Perdona Pero Quiero Casarme Contigo
- Автор: Моччиа Федерико
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Perdona Pero Quiero Casarme Contigo». Краткое содержание книги:
Alex y Niki están más enamorados que nunca, acaban de volver del faro en la isla de Blu donde han vivido días inolvidables. Niki se reencuentra con sus amigas, pero el grupo de las Ondas deberá afrontar grandes cambios que pondrán a prueba su amistad. Alex retoma su vida de siempre, sus viejos amigos. Ellos, Flavio, Enrico y Pietro han pasado de ser maridos serenos y seguros a tener que afrontar muchas difi cultades que han puesto en peligro sus matrimonios. Y ahora todas esta personas, hombres y mujeres de diferentes edades, cada uno a su manera se encuentran para refl exionar sobre el amor. Pues, ¿existe el amor? ¿Es cierta la crisis del séptimo año? ¿Tienen razón los que dicen que un amor no puede durar más de tres años? Y después, la pregunta más difícil: ¿un amor puede durar para siempre?
Alex parece titubear por unos instantes.
– Te lo agradezco; me parece una idea magnífica, serías un buen planificador de bodas… Pero, si no te importa, de mi casamiento prefiero ocuparme yo.
– Me parece justo… Al igual que me lo parecerá que compartas tu decisión, sea cual sea, con la persona que, de alguna forma, ha contribuido a hacerla posible… ¿La puedo llamar? -Sin darle tiempo a responder, Leonardo se encamina hacia la puerta, la abre y se asoma risueño-. Ven, Raffaella… ¡Quiere hablar contigo!
Temerosa, ligeramente cohibida, ella aparece en el umbral al cabo de unos segundos. Es un spot publicitario viviente. Tiene una cabellera brillante, rizada y voluminosa. Su sonrisa resplandeciente produce el mismo efecto que los anuncios que animan a comprar chicles o pasta de dientes blanqueadora. Pero su sonrisa supera cualquier artificio.
– Hola, Alex -Raffaella se detiene en la puerta-. Quería felicitarte por el ascenso… -Se queda parada, enmarcada en el vano, ella, una imagen natural y provocadora, más pecadora que santa, salida a saber de qué nuevo y excitante círculo dantesco.
Leonardo, consciente del efecto que la mujer produce en Alex, lo mira con una expresión amistosa, como diciendo: «Oye, somos hombres, no puedes negar todo esto, no puedes hacer como si nada. De acuerdo, estás a punto de casarte, pero ella es como un superanuncio de carne y hueso, ¡reconócelo!» O, al menos, eso es lo que Alex lee en la mirada de su amigo.
– Bueno, sí… Estoy contento. Pero creo que debo darte las gracias a ti, el éxito es tuyo…
Raffaella consigue controlar ahora su embarazo y recupera la seguridad en sí misma, sin dejar por ello de seguir siendo agradable.
– Venga ya, no me tomes el pelo. Sabes de sobra que me diste unas indicaciones muy claras; yo me limité a seguirlas y a aplicarlas.
– Sí, pero ya sabes lo que dicen: «Buenas ideas hay muchas, pero lo que cuenta es cómo las llevas a cabo.» Tu realización era perfecta. Eso fue lo que los impresionó…
– De acuerdo, pero sin tu intuición…
– Está bien…, está bien… -los interrumpe Leonardo-. Ambos sois muy buenos, y yo no sabría qué hacer sin vosotros. Ha sido gracias a vosotros que Londres se ha embolsado todo ese dinero, gracias a vosotros yo todavía soy el director y la Osvaldo Festa va viento en popa… ¿De acuerdo? Y ahora me gustaría salir a comer algo con los dos, ¿os apetece? ¡Celebraremos este día en el mejor restaurante! -Mira a Alex, acto seguido a Raffaella, luego de nuevo a Alex-. No podéis negaros… -Sonríe-. En parte porque seré yo el que pague la bendita comida, pero sobre todo… ¡porque soy vuestro director!
Alex y Raffaella se miran fugazmente y a continuación sueltan una carcajada.
– Bueno, si te pones así, no podemos negarnos.
Leonardo parece visiblemente satisfecho.
– Mi chófer nos acompañará dentro de una hora. Mientras tanto podéis acabar lo que estabais haciendo y recoger…
Raffaella sonríe y sale del despacho.
– Hasta luego.
Leonardo hace ademán de salir a su vez.
