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Электронная книга - «Perdona Pero Quiero Casarme Contigo». Краткое содержание книги:

Segunda parte de Perdona si te llamo amor. La historia de amor continúa…
Alex y Niki están más enamorados que nunca, acaban de volver del faro en la isla de Blu donde han vivido días inolvidables. Niki se reencuentra con sus amigas, pero el grupo de las Ondas deberá afrontar grandes cambios que pondrán a prueba su amistad. Alex retoma su vida de siempre, sus viejos amigos. Ellos, Flavio, Enrico y Pietro han pasado de ser maridos serenos y seguros a tener que afrontar muchas difi cultades que han puesto en peligro sus matrimonios. Y ahora todas esta personas, hombres y mujeres de diferentes edades, cada uno a su manera se encuentran para refl exionar sobre el amor. Pues, ¿existe el amor? ¿Es cierta la crisis del séptimo año? ¿Tienen razón los que dicen que un amor no puede durar más de tres años? Y después, la pregunta más difícil: ¿un amor puede durar para siempre?
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– La conozco desde que éramos niños.

– En ese caso los lleva muy mal.

– Madre mía, qué pérfida eres… Y, en segundo lugar, a mis padres les basta verme feliz para ser felices.

– Sí, pero tus hermanas se alegrarían de ver feliz a Eleonora.

Alex sacude la cabeza.

– Mis hermanas son amigas suyas, punto uno. Punto dos: a mí no me interesa. ¿Por qué te obsesiona tanto? ¿Estás celosa? -La mira con malicia-. En caso de que así sea, es porque tú notas algo especial que a mí me temo que se me escapa…

– Oye, Alex, ¿se puede saber qué estás insinuando? ¿Que yo no estoy a su altura, tal vez?

– ¿Yo? ¡Yo no insinúo nada! ¡Eres tú la que no deja de dar la lata con Eleonora! ¡Cuando te comportas así me sacas de quicio!

– ¡Si supieses cuánto me saca a mí de quicio estar con tus hermanas. ¡Hasta les he permitido que opinen sobre la boda! ¿Te das cuenta? ¡En el fondo son ellas las que deciden!

– Pero ¿quién te lo pidió?

– ¡Tu madre!

– No, lo que dijo mi madre fue que quizá ellas podrían echarte una mano porque, dado que ya están casadas, conocen todos los lugares.

Sólo pretendía que te ahorrases algunas molestias a las que ellas han tenido que enfrentarse. Lo único que quería era ayudarte y, ad más, si no querías podrías haberte negado.

– ¡Sí, y eso habría sido el fin del mundo!

– ¡Tienes una visión distorsionada de la realidad!

– Sí, y tú de tu familia.

Alex se dispone a responderle, pero se da cuenta de que la discusión está yendo por mal camino. A veces las palabras pueden s peligrosas, nos toman la delantera y dicen más de lo que en un principio pretendíamos expresar. De manera que poco a poco se va calmando, se queda callado y, por primera vez, ve a una Niki distinta. Otra mujer, mayor, más resuelta y decidida, que sabe incluso ser mordaz. Ella, que siempre se había mostrado encantadora, amable, generosa, hasta en los momentos en que se encontraba en dificultades; incluso cuando él volvió con Elena, le mintió y ella se lo hizo notar con sencillez, como hace siempre, sin una brizna de maldad, al contrario, con ingenuidad y pureza, con el estupor del que resulta herido porque nunca se le ha pasado por la cabeza que ciertas cosas puedan suceder. Alex cae en la cuenta de pronto. Dios mío, ¿qué sucede? ¿Tendré yo la culpa? ¿Soy yo el que la está empujando a hacer todo esto? ¿Estoy forzando la situación? Y en ese instante, mientras la ve con la respiración todavía acelerada, guiñando ligeramente los ojos y aún enojada, se percata de cuánto la quiere, de que lo único que le gustaría es verla feliz, de cómo esas palabras, quizá erróneas, le pertenecen en cualquier caso y también por eso le gustan; no son justas, de acuerdo, pero amar a alguien también conlleva asumir la culpa de los errores ajenos… ¿Todo eso supone amar a alguien? Se lo pregunta y después se responde a sí mismo con el corazón alegre: sí, eso y mucho más. Y por primera vez se siente realmente grande, maduro y seguro de su elección.

También en ese mismo instante Niki se da cuenta. Mirando el rostro de Alex, sus ojos al principio disgustados y luego, de improviso, sonrientes como si subrayaran el amor que siente, ese amor que consigue superar todas las dificultades humanas.

– Cariño… -Corre hacia él, se precipita en sus brazos y él la estrecha entre ellos. Niki esconde la cara en su pecho completamente despeinada-. Perdona, cariño… Tampoco yo sé por qué lo he dicho…

Alex le sonríe, después la aleja un poco de sí y la observa. Tiene los ojos brillantes, casi está llorando. De repente le cae una lágrima por sorpresa y Alex se la enjuga, se la lleva lejos. Niki pone cara larga. Poco a poco, con delicadeza, casi asustada.

