Juego Del Destino
- Автор: Арчер Джеффри
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Juego Del Destino». Краткое содержание книги:
– Preferiría no hacer ningún comentario sin conocer a fondo todos los detalles de este caso, pero estoy dispuesto a aceptar la palabra del señor Cartwright cuando dice que no cometió ningún delito y que lamenta amargamente no haber informado del tema a las autoridades pertinentes en su momento. -Guardó silencio unos instantes-. Así y todo, si resulto elegido gobernador, puede estar seguro de que el mío será un gobierno abierto. Si cometo un error lo admitiré en el acto y no al cabo de diez años.
El hombre que había sacado el tema del robo se sentó; había concluido su misión.
Al presidente le costó imponer orden en la sala. Se formularon varias preguntas más, pero las respuestas apenas se escucharon, ya que la mayoría de los asistentes seguían discutiendo entre sí sobre las revelaciones de Nat.
Cuando el presidente dio por acabado el acto, Elliot se marchó sin demora, mientras que Nat permaneció en su sitio. Se sintió emocionado al ver cuántas eran las personas que se acercaron para estrecharle la mano y manifestarle que el proyecto de Cedar Wood había sido una bendición para la ciudad.
– Bueno, al menos no te han linchado -le comentó Tom cuando salieron del hotel.
– No, no lo han hecho, pero mañana solo habrá una pregunta en la mente de los electores. ¿Soy la persona adecuada para ocupar la mansión del gobernador?
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el escándalo de cedar wood, decía el titular del Hartford Courant a la mañana siguiente. Se reproducía una fotografía del cheque y al lado la firma de la verdadera Julia. No era una buena noticia, pero afortunadamente para Nat la mitad de los votantes ya habían acudido a las urnas mucho antes de que el periódico llegara a los quioscos. Nat había preparado horas antes una breve declaración donde anunciaba su retirada en el caso de perder; asimismo, felicitaba a su oponente, aunque dejaba claro que distaba mucho de darle su respaldo. Nat se encontraba en su despacho cuando anunciaron el resultado en las oficinas del partido republicano.
Tom atendió a la llamada y entró sin llamar.
– ¡Has ganado, has ganado! Once mil setecientos noventa y dos contra once mil seiscientos setenta y tres. Solo son ciento diecinueve votos de diferencia, pero significa que ahora tienes la delantera en el colegio electoraclass="underline" veintinueve a veintisiete.
Al día siguiente, el Hartford Courant comentaba en primera plana que nadie había perdido dinero con su inversión en el proyecto de Cedar Wood, por lo que quizá los votantes habían dejado claras sus intenciones.
A Nat todavía le quedaban por delante otros tres caucus y dos primarias antes de dar por acabada la elección del candidato. Por consiguiente, se sintió mucho más tranquilo al comprobar que todo el revuelo por el tema de Cedar Wood se había convertido en agua pasada. Elliot ganó el siguiente caucus por 19 a 18 y Nat la preliminar celebrada cuatro días más tarde: 9.702 contra 6.379, resultado que lo situaba con una cómoda ventaja a medida que se acercaban a las últimas primarias. Nat tenía entonces en el colegio electoral 116 votos contra 91 y las encuestas indicaban que llevaba una ventaja de siete puntos en la ciudad donde había nacido.
En su campaña por las calles de Cromwell, Nat contó con el apoyo de sus padres, Susan y Michael, que se centraron en los votantes de mayor edad, mientras que Luke y Kathy intentaban convencer a los jóvenes para que fueran a votar. A medida que pasaban los días, Nat estaba cada vez más seguro de que ganaría. El Courant empezó a decir que la verdadera batalla comenzaría cuando Nat tuviese que enfrentarse a Fletcher Davenport, el popular senador por Hartford. Sin embargo, Tom continuaba insistiendo en que debían tomarse muy en serio el debate con Elliot, que sería televisado la víspera de las elecciones.