– Piénsalo bien, Alex… No corres ningún riesgo, alguna que otra reunión breve en el extranjero a cambio de mucho dinero… Pide consejo en casa… No puedes rechazar esta oferta.
– Está bien, gracias, Leo… Lo pienso y luego hablamos.
Leonardo no logra entender sus vacilaciones. Debería haber aceptado ya encantado. Bah. No hay quien entienda a estos jóvenes de hoy en día. Tienen un montón de cualidades, son intuitivos, decididos, ambiciosos, pero después se arredran ante el menor cambio. Entra en su despacho sacudiendo la cabeza y pensando en lo que últimamente agita como una tempestad las reuniones con sus superiores: «Son unos críos…» Se sienta al escritorio y responde al e-mail de Londres.
«Alex Belli está sorprendido y contento con vuestra propuesta…» Reflexiona un momento acariciándose la barbilla con la mano. Ya está. Lo plantearé así. Y, resuelto, se pone manos a la obra. «Ha decidido llevar a cabo el proyecto. En lo tocante al ascenso y a sus nuevas funciones en el ámbito europeo, desea reflexionar con detenimiento.» Satisfecho de sus palabras, aprieta la tecla de envío. Después se apoya en el respaldo. Prácticamente les he dicho que Alex hará las películas que producimos y que si no acepta en seguida es porque se trata de una persona que atribuye a las cosas la importancia adecuada. Ellos sonreirán y comprenderán que eso significa también un sí, implícito, pero, a fin de cuentas, un sí. Claro que como Alex se entere se cabreará. No obstante, un director debe asumir también sus responsabilidades, ¿no? Y tras esta última consideración, llama a su secretaria por el intercomunicador.
– Sí, señor, dígame.
– Stefania, por favor, reserve de inmediato una mesa para tres…
– Por supuesto, ¿dónde? ¿Tiene ya alguna idea?
– No… Un sitio importante para quedar bien. ¡Sorpréndame! ¡Asuma usted la responsabilidad!
Stefania esboza una sonrisa.
– Por supuesto, señor director… Buscaré el mejor. -Corta la comunicación y sacude la cabeza. «Asuma la responsabilidad…» Y ¿por qué no me encarga también que le organice su vida privada? Bah… Lo que está claro es que aquí todos reciben un ascenso y que yo, que me ocupo del trabajo sucio, quedo siempre relegada a un segundo plano.
– Buenos días, querría reservar una mesa para tres, por favor… Sí, para dentro de una hora más o menos, con la mejor vista que tengan. Gracias.
Noventa y dos
Una vez a solas, Alex teclea de inmediato el número. Una llamada, dos, y por fin responde.
– ¡Niki! Cariño… No sabes qué noticia… -Se para a pensar un segundo-. ¿Cómo estás? Buenos días… ¿Todo bien?
Niki sonríe mientras camina apresurada por la avenida que con duce a la universidad.
– Sí, todo bien, exceptuando que he tenido una pesadilla.
– ¿Qué quieres decir?
– He soñado que, en lugar de mis amigas las Olas, tus hermanas eran mis testigos.
Alex suelta una carcajada.
– Entiendo, veo que la situación no hace sino empeorar… ¿Estás segura de que no quieres que hable con ellas?
Niki sigue andando apresuradamente. Se acomoda la bolsa llena de libros sobre el hombro, que la hace ladearse un poco. Por un instante, ese nuevo ofrecimiento la deja perpleja. La verdad es que no estaría mal. Pero también podría empeorar las cosas. Significaría abandonar la lucha, retirarse y, de una forma u otra, sería como servirles la victoria en bandeja de plata.
– No, cariño, te lo agradezco… No te preocupes. ¡Estoy segura de que es sólo cuestión de estrés! ¡Dentro de nada no volveré a verlas, ni siquiera en sueños! Pero ¿qué era lo que querías decirme?
– ¡Que me han ofrecido un ascenso!
– ¡Magnífico! ¿Y a qué se debe?
Alex reflexiona por unos instantes. No le parece conveniente mencionar a su ayudante y a lo que ésta ha hecho.
– Por nada en concreto. Ha gustado mucho una propuesta que hice para una campaña y me lo han ofrecido…
Nike sube por la escalera de la facultad y ve que el aula está llena a reventar.
– ¡Perdona, Alex! Me alegro mucho por ti, pero tengo que entrar a buscar sitio. ¿Puedo llamarte luego?