Las naves del tiempo [The Time Ships - es]
- Автор: Бакстер Стивен М.
- Год: 1996
- Язык: испанский
- Год: Ediciones B
- ISBN: 84-406-6788-4
- Переводчик: Pedro Jorge Romero
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «Las naves del tiempo [The Time Ships - es]». Краткое содержание книги:
—No era necesario un «empujón» —dijo Nebogipfel—. En presencia de Máquinas del Tiempo, y ése es el propósito real de la demostración, debes abandonar tus viejas ideas sobre la causalidad. ¡Las cosas no son tan simples! La colisión con la copia no era sino una de las posibilidades de la bola, que la mesa demostró para nosotros. ¿Lo ves? En presencia de una Máquina del Tiempo, la causalidad queda tan tocada que incluso una bola estacionaria queda rodeada por un número infinito de extrañas posibilidades. Tu pregunta sobre «cómo empezó» no tiene sentido: es un bucle causal cerrado, no hubo primera causa.
—Puede ser —dije—, pero mira: todavía tengo reparos sobre este asunto. Volvamos a las dos bolas en la mesa, o mejor, a la bola real y su copia. De pronto, ¡hay dos veces más materia presente que antes! ¿De dónde ha aparecido?
Me miró.
—Te preocupa la violación del principio de conservación, la aparición o desaparición de masa.
—Exactamente.
—No noté que te preocupases igualmente cuando viajaste en el tiempo para encontrarte con tu yo más joven. Porque en ese caso había tanta, ¡o más!, violación de cualquier principio de conservación.
—Aun así —dije resistiéndose a ser dirigido—, la objeción es valida, ¿no?
—En cierta forma —dijo—. Pero sólo en el sentido estrecho de una sola historia.
—Los Constructores Universales han estado estudiando las paradojas del viaje en el tiempo durante siglos —dijo—. O mejor, las paradojas aparentes. Y han formulado un tipo de ley de conservación que funciona en las dimensiones superiores de la multiplicidad de historias.
Comienza con un objeto, como tú. En un momento dado, sumas una copia de ti mismo que puede estar ausente porque has viajado al pasado o al futuro, y luego restas cualquier copia doblemente presente porque uno de vosotros ha viajado al pasado. Entonces descubrirás que la suma global es constante. Realmente sólo hay uno de vosotros, sin que importe cuántas veces viajes arriba y abajo por el tiempo. Por tanto hay una conservación, en cierta forma, aunque, en cualquier momento dado de una historia determinada, puede parecer que se violan las leyes de conservación, porque de pronto hay dos de vosotros, o ninguno.
Pensándolo lo entendí.
—Sólo hay paradoja si restringes tu análisis a una sola historia —señalé—. La paradoja desaparece si piensas en términos de multiplicidad.
—Exactamente. De la misma forma se resuelven los problemas de causalidad en la estructura mayor de la multiplicidad.
»El poder de esta mesa —me dijo— es que permite demostrarnos esas extraordinarias posibilidades… es capaz de utilizar la tecnología de la Máquina del Tiempo para mostrarnos la posibilidad… no, la existencia, de múltiples historias divergentes a nivel macroscópico. De hecho, puede seleccionar historias determinadas que sean de interés: ha sido diseñada con sutileza.
Me contó más cosas de las leyes de los Constructores sobre la multiplicidad.
—Se pueden imaginar situaciones —dijo— en las que la multiplicidad de historias es cero, uno o muchas. Es cero si la historia es imposible, si no es autoconsistente. Una multiplicidad igual a uno es la situación imaginada por vuestros primeros filósofos, quizá de la generación de Newton, en la que los sucesos seguían un único curso en cada punto del tiempo, consistentes e inamovibles.
Comprendí que describía mi visión original —¡e ingenua!— de la historia, como si fuese una inmensa habitación, mas o menos fija, a través de la que podía vagar a voluntad mi Máquina del Tiempo.
