Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Фэнтези » La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)
La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3) - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)

Электронная книга - «La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)». Краткое содержание книги:

Tras derrotar a Rahl el Oscuro, Richard se dispone a disfrutar de la máxima recompensa a la que podría aspirar, el amor de Calan. Pero, inadvertidamente, el joven rasgó el velo que separa el mundo de los vivos del de los muertos y ahora debe enfrentarse al mal supremo, al temible Custodio del inframundo, que intenta escapar.

Para vencerlo, Richard debe aprender a dominar sus incipientes talentos arcanos, pues de otro modo morirá. A no ser que Richard aprenda a controlar sus poderes, nadie, ni siquiera su amada Calan, la poderosa pero benevolente Madre Confesora, podrá salvar al mundo. El único modo de lograrlo es ponerse en manos de las misteriosas Hermanas de la Verdad, que afirman ser su única esperanza.
1 ... 78 79 80 81 82 83 84 85 86 ... 293
Перейти на страницу:

— ¿Y ella sí la había leído, con sus propios ojos?

— No. La aprendió cuando era niña. En una canción que le cantaron unos magos. —El ceño de irritación de Richard se hizo más profundo.

— En una canción. —La Hermana no lo miró, pero su sonrisa se hizo más amplia—. Richard, no pretendo tomar tus temores a la ligera, pero las cosas que se repiten una y otra vez, sobre todo en una canción, van tergiversándose con el tiempo.

»En cuanto a las profecías, bueno, todavía son más indescifrables que las palabras de una bruja. En el palacio tenemos bóvedas llenas de ellas. Es posible que, como parte de tu educación, puedas trabajar con ellas. Yo he leído todas las que guardamos, y puedo decirte que se escapan a la comprensión de casi todo el mundo. Si no vas con mucho tiento, seguro que encuentras una profecía que diga cualquier cosa que quieres oír. O, al menos, creerás que eso es lo que quieres oír. Algunos magos dedican toda su vida al estudio de las profecías y, no obstante, sólo comprenden una pequeña parte de ellas.

— No es una amenaza que pueda ser tomada a la ligera.

— ¿Crees que resulta tan sencillo rasgar el velo? Ten fe, Richard. El Creador hizo el velo. Ten fe en Él.

Richard cabalgó en silencio un rato. Las palabras de la hermana Verna tenían sentido. El joven tenía la impresión de que su concepción del mundo se tambaleaba.

Pero le costaba demasiado concentrarse en eso, pues Kahlan no cesaba de colarse en sus pensamientos. El corazón se le rompía al recordar que le había exigido que se pusiera el collar para demostrarle su amor, sabiendo que eso los iba a separar. La traición ardía dolorosamente dentro de su pecho.

Con la uña del pulgar daba golpecitos en las riendas. Al fin, se volvió de nuevo hacia su acompañante y le dijo:

— Eso no es todo. Todavía no te he contado lo peor.

— ¿Hay más? Pues dímelo —lo animó, con una maternal sonrisa—. Tal vez pueda aplacar tus miedos.

Richard lanzó un profundo suspiro para tratar de liberarse al menos de parte del dolor que sentía.

— El hombre al que maté, Rahl el Oscuro, mi padre… bueno, cuando murió fue enviado al inframundo para reunirse con el Cus… el Innombrable. Anoche escapó. Escapó por el desgarrón en el velo. Ahora está de nuevo en este mundo y se propone acabar de romper el velo.

— ¿Y tú sabes que de verdad fue enviado a reunirse con el Innombrable? Fuiste al inframundo y lo viste llegar; lo viste al lado del Innombrable, ¿no es eso?

La hermana Verna sabía cómo enfurecerlo. Richard trató de no pensar en cómo escocían sus pullas.

— Hablé con él cuando regresó a este mundo. Él mismo me lo dijo. Me dijo que había vuelto para acabar de desgarrar el velo. Dijo que todos caeríamos en manos del Custodio. Un muerto regresa a este mundo. ¿Es que no lo ves? Sólo puede hacerlo si atraviesa el velo.

— ¿Me estás diciendo que tú estabas tranquilamente sentado y un hombre muerto se acercó a ti y te habló?

Richard la miró ceñudo, pero ella seguía mirando al frente.

— Fue durante una reunión de la gente barro. Yo trataba de hablar con los espíritus de sus antepasados para tratar de averiguar el modo de cerrar el velo, cuando él apareció.

— Ah. Ya veo. —La mujer asintió, con gesto de satisfacción.

— ¿Qué es lo que ya ves?

La hermana Verna puso cara de una tolerancia fruto de tener que dar explicaciones a niños.

— ¿La gente barro te hizo beber una poción mágica o comer algo antes de ver a los espíritus?

— ¡No!

— ¿Sólo te sentaste con ellos y viste los espíritus?

