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El Libro de las sombras contadas. Las Cajas del Destino

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El Libro de las sombras contadas. Las Cajas del Destino
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—Es posible—repuso el Hombre Pájaro, acariciando al halcón y sonriendo de nuevo levemente—.Es posible. ¿Es un auténtico Buscador? ¿Nombrado por un mago?

—Sí.

El Hombre Pájaro asintió.

—Han pasado muchos años desde la última vez que vi a un verdadero Buscador. Una vez vino a la aldea un Buscador que no era un auténtico Buscador. Cuando no le dimos lo que quería, mató a algunos de los míos.

—Lo siento por ellos.

—No lo sientas.—El hombre sacudió lentamente la cabeza—.Tuvieron una muerte rápida. Compadece al Buscador; él no la tuvo.—El halcón clavó la vista en Kahlan y parpadeó.

—Yo nunca he visto a un Buscador falso, pero he visto a éste furioso y, créeme, estoy segura de que ni tú ni tu gente querríais darle motivo para que desenvainara la espada en un arrebato de ira. Richard sabe usar la magia. Lo he visto vencer a malos espíritus.

El Hombre Pájaro estudió los ojos de la mujer un momento como para juzgar si decía la verdad.

—Gracias por el aviso. Lo recordaré.

—¿Habéis acabado ya de amenazaros mutuamente? —preguntó Richard sin poderse contener por más tiempo.

—Pensaba que no entendías su idioma —dijo Kahlan sorprendida.

—Y no lo entiendo. Pero entiendo las miradas. Vuestras miradas lanzan tales chispas que me sorprende que no hayáis prendido fuego a este lugar.

—El Buscador quiere saber si hemos terminado de amenazarnos—dijo Kahlan al Hombre Pájaro.

El hombre miró a Richard y después de nuevo a Kahlan.

—Es un hombre impaciente, ¿verdad?

—Yo ya se lo digo, pero él lo niega.

—Debe de ser duro viajar en su compañía.

—En absoluto.—Kahlan sonrió.

El Hombre Pájaro le devolvió la sonrisa y posó la vista en Richard.

—Si decidimos no ayudaros, ¿a cuántos de nosotros mataréis?

Kahlan iba traduciendo las palabras.

—A ninguno.

—Y si decidimos no ayudar a Rahl el Oscuro, ¿a cuántos de nosotros matará?—El Hombre Pájaro examinaba al halcón mientras hablaba.

—Más pronto o más tarde, a demasiados.

El hombre apartó la mano del halcón y lanzó a Richard una mirada penetrante.

—Parece que quieras convencernos de que ayudemos a Rahl el Oscuro.

Una amplia sonrisa se pintó en el rostro de Richard, que repuso:

—Estáis en vuestro derecho de negaros a ayudarme y permanecer neutrales, y yo no haré daño a tu gente, aunque me parezca una decisión estúpida. Pero Rahl sí lo hará. Yo seguiré adelante y lucharé contra él hasta mi último aliento. —La faz del joven adoptó una expresión amenazadora, y se inclinó hacia adelante—. Pero si decidís ayudar a Rahl el Oscuro y lo venzo, regresaré y... —Richard se pasó el dedo por la garganta en un veloz gesto que no precisaba traducción.

El Hombre Pájaro no supo qué responder, limitándose a mirarlo con expresión pétrea.

—Lo único que queremos es que nos dejen en paz—dijo al fin.

—Lo comprendo —repuso Richard, encogiéndose de hombros y bajando la vista al suelo—. Yo también quería que me dejasen en paz. Pero Rahl el Oscuro asesinó a mi padre —añadió, levantando la mirada—, y me tortura enviándome malos espíritus que se asemejan a mi padre. También envía asesinos en pos de Kahlan. Está tratando de derribar el Límite e invadir mi tierra natal. Sus secuaces han herido gravemente a dos de mis más viejos amigos. Ahora están sumidos en un profundo sueño, pero al menos vivirán... a no ser que la próxima vez le salga bien. Kahlan me ha contado que ha matado a muchas personas, también a niños. A uno se le revuelve todo oír tales historias. Sí, amigo mío —agregó con una voz que era apenas un susurro, y asintiendo—, también en mi caso lo único que quería es que me dejaran en paz. El primer día de invierno, si Rahl el Oscuro se hace con la magia que busca, nadie podrá oponerse a su poder. Entonces ya será demasiado tarde. —El joven se llevó una mano a la espada. Kahlan abrió mucho los ojos por la sorpresa—. Si él estuviera aquí, en mi lugar, no dudaría en desenvainar la espada y obligarte a que lo ayudaras bajo amenaza de muerte. Ésa, amigo mío —añadió, apartando la mano del arma—, es la razón por la que no os haré ningún daño aunque decidáis no ayudarme.

