Perdona Pero Quiero Casarme Contigo
- Автор: Моччиа Федерико
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Perdona Pero Quiero Casarme Contigo». Краткое содержание книги:
Alex y Niki están más enamorados que nunca, acaban de volver del faro en la isla de Blu donde han vivido días inolvidables. Niki se reencuentra con sus amigas, pero el grupo de las Ondas deberá afrontar grandes cambios que pondrán a prueba su amistad. Alex retoma su vida de siempre, sus viejos amigos. Ellos, Flavio, Enrico y Pietro han pasado de ser maridos serenos y seguros a tener que afrontar muchas difi cultades que han puesto en peligro sus matrimonios. Y ahora todas esta personas, hombres y mujeres de diferentes edades, cada uno a su manera se encuentran para refl exionar sobre el amor. Pues, ¿existe el amor? ¿Es cierta la crisis del séptimo año? ¿Tienen razón los que dicen que un amor no puede durar más de tres años? Y después, la pregunta más difícil: ¿un amor puede durar para siempre?
– Encantada.
– Claudia y Davide.
– Hola.
– Y ella es Eleonora… Una amiga de la infancia…
– ¡Hola! Me alegro de conocerte. He oído hablar mucho de ti, pero no te imaginaba así…
Niki la mira intrigada. «¿Así, cómo?», le gustaría decirle, pero comprende que con toda esa gente alrededor no es el momento de provocaciones. En el fondo todos están aquí por mí. De manera que esboza una sonrisa, satisfecha con la respuesta que ha encontrado sin ayuda de nadie. No obstante, quiere aclarar algo.
– Perdona, Alex -le dice al oído mientras toma asiento-. ¿Una amiga de la infancia de quién?
– Bueno… -Alex parece ligeramente cohibido-. Nuestra…, de todos… Cuando íbamos a la playa a Forte dei Marmi venía siempre con nosotros…
– Ah.
Niki la escruta mientras se sirve el té. Es realmente guapa, está en perfecta forma y combina de maravilla… con el mantel. ¡Sí, tanto uno como la otra están cubiertos de encaje! Eleonora se vuelve hacia ella.
– ¿Quieres un poco?
– Claro, gracias.
– ¿Leche o limón?
– Leche, gracias. -¡Yo no lo tomo ácido como tú!, piensa Niki.
– ¿Azúcar?
– No, gracias.
– Yo también procuro guardar la línea.
Niki coge la tacita.
– Oh, yo no, pero el té me gusta sin azúcar. ¡Como de todo, a fin de cuentas, luego quemo todas las calorías!
Matteo se inclina hacia su hermana.
– Sí…, exceptuando esta noche…
Niki le da un codazo.
– Traidor…, ¿quién eres tú?, ¿un amigo de la infiltrada?
Luigi, el padre de Alex, toma el mando de la situación.
– Ya nos hemos enterado de la espléndida noticia…
Roberto se muestra de acuerdo con él y sonríe.
– Pues sí…
– Estamos realmente encantados. Claro que está esa extraña diferencia de edad, pero como hoy en día es tan frecuente que… ¡Basta con que haya amor!
– Pues sí…
Simona le propina un leve codazo a Roberto.
– Cariño, intenta decir algo más aparte de «pues sí», o acabarán creyendo que no tenemos conversación.
Roberto intenta ser más brillante.
– ¡Estoy de acuerdo! Nosotros también pensamos lo mismo y, de hecho, nos asusta.
Simona lo fulmina con la mirada. Roberto intenta poner remedio de inmediato:
– ¿Nos asusta?… ¡Quiero decir que nos asustaba! Porque el entusiasmo de Niki nos ha convencido.
Luigi aplaude.
– ¡Muy bien! Por otra parte -los mira y los señala con el dedo, pasando de uno a otro-, también entre ustedes hay una gran diferencia de edad… Y eso es bueno, el hombre debe ser mayor y más maduro…
Roberto se queda un poco desconcertado.
– La verdad es que yo iba tan sólo un curso por encima de ella… Tenemos casi la misma edad.
– Ah… -El padre de Alex se da cuenta de que ha metido la pata-. ¿Les apetece un poco más de té?
La conversación se va animando poco a poco.
– Entonces, ¿habéis elegido ya la iglesia?
– La verdad es que no.
– ¿Y la fecha? No os caséis en sábado, es muy cheap.
Roberto los mira divertido. Por lo visto, también ellos están obsesionados con los dibujos animados…
Margherita y Claudia se sientan al lado de Niki.
– Oye, si no es problema nos encantaría echarte una mano.
– Yo…, no, no…, faltaría más.
– Nosotras ya hemos pasado por eso y sabemos los errores que se pueden cometer…
– Sí-apostilla Matteo-. ¡Además del de casarse!