– Uf… ¡Me echo a llorar por cualquier tontería!

– No es ninguna tontería… Ven, siéntate aquí a mi lado…

Niki hace una mueca y al final obedece.

– No me trates como si fuese una niña…

Alex ahora está tranquilo.

– Todos somos niños… Depende sólo del momento. A veces deberíamos ser más adultos; otras, deberíamos comportarnos como chiquillos. El quid está en no confundir un momento con otro…

– Y esta vez, yo lo he confundido.

– No. Es normal que estés un poco asustada, la presión a veces nos juega malas pasadas… A mí me ocurre en el trabajo… O, mejor dicho, me ocurría, porque de repente entendí la importancia de vivir…, de saber vivir… ¿Recuerdas que te lo dije? La felicidad no es una meta, sino un estilo de vida. Todos los días hacemos, corremos, nos angustiamos por cosas que no valen la pena y, mientras tanto, no nos percatamos de las cosas bonitas que están a nuestro lado y que se nos escapan… Pues bien, una de esas cosas eres tú.

– ¡Pero si yo no me estoy escapando, Alex!

Alex sonríe.

– Hoy no… Aquel día te estaba perdiendo y supe dejarlo todo para hacerte comprender hasta qué punto eras importante para mí… Ir al faro de esa isla fue la mejor prueba.

Niki lo mira.

– ¿Me perdonas?

– ¿Estás loca? ¡No tengo nada que perdonarte!

– ¿Cómo que no?… Todas esas sandeces que he dicho sobre tus Padres…

– En parte son ciertas… -Y sobre tus hermanas…

– ¡Aún más!

– ¡Ahora estás exagerando tú, Alex!

– Oye, Niki -se acerca a ella y le coge las manos entre las suyas-. Es nuestra boda… Nada ni nadie debe entrometerse en nuestras elecciones o decisiones. ¿Que nos gusta? Eso quiere decir que la elección es correcta. Si no te apetece salir con mis hermanas, si no te interesan sus consejos, los sitios que conocen, en fin, si quieres hacerlo todo tú sola, yo se lo diré.

Niki se aparta de repente.

– ¿Crees que yo no soy capaz?

– ¡No, Niki! Faltaría más… Lo decía porque me doy cuenta de que, por ser educada, te has visto envuelta en una situación que no acabas de controlar, que te gustaría rechazar ahora, sólo que no sabes cómo… Cariño, tenemos que ser un equipo. ¿Sabes cuántas veces yo no conseguiré arreglármelas y entonces deberás ocuparte tú? Es normal.

– Está bien. -Niki se levanta del sofá-. De esto me encargo yo. ¿Quieres beber algo?

Alex sonríe al ver que, de repente, se ha hecho dueña de la habitación. Y también de su casa. Y decide aprovechar la circunstancia.

– ¿Sabes lo que me gustaría mucho? ¡Tomarme un mojito! Encontrarás todo lo necesario para prepararlo en la nevera. -Se reclina en el respaldo del asiento, ya más relajado, sólo que, de pronto, lo asalta una duda-: ¿Sabes preparar un mojito, cariño?

– Claro, no es tan complicado -responde Niki desapareciendo en la cocina.

Alex enciende el ordenador que está sobre la mesa y comprueba si tiene algún correo del despacho o si hay nuevas reuniones a la vista.

Niki abre la nevera y encuentra una infinidad de cosas. ¡Pero cuánta comida compra Alex! ¿Y cómo se hará ese dichoso mojito? Sólo le queda una alternativa. Saca el móvil del bolsillo y llama de inmediato a Erica. Su amiga lo tiene apagado. ¡Normal! A Erica le gusta beber y cuando va a la discoteca desconecta el teléfono. ¡A saber lo que estará haciendo! Prueba con el número de Olly. Espera un segundo, como suspendida… «El número al que llama…» Cierra el aparato. No hay nada que hacer. ¡Ella también lo tiene apagado! Pero ¿se puede saber qué estarán haciendo las Olas? Se han ido de vacaciones; cuando más las necesitas te dejan sola para que te ahogues. Prueba con la última. Teclea su número a toda velocidad. Oh, menos mal. Suena. Está libre.

– ¡Hola, Diletta!

– ¡Eh, Niki! ¿Qué pasa? ¿Por qué hablas en voz baja?

– Nada, no pasa nada, no te preocupes… Se trata de una emergencia.

– ¡Ay! ¿Algo grave?

– No… Alcohólico más bien. ¿Cómo se prepara un mojito? No tengo la menor idea…

– ¿Un mo qué?

– ¡Pues sí que estamos buenos! Un mojito, venga, ¡nos bebimos uno juntas en aquella fiesta! ¿No te acuerdas? Como el cubalibre, la caipirosca, la caipiriña. ¡Esos cócteles tan ricos! ¡Sí, el mojito!

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