—Un curso «peligroso» para un objeto, como tú o la bola de billar, es aquel que puede alcanzar una Máquina del Tiempo —dijo.
—Bien, eso está claro —dije—. Es evidente que he estado produciendo nuevas historias a derecha e izquierda desde el momento en que conecté la Máquina del Tiempo. ¡Ciertamente peligroso!
—Sí, y a medida que la máquina, y sus sucesoras, penetran más y
más profundamente en el pasado, la multiplicidad generada tiende al infinito, y la divergencia entre las nuevas versiones de la historia se hace mayor.
—Pero —dije algo frustrado— volviendo al tema, ¿cuál es el propósito de la mesa? ¿Por qué nos la han dado los Constructores? ¿Qué intentan decirnos?
—No lo sé —dijo—. Todavía no. Es difícil… el Mar de Información es amplio, y hay muchos grupos entre los Constructores. No me ofrecen la información libremente, ¿me entiendes? Tengo que coger lo que puedo, entenderlo lo mejor posible y construir una interpretación de esa forma… creo que hay una facción que tiene un plan, un proyecto inmenso, cuyo propósito apenas puedo entender.
—¿Cuál es la naturaleza de ese proyecto?
Nebogipfel contestó.
—Mira: sabemos que hay muchas,-quizás un número infinito, de historias que surgen de cada suceso. Imagínate a ti mismo en dos historias cercanas, separadas, digamos, por los detalles del rebote de la bola de billar. Ahora: ¿podrían esas dos copias de ti comunicarse la una con la otra?
Pensé en eso.
—Ya lo hemos hablado antes. No veo cómo. Una Máquina del Tiempo me llevaría arriba y abajo por una sola rama histórica. Si viajo al pasado para cambiar el rebote de la bola, entonces esperarías viajar al futuro y observar diferencias, porque si la máquina produce una bifurcación tiende a seguir la historia nueva. No —dije con confianza—. Esas dos versiones de mí no podrían comunicarse.
—¿Ni siquiera si te permito cualquier máquina concebible o dispositivo de medida?
—No. Habría dos copias de esos dispositivos, cada una tan desconectada de su gemelo como yo.
—Muy bien. Ésa es una posición lógica y razonable. Se basa en la suposición implícita de que dos historias, después de separase, no se afectan de ninguna forma. Desde el punto de vista técnico, estás dando por supuesto que los operadores mecano-cuánticos son lineales… Pero —y ahora la emoción volvió a su voz— resulta que es posible que exista una forma de hablar con la otra historia… si, en un nivel fundamental, el universo y sus gemelos permanecen unidos. Si existe una cantidad, por pequeña que sea, de no linealidad en los operadores cuánticos, casi demasiado pequeña para detectarla…
—¿Entonces la comunicación sería posible?
—He visto cómo lo hacen… en el Mar, quiero decir… los Constructores lo han conseguido, pero sólo a una escala experimental muy pequeña.
Nebogipfel me describió lo que llamaba un «fonógrafo Everett». —… en honor al científico del siglo veinte, de tu historia, que soñó por primera vez con esa idea. Por supuesto, los Constructores lo llaman de otra forma, pero no es fácil de traducir al inglés.
Las no linealidades de las que hablaba Nebogipfel actuaban en los niveles más sutiles.
—Debes imaginar que realizas una medida, quizá del spin de un átomo. —Describió una interacción no lineal entre el spin del átomo y su campo magnético—. El universo se divide en dos, por supuesto, dependiendo del resultado del experimento. Entonces, después del experimento, dejas que el átomo atraviese tu campo no lineal. Ése es el operador cuántico anómalo que mencioné. Resulta que entonces puedes arreglarlo todo de forma que tu acción en una historia dependa de la decisión tomada en la segunda historia…
Continuó describiendo los detalles del tema, incluyendo los aspectos técnicos de lo que llamaba un «dispositivo Stern-Gerlach», pero lo dejé pasar; me preocupaba simplemente entender lo fundamental.