Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне

Электронная книга - «Juego Del Destino». Краткое содержание книги:

Jeffrey Archer, con su habitual maestría narrativa, presenta en su última novela una apasionante historia marcada por un insólito cruce de destinos: dos hermanos gemelos separados al nacer y que desconocían la existencia del otro, se reencuentran treinta años más tarda como rivales políticos. Ambos pertenecen a familias de distinta extracción social y credo ideológico, pero el azar propiciará que sea Fletcher quien defienda a su hermano Nat, acusaso del asesinato de su rival en las elecciones a gobernador. Cuando Fletcher sufra un accidente y sea necesario conseguir sangre de un grupo muy extraño se desvelará el parentesco. Una trama perfectamente urdida en torno a las sorpresas que puede deparar el destino, al podeer político, al juego sucio, a la pérdida y al reencuetro, que ha hecho las delicias de miles de lectores en Inglaterra y Estados Unidos.
1 ... 96 97 98 99 100 101 102 103 104 ... 128
Перейти на страницу:

– ¿Elliot no dimitió de su empleo en Alexander Dupont y Bell el mismo día que el socio principal porque desapareció medio millón de dólares de la cuenta de un cliente?

– No me rebajaré a su nivel -afirmó Nat-. Además, la participación de Elliot nunca se demostró.

– Oh sí que se demostró -declaró Murray. Tom y Nat lo miraron boquiabiertos-. El cliente en cuestión es buen amigo mío y me llamó en el momento en que se enteró de que Elliot nos representaba en la operación de compra.

– Puede que así sea, pero la respuesta continúa siendo no. -Nat exhaló un suspiro.

– De acuerdo, entonces lo batiremos según sus términos -aceptó Murray-; eso significa que tendrán que preparar respuestas para todas las preguntas que se les ocurran.

Nat abandonó el banco a las seis de la tarde, con la sensación de que le habían exprimido el cerebro. Llamó a Su Ling y le explicó lo que había pasado.

– ¿Quieres que te acompañe esta noche? -le preguntó ella.

– No, Pequeña Flor, pero ¿podrías encargarte de tener a Luke bien ocupado? Si esto va a resultar desagradable, prefiero que no esté presente. Ya sabes lo sensible que es, todo se lo toma siempre como algo muy personal.

– Lo llevaré a ver una película. Proyectan una película en el cine Arcadia que él y Kathy quieren ir a ver desde hace una semana.

Nat intentó no parecer nervioso cuando llegó aquella noche al Goodwin House. Entró en el comedor principal del hotel y lo encontró abarrotado con centenares de empresarios locales en animada conversación. ¿A quién le darían su apoyo?, se preguntó. Sospechaba que la mayoría de ellos aún no habían tomado una decisión, a la vista de que las encuestas seguían recordándoles que quedaba un diez por ciento de indecisos. Un camarero lo acompañó hasta la mesa de honor, donde Elliot ya estaba conversando con el presidente del partido local. Manny Friedman se volvió para saludar a Nat. Elliot le dio la mano con grandes aspavientos. Nat se sentó rápidamente y comenzó a tomar notas en el dorso de un menú.

El presidente pidió silencio y presentó a «los dos pesos pesados que ostentan méritos muy similares para ser nuestro próximo gobernador»; a continuación invitó a Elliot a que hiciera su discurso de presentación. Nat nunca le había escuchado un discurso más lamentable. Luego el presidente le indicó a Nat que era su turno de réplica y cuando este se sentó, hubiese sido el primero en reconocer que él tampoco se había lucido mucho. La primera escaramuza, pensó, había acabado en un empate.

Después de los dos discursos, el presidente abrió el turno de preguntas. Nat se preguntó cuándo dispararían el misil y desde qué dirección. Echó una ojeada a los presentes mientras esperaba la primera pregunta.

– ¿Qué opinan los candidatos sobre la ley de educación que se está debatiendo en estos momentos en el Senado? -preguntó alguien que compartía mesa con ellos.

Nat se centró en los artículos de la ley que a su juicio debían ser revisados, mientras que Elliot se dedicó a recordarles a todos que él había realizado sus estudios en la Universidad de Connecticut.

La segunda pregunta hizo referencia al nuevo impuesto sobre las rentas personales, si ambos candidatos garantizaban que no lo subirían. Ambos respondieron afirmativamente.

Un tercero se mostró interesado por la política que adoptarían en materia de seguridad ciudadana, en especial por las medidas contra la delincuencia juvenil. Elliot afirmó que había que encerrarlos a todos en la cárcel para que aprendieran la lección. Nat declaró que no estaba muy seguro de que la cárcel fuese la respuesta a todos los problemas y que quizá tendrían que considerar algunas de las innovaciones que Utah había introducido recientemente en su sistema penal.