—Ahora veo claramente que no deseo tener a Rahl el Oscuro como enemigo, y a ti tampoco—dijo el Hombre Pájaro tras unos minutos de reflexión silenciosa. Entonces se puso en pie, se encaminó hacia la puerta y lanzó el halcón al aire. Después volvió a sentarse y suspiró hondo, abrumado por el peso de sus pensamientos—.Tus palabras suenan sinceras, pero todavía no estoy seguro. También me parece que aunque quieres que te ayudemos, también tú deseas ayudarnos. Creo que en esto eres sincero. Un hombre sabio es el que busca que lo ayuden ayudando, no con amenazas ni engaños.

—Si quisiera conseguir vuestra ayuda con engaños, hubiera dejado que creyerais que soy un espíritu.

Los labios del Hombre Pájaro esbozaron una leve sonrisa.

—Si hubiésemos celebrado una reunión habríamos descubierto que no lo eres. Un hombre sabio lo habría sospechado. Así pues, ¿qué razón te movió a decir la verdad? ¿No querías engañarnos o tenías miedo de hacerlo?

—¿Sinceramente? Ambas —contestó Richard sonriendo. El Hombre Pájaro asintió.

—Gracias por decir la verdad.

Richard se quedó en silencio, hizo una profunda inspiración y dejó salir el aire lentamente.

—Bueno, Hombre Pájaro, ya te he contado mi historia. Ahora tú eres quien debe juzgar si es verdadera o falsa. El tiempo corre en mi contra. ¿Nos ayudarás?

—No es tan sencillo. Mi gente espera que le diga qué hacer. Si pidieras comida, podría decirles «Dadle comida», y ellos lo harían. Pero tú pides que celebremos una reunión y eso es diferente. El consejo de videntes está formado por los seis ancianos con los que habéis hablado y yo mismo. Son hombres que tienen una larga vida tras desí y se aferran a las costumbres del pasado. Nunca se ha convocado una reunión a petición de un forastero, ni se ha permitido que uno alterara la paz de los espíritus de nuestros antepasados. Muy pronto esos seis ancianos se unirán a los espíritus de los antepasados y no creo que les guste pensar que deberán abandonar, aunque sea temporalmente, el mundo de los espíritus para satisfacer las necesidades de un forastero. Si rompen la tradición, cargarán para siempre con las consecuencias. No puedo ordenarles que lo hagan.

—No se trata solamente de las necesidades de un forastero —intervino Kahlan, dirigiéndose a ambos hombres—. Si nos ayudáis, también os estaréis ayudando a vosotros.

—Quizás en último término, pero no al principio.

—¿Y si yo fuera uno de vosotros? —inquirió Richard con ojos entornados.

—Entonces celebraríamos la reunión para ti sin transgredir la tradición.

—¿Podría convertirme en un hombre barro?

El Hombre Pájaro se quedó pensativo. Su cabello gris plateado relucía a la luz del fuego.

—Sería posible si primero hicieras algo que ayudara a la gente barro, algo que la beneficiara y de lo que tú no sacases ningún provecho. De ese modo demostrarías tus buenas intenciones para con nosotros, sin que mediara promesa por nuestra parte de ayuda, y siempre y cuando los ancianos lo aprobarán.

—Y una vez nombrado hombre barro, ¿podría solicitar que el consejo se reuniera y lo haría?

—Si fueras uno de nosotros sabrían que únicamente querrías lo mejor para la gente barro. Sí, convocarían el consejo de videntes para ayudarte.

—¿Y entonces podrían decirme dónde se esconde el objeto que busco?

—No puedo responder a eso. Algunas veces los espíritus no contestan nuestras preguntas y otras no conocen las respuestas. No hay ninguna garantía de que podamos ayudarte, ni siquiera si celebramos una reunión. Todo lo que puedo prometerte es que lo intentaremos.

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