– No hay ninguna razón para que caigamos en el último obstáculo -afirmó Tom-. Sáltalo limpiamente y tú serás el candidato. Quiero que dediques todo el domingo a repasar las preguntas todas las veces que haga falta y que te prepares para cualquier cosa que pueda surgir durante el debate. Puedes estar seguro de que Fletcher Davenport te estará viendo por la tele cómodamente sentado en su casa y analizará todo lo que digas. Si te equivocas en algo, enviará un comunicado a la prensa en cuestión de minutos.
Nat lamentó entonces haber aceptado semanas antes aparecer en un programa de debate de la televisión local que se emitiría la noche anterior a la última elección preliminar. Él y Elliot habían aceptado a David Anscott como moderador. Anscott era un entrevistador más interesado en caerle bien a la gente que en resultar incisivo. Tom no puso ninguna pega porque consideró que sería un buen ensayo para el inevitable debate a fondo con Fletcher Davenport.
Tom recibía todos los días nuevos informes donde se mencionaba que los voluntarios de la campaña de Ralph Elliot estaban desertando por docenas; algunos incluso habían cambiado de bando para sumarse a su equipo, así que cuando él y Nat llegaron al estudio de televisión ambos se sentían muy tranquilos y confiados. Su Ling acompañó a su marido. Luke, en cambio, dijo que prefería quedarse en casa y ver el debate por televisión, así podría comentar con su padre la imagen que transmitía en pantalla.
– Seguro que lo verá en el sofá con Kathy -opinó Nat.
– No, Kathy se marchó a su casa esta tarde para asistir a la fiesta de cumpleaños de su hermana -replicó Su Ling-. Luke tuvo la oportunidad de irse con ella, pero para ser justos debemos reconocer que se ha tomado su trabajo como tu asesor juvenil muy en serio.
Tom entró corriendo en el salón verde y le mostró a Nat los resultados de los últimos sondeos de intención de voto. Le otorgaban una ventaja de seis puntos.
– Creo que solo Fletcher Davenport puede impedirte ahora que accedas al cargo de gobernador.
– No me lo creeré hasta que anuncien los últimos resultados -dijo Su Ling-. No olvidéis la jugarreta de Elliot con las urnas después de que todos habíamos dado por hecho que el recuento estaba cerrado.
– Ya ha intentado todas las artimañas posibles sin ningún resultado -afirmó Tom.
– Quisiera compartir tu optimismo -señaló Nat, en voz baja.
Ambos candidatos fueron aplaudidos por los espectadores sentados en el estudio cuando ocuparon sus sitios en el plato, donde ya los esperaba el conductor del programa La batalla final. Los dos hombres se encontraron en el centro del plato y se dieron la mano, pero sus ojos miraban directamente a las cámaras.
– Este es un programa en directo -explicó David Anscott a la audiencia allí presente- y estaremos en el aire aproximadamente dentro de cinco minutos. Yo haré las primeras preguntas y después será el turno de ustedes. Si tienen algo que preguntarle a cualquiera de los dos candidatos, que la pregunta sea breve y concreta. Nada de andarse por las ramas, por favor.
Nat sonrió mientras echaba un vistazo al público, hasta que vio al hombre que había formulado la pregunta sobre el proyecto de Cedar Wood. Estaba sentado en la segunda fila. Notó que le sudaban las manos, pero incluso si le daban la palabra, Nat estaba seguro de que podría manejarlo. Esta vez iba bien preparado.
Se encendieron los focos, comenzaron a pasar los rótulos y David Anscott, con una amplia sonrisa, abrió el programa. Después de presentar a los participantes, los candidatos dispusieron de un minuto cada uno para hacer su primera exposición; sesenta segundos pueden ser mucho tiempo en la televisión, pero después de haber dicho lo mismo centenares de veces, eran capaces de hablar de su programa dormidos.
Anscott comenzó con un par de preguntas nada comprometedoras que le habían preparado. Una vez oídas las respuestas, no hizo nada por aprovechar lo que habían dicho los candidatos, sino que sencillamente pasó a la siguiente pregunta que le apareció en la pantalla de texto. En cuanto acabó con esta parte, se volvió rápidamente hacia el público.