Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Научная фантастика » Las naves del tiempo [The Time Ships - es]
Las naves del tiempo [The Time Ships - es] - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Las naves del tiempo [The Time Ships - es]

Электронная книга - «Las naves del tiempo [The Time Ships - es]». Краткое содержание книги:

El Viajero del tiempo de H.G. Wells despierta en su casa de Richmond la mañana posterior al retorno de su primera partida al futuro. Apesadumbrado por haber dejado a Weena en manos de los Morlock, decide realizar un segundo viaje al año 802.701 para rescatar a su amiga Eloi. Pero al entrar en un futuro distinto y radicalmente cambiado, el Viajero se ve irremediablemente atado a las paradójicas complejidades del desplazamiento a través del tiempo. Acompañado por un Morlock, se encontrará consigo mismo, para ser detenido después por un grupo de viajeros temporales procedentes de un 1938 en el cual Inglaterra lleva 24 años en guerra con Alemania... Una novela sorprendente, repleta de aventuras y especulaciones que ha pretendido, con éxito, homenajear y reexaminar La máquina del tiempo de H.G. Wells.
1 ... 100 101 102 103 104 105 106 107 108 ... 121
Перейти на страницу:

Ahora estaba seguro de que era esa incertidumbre de la luz la que provocaba esa ilusión extraña y desorientadora sobre el paisaje helado. Si se ponen cerca de una ventana, con la mano frente a la cara y los dedos extendidos, al mover la mano adelante y atrás frente a los ojos se tendría quizás un fenómeno similar al que describo.

—Maldito parpadeo —protesté—, parece que se mete dentro de los ojos, que altera el ritmo de la mente…

—Pero mira la luz —dijo Nebogipfel—. Obsérvala. Cambia de nuevo.

Me centré en ello, y recibí la recompensa de observar un nuevo aspecto de extraño comportamiento del Sol. Tenía un cierto verdor, sólo en unos momentos, cuando veía un verde pálido recorrer el camino celestial del Sol, pero aun así real.

Ahora que sabía que el verde estaba presente, podía detectar un destello esmeralda sobre las colinas heladas y los edificios de Londres.

Era una visión conmovedora, como un recuerdo de la vida que había desaparecido de aquellas colinas.

Nebogipfel dijo:

—Creo que el parpadeo y los destellos verdes están relacionados… —El Sol, dijo, es la mayor fuente de energía y materia del sistema solar. Los Morlocks mismos lo habían explotado para construir la Esfera—. Ahora, creo, los Constructores Universales también hurgan en ese gran cuerpo: extraen del Sol las materias primas que necesitan…

—Plattnerita —dije, emocionándome—. Eso son los destellos verdes, ¿no? Los Constructores extraen plattnerita del Sol.

—O emplean sus habilidades alquímicas para convertir la materia y la energía solar en plattnerita, que en realidad es lo mismo.

Para que el brillo de la plattnerita nos fuese visible, decía Nebogipfel, los Constructores debían de estar formando grandes acumulaciones del material en la estrella. Cuando estaban completas, las acumulaciones se llevaban a los lugares de construcción en alguna esquina del sistema solar; y comenzaba la creación de nuevas acumulaciones. El parpadeo que veíamos debía de representar la formación y desmantelamiento acelerado de aquellos grandes trozos de plattnerita.

—Es extraordinario. —Dejé escapar en un suspiro—. ¡Los Constructores deben de estar sacando del Sol trozos que se comparan con la masa de los mayores planetas! Ensombrece incluso la construcción de vuestra gran Esfera, Nebogipfel.

—Sabemos que los Constructores no carecen de ambición.

Ahora me pareció que el parpadeo del paciente Sol se hacía menos pronunciado, como si los Constructores se acercaran al final de la extracción. Podía ver más manchas verdes características de la plattnerita en el cielo, pero ahora estaban separadas de la banda del Soclass="underline" en su lugar, se precipitaban por el firmamento como falsas lunas. Comprendí que aquéllas eran estructuras de plattnerita —enormes edificios espaciales construidos con la sustancia— situadas en una lenta órbita alrededor de la Tierra.

La cambiante luz de la plattnerita se reflejaba en la piel de nuestro paciente Constructor, ¡que permaneció con nosotros mientras el cielo sufría aquellos cambios extraordinarios!

Nebogipfel consultó los indicadores cronométricos.

—Hemos atravesado casi ochocientos mil años… creo que es tiempo suficiente. —Tiró de las palancas y el coche del tiempo dio unos bandazos, mostrando así la incomodidad habitual del viaje en el tiempo, y además de luchar contra el temor y el asombro, también tuve que luchar contra las náuseas.

