Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне

Электронная книга - «La Casa De Riverton». Краткое содержание книги:

Un suicidio inesperado marcará para siempre a los habitantes de Riverton Manor
En el verano de 1924 todo es felicidad en la mansión de Riverton Manor… hasta la noche de la fiesta. Toda la alta sociedad se está divirtiendo entre el glamour y la elegancia del paraje. Pero en medio de la noche se escucha un disparo. El joven poeta Robbie Hunter se ha quitado la vida a orillas del lago de la mansión. Las hermanas Hartford, Hannah y Emmeline, serán las únicas testigos y se convertirán además en las protagonistas de toda la prensa del momento.
Unas cuantas décadas después, en 1999, Grace Bradley, la que fuera en su día doncella en Riverton Manor, recibe la visita de una joven directora de cine que está preparando una película sobre el suicidio del poeta. Tras años de silencio y olvido, los fantasmas del pasado empiezan a aflorar; y un terrible secreto intenta abrirse paso, un secreto que Grace no ha podido borrar jamás de su memoria. Los recuerdos siguen vivos en esta novela llena de amor, celos, odios y rivalidades, recuerdos que se gestaron en un verano de los decadentes años veinte.
1 ... 83 84 85 86 87 88 89 90 91 ... 127
Перейти на страницу:

Cuando llegamos a la dirección indicada, Hannah detiene el automóvil y nos quedamos dentro por un momento, mirando a través de la ventanilla. Estamos en una parte de la ciudad desconocida para las dos. Las casas son bajas y estrechas, de ladrillo oscuro. El reluciente Rolls Royce de Teddy no pasa desapercibido en ese lugar. Hannah saca la carta del detective y verifica la dirección. Me mira, alza las cejas, asiente.

Es una casa modesta. Hannah llama a la puerta. Una mujer rubia, con rulos, vestida con una sucia bata de seda color crema, se asoma.

– Buenos días, soy Hannah Luxton, la señora Hannah Luxton.

La mujer cambia de posición y la bata deja a la vista su rodilla. Abre los ojos.

– Claro, querida -responde. Su acento me recuerda al de una amiga de Deborah oriunda de Texas-. ¿Qué desea? ¿Viene por la audición?

Hannah parpadea.

– Vengo a buscar a mi hermana. Emmeline Hartford.

La mujer frunce el ceño.

– Es un poco más baja que yo -explica-, tiene el cabello claro, los ojos azules. -Saca de su bolso una fotografía y se la entrega a la mujer.

– Oh, sí, sí -dice la dueña de la casa y le devuelve la fotografía-. Esa niña, por supuesto.

Hannah suspira aliviada.

– ¿Está aquí? ¿Se encuentra bien?

– Desde luego.

– Gracias a Dios. Entonces, quiero verla.

– Lo siento, cariño, es imposible. Está en pleno rodaje.

– ¿Rodaje?

– Están filmando una escena. A Philippe no le gusta que lo molesten cuando trabaja. -La mujer cambia el peso de su cuerpo al otro lado, dejando a la vista la otra rodilla, e inclina la cabeza hacía un lado.

– Pueden esperar dentro, si lo desean.

Hannah me mira. Levanto los hombros en señal de impotencia y seguimos a la mujer hacia el interior de la casa.

Atravesamos un vestíbulo, subimos una escalera y llegamos a una pequeña habitación. En el centro hay una cama de matrimonio con las sábanas desordenadas. Las cortinas están cerradas para que no entre la luz del día. En cambio, hay tres lámparas encendidas, cubiertas con chales de seda roja.

Pegada a la pared hay una silla con una maleta. La reconocemos, es de Emmeline. Sobre una de las mesillas descubrimos un juego de pipas.

– Oh, Emmeline… -lamenta Hannah y enmudece.

– ¿Quiere un vaso de agua, señora? -le pregunto. Ella asiente como un autómata.

– Sí…

No me atrevo a bajar la escalera para encontrar la cocina. La mujer que nos acompañó hasta aquí ha desaparecido y desconozco qué peligros acechan más allá del vestíbulo. Pero encuentro un baño diminuto junto al rellano. Hay una mesa repleta de pinceles y lápices, de los que se usan para maquillar, polveras y pestañas postizas. La única taza que puedo distinguir es una pesada jarra mugrienta con una serie de círculos concéntricos en su interior. Trato de limpiarlo pero las manchas son persistentes. Regreso junto a Hannah con las manos vacías.

– Lo siento, señora…

Ella me mira y respira profundamente.

– Grace, no quiero alarmarte, pero creo que Emmeline está viviendo con un hombre.

– Sí, señora -respondo, tratando de ocultar mi horror, para no aumentar su inquietud-. Eso parece.

