Las naves del tiempo [The Time Ships - es]
- Автор: Бакстер Стивен М.
- Год: 1996
- Язык: испанский
- Год: Ediciones B
- ISBN: 84-406-6788-4
- Переводчик: Pedro Jorge Romero
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «Las naves del tiempo [The Time Ships - es]». Краткое содержание книги:
—No puedo discutir tu tesis —dije—, porque parece que, como dices, los límites de la humanidad, los vestigios del viejo Adán, fueron al final suficientes para provocar nuestra caída… ¿Pero cuáles son las metas de tus superhombres mentales, los Constructores?
Vaciló.
—En cierto sentido, una especie, considerada como un todo, no tiene metas. ¿Los hombres de tu época tenían metas en común, aparte de respirar, comer y reproducirse?
Lancé un gruñido.
—Metas compartidas con el más pequeño de los bacilos.
—Pero, a pesar de su complejidad, uno puede, creo, clasificar las metas de una especie, dependiendo de su estado de desarrollo y de los recursos que consecuentemente precisa.
Una civilización preindustrial, dijo Nebogipfel —y pensé en Inglaterra durante la Edad Media—, necesita materias primas: para comer, vestirse, mantenerse caliente y demás.
Pero una vez que la industria se ha desarrollado, los materiales pueden sustituirse, para acomodarse a las limitaciones de un recurso particular.
Ese estado podría describir mi propio siglo, y vi que se podrían considerar, en un sentido genérico, las actividades de la humanidad en esa época terrible como guiadas en su mayoría por la competición por esos dos recursos clave: mano de obra y capital.
—Pero hay una fase más allá de la industrial —dijo Nebogipfel—. Es la Postindustrial. Mi propia especie había llegado a ese estadio, a tu llegada ya llevábamos en él buena parte de medio millón de años, pero es una fase sin fin.
—Dime en qué consiste. Si el capital y el trabajo ya no son los determinantes de la evolución social…
—No lo son, porque la información puede compensar su falta. ¿Lo entiendes? Así, el Suelo transmutador de la Esfera, por medio del conocimiento investido en su estructura, podía compensar cualquier limitación de recursos, más allá de la energía fundamental…
—¿Y lo que dices es que esos Constructores, dada su fragmentación en una miríada de facciones complejas, buscan, en su base, más conocimientos?
—La información, su recogida, interpretación y archivo, es la meta definitiva de toda vida inteligente. —Me miró sombrío—. Nosotros entendimos eso, y habíamos comenzado a emplear los recursos del sistema solar para ese fin; los hombres del siglo diecinueve apenas habíais comenzado a acercaron a tientas a entender esa idea.
—Muy bien —dije—. Por tanto, debemos preguntar ¿qué limita la acumulación de información? —Miré las estrellas cubiertas—. Me parece que los Constructores Universales ya han vallado la mayor parte de la galaxia.
—Y hay más galaxias más allá —dijo Nebogipfel—. Un millón de millones de sistemas estelares tan grandes como éste.
—Por lo tanto, es posible que incluso ahora las grandes naves a vela de los Constructores vaguen, como semilla de dientes de dragón, hacia lo que esté más allá de la galaxia… quizás, al final, los Constructores puedan conquistar todo este universo material, y dedicarlo al almacenamiento y clasificación de información tal y como lo describes. El universo se convertiría en una gran biblioteca, la mayor imaginable, infinita en profundidad y amplitud…
—Ciertamente es un gran proyecto y, sí, la mayor parte de las energías de los Constructores se dedica a esa meta: a estudiar las formas en que la inteligencia pueda sobrevivir en el futuro remoto, cuando la Mente ocupe todo el universo, y cuando todas las estrellas hayan muerto, y los planetas se hayan separado de sus soles… y la misma materia comience a desintegrarse.
»Pero te equivocas: el universo no es infinito. Y por tanto no es suficiente. No para algunas facciones de los Constructores. ¿Ves? Este universo está limitado por el Espacio y el Tiempo; comenzó en un punto determinado del pasado, y deberá terminar con la desintegración final de la materia, en el final definitivo del tiempo…
»Algunos Constructores, un grupo, no están preparados para aceptar esa finitud —dijo Nebogipfel—. No pueden aprobar ninguna limitación del conocimiento. ¡Un universo finito no es suficiente para ellos! Y se preparan para hacer algo al respecto.
Eso me produjo un escalofrío —temor puro y sin adulterar— por el cuero cabelludo. Miré las estrellas escondidas. Ésa era una especie que ya era inmortal, que había conquistado una galaxia, que absorbería un universo, ¿cómo podían sus ambiciones ser aún mayores?
Y me pregunté, tenebroso, ¿cómo podría afectarnos a nosotros?
Nebogipfel, todavía unido al dispositivo ocular, se rozó la cara con el revés de la mano, de la misma forma que un gato, limpiándose restos de comida del pelo y la barbilla.
—No entiendo todavía por completo su plan —dijo—. Tiene algo que ver con la plattnerita y el viaje en el tiempo y, creo, con el concepto de multiplicidad de la historia. Los datos son complejos, tan brillantes…
Pensé que ésa era una palabra extraordinaria para que él la usara; por primera vez pensé en el coraje y la fuerza intelectual que debía emplear el Morlock para descender al Mar de Información de los Constructores, para enfrentarse a ese océano de deslumbrantes ideas.
—Se está construyendo una flota de Naves, enormes Máquinas del Tiempo —continuó—, mucho más allá de las posibilidades de tu siglo o el mío. Con ellas, los Constructores intentan, creo, penetrar en el pasado, el pasado profundo.
—¿Cuánto? ¿Más allá del Paleoceno?
Me miró con calma.
—Oh, mucho más allá.
—Bien. ¿Y qué pasa con nosotros, Nebogipfel? ¿Cuál es esa «propuesta» que tienes?
—Nuestro anfitrión, el Constructor que está aquí con nosotros, pertenece a esa facción. Pudo detectar nuestra aproximación en el tiempo. No puedo darte detalles; están muy avanzados. Pudieron sentir nuestra llegada, en el tosco coche del tiempo, desde el Paleoceno. Y por tanto, estaba allí para darnos la bienvenida.
El Constructor había podido seguir nuestro avance hacia la superficie del tiempo ¡como si fuésemos tímidos peces de aguas profundas!
—Bien, agradezco que estuviese allí. Después de todo, si no nos hubiese recibido y nos hubiese curado con cirugía molecular, estaríamos tan muertos como clavos.
—Es cierto.
—¿Y ahora?
Separó la cara del dispositivo ocular del Constructor; se soltó con un ruido obsceno.
—Creo —dijo lentamente— que entienden tu importancia; el hecho de que tu invención inicial propagara los cambios, la explosión de multiplicidad que condujo a todo esto.
—¿Qué quieres decir?
—Creo que saben quién eres. Y quieren que viajemos con ellos, en sus grandes Naves, a los límites del Inicio del Tiempo.
9. OPCIONES E INTROSPECCIONES
Viajar a los comienzos del Tiempo… ¡Mi alma se acobardaba ante esa idea!
Puede que me consideren un cobarde por tener esa reacción. Bien, tal vez lo fuese. Pero deben recordar que ya había tenido una visión de uno de los extremos del tiempo —su amargo final— en una de las historias que había investigado: la primera, donde había presenciado la muerte del Sol sobre una playa desolada. Recordaba, también, mi náusea, incomodidad y confusión; y que sólo el miedo aún mayor a yacer indefenso en la oscuridad me había impulsado a subir nuevamente a la Máquina del Tiempo y lanzarme de vuelta al pasado.