Domada por Amor
- Автор: Лоуренс Стефания
- Язык: испанский
- Жанр: Исторические любовные романы
Электронная книга - «Domada por Amor». Краткое содержание книги:
Los hombres del Bastion Club han demostrado su valor luchando secretamente por su país. Ahora su líder se enfrenta a la más peligrosa de todas las misiones: encontrar una novia.
Actuando como el misterioso líder del Bastion Club conocido como «Dalziel», Royce Henry Varisey, X duque de Wolverstone, ha servido a su país durante décadas, enfrentándose a innombrables peligros. Pero como poseedor de uno de los títulos de nobleza más augustos de Inglaterra, ahora debe cumplir con la labor más crucial de todas: el matrimonio.
No obstante, las jóvenes y las grandes damas que podrían ser apropiadas son predeciblemente aburridas. Mucho más tentadora resulta la terca y distante ama de llaves de su castillo, Minerva Chesterton. Bajo su sereno exterior se esconde una mujer de ardiente sensualidad, que colmaría sus días de comodidades y sus noches de puro placer. Decidido a reclamarla, se embarca en una seducción para demostrar su maestría sobre cada centímetro de su cuerpo… y cada fibra de su corazón.
Ella sonrió, pero no mencionó la opción que era Hamish, distraída por el relato de Clarice sobre lo que había visto entre los puestos de artesanía. Para cuando llegaron al castillo, estaba más que segura de que sus ayudantes no habían encontrado sus tareas demasiado onerosas. Desmontando de los coches que las traían de vuelta, entraron en el castillo para unirse al resto en el té de media tarde.
Todas las damas estaban presentes, pero tan solo había un puñado de hombres, ya que la mayoría habían cogido armas y monturas, o las cañas de pescar, y habían desaparecido a primeras horas del día.
– Al final ha sido buena idea animarles a que se fueran -dijo Margaret, -sobre todo, si queremos que nos pidan bailar en la feria de mañana.
Sonriendo para sus adentros, Minerva dejó la reunión y subió por las escaleras principales. No estaba segura de haber acabado con todos los preparativos del castillo en sí, así que fue a verificarlo todo en las listas que había dejado en la habitación matinal de la duquesa.
Había casi alcanzado el pomo de la puerta, cuando ésta se abrió por sí sola.
Royce estaba justo al otro lado.
– Oh, así que aquí estás.
– Acabo de volver, o casi -dijo señalando con un gesto de su cabeza hacia la parte inferior, -acabamos de tomar el té. Todo parece ir como la seda.
– Tal y como se resuelve todo siempre que estás tú como guía -dijo, cogiéndola cariñosamente del brazo, atrayéndola hacia él mientras cerraba la puerta a sus espaldas, -ya que estamos, demos un paseo.
El enlazó su brazo con el de ella, poniendo su mano también sobre la de ella. Mirando a su rostro, tan poco informativo como siempre, mientras ella caminaba a su lado.
– ¿Dónde…?
– Pensé… -dijo, dándole la espalda al torreón, y, sin que el hecho la cogiera por sorpresa, salieron hacia un pequeño corredor que llevaba a sus aposentos.
Pero él se detuvo unos pasos antes de llegar, mirando la pared, y luego tanteándola con la mano, hasta que presionó sobre un punto. Una puerta hacia las almenas del torreón homenaje se abrió en el muro.
– Pensé -volvió a repetir mientras cruzaban la puerta mirándose a los ojos-que una vista del atardecer desde las almenas sería un bonito espectáculo para disfrutarlo.
Ella rió.
– ¿Junto al hecho de la tranquilidad que aquí se respira, y también el hecho de que este sitio sea completamente privado?
¿Tal vez tuviera ahora la mejor oportunidad para hacerle saber su decisión?
– Efectivamente -dijo Royce, conduciéndola a través de las escaleras que habían sido esculpidas en la pared del torreón.
Una vez las hubieron subido por completo, empujaron la puerta de entrada, dejando que la luz entrara, para luego volver a la que había dejado abierta en el corredor, cerrándola. Luego, subiendo las escaleras de tres en tres, Royce volvió a aparecer para reunirse con ella en las almenas del torreón.
Aquellas eran las almenas originales, en la parte más alta del castillo. La vista era espectacular, pero por una larga tradición, tan solo podían ser disfrutadas por la familia, y más particularmente, por aquellos que residían en el castillo. A los invitados nunca se les permitía subir allí, y, durante siglos, los guardias de más confianza de la familia vigilaban el horizonte en busca de la presencia del enemigo.
