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Los viajes de Tuf [Tuf Voyaging - es]

Электронная книга - «Los viajes de Tuf [Tuf Voyaging - es]». Краткое содержание книги:

Haviland Tuf es un ser curioso: un mercader independiente de gran tamaño, obeso, calvo y con la piel blanca como el hueso. Es vegetariano, bebe montones de cerveza, come demasiado y le encantan los gatos. Y además es completa y absolutamente honesto. Tuf logra poseer una enorme nave espacial, el Arca, la única superviviente del antiguo Cuerpo de Ingeniería Ecológica de la Vieja Tierra. Al Arca es un artilugio desaparecido hace más de mil años, pero que revive gracias a Tuf y a sus gatos. A lo largo de los siete relatos que forman este libro, Tuf consigue la nave, la repara y resuelve un sinfín de problemas espaciales con la ayuda de la ingeniería ecológica, una profesión que él recupera y a la que añade la impronta de su personalidad, astucia e ironía.
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—No tenemos nada de qué hablar —replicó. —¿Eso es lo que piensa? —dijo Haviland Tuf—. No estoy de acuerdo. No obré por un simple impulso generoso cuando le rescaté de su ignominiosa prisión. Me ha planteado un misterio, tal y como le hice notar a Dax, cuando nos atacó por primera vez. Los misterios me ponen nervioso. Deseo algunas aclaraciones al respecto.

El delgado rostro de Jaime Kreen adoptó una expresión levemente calculadora.

—¿Qué razón tengo para ayudarle? Sus falsas acusaciones me llevaron a la cárcel y ahora me ha comprado en calidad de esclavo. ¡Además, me rompió los brazos! No le debo nada.

—Caballero —dijo Haviland Tuf, cruzando sus manazas sobre la inmensidad de su estómago—, ya hemos dejado claramente sentado el hecho de que me debe cuatrocientas unidades. Estoy dispuesto a ser razonable. Le haré preguntas y usted me dará respuestas. Por cada respuesta, deducirá una unidad de la deuda que tiene para conmigo.

—¡Una! Absurdo. No importa lo que desee saber. Sea lo que sea, ya vale más que eso. ¡Diez unidades por cada respuesta! ¡Ni una pizca menos!

—Le aseguro —dijo Haviland Tuf—, que sea cual sea la información que posee lo más probable es que no valga nada. Sólo siento curiosidad. Soy un esclavo de tal emoción. Es un defecto que soy incapaz de corregir y del cual ahora se encuentra usted en posición de sacar provecho. Pero no creo que deba intentar aprovechar excesivamente tal ventaja. Me niego a ser estafado. Dos unidades.

—Nueve —dijo Kreen. —Tres y no pienso subir más el precio. Me estoy impacientando —el rostro de Tuf permanecía totalmente inexpresivo.

—Ocho —dijo Kreen—, y no intente jugar conmigo. Haviland Tuf no le respondió. No hizo el menor gesto, pero sus ojos se volvieron hacia Dax. El enorme gato negro bostezó y se estiró voluptuosamente.

Después de unos cinco minutos de silencio Kreen dijo: —Seis unidades y el precio es barato. Sé muchas cosas importantes, cosas que Moisés estaría muy contento de conocer. Seis.

Haviland Tuf siguió callado. Transcurrieron unos cuantos minutos más.

—Cinco —dijo Kreen frunciendo el ceño. Haviland Tuf guardó silencio.

—De acuerdo —acabó diciendo Kreen—, tres unidades. Es usted un estafador y un canalla, aparte de un criminal. Carece de ética.

—No pienso hacer caso alguno de sus desahogos verbales —dijo Haviland Tuf—. Entonces, la suma acordada es de tres unidades. Se me ha ocurrido la repentina idea de que quizá sienta la tentación de proporcionarme respuestas evasivas o que puedan inducirme a error, para con ello obligarme a formular muchas preguntas obteniendo una información insignificante. Le advierto que no consentiré tal tipo de estupideces y que tampoco pienso tolerar engaño alguno. Por cada mentira que intente hacerme tragar añadiré otras diez unidades a su deuda.

Kreen se rió. —No tengo intención alguna de mentir, Tuf. Pero incluso si lo hiciera, ¿cómo podría saberlo? No soy tan transparente.

Haviland Tuf se permitió entonces una pequeña sonrisa, pero era un fruncimiento tan imperceptible de labios que una vez desaparecido era imposible estar seguro de que había existido.

