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Choque de reyes [A Clash of Kings - es]

Электронная книга - «Choque de reyes [A Clash of Kings - es]». Краткое содержание книги:

Un cometa del color de la sangre hiende el cielo cargado de malos augurios. Y hay razones sobradas para pensar así: los Siete Reinos se ven sacudidos por las luchas intestinas entre los nobles por la sucesión al Trono de Hierro. En la otra orilla del océano, la princesa Daenerys Targaryen conduce a su pueblo de jinetes salvajes a través del desierto. Y en los páramos helados del Norte, más allá del Muro, un ejército implacable avanza impune hacia un territorio asolado por el caos y las guerras fraticidas.
George R.R. Martin, con pulso firme y enérgico, nos deleita con un brillante despliegue de personajes, engranando una trama rica, densa y sorprendente. Nos vuelve testigos de luchas fraticidas, intrigas y traiciones palaciegas en una tierra maldita por la guerra, donde fuerzas ocultas se alzan de nuevo y acechan para reinar en las noches del largo invierno que se avecina.
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Se lo llevaron todo cuando se marcharon. Al principio, los demás pensaron que habían ido a cazar, que no tardarían en volver con comida para todos. Pero aguardaron y aguardaron, hasta que Gendry ordenó que se pusieran en marcha. Seguramente Tarber y Cutjack pensaron que tendrían más posibilidades de sobrevivir si no cargaban con una manada de huérfanos. Quizá fuera cierto, pero eso no hacía que Arya los detestara menos por abandonarlos de aquella manera.

Al pie del árbol, Pastel Caliente ladró como un perro. Kurz les había dicho que utilizaran sonidos de animales para comunicarse entre ellos. Les dijo que era un viejo truco de los cazadores furtivos, pero murió antes de enseñarles a hacerlos bien. Las imitaciones de pájaros de Pastel Caliente eran horrorosas. Su perro era mejor, pero no mucho.

Arya saltó de la rama alta a otra más baja, extendiendo las manos para mantener el equilibrio. «Una danzarina del agua nunca se cae.» Ligera, aferrándose a la rama con los dedos de los pies, caminó un metro y saltó hacia una rama más grande que había abajo. Luego se fue dando impulso con las manos hasta llegar al tronco. Descendió muy deprisa, saltó cuando estaba a metro y medio del suelo, y cayó rodando.

—Has estado ahí arriba un buen rato. —Gendry le tendió una mano para ayudarla a levantarse—. ¿Qué has visto?

—Una aldea de pescadores. Muy pequeña, en la orilla, más al norte. Conté veintiséis tejados de paja y uno de pizarra. Vi parte de un carromato. Allí hay gente.

Al oír su voz, Comadreja salió arrastrándose de entre los arbustos. Lommy le había puesto aquel nombre, porque decía que parecía una comadreja. No era cierto, pero no podían seguir llamándola niña llorona, ya que por fin había dejado de llorar. Tenía la boca sucia. Arya se temió que hubiera vuelto a comer barro.

—¿Has visto a alguien? —preguntó Gendry.

—Lo que he visto sobre todo son tejados —reconoció Arya—, pero de algunas chimeneas salía humo y he oído un relincho de caballo.

Comadreja se aferró a una de sus piernas con fuerza. Ahora le daba por hacer eso.

—Si hay gente, hay comida —dijo Pastel Caliente en voz demasiado alta. Gendry no paraba de decirle que tenía que hablar más bajo, pero no servía de nada—. Puede que nos den un poco.

—Y puede que nos maten —dijo Gendry.

—No si nos rendimos —sugirió Pastel Caliente.

—Hablas como Lommy.

Lommy Manosverdes estaba sentado entre dos raíces gruesas, al pie de un roble. Una lanza le había atravesado la pantorrilla izquierda la noche de la batalla. Al principio pudo caminar a la pata coja, apoyándose en Gendry, pero ya no podía hacer ni eso. Habían cortado ramas de árboles para hacerle una camilla, pero de aquella manera su avance era mucho más lento, y cada vez que sacudían la camilla lanzaba gemidos.