Allí, la brisa era más fresca que en la parte baja. Acarició y enredó la melena de Minerva, mientras ella se mantenía quieta entre las separaciones que había en las castellanas [5], mirando hacia el norte, más allá de los jardines, el puente, el molino, y el desfiladero.
Cuando él se le aproximó, ella levantó la cabeza, echándose para atrás el pelo.
– Había olvidado el frío que hace aquí. ¿Tienes frío? -dijo poniéndole las manos sobre los hombros.
– No, la verdad es que no.
– Bien, pero por si acaso…
Deslizando sus brazos alrededor de los suyos, él la atrajo hacia sí, dando su espalda contra su pecho, envolviéndola en su calor. Ella suspiró, relajándose en aquel abrazo, casi apoyándose en él, cruzando sus brazos, entrelazando sus manos con las de él mientras miraba al horizonte. La barbilla de él le rozaba la coronilla de su cabeza, mientras que, también, admiraba sus dominios.
Aquel impulso no satisfecho que le había hecho llevarla hasta el mirador de Lord's Seat semanas antes le había provocado ahora llevarla hasta aquellas almenas, por la misma razón.
– Todo lo que ves -dijo él, -hasta donde alcanza tu vista, y las tierras de más allá aún, son mías. Todo lo que permanece bajo nuestros pies, eso también es mío. Mi herencia, bajo mí mandato, bajo mi absoluta autoridad. La gente es mía también, para protegerla, para vigilarla, su bienestar es mi responsabilidad, formando todo parte de un uno.
En ese punto, él tomó una profunda aspiración, y siguió.
– Lo que ves ante ti es parte de lo que será mi vida. Lo que la englobará, y tú ya de por sí eres una parte integral de ella. Esto era lo que quería enseñarte el día que te llevé a Lord's Seat. Esto es todo lo que quería compartir contigo.
Tras decir esto, él se quedó un rato mirando su figura.
– Quiero compartir mi vida entera contigo, no solo la parte material, no solo el trasfondo social y familiar, sino todo esto también.
Tensando sus brazos, y apoyando su mandíbula contra su cabello, encontró las palabras que durante tanto tiempo había buscado.
– Quiero que estés a mi lado para todo, no que seas tan sólo mi duquesa, sino mi compañera, mi ayuda, y mi guía. Te agradeceré que te involucres en cualquier parte de mi vida en la que desees entrar. Si finalmente aceptas ser mi esposa, no solo te otorgaré voluntariamente mi afecto, sino también mi protección, y el derecho de estar a mi lado ante todo. Como mi duquesa, no serás tan solo una adjunta, sino una parte integral del todo, que juntos, podremos llegar a ser.
Minerva no podía borrar la sonrisa de su rostro. El era quien era manipulador hasta los huesos. Había dispuesto ante ella de manera muy elocuente lo que él sabía que sería el mayor atractivo que pudiera ofrecer… pero también era sincero. Total e indiscutiblemente, estaba hablando desde su corazón.
Si necesitaba de más prueba para convencerse, tener fe y seguir adelante, y de que podía aceptar aquel trato y convertirse en duquesa, ya las había conseguido. Todo lo que le había dicho estaba basado en el "afecto". Creyó que sus palabras eran sólidas, tan inamovibles como los cimientos de la torre en la que estaban.
Ella ya sabía que aquella emoción ya vivía, retenida, pero fuerte y llena de vida, en su interior. Para asumir aquel sino, aquel desafío, destino que le ofrecían tan libremente, y que jamás se hubiera atrevido siquiera a imaginar.
Dándole la vuelta, la miró al rostro, fijamente a sus oscuros ojos. Eran tan indescifrables como siempre, pero sus labios se torcieron en una mueca.
– Sé que no debería… que no debería presionarte -dijo sosteniéndole la mirada. -Sé que necesitas tiempo para asimilar todo lo que he dicho, todo lo que ha pasado entre nosotros, pero me gustaría que supieras cuánto significas para mí, para que así, tu deliberación se realizara… de manera completa.
Ella sonrió ante aquello. A pesar de su indudable inteligencia, todavía no se había dado cuenta de que el amor no necesitaba de largas horas de meditación.
Él le devolvió la sonrisa.
– Y ahora, te voy a dejar todo el tiempo del mundo para que decidas. No diré más, no hasta que me digas que quieres volver a hablar sobre este tema.
Bajando su cabeza, acarició muy levemente sus labios con ternura.
No era algo que pretendiera, pero en su tono ella percibió algo que le recordó que, en un hombre como aquel, concederle tiempo era todo un regalo.
[5] Es el nombre que recibe el diseño tan distintivo, hecho con bloques de piedra, que siempre corona las almenas de los castillos amurallados.