La puerta se abre y nos volvemos para mirar. Emmeline está de pie en el quicio. La observo atónita. Tiene el cabello rubio recogido y los rizos caen desde lo alto hacia las mejillas. Las largas pestañas negras hacen que sus ojos parezcan increíblemente grandes. Sus labios están pintados de rojo brillante y usa una bata de seda similar a la de la mujer que nos recibió. A pesar de los intentos por darle aspecto de mujer adulta, conserva una apariencia infantil. Es su expresión, carece de los artificios propios de la madurez. Está genuinamente sorprendida de vernos y no puede ocultarlo.

– ¿Qué hacéis aquí? -pregunta.

– Gracias a Dios. -Hannah suspira aliviada y corre hacia Emmeline.

– ¿Qué hacéis aquí? -insiste Emmeline. Ha recuperado su pose, los párpados caídos reemplazan a los ojos abiertos de asombro, y la pequeña «o» que dibujaban sus labios se ha convertido en una mueca de disgusto.

– Hemos venido a buscarte. Vístete rápido, nos vamos.

Emmeline camina lentamente hacia el tocador, muy ufana, v se hunde en la butaca. Extrae un paquete aplastado de cigarrillos, sujeta entre los labios el que sobresale y lo enciende. Después de soltar una bocanada de humo, contesta:

– No voy a ninguna parte. No puedes obligarme.

Hannah la toma del brazo y la levanta de golpe.

– Sí puedo, y vendrás conmigo. Nos vamos a casa.

– Ahora ésta es mi casa -replica Emmeline, soltándose-. Soy una actriz. Seré una estrella de cine. Philippe dice que tengo el carisma necesario.

– Por supuesto -asevera Hannah con tristeza-. Grace, recoge el equipaje de Emmeline mientras la ayudo a vestirse.

Hannah desata la bata de Emmeline y las dos ahogamos un grito. Debajo lleva puesto un negligé transparente. Los pezones rosados asoman bajo el encaje negro.

– ¡Emmeline! -censura Hannah mientras yo me apresuro a tomar la maleta-. ¿Qué clase de película estás haciendo?

– Una historia de amor -responde, cubriéndose nuevamente con la bata mientras sigue fumando su cigarrillo.

Hannah le tapa la boca. Me mira. En sus redondos ojos azules percibo una mezcla de horror, ira y preocupación. Es peor de lo que habíamos imaginado. Las dos nos quedamos sin palabras. Saco de la maleta uno de los vestidos de Emmeline. Hannah se lo alcanza a su hermana.

– Vístete -logra decir.

Se oye un ruido, pesados pasos suben las escaleras. De pronto aparece en la puerta un hombre bajo con bigote, robusto y moreno, con un aire ligeramente arrogante. Viste un traje con chaleco de motas de color oro y bronce, que refleja la decadente opulencia de la casa. Del cigarro que sostiene entre sus labios rojos sale un humo gris.

– Philippe -anuncia Emmeline triunfante, librándose de Hannah.

– ¿Qué es esto? -pregunta el hombre con marcado acento francés. Aparentemente, el cigarro no le impide hablar-. ¿Qué creen que están haciendo? -demanda a Hannah, mientras se ubica junto Emmeline y la toma del brazo en actitud de propietario.

– La llevamos a casa -responde Hannah.

– ¿Y quién es usted? -inquiere Philippe mirando a Hannah de arriba abajo.

– Soy su hermana.

La respuesta parece complacerlo. Arrastra consigo a Emmeline y ambos se sientan en el borde de la cama. En ningún momento deja de mirar a Hannah.

– ¿Cuál es el problema? ¿Tal vez la hermana mayor quiera rodar algunas escenas junto a nuestra niña?

Hannah respira entrecortadamente. Cuando logra recuperar la compostura, contesta:

– Ciertamente, no. Nos vamos en este preciso instante.

– Yo no me voy -dice Emmeline.

Philippe se encoge de hombros como sólo un francés sabe nacerlo.

– Parece que no quiere irse.

– No es ella quien decide -replica. Hannah. Luego se dirige a mí-. Grace, ¿has terminado con la maleta?

– Casi, señora.

Hasta ese momento Philippe no había advertido mi presencia.

– ¿Una tercera hermana?

El cineasta alza una ceja en señal de admiración. Su injustificada atención me avergüenza. Me siento tan incómoda como si estuviera desnuda.

Emmeline ríe.

– Oh, Philippe. No bromees. Es Grace, la doncella de Hannah.

Aunque me halaga que me hayan tomado por una tercera hermana, agradezco que Emmeline le tire de la manga para que él deje de mirarme.

1 ... 83 84 85 86 87 88 89 90 91 ... 127
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)