El Libro de las sombras contadas. Las Cajas del Destino
- Автор: Гудкайнд Терри
- Серия: La Espada de la Verdad #1
- Язык: испанский
- Переводчик: Joana Claverol
- Жанр: Фэнтези
Электронная книга - «El Libro de las sombras contadas. Las Cajas del Destino». Краткое содержание книги:
—Estamos aquí porque la gente barro, y muchos otros, están en peligro.
—Sí. —Todos los ancianos asintieron y sonrieron. Surin tomó la palabra—.Pero ahora que nos has traído a Richard, el del genio pronto, todo está arreglado. Gracias, Confesora Kahlan, no olvidaremos lo que has hecho.
Kahlan contempló todos aquellos rostros felices y sonrientes a su alrededor. No comprendía el derrotero que estaban tomando las cosas, por lo que dio un mordisco al insípido pan de tava con pimientos asados para ganar tiempo y poder pensar.
—Por alguna razón se alegran de que te haya traído.
—Pregúntales por qué —le pidió Richard, mirándola. Ella asintió y se dirigió a Toffalar.
—Honorable anciano, me temo que debo admitir que no conozco tan bien como vosotros a Richard, el del genio pronto.
—Perdona, muchacha—repuso el anciano con una sonrisa—.Olvidaba que tú no estabas aquí cuando reunimos el consejo de videntes. Te contaré; no llovía, nuestros cultivos se estaban secando y nuestra gente corría peligro de morirse de hambre. Así pues, convocamos una reunión para pedir ayuda a los espíritus. Ellos nos dijeron que alguien vendría y nos traería la lluvia. La lluvia vino y aquí está también Richard, eldel genio pronto, tal como los espíritus prometieron.
—Asípues, ¿os alegráis de que haya venido porque es un buen augurio?
—No. —Toffalar abrió mucho los ojos, presa de emoción—.Nos alegramos de que uno de los espíritus de nuestros antepasados nos visite. Él es un hombre espíritu—añadió, señalando a Richard.
Kahlan estuvo a punto de dejar caer el pan. Tal era su sorpresa que se echó hacia atrás.
—¿Qué pasa? —quiso saber Richard.
—Convocaron una reunión porque no llovía —le tradujo Kahlan mirándolo fijamente a los ojos—. Los espíritus anunciaron que vendría alguien y traería lluvia. Richard, están convencidos de que eres el espíritu de uno de sus antepasados; un hombre espíritu.
—Pues no lo soy —repuso Richard tras estudiar la faz de Kahlan un momento.
—Pero ellos lo creen y están dispuestos a hacer cualquier cosa por un espíritu. Si se lo pides, convocarán un consejo de videntes.
A Kahlan le disgustaba pedirle esto; no quería engañar a la gente barro, pero tenían que descubrir dónde se ocultaba la tercera caja. Richard pensó en lo que Kahlan le acababa de decir.
—No —dijo con serenidad, sosteniéndole la mirada.
—Richard, tenemos una misión muy importante. Si creen que eres un espíritu, y eso nos ayuda a llegar a la última caja, ¿qué importa?
—Importa porque sería mentir, y yo no pienso hacerlo.
—¿Prefieres que Rahl se salga con la suya? —le preguntó la mujer dulcemente.
—En primer lugar —repuso Richard, mirándola de soslayo—, no voy a hacerlo porque está mal engañar a esta gente sobre algo tan importante. Y, en segundo lugar, ellos tienen un poder; por esto estamos aquí. Me lo han demostrado al saber que alguien vendría con las lluvias. Esta parte es cierta, pero, en su nerviosismo, han sacado una conclusión errónea. ¿Han dicho que quien vendría sería un espíritu? —Kahlan negó con la cabeza—. A veces la gente cree simplemente lo que quiere creer.
—Pero si a nosotros nos favorece, y a ellos también, ¿qué mal puede haber?
—El mal está en el poder que poseen. ¿Qué pasa si celebran la reunión y descubren la verdad, que no soy ningún espíritu? ¿Crees que les gustaría que les hubiera mentido y engañado? No, nos matarían, y entonces Rahl se saldría con la suya.
Kahlan se inclinó hacia atrás e inspiró hondo. «El mago elige bien a sus Buscadores», pensó.
—¿Hemos despertado el genio del espíritu?—preguntó Toffalar, con gesto inquieto en su cara curtida.
—Pregunta por qué te has enfadado —tradujo Kahlan—. ¿Qué quieres que le diga?