Niki se siente ligeramente cohibida.
– Mi hermano… siempre quiere hacerse el simpático, pero no le sale demasiado bien.
– Qué encanto… -Margherita le sonríe-. Mira, ahí están mis hijas, Celeste y Miriam. ¿Te apetece jugar con ellas? ¡Están en los columpios!
Matteo echa una ojeada y ve a lo lejos, a orillas del campo hípico, unas niñas que juegan en un columpio.
– Está bien… Me voy con ellas -y se marcha balanceándose, pero antes le dice a Alex-: Recuerda que luego tenemos que montar un caballo, ¿eh?
– Por supuesto… Más tarde, o mañana por la mañana.
– Bueno, pero no me engañes, ¿eh? -Luego se acerca a él para que no lo oigan los demás-. Si no, les cuento todas las veces que has venido a casa aprovechando que mis padres no estaban.
– Je, je… -Alex esboza una sonrisa forzada.
– ¿Qué te ha dicho, Alex? -le pregunta Silvia a su hijo, curiosa.
– Nada, que tiene un juego de carreras de caballos para Playstation.
– Ah, estos chicos de ahora ya no distinguen entre la realidad y el mundo virtual.
Gregorio recuerda algo de repente.
– Oh, sí, y ¿habéis oído eso de esa pareja inglesa? Se conocieron chateando y luego lo dejaron porque se engañaban el uno al otro virtualmente.
Davide interviene en la conversación:
– ¡Puestos a engañar, hay que hacerlo de verdad, no virtualmente!
Claudia lo mira irritada.
– Así se ahorran el sentimiento de culpa.
Margherita se encoge de hombros.
– Algunos no lo tienen de todas formas.
– Bueno, en nuestra época las cosas eran mejores -asegura Luigi-No había móviles, ni tampoco todos esos sistemas tan complicados. He leído que la mayor parte de las infidelidades se descubren a través de los sms…
Silvia se suma a la conversación.
– Es cierto… ¡Las palabras vuelan, pero lo escrito permanece!
– Yo entré una vez en un chat -comenta Davide. Todos lo miran con aire de reprobación-. Por trabajo…
– Ah, sí… -Alex sonríe-. Ahora se usan mucho para darse a conocer, pero las generaciones más jóvenes los emplean como si fuera el teléfono de antes… -Mira a Niki, que sigue escuchando las sugerencias de sus futuras cuñadas.
– Para el banquete tienes que probar un gran hotel, es lo mejor.
Luigi pregunta intrigado a Roberto, señalando a Simona.
– Y ustedes, ¿cómo se conocieron?
– Tocábamos en el mismo grupo… punk…
Simona lo interrumpe:
– Sí, en el colegio. Además, venía a recogerme al conservatorio donde asistí a lecciones de piano durante cierto tiempo…
– ¿En serio? ¿Podemos escuchar alguna pieza?
– ¡No! ¡No! ¡No podría, soy una perfeccionista! Si me equivoco en una nota me siento fatal. Cuando nacen los hijos, ya se sabe…, debes renunciar a todo, ellos se convierten en tu pasión…
– ¡Ahhh! -un grito aterrador desgarra el aire.
– ¿Qué pasa? Viene de allí, de los columpios.
Davide, Margherita, Gregorio y Claudia se levantan y echan a correr en esa dirección, seguidos de Roberto y Simona. La pequeña Miriam se precipita hacia ellos.
– ¿Qué ha ocurrido? ¿Qué ha ocurrido?
Miriam señala los columpios.
– ¡Celeste ha salido volando por los aires!
– ¿Cómo que ha salido volando?
– Sí…, ha salido volando.
Los padres corren hacia los columpios y ven que, más allá de la
empalizada, en el seto que hay delante de los mismos, Celeste llora hundida hasta la cintura en excrementos de caballo.
– Pero ¿cómo has ido a parar ahí?
Celeste señala a Matteo sin dejar de llorar.
– Ha sido él…
– Pero, mamá, me pidió si podía empujarla más fuerte. Insistía: «¿Me empujas más fuerte? Venga, más aún…» Yo hice lo que me decía y ella salió volando por los aires. ¡Cómo iba a saber que pesaba menos que una pluma!
Roberto le da un pescozón.
– ¡Deberías tener más cuidado!
– ¡Pero si me lo pidió ella!
– ¡Puedes dar gracias de que no se haya hecho daño!
– Sí, ha aterrizado en medio de un montón de caca; en el futuro será muy afortunada…
– ¡Puede, pero esta noche no! Lo recordará siempre… ¡La has marcado para el resto de su vida!
Gregorio y Margherita consiguen sacar a Celeste del estiércol.