Perdona Pero Quiero Casarme Contigo
- Автор: Моччиа Федерико
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Perdona Pero Quiero Casarme Contigo». Краткое содержание книги:
Alex y Niki están más enamorados que nunca, acaban de volver del faro en la isla de Blu donde han vivido días inolvidables. Niki se reencuentra con sus amigas, pero el grupo de las Ondas deberá afrontar grandes cambios que pondrán a prueba su amistad. Alex retoma su vida de siempre, sus viejos amigos. Ellos, Flavio, Enrico y Pietro han pasado de ser maridos serenos y seguros a tener que afrontar muchas difi cultades que han puesto en peligro sus matrimonios. Y ahora todas esta personas, hombres y mujeres de diferentes edades, cada uno a su manera se encuentran para refl exionar sobre el amor. Pues, ¿existe el amor? ¿Es cierta la crisis del séptimo año? ¿Tienen razón los que dicen que un amor no puede durar más de tres años? Y después, la pregunta más difícil: ¿un amor puede durar para siempre?
– Sí, sí, buenísimo… ¡Sólo que no sé cómo se hace!
– Bueno, en ese caso haz una cosa por mí: busca la receta en Google y mándame por sms toda la explicación con los ingredientes y las cantidades, ¿vale?
– Entiendo… Quieres emborrachar a Alex…
– No, ¡quiero demostrarle que formamos un buen equipo! ¡Muévete, mojito! -Cuelga.
Alex llama a Niki desde la sala.
– ¿Todo bien, cariño? ¿Has encontrado los ingredientes?
– Sí, todo en orden… ¡Lo estoy preparando!
– ¡Muy bien, no te olvides de echar zumo de lima!
– ¡Claro! ¡Es lo primero que pensé!
Niki mira desesperada el teléfono. Venga, Diletta… Venga, por favor… Si que tardas… Justo en ese momento recibe un mensaje. Ni no ni. Lo abre sin perder tiempo: «He recordado lo rico que está el mojito. Sólo falta un ingrediente. En caso de que lo quieras, debes concederme el premio a la fidelidad: ¡diez mojitos gratis!»
Será traidora… Es una aprovechada… Niki le responde de inmediato: «OK, pérfida Ola.» Antes de que haya pasado ni siquiera un segundo se oye otro ni no ni. Niki abre en seguida el mensaje: «¡Todo el azúcar que quieras!»
Sacude la cabeza. Ésta me la pagará. Deja el teléfono abierto sobre la mesa y saca los ingredientes de la nevera mientras lo va leyendo.
– ¿Cómo vamos? -la voz de Alex le llega desde la sala.
– ¡De maravilla! -grita Niki desde la cocina. Luego añade en voz baja-: Ya… -En un abrir y cerrar de ojos aparece en la sala-. Et voilà, aquí tienes tu mojito… Espero que le guste, señor…
Alex coge el vaso de la bandeja.
– Mmm, el aspecto no puede ser mejor. Veo que has echado también menta. Igual que lo sirven en los bares…
– Y también en las discotecas…
Alex traga saliva.
– Pues sí… -Después lo prueba-. ¡Buenísimo! ¡Te lo juro, Niki! Está realmente bueno… ¿Sabes que no recuerdo haber probado nunca un mojito así?
– ¿Por qué me tomas siempre el pelo?
– No, te equivocas… ¡Lo pienso de verdad! ¡Cada vez que te felicito por algo crees que estoy siendo irónico! Ya no sé cómo comportarme contigo…
Niki lo escruta. No. Es evidente que está diciendo la verdad. Serena y satisfecha, prueba la bebida que ha preparado. ¡Eh! La verdad es que le ha salido muy rico… ¡Eres una hacha, Dile! Te has ganado el bono de diez mojitos.
– Entonces, ¿somos un buen equipo? -le pregunta a Alex sonriendo.
Él da un sorbo más grande y le responde risueño:
– ¡El mejor!
Niki asiente con la cabeza y bebe un poco del suyo.
– En ese caso, he pensado que… Quiero que tus hermanas participen también.
– ¿Estás segura? ¿No lo estarás diciendo porque te he acusado de no saber decir que no?
– ¡No! ¿Ves?… Lo he dicho…
– ¡Bien! Me alegro por ti. Mejor así. Ya verás como no te estresan; al contrario, puede que te ayuden a no cometer sus mismos errores.
– Mmm… -Niki aspira con la pajita los restos de mojito haciendo excesivo ruido.
Alex arquea las cejas.
– Porque, en el fondo, y si bien quizá todavía no te lo demuestran, te quieren ya mucho, igual que el resto de mi familia.
– En el fondo… -sonríe Niki-. ¡En lo más profundo!