—Diles —respondió Richard tras echar un vistazo a los ancianos y después a la mujer—, yo se lo diré. Tú traduce. —Kahlan asintió.
—La gente barro es sabia y fuerte. Por eso he venido aquí. Los espíritus de vuestros antepasados no se equivocaron al decir que yo traería las lluvias. —Todos parecieron complacidos ante esas palabras, que Kahlan vertía a su idioma. Todos los habitantes de la aldea escuchaban en un silencio sepulcral—. Pero no os lo dijeron todo. Así son los espíritus, ya lo sabéis. —Los ancianos asintieron—. Los espíritus confiaron en que, con vuestro entendimiento, averiguaríais el resto de la verdad. Es su manera de haceros fuertes, tal como vosotros hacéis fuertes a vuestros hijos, no dándoles todo lo que piden sino guiándolos. Todos los padres esperan que sus hijos sean fuertes y sabios, para que puedan pensar por sí mismos.
Hubo más asentimientos, pero menos que antes.
—¿Qué quieres decir, gran espíritu?—preguntó Arbrin, uno de los ancianos, desde atrás.
—Quiero decir que sí, que yo he traído las lluvias, pero que hay más —contestó Richard, pasándose los dedos por el cabello mientras Kahlan traducía—. Tal vez los espíritus han visto una amenaza mayor para vuestra gente y ésa es la razón más importante por la que he venido. Hay un hombre muy peligroso que someterá a vuestra gente y os convertirá en sus esclavos. Su nombre es Rahl el Oscuro.
—Nos envía estúpidos para someternos—repuso Toffalar, y hubo risitas entre los ancianos. Richard les lanzó una furibunda mirada. Las risas se apagaron.
—Así es como actúa; haciendo que os confiéis demasiado. No dejéis que os engañe. Ha usado su poder y su magia para conquistar a pueblos más numerosos que vosotros. Puede aplastaros cuando le venga en gana. Si he traído las lluvias es porque envió nubes que me siguieran, para saber dónde estoy y así intentar matarme cuando quiera. No soy ningún espíritu, soy el Buscador; un hombre. Yo quiero detener a Rahl el Oscuro para que vuestro pueblo, y otros, puedan vivir su propia vida y nadie les mande.
—Si lo que dices es verdad, entonces ese tal Rahl envió las lluvias y ha salvado a nuestra gente. Eso es lo que su misionero trató de enseñarnos: que Rahl nos salvaría—arguyó Toffalar, entrecerrando los ojos.
—No. Rahl envió las nubes para seguirme a mí, no para salvaros a vosotros. He sido yo quien ha decidido venir aquí, tal como anunciaron los espíritus de vuestros antepasados. Dijeron que vendrían las lluvias, y con ellas un hombre, no dijeron que sería un espíritu.
A medida que Kahlan traducía aparecía en los rostros de los ancianos una expresión de profunda decepción. Sólo esperaba que no se tornara en furia.
—Entonces, tal vez los espíritus querían advertirnos sobre quien había de venir—dijo Surin.
—O tal vez querían advertiros sobre Rahl —replicó Richard al punto—. Yo os estoy ofreciendo la verdad. Vosotros debéis usar vuestra sabiduría para verla, o vuestra gente está perdida. Os ofrezco la oportunidad de salvaros.
Los ancianos se quedaron en silencio, roto al fin por Toffalar.
—Tus palabras parecen sinceras, Richard, el del genio pronto, pero aún debemos decidirlo. ¿Qué quieres de nosotros?
La alegría había desaparecido del rostro de los ancianos, que estaban sentados en silencio. El resto de la aldea aguardaba en callado silencio. Richard fue mirando a los ancianos, uno a uno, antes de responder con voz serena:
—Rahl el Oscuro busca una magia que le dará el poder para someter a todo el mundo, incluida la gente barro. Yo también busco esa magia, pero para negarle ese poder. Me gustaría que convocarais un consejo de videntes para averiguar dónde está esa magia antes de que sea demasiado tarde y Rahl la encuentre primero.
—No celebramos reuniones a petición de forasteros—dijo Toffalar con gesto severo.
Kahlan se dio cuenta de que Richard se estaba enfadando y que hacía esfuerzos por controlarse. La mujer no se movió pero recorrió con la mirada la aldea, fijándose en la posición de todo el mundo, especialmente de los hombres armados, por si tenían que salir de allí a la carrera. Sus posibilidades de huida no eran muchas. De pronto, deseó no haber llevado a Richard allí. Éste contempló a la gente de la aldea con ojos encendidos, antes de posarlos de nuevo en los ancianos y decir: