Los Ojos Amarillos De Los Cocodrilos
- Автор: Pancol Katherine
- Язык: испанский
- Жанр: Детская проза
Электронная книга - «Los Ojos Amarillos De Los Cocodrilos». Краткое содержание книги:
La discusión que provocará la separación del matrimonio de Josephine y Antoine es el punto de partida de una serie de acontecimientos, más o menos relacionados, en los que se verán envueltos otros personajes, como Iris, la guapísima hermana mayor de Josephine; la glamurosa y gélida madre de ambas, Henriette, casada en segundas nupcias con el millonario Marcel Gorsz; la místeriosa Shirley, la vecina…
Tras la separación, Antoine se verá obligado a aceptar una oferta de trabajo que le convertirá en capataz de una granja de cocodrilos en África, pero las cosas no serán tan fáciles como parecían.
A Iris se le ocurre decir que está escribiendo una novela, y una vez lanzada la mentira se niega a echarse atrás, y convence a su hermana para que escriba realmente el libro, basándose en sus conocimientos. Ella se llevará la fama y el protagonismo y Josephine el dinero, pero los verdaderos amigos de ésta están convencidos de que ella es la verdadera autora de la novela que llena los escaparates de las bibliotecas de Paris…
A punto está de renunciar a todo, de perder su fortuna, cuando la fiel Isabeau vuelve con una tropa de caballeros para liberarla. Al registrar el castillo para socorrerla, Isabeau descubre un verdadero tesoro: el de Guibert y todas las viudas que ha embrujado antes de encontrar a Florine. Se lo entrega a Florine que ha recobrado la cordura. Florine decide entonces dejar de perseguir la perfección y retomar una vida normal, sin esperar la santidad en la tierra, pues es pecado de orgullo creerse igual a Dios en pureza. Mira cómo Guibert arde en la hoguera y no puede evitar llorar al ver a ese hombre que tanto ha amado convertirse en antorcha ardiente sin gritar ni pedir perdón. ¡Irá derecho al infierno y lo tendrá bien merecido!, declara Thibaut el Joven. Y ella quedará viuda de nuevo y aún más rica que antes.
Un poco como yo, pensó Joséphine levantándose para estirarse. Pronto me pagarán veinticinco mil euros más y no tengo hombre en mi vida. Cuanto mejor me va, más rica y sola estoy. Luca había desaparecido otra vez. No tenía noticias suyas desde hacía diez días. Ya no venía a la biblioteca. Ha debido de marcharse a hacer fotos al otro lado del mundo. Suspiró, se masajeó los riñones y volvió a sentarse delante de su ordenador. Sólo le quedaba un marido para Florine… El último. Este, decidió, será el bueno. Quiero un final feliz. Ya tenía alguna idea. Se llama Tancredo de Hauteville. Florine lo conoce desde hace mucho tiempo. Es un señor vecino. Un desaliñado, sin fe ni ley, codicioso. Formaba parte del complot urdido contra ella por Etienne el Negro en el momento de la muerte de su primer marido. Intentó secuestrarla para quedarse con su castillo y sus tierras. Está muy arrepentido de aquel episodio, vuelve de las cruzadas, y quiere vivir como un buen cristiano, lejos de las tentaciones terrenales. Viene a pedirle a Florine perdón por su crimen de antaño. Florine se casa con él, deja el castillo a su hijo, que se ha hecho mayor, y se va a vivir con Tancredo a sus tierras. Por el camino, se refugian en un bosque de Poitou, en la región de Melle, encuentran una cabaña, se instalan allí y viven rezando, comiendo los frutos que cultivan, bebiendo agua de lluvia, vestidos con pieles y durmiendo al lado del fuego. Son felices, se aman con un amor sereno hasta el día en que Tancredo, yendo a buscar agua, descubre galena de plata. ¡Un enorme yacimiento de plata!, con la que fabricar muchos denarios, moneda acuñada por Carlomagno. Van a ser inmensamente ricos. Florine se muestra primero desolada y después ve una señal de Dios en la repetición de su destino. Debe aceptar su suerte y ese dinero. Acepta por fin su nueva riqueza, abre un hospicio para los desheredados y los que no tienen casa, que dirigirá con Tancredo, a quien dará muchos hijos. FIN.
Sólo faltaba escribirlo. Al menos vislumbro el final. Un último esfuerzo y habré terminado. Y entonces… entonces tendré que entregar el libro a Iris. Eso será duro. No debo pensar en ello, no debo pensar en ello. Lo acepté. Por razones equivocadas, es cierto, pero lo acepté. Debo separarme de este libro y no preocuparme más de él.
Temía ese momento. El libro se había convertido en un amigo, los personajes del libro llenaban su vida, les hablaba, les escuchaba, les acompañaba. ¿Cómo voy a aceptar separarme de ellos?
Para no pensar más, fue a consultar sus correos. Había uno de Antoine. La última vez que habían hablado casi se habían peleado. Por culpa de la señora Barthillet.
Mi querida Jo:
Sólo unas palabras para darte noticias. Te sentirás contenta de saber que seguí finalmente tus consejos y me puse en huelga. ¡Aquello fue un desastre! Lee no podía con todo el trabajo. Corría por todos lados, los ojos desorbitados. Los cocodrilos, hambrientos, demolieron las barreras y devoraron a dos obreros. Hubo que matarlos, a ellos y a todos los que escaparon. No es fácil disparar a los cocodrilos. Las balas rebotan por todos lados y hubo varios heridos. Los obreros han estado a punto de amotinarse. Todo el mundo hablaba de ello, fue la noticia principal del periódico local, y míster Wei me envió un suculento cheque, pagándome por fin todo lo que me debía.
Dicho esto, me di cuenta de que Lee estaba del lado de Wei. Cuando declaré que ya no quería trabajar, no me creyó. Me observaba con sus ojitos amarillos preguntándose si creerme o no. Me seguía por todos lados, surgía detrás de mí cuando no me lo esperaba, me seguía cuando iba a la tienda de Mylène y le sorprendí varias veces hablando por teléfono, hablando en voz baja como un conspirador. Escondía algo. Si no, ¿por qué murmuraba si no entiendo una palabra de chino? Desde entonces, desconfío de él. He adoptado un perro y le hago probar discretamente bajo la mesa un bocado de todo lo que como. Me dirás que estoy paranoico, pero tengo la impresión de ver cocodrilos por todos lados.
Mientras estaba en huelga, eché una mano a Mylène. Es una chica estupenda, sabes. Con muchos recursos. Se mata trabajando, pasa doce horas seguidas diarias dedicada a ello, incluso los domingos. Su tienda está siempre llena. Gana dinero a raudales. La apertura fue un triunfo y, desde entonces, el éxito no ha disminuido. Las chinas se gastan todo su dinero para volverse tan guapas como las occidentales. Realiza tratamientos y vende productos de belleza. Tuvo que volver dos veces a Francia para abastecerse. Mientras estaba ausente, me ocupé de la tienda y, oye, eso me ha dado algunas ideas. No te sorprendas si me hago rico e importante y, si es necesario, me vaya a vivir a China. Pues es evidente que si los chinos nos inundan de productos fabricados a bajo precio, podemos devolverles la jugada vendiéndoles nuestro savoir faire.
¡Ya está!, se dijo Joséphine desolada. Otra vez con sus aspiraciones demasiado grandes, demasiado rápidas. No ha entendido nada.
Ya casi no bebo. Sólo un whisky por la noche cuando se pone el sol. Pero eso es todo, te lo prometo… En fin, soy un hombre feliz y ya veo la luz al final del túnel. De hecho pienso que vamos a tener que divorciarnos. Sería más práctico si voy a lanzarme en nuevas actividades…