Las naves del tiempo [The Time Ships - es]
- Автор: Бакстер Стивен М.
- Год: 1996
- Язык: испанский
- Год: Ediciones B
- ISBN: 84-406-6788-4
- Переводчик: Pedro Jorge Romero
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «Las naves del tiempo [The Time Ships - es]». Краткое содержание книги:
—Por tanto —le interrumpí—, ¿es posible? ¿Me dices que los Constructores han inventado esos dispositivos de comunicación entre historias? ¿Es la mesa uno de ellos? —Comencé a sentirme excitado por la idea. Toda esa cháchara sobre bolas de billar y átomos rotatorios estaba muy bien; pero si podía hablar, por medio del fonógrafo Everett, con mis «yoes» en otras historias, quizás en mi hogar de Richmond en 1891…
Pero Nebogipfel me desilusionó.
—No —dijo—. Todavía no: La mesa utiliza el efecto no lineal, pero sólo para… ah… destacar historias en particular. Al menos muestra alguna selección, algún control sobre el proceso, pero… Los efectos son tan pequeños… Y la evolución temporal elimina las no linealidades.
—Sí —dije con impaciencia—, ¿pero qué crees tú? ¿Al colocar esta mesa aquí, el Constructor intenta decirnos que ese tema, la no linealidad y la comunicación entre historias, es importante para nosotros?
—Quizá —dijo Nebogipfel—. Pero ciertamente es importante para él.
7. LOS HEREDEROS MECÁNICOS DEL HOMBRE
Nebogipfel reconstruyó algo de la historia de la humanidad en los últimos cincuenta millones de años. Me advirtió que la mayor parte eran conclusiones provisionales: un edificio de especulaciones sostenido sobre unos pocos hechos ciertos que había podido recuperar del Mar de Información.
Probablemente había habido varias olas de colonización estelar por parte del hombre y sus descendientes, dijo Nebogipfel. Durante nuestro viaje en el tiempo habíamos presenciado el lanzamiento de una generación de esas naves desde la Ciudad Orbital.
—No es difícil construir una nave interestelar —dijo—, si se tiene paciencia. Supongo que tus amigos de 1944 en el Paleoceno podían haber diseñado un vehículo así sólo un siglo o dos después de nuestra partida. Se necesita una unidad de propulsión, un cohete químico, de iones o láser; o quizás una vela solar del tipo que hemos visto. Y hay estrategias para emplear los recursos del sistema solar para huir del Sol. Podrías, por ejemplo, ir hacia Júpiter y utilizar la masa del planeta para impulsar la nave estelar hacia el Sol. Con un impulso en el perihelio, podrías conseguir fácilmente la velocidad de escape del Sol.
—¿Y entonces estarías libre del sistema solar?
—En el otro lado, se necesitaría invertir el proceso, emplear los pozos gravitatorios de estrellas y planetas para acomodarse al nuevo sistema. Puede llevar decenas, cientos de miles de años completar el viaje. Así de grandes son los abismos entre las estrellas.
—¿Mil siglos? ¿Quién podría sobrevivir durante tanto tiempo? ¿Qué nave? Sólo las provisiones…
—No lo has entendido —dijo—. No se enviarían humanos. La nave sería un autómata. Una máquina con habilidades manipulativas y una inteligencia de al menos nivel humano. La tarea de la máquina sería explotar los recursos del sistema estelar de destino, utilizando los planetas, los cometas, los asteroides, el polvo y todo lo que pudiese encontrar para construir una colonia.
—Los «autómatas» —comenté— suenan muy parecidos a los Constructores Universales.
No contestó.
—Puedo ver la lógica de enviar una máquina para recoger información. Pero más allá de eso, ¿qué sentido tiene? ¿Qué sentido tiene una colonia sin humanos?
—Pero esa máquina podría construir cualquier cosa si tiene tiempo y recursos suficientes —dijo el Morlock—. Con síntesis celular y tecnología de matrices artificiales, podría incluso construir humanos para habitar la nueva colonia. ¿Entiendes?
Protesté —porque la idea me parecía antinatural y horrenda—, ¡hasta que recordé, con vacilación, que yo había visto una vez la «construcción» de un Morlock de esa misma forma!
Nebogipfel continuó.
—Pero la tarea más importante de la sonda sería construir más copias de sí misma. Se las propulsaría, por ejemplo, con gases tomados de las estrellas, y se las enviaría a otros sistemas estelares.
»Y así, lenta pero segura, se realizaría la colonización de la Galaxia.
—Pero aun así requeriría mucho tiempo. Diez mil años para llegar a la estrella más cercana que está a unos años luz…
—Cuatro.
—Y la galaxia misma…
—Tiene cien mil años luz de diámetro. Sería lento. La migración a través de la galaxia sería como la expansión de las moléculas de gas en el vacío —dijo—. Al menos, al principio. Pero entonces las colonias comenzarían a interaccionar unas con otras. ¿Entiendes? Se podrían formar imperios que abarcasen las estrellas. Otros grupos se opondrían al imperio. La difusión se reduciría… pero continuaría inexorablemente. Por medio de las técnicas que te he descrito se necesitarían diez millones de años para completar la colonización de la Galaxia, pero podría hacerse. Y, como sería imposible cambiar las órdenes de una sonda una vez lanzada, se haría. Debe haberse completado ya, cincuenta millones de años después de la formación de Primer Londres.
»Creo que las primeras generaciones de Constructores se construyeron con limitaciones antropocéntricas en sus mentes. Fueron construidos para servir al hombre. Pero aquellos Constructores no eran simplemente dispositivos mecánicos, eran entidades conscientes. Y cuando partieron a la galaxia, explorando mundos jamás soñados por el hombre y rediseñándose a sí mismos, pronto superaron la comprensión de la humanidad y rompieron las limitaciones de sus creadores… Las máquinas se liberaron.
—Gran Scott —dije—. Supongo que los militares de esa época remota no se tomarían la idea muy bien.
—Sí. Hubo guerras… Los datos son fragmentarios. De cualquier forma, sólo podía haber un vencedor en un conflicto así.
—¿Y qué hay de los hombres? ¿Cómo se tomaron todo eso?
—Algunos bien, otros mal. —Nebogipfel giró un poco la cabeza y torció el ojo—. ¿Qué crees? Los humanos son una especie diversa, con muchas metas fragmentarias, incluso en tu época; imagina cuán diversas se hicieron las cosas cuando la gente se extendió por cientos, miles de sistemas estelares. Los Constructores, también, se dividieron rápidamente. Como especie son más unificados de lo que nunca lo fueron los humanos, por razón de su naturaleza física, pero debido a la cantidad de información mucho mayor a la que tienen acceso sus metas son mucho más complejas y variadas.
Pero, a través de aquellos conflictos, pensaba Nebogipfel, la lenta conquista de las estrellas había continuado.
Nebogipfel me dijo que el lanzamiento de la primera nave estelar había marcado la mayor desviación que hubiésemos presenciado hasta ahora de la historia original.
—Los hombres… tus amigos, los nuevos humanos… lo han cambiado todo en el mundo, incluso a una escala geológica y cósmica. Me pregunto si lo entiendes…
—Bien, debería. He atravesado ese intervalo contigo, de camino al Paleoceno y de vuelta…
—Pero entonces viajábamos por una historia sin inteligencia. Mira. Te he hablado de la migración interestelar. Si a la Mente se le da la oportunidad de actuar a esas escalas…
—He visto lo que le ha hecho a la Tierra.
—Más que eso, ¡más que un único planeta! La actividad paciente de la Mente puede alterar incluso la misma estructura del universo —susurró—, si se le da tiempo suficiente… incluso nosotros apenas estábamos a medio millón de años de las llanuras de África, y habíamos capturado un sol…
»Mira el cielo —dijo—. ¿Dónde están las estrellas? Apenas queda una estrella desnuda en el cielo. Recuerda que esto es 1891, o sus alrededores: no puede haber ninguna razón cosmológica para la desaparición de las estrellas, si lo comparamos con el cielo de tu Richmond.