—Caballero —dijo—, puedo asegurarle que lo sabría de inmediato. Dax me lo diría, del mismo modo que me indicó cuanto pensaba rebajar su absurda petición de diez unidades y me advirtió de su cobarde ataque en K’theddion. Dax pertenece a la especie felina, caballero, como no dudo de que, incluso usted, habrá sido capaz de notar. Todos los felinos poseen cierta habilidad psiónica, como la humanidad ha sabido muy bien a lo largo de su historia, y Dax es el resultado final de generaciones de crianza dirigida y de manipulación gen ética que han fortalecido enormemente ese rasgo en él. Por lo tanto, todos nos ahorraremos buena cantidad de tiempo y esfuerzos, si me da respuestas completas y honestas. En tanto que los talentos de Dax no alcanzan el grado suficiente de sofisticación, como para discernir en su mente las siempre difíciles ideas abstractas, le aseguro que le resulta sumamente fácil saber si miente o si está reteniendo alguna información. Por lo tanto, y teniendo ello bien presente, ¿podemos empezar?

Jaime Kreen estaba mirando fijamente al enorme gato negro con expresión venenosa. Dax volvió a bostezar.

—Adelante —acabó diciendo Kreen con súbito desánimo.

—Primero —dijo Tuf, tenemos el misterio de su ataque contra nosotros. No le conozco, caballero. Su persona me resulta totalmente desconocida. No soy más que un sencillo mercader y mis servicios benefician a todos los que me emplean. No le ofendí en nada y pese a ello me atacó. Con ello surgen varios interrogantes. ¿Por qué? ¿Cuál era su motivo? ¿Me conoce de algo? ¿Le ofendí acaso por alguna acción de la cual me he olvidado?

—¿Es una sola pregunta o son cuatro a la vez? —dijo Kreen.

Haviland Tuf cruzó nuevamente las manos sobre su estómago.

Un buen tanto, señor. Empecemos con ésta: ¿me conoce?

—No —dijo Kreen—, pero conozco su reputación. Tanto usted como su Arca, Tuf, son únicos y su fama es grande. y cuando le encontré por casualidad en ese sucio restaurante, no me resultó difícil reconocerle. Los gigantes gordinflones, pálidos y sin un solo pelo, no resultan excepcionalmente comunes, ya podrá suponerlo.

—Tres unidades —dijo Tuf—. No pienso darme por enterado, ni de sus insultos ni de sus halagos. Así pues, no me conocía. ¿Por qué me atacó?

—Estaba borracho. —No es suficiente. Es cierto que lo estaba, pero había otros clientes en el local y cualquiera de ellos habría estado dispuesto a complacerle, caso de que sencillamente hubiera estado buscando pelea. No era así. Me eligió entre todos los demás. ¿Por qué?

—No me gusta usted. Según mi punto de vista, es un criminal.

—Los puntos de vista varían, claro está, según la persona —replicó Tuf—. En algunos planetas, mi simple estatura ya sería un crimen. En otros mundos, el hecho de que sus botas estén hechas con piel de vaca, podría proporcionarle una larga condena de prisión. Así pues y en dicho sentido, ambos somos criminales. Pero tengo la sensación de que es injusto juzgar a un hombre por otras leyes distintas a las de la cultura en la cual vive o se encuentra en un momento dado. En dicho sentido no soy un criminal y su respuesta sigue siendo insuficiente. Explique mejor las razones de que no le gusta mi persona. ¿De qué crímenes me acusa?

—Soy caritano —dijo Kreen y tosió—. Quizá debería decir que lo he sido. De hecho era administrador, aunque sólo del sexto grado. Moisés destruyó mi carrera. Mi acusación criminal es que usted le ayudó. Eso es algo que todos saben y no deseo que me aburra con sus negativas.

Haviland Tul miró a Dax. —Parece que me está diciendo la verdad y su respuesta contiene una buena cantidad de información, aunque al mismo tiempo hace surgir nuevos interrogantes y dista mucho de resultar clara. Sin embargo, seré bondadoso y la contaré como respuesta válida. Así pues, seis unidades. y mis siguientes preguntas serán muy sencillas. ¿Quién es Moisés y qué es un caritano?

Jaime Kreen le miró con incredulidad. —¿Pretende regalarme seis unidades? No finja, Tuf, porque no pienso tragarme eso. Sabe muy bien quién es Moisés.

—Ciertamente, lo sé, aunque no del todo —replicó Tuf—. Moisés es una figura mítica, asociada a las diversas religiones ortodoxas cristianas, una figura que se supone vivió en la Vieja Tierra en algún lejano momento del pasado. Creo que tiene cierta relación con Noé, de quien deriva el nombre de mi Arca, aunque no sé muy bien cómo. Puede que fueran hermanos, no conozco bien los detalles. De cualquier modo, ambos se contaron entre los primeros practicantes de la guerra ecológica, campo con el cual me encuentro muy familiarizado. Así pues y en cierto sentido sé quién era Moisés. Sin embargo, ese Moisés lleva muerto un periodo de tiempo lo bastante prolongado, como para hacer sumamente improbable que fuera el causante de la destrucción de su carrera y aún más improbable el que fuera a importarme un comino las informaciones que usted pudiera darme sobre él. Por lo tanto, debo juzgar que me está hablando de algún otro Moisés al cual no conozco. y ése, caballero, era el punto hacia el cual pretendía apuntar mi pregunta.

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