Cuando Nat se sentó, el presidente se levantó para mirar a los presentes y saber si había más preguntas pendientes. En cuanto el hombre se levantó sin mirarlo, Nat supo quién le formularía la pregunta que pretendía acabar con su carrera. Miró de reojo a Elliot, que simulaba estar muy ocupado tomando notas y no haberse dado cuenta de lo que ocurría.

– Sí, señor, adelante -dijo Friedman.

– Señor presidente, ¿puedo preguntar si alguno de los candidatos ha quebrantado la ley en alguna ocasión?

Elliot se levantó de un salto antes de que Nat pudiese abrir la boca.

– Varias veces -declaró-. La semana pasada me pusieron tres multas de aparcamiento, razón por la cual tengo la intención de modificar las restricciones de aparcamiento en la zona céntrica en el momento que me elijan.

Una respuesta impecable, pensó Nat, aunque la hubiese preparado de antemano. Se oyeron algunos aplausos. Se puso de pie lentamente y se volvió para mirar a Elliot.

– No cambiaré la ley para la comodidad del señor Elliot, porque creo que debería haber menos vehículos en las zonas céntricas, no más. Quizá no sea popular, pero alguien tiene que advertir a los ciudadanos que el futuro será muy negro si continuamos fabricando coches cada vez más grandes, que consumen más gasolina y que como consecuencia producen más gases tóxicos. Les debemos a nuestros hijos una herencia mejor que esa; además, no tengo el menor interés en que me elijan por promesas banales que se olvidan rápidamente cuando se llega al poder.

Nat se sentó en medio de grandes aplausos y confió en que el presidente le cediera la palabra a algún otro, pero el hombre continuó de pie.

– Bien dicho, señor Cartwright, pero no ha respondido a mi pregunta sobre si en alguna ocasión ha quebrantado la ley.

– No, que yo sepa -contestó Nat.

– ¿No es verdad que en una ocasión autorizó el pago de un cheque del banco Russell por valor de tres millones seiscientos mil dólares cuando sabía que ya no había fondos en la cuenta y que la firma en el cheque era falsa?

Varios de los presentes comenzaron a hablar al mismo tiempo y Nat tuvo que esperar a que se hiciera silencio.

– Sí, el banco fue víctima de una estafa por ese importe, cometida por una persona muy hábil, pero dado que dicha suma se debía al ayuntamiento, consideré que el banco no tenía otra alternativa que hacer honor a la deuda y pagar al ayuntamiento el monto total.

– ¿Informó usted a la policía en aquel momento de que habían robado el dinero? Después de todo, pertenecía a los clientes del banco y no a usted -señaló el hombre.

– No, porque teníamos motivos bien fundados para creer que el dinero había sido transferido al extranjero; por tanto sabíamos que no había ninguna posibilidad de recuperarlo. -Nat comprendió en cuanto acabó de hablar que su respuesta no aplacaría al hombre ni a muchos de los presentes.

– Si llega a convertirse en gobernador, señor Cartwright, ¿tratará el dinero de los contribuyentes con la misma ligereza?

Elliot volvió a levantarse en el acto.

– Señor presidente -dijo-, ese comentario ha sido del todo incorrecto y puede dar pie a murmuraciones malintencionadas. ¿Por qué no seguimos con las preguntas?

Se sentó al tiempo que el público premiaba su intervención con grandes aplausos, mientras que Nat continuaba de pie. Tuvo que admirar el desparpajo de Elliot, quien después de tenderle la trampa, hacía ver que salía en defensa de su oponente. Esperó a que se hiciera el silencio.

– El incidente al que usted se refiere sucedió hace más de diez años. Fue un error de mi parte y lo lamento profundamente, aunque no deja de ser una ironía que acabara siendo un extraordinario éxito financiero para todos los que participaron en el mismo, porque los tres millones seiscientos mil dólares que el banco invirtió en el proyecto de Cedar Wood han beneficiado a los ciudadanos de Hartford y han supuesto un gran impulso para la economía de la ciudad.

El hombre continuó de pie con expresión de no estar satisfecho.

– A pesar de la generosa intervención del señor Elliot, ¿puedo preguntarle si él hubiese denunciado el robo de los fondos a la policía?

En esta ocasión, Elliot se levantó lentamente para dar su respuesta.

1 ... 96 97 98 99 100 101 102 103 104 ... 128
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)