreductibles del dictador, mientras que otros (como Lépido y Catulo) opinaban que Sila era, como mucho, un mal necesario.
– No cabe duda -dijo el Meneitos- que estos nuevos tribunales descargarán de mucho trabajo a los cuerpos legislativos, y ya no se podrá inducir a la asamblea plebeya a que nombre un tribunal especial para juzgar a nadie, ni habrá temor de que un caballero desconocido se deje sobornar… Sí, son buenas reformas.
– ¡Vamos, Pío, tienes edad suficiente para recordar lo que sucedió durante un par de años cuando Cepio el cónsul devolvió al Senado la potestad de nombrar tribunales! -exclamó Filipo-. ¡Yo siempre estaba en uno u otro jurado, hasta en pleno verano! Tú te acordarás -añadió, volviéndose hacia Marco Perpena.
– Ya lo creo -contestó Perpena.
– Lo que os sucede a vosotros -terció Catulo- es que queréis que el Senado controle los jurados, pero os quejáis cuando os toca el turno. Si los senadores queremos dominar la judicatura, tenemos que estar dispuestos a apechugar con las consecuencias.
– No será más difícil ahora que anteriormente -dijo Mamerco, conciliador-. Ahora somos más.
– Claro, tú eres el yerno del Gran Hombre y te maneja como una marioneta -dijo Filipo-. ¡No somos tantos! Y habiendo tribunales permanentes no habrá retrasos… Antes al menos podíamos retrasar los juicios haciendo que las asambleas estuvieran en ascuas unos intervalos de mercado mientras nosotros nos tomábamos unas vacaciones. Mientras que ahora lo único que tiene que hacer el presidente de un tribunal es nombrar el jurado. Y ni siquiera sabremos de antemano si vamos a formar parte de él, por lo que no podremos planificar nada. Sila ha dicho que no se echará a suertes hasta determinar la fecha del juicio. ¡Es que ya lo veo! ¡Apenas lleves dos días de asueto a la orilla del mar y ya tendrás que volver a Roma para formar parte de un maldito jurado!
– Los deberes del jurado deberían haberse repartido -dijo Lépido-. Los juicios importantes para el Senado: extorsión y traición. El tribunal de homicidios podría funcionar perfectamente con un jurado formado por caballeros, ¡y seguramente funcionaría mejor si lo constituyesen miembros del censo por cabezas!
– Según tú -replicó Mamerco, cáustico-, los jurados en el juicio a senadores deberían ser senadores, mientras que los jurados en los juicios a otras personas por acusaciones como brujería o envenenamiento carecen de categoría para que los formen senadores.
– Algo así -contestó Lépido, sonriente.
– Lo que me gustaría saber -dijo el Meneitos, considerando que convenía cambiar de tema- es qué más pensará legislar.
– Me apostaría algo a que no será a favor nuestro -dijo Hortensio.
– ¡Tonterías! -exclamó Mamerco, nada amilanado porque le hubiesen motejado de marioneta de Sila-. Hasta ahora todo lo que ha hecho ha sido para reforzar la influencia del Senado y para que Roma recupere los antiguos valores y costumbres.
– Puede que sea demasiado tarde para volver a las antiguas tradiciones y costumbres -dijo Perpena pensativo-. Muchas de las cosas que él ha abolido eran, por su antigüedad, dignas de incluirse en el mos maiorum. Hoy la asamblea plebeya es como una asociación para jugar a la taba o a los dados. No perdurará porque no puede perdurar. Los tribunos de la plebe han sido durante siglos los principales legisladores de Roma.
– Sí, lo que ha hecho con los tribunos de la plebe no es una medida popular -dijo Lépido-. Tienes razón; el estado actual de la asamblea de la plebe no puede durar.
En las calendas de octubre, el dictador provocó nuevas conmociones. Amplió el límite sagrado de Roma cien pies hacia el forum Boarium para agrandar la ciudad. Desde la época de los reyes nadie había osado tocar el pomerium, y modificarlo era símbolo de realeza, no una facultad republicana. Pero Sila no se anduvo con miramientos; anunció que iba a modificarlo porque ahora el río Rubicón sería la frontera oficial entre Italia y la Galia itálica. Ya hacía mucho tiempo que se consideraba el río como frontera, pero en la última determinación oficial se había adoptado como frontera el río Metaurus. Por consiguiente, razonó Sila, podía decirse que en rigor se había ampliado el territorio de Roma en Italia, y quería dar relevancia al hecho ampliando el pomerium de Roma la nadería de cien pies.
– Por lo que a mi respecta -dijo Pompeyo a su nueva (y grávida) esposa- me parece estupendo.
– ¿Por qué? -preguntó Emilia Escaura con cara de perplejidad. Era una mujer que siempre andaba haciendo preguntas capaces de irritar a un hombre más egoísta, pero a Pompeyo le encantaba que le preguntasen.
– Mi querida regordeta, que parece haberse tragado una sandía entera -contestó, haciéndole cosquillas en el vientre y dirigiéndole un guiño-, porque yo poseo la mayor parte del Ager Gallicus al sur del Ariminum y, así, ahora pertenece a Umbría. Ahora soy uno de los mayores terratenientes de Italia, si no el mayor. No lo sé. Hay otros que tienen más tierras por sus propiedades en la Galia itálica, como los Emilios Escauros, tu tata (mi delicioso pastelito). y los Domicios Ahenobarbos, pero yo he heredado casi todas lasfincas de los Lucilios de Lucania, y, añadiendo la mitad sur del Ager Gallicus a las tierras de Umbría y el norte de Piceno, no creo que tenga rival en Italia. Muchos deploran lo que ha hecho el dictador, pero no seré yo quien lo critique.