Inmediatamente el Constructor desapareció de mi vista. Grité

—¡no pude evitarlo!— y me agarré al banco del coche del tiempo. Creo que nunca me había sentido tan perdido y solo como en aquel momento en que nuestro fiel acompañante durante ochocientos mil años nos abandonó —o eso parecía— de pronto en un mundo extraño.

El cabeceo de la banda del Sol se suavizó y desapareció; en segundos percibí el cambio de luz que marca el paso de la noche al día, y el cielo perdió su tono gris luminoso.

Ahora la luz verde de la plattnerita llenaba el aire a mi alrededor; estaba por completo alrededor de nuestra bóveda, y oscurecía las impasibles planicies de la Tierra Blanca con su parpadeo lechoso.

El aleteo de días y noches se redujo a un latido más lento que mi pulso. Justo en el último instante, vi fugazmente —no fue más que un vistazo— un campo de estrellas que se abría paso a través de la superficie de las cosas, brillante y cercano; y vi fugazmente varios cráneos inmensos y enormes ojos humanos. Entonces Nebogipfel tiró por completo de las palancas —el coche se detuvo— y salimos a la historia, y la multitud de Observadores se desvaneció; y quedamos bajo una inundación de luz verde.

¡Estábamos inmersos en una Nave de plattnerita!

12. LA NAVE

Yo, el Morlock, los mecanismos y aparejos del pequeño coche del tiempo, todo estaba bañado por el brillo esmeralda de la plattnerita, que nos rodeaba por completo. No tenía ni idea del verdadero tamaño de la Nave; de hecho, tenía dificultades para orientarme en su interior. No era como una nave de mi siglo, ya que no tenía una subestructura bien definida, con paredes y paneles para dividir las secciones internas, el compartimiento de los motores y el resto. En su lugar, deben imaginar una red: un conjunto de nodos y filamentos que brillaban con el color de la plattnerita, arrojada a nuestro alrededor por algún pescador invisible, por lo que Nebogipfel y yo estábamos encerrados en una inmensa red de barras y curvas de luz.

La red no se extendía hasta el coche del tiempo: parecía que se detenía a la distancia a la que había estado nuestro domo. Todavía podía respirar con comodidad, y no sentía más frío que antes. La protección ambiental del domo todavía debía de estar ahí, de alguna forma; y pensé que el domo todavía estaba presente, porque veía un reflejo lejano en la superficie superior, pero tan incierta y variable era la luz de la plattnerita que no podía estar seguro.

Tampoco podía distinguir el suelo debajo del coche del tiempo. La red parecía que se extendía debajo de nosotros, dentro de la estructura del edificio. Sin embargo, no entendía cómo aquella redecilla endeble podía soportar la masa del coche del tiempo, y sentí una punzada súbita de vértigo. Dejé a un lado con determinación esa reacción primitiva. La situación era extraordinaria, pero deseaba portarme bien —¡sobre todo si aquellos iban a ser los últimos momentos de mi vida!— y no me importaba gastar energía en aliviar el desconcierto del mono asustado de mi interior, que temía caerse de un árbol verde brillante.

Estudié la red a nuestro alrededor. Los filamentos principales parecían tener el grosor de mi índice, aunque su brillo era tan intenso que me era difícil estar seguro de si su grosor no sería un efecto óptico. Esos filamentos rodeaban células de más o menos un pie de ancho, de forma irregular: por lo que pude ver, dos células no compartían una forma similar. Filamentos más delgados atravesaban las células principales, formando estructuras complejas de subcélulas; y aquellas subcélulas eran divididas a su vez por filamentos más delgados, y así sucesivamente, hasta el límite de mi visión. Me recordó los cilios que cubrían la capa exterior de un Constructor.

En los nodos donde se encontraban los filamentos primarios brillaban puntos de luz, tan desafiantemente verdes como el resto; esos puntos no permanecían en reposo, sino que migraban por los filamentos, o explotaban en pequeños fogonazos silenciosos. Deben imaginar esos pequeños movimientos en acción por toda la red, por lo que todo el conjunto estaba iluminado por un brillo cambiante y suave y por la evolución continua de la estructura y la luz.

Tenía una impresión de fragilidad —era como estar cubierto por una capa de tela de araña—, pero el conjunto tenía una cierta cualidad orgánica, y estaba convencido de que si extendía la mano y abría un agujero en la estructura, ésta pronto se repararía a sí misma.

1 ... 100 101 102 103 104 105 106 107 108 ... 121
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)