– Te adoran…
– Sí, tengo la impresión de estar viviendo esa película de Woody Allen, Recuerdos… ¡Hoy te adoran y mañana te disparan!
Alex sacude la cabeza y sigue bebiendo. No tiene remedio, cuando se obsesiona con una cosa no hay quien la haga cambiar de opinión. ¡Y yo me caso con ella con la esperanza de que estemos de acuerdo en todo! ¡Socorro! Da otro sorbo a su mojito. Está delicioso. No, quizá esté exagerando.
Ochenta y cinco
– ¿Te das cuenta? ¡Esa cría resopla cada dos segundos! No entiendo qué ha podido ver mi hermano en ella.
Claudia camina por la sala gesticulando. Davide, que en ese momento está ordenando unos libros que acaba de comprar, asiente con la cabeza y piensa: Yo sí que sé lo que ha visto en ella, vaya si lo sé.
– Por si fuera poco, no ha comentado nada sobre lo que le hemos propuesto; es tan indecisa… ¡No tiene sangre en las venas!
– En cambio, a mí me parece una chica muy educada y amable…
– Claro, es suficiente con que tenga menos de treinta años. Vosotros dividís a las mujeres en función de ese límite de edad… Las que deben abrir la boca y las que, por el contrario, es mejor que se queden calladas…
– ¡Te olvidas de las que son un coñazo y las que no lo son!
– ¡Maleducado!
– No me refería a ti…
– ¡Faltaría más! Me refiero al taco. No existe ninguna mujer que sea un coñazo. Existen las que te hacen notar las cosas y las que no se dan cuenta o fingen no darse cuenta de nada…
«Bueno, dejemos ya esta charla inútil, voy a preparar un plato de carne y ensalada. ¿Te apetece? Nada de pasta, tengo que seguir la dieta… ¡Y tú también! -De improviso se percata de una cosa-. Perdona, pero ¿por qué estás poniendo los libros así?
– ¿Por qué? ¿Qué tiene de extraño? He colocado la novela policíaca de Jeffery Deaver al lado de ésta de suspense, El niño 44.
– Pero ¿no ves que las cubiertas no son del mismo color? Yo clasifico los libros por colores… Igual que Fazio.
– Ah, ¿él también?
– Sí. Lo leí en una entrevista, ¡Fabio Fazio hace eso! Y desde entonces yo hago lo mismo, es genial… Los ves en gradación.
– ¿Los libros?
– Sí, ¡ordénalos por colores y ya me dirás! -Se encamina resuelta hacia la cocina concediendo un pequeño y último favor sin volverse siquiera-: Gracias.
Davide coge los dos libros y pone la novela policiaca de Jeffery Deaver entre los azules y, en concreto, entre El puente hacia el infinito de Richard Bach, azul claro, y Alta fidelidad de Nick Hornby, de un azul más oscuro. ¡Ahora dime tú si La nieve cae sobre los cedros puede estar entre dos novelas románticas! Y luego dice que las mujeres no son un coñazo… Además de que hay una que las supera a todas… ¡Ella! ¡A su lado, todas las demás son serviciales y dóciles!
– Ahora dime tú por qué, con todas las mujeres que hay en este mundo, mi hermano ha tenido que ir a elegir precisamente a una como ésa. Le he presentado a todas mis amigas, y a mis compañeras de trabajo, y cuando estaba deprimido porque había roto con Elena procuré que lo invitaran a todas partes…, ¿y él qué hizo? Comenzó a salir con Niki…
Gregorio lee el periódico sentado en el sofá.
– Comprendo, pero si a él le gusta Niki…
– ¡Pero a nosotros no nos gusta!
– Escucha, Margherita… Me parece ridículo que digas esas cosas; además, ¿a quién te refieres cuando hablas de «nosotros»?
Margherita resopla y se sienta a su lado con los brazos cruzados sobre el pecho.
– Estoy segura de que a Claudia no le gusta, y eso que todavía no hemos hablado, ¿eh? Te lo aseguro.
Gregorio baja el periódico exhalando un suspiro, renunciando por el momento a la lectura, de la noticia de la compra de un jugador que acaba de efectuar su adorada Juve.
– ¿Y por qué crees que no le gusta?
– Porque… porque… ¡porque es demasiado joven, eso es!
– Oye, vosotras dos no la tragáis por la edad. A mí me parece una chica madura, amable y encantadora; incluso se ha mostrado dispuesta a que la ayudéis con los preparativos de la boda…
– Sí, pero en el fondo habría preferido negarse.
– ¡Puede! Pero no lo ha dicho. ¿Tú habrías aceptado que mis hermanas te aconsejasen sobre el banquete o las invitaciones?