— Bueno, no exactamente. Primero hubo un banquete que duró un par de días. Los ancianos comieron y bebieron cosas especiales. Pero yo no. Luego nos pintamos con barro y entramos en la casa de los espíritus con siete ancianos. Nos sentamos en círculo, y los ancianos cantaron un rato. Entonces fueron pasando un cesto, y cada uno cogía un sapo sagrado y se frotaba el limazo del lomo en la piel y…

— Sapos —lo interrumpió la Hermana—. ¿Eran rojos?

— Pues sí. Sapos sagrados rojos.

— Los conozco. —Con una sonrisa, la Hermana dirigió de nuevo la vista al frente—. Te causaban hormigueo en la piel, ¿verdad? Y luego viste a los espíritus.

— Eso es simplificarlo mucho, pero sí, supongo que puede resumirse así. ¿Qué tratas de decirme?

— ¿Has viajado mucho por la Tierra Central? ¿Conoces a la mayoría de los pueblos que la habitan?

— No. Yo provengo de la Tierra Occidental. Apenas sé nada de los habitantes de la Tierra Central.

— Comprendo. En la Tierra Central viven muchos pueblos que no conocen la luz del Creador. Estos infieles adoran todo tipo de cosas: ídolos, espíritus, etc. Son salvajes que mantienen costumbres centradas en falsas creencias. En general, todos comparten una misma cosa: usan alimentos o bebidas sagradas para que los ayuden a «ver» a sus «espíritus protectores».

»Por lo visto, la gente barro usa la sustancia que poseen los sapos rojos para tener las visiones de lo que desean ver.

— ¿Visiones?

— El Creador ha puesto muchas plantas y animales en este mundo para que los usemos. Su poder trabaja de manera invisible. Por ejemplo, una infusión de corteza de sauce baja la fiebre, y hay muchas cosas que si las comemos nos hacen enfermar o, incluso, pueden matarnos. El Creador nos dio inteligencia para discernirlas. Otras cosas, si las comemos o, como en el caso de los sapos rojos, las frotamos contra la piel, nos hacen ver cosas como cuando soñamos.

»En su ignorancia, los salvajes creen que esas visiones son reales. Esto es lo que te ocurrió a ti. Cuando te frotaste el limazo de un sapo rojo, tuviste visiones, que te parecieron aún más reales por el justo temor que te inspira el Innombrable. Si esos espíritus fuesen reales, ¿por qué sería necesario usar una planta especial, un alimento, una bebida o, en este caso, un sapo rojo, para verlos y hablar con ellos?

»Por favor, no creas que me burlo de ti, Richard. Las visiones pueden parecer muy reales. Cuando uno está bajo su influjo, pueden parecerle más reales que la vida misma. Pero no es más que una ilusión.

Richard se resistía a creer las explicaciones de la Hermana, aunque comprendía de qué estaba hablando. Desde muy niño, Zedd se lo había llevado al bosque para recolectar determinadas plantas con poderes curativos: aum para quitar el dolor y acelerar la cicatrización de pequeñas heridas, o raíz de zarzo para calmar el dolor de heridas más profundas. Zedd le había enseñado qué plantas iban bien para la fiebre, la digestión, los dolores del parto o los mareos, qué plantas debía evitar, cuáles eran peligrosas y otras que provocaban visiones. No obstante, no podía creer que se hubiera imaginado a Rahl el Oscuro.

— Rahl me quemó—. Richard dio golpecitos al vendaje por encima de la camisa—. No pudo ser una visión. Rahl el Oscuro estaba allí, alargó una mano y me quemó la piel. No me lo estaba imaginando.

La Hermana se encogió ligeramente de hombros.

— Pudieron pasar dos cosas: después de frotar el sapo contra tu piel ya no podías ver la sala en la que te encontrabas, ¿verdad?

— Verdad. Es como si hubiera sido absorbida en un oscuro vacío.

— Bueno, la vieras o no, continuaba allí. Estoy segura de que los salvajes habían encendido un fuego. Cuando te quemaste no estabas sentado, sino que estabas de pie, moviéndote, ¿verdad?

— Sí —admitió el joven de mala gana.

La Hermana frunció los labios.

— En el estado en el que te encontrabas, es muy probable que cayeras y te quemaras con una rama del fuego y te imaginaras que el espíritu de Rahl el Oscuro te había quemado.

Richard empezaba a sentirse rematadamente estúpido. ¿Y si la Hermana tenía razón? ¿Podría ser algo tan sencillo? ¿De verdad era tan crédulo?

— Hablaste de dos posibilidades. ¿Cuál es la segunda?

La Hermana cabalgó en silencio unos momentos. Cuando habló, su voz sonó más queda y tenebrosa que antes.

1 ... 78 79 80 81 82 83 84 85 86 ... 293
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)