—Tenemos que rendirnos —dijo—. Eso es lo que debió hacer Yoren. Debió abrir la puerta, como le ordenaron.

Arya estaba harta de oír decir a Lommy que Yoren debería haberse rendido. Era de lo único que hablaba mientras lo llevaban en la camilla. De eso, de su pierna y de su estómago vacío.

Pastel Caliente asintió.

—Le dijeron a Yoren que abriera las puertas, le dijeron que era en nombre del rey. Si te dicen una cosa en nombre del rey, tienes que obedecer. Todo fue por culpa de ese viejo asqueroso. Si se hubiera rendido, nos habrían dejado en paz.

—Los caballeros y los señores se toman prisioneros unos a otros y pagan rescates —dijo Gendry con el ceño fruncido—, pero no les importa si la gente como nosotros nos rendimos o no. —Se volvió hacia Arya—. ¿Qué más has visto?

—Es una aldea de pescadores —dijo Pastel Caliente—, seguro que nos venden pescado.

El lago estaba lleno de peces, pero no tenían con qué atraparlos. Arya había intentado cogerlos con las manos, como había visto hacer a Koss, pero los peces eran más rápidos que las palomas, y el agua le engañaba a la vista.

—No sé si nos venderán pescado. —Arya revolvió el pelo enredado de Comadreja y pensó que lo mejor sería cortárselo—. Hay muchos cuervos junto al agua. Debe de haber algo muerto.

—Pescado, el agua lo habrá echado a la orilla —dijo Pastel Caliente—. Si los cuervos se lo pueden comer, nosotros también.

—Podríamos cazar unos cuantos cuervos y comérnoslos —dijo Lommy—. Podríamos hacer una hoguera y asarlos como pollos.

Cuando Gendry fruncía el ceño tenía un aspecto fiero. Le había crecido la barba, espesa y negra como el brezo.

—He dicho que nada de fuegos.

—Lommy tiene hambre —lloriqueó Pastel Caliente—. Y yo también.

—Todos tenemos hambre —dijo Arya.

—No, tú no. —Lommy escupió hacia un lado—. Comegusanos.

—Te dije que te buscaría gusanos para ti, si querías. —Arya sintió ganas de darle una patada en la herida.

—Si no fuera por lo de la pierna —replicó Lommy con cara de asco—, iría a cazar unos cuantos jabalíes.

—Unos cuantos jabalíes —se burló ella—. Para cazar jabalíes hacen falta lanzas especiales, caballos, perros y hombres que los hagan salir de sus guaridas.

Su padre había cazado jabalíes en el Bosque de los Lobos con Robb y Jon. Una vez se llevó también a Bran, pero no a Arya, aunque ella era mayor. La septa Mordane le dijo que cazar jabalíes no era propio de una dama, y a su madre sólo consiguió arrancarle la promesa de que, cuando cumpliera más años, podría tener un halcón. Ya había cumplido más años, pero si tuviera un halcón se lo comería.

—¡Qué sabrás tú de cazar jabalíes! —dijo Pastel Caliente.

—Más que tú.

—Callaos los dos. —Gendry no estaba de humor para aquello—. Tengo que pensar. —Cuando pensaba, siempre ponía cara de sufrimiento, como si le doliera mucho.

—Tenemos que rendirnos —dijo Lommy.

—Te he dicho que te calles y que dejes eso de rendirnos. Ni siquiera sabemos quién hay ahí. Puede que podamos robar algo de comida.

—Si no fuera por lo de la pierna, Lommy podría robarla —dijo Pastel Caliente—. En la ciudad era ladrón.

—Un ladrón muy malo —señaló Arya—. O no lo habrían cogido.

—El ocaso será el mejor momento para entrar a escondidas. —Gendry entrecerró los ojos y miró en dirección al sol—. En cuanto oscurezca iré a explorar.

—No, iré yo —dijo Arya—. Tú eres muy escandaloso.

—Iremos los dos —dijo Gendry con firmeza.

—Debería ir Arry —dijo Lommy—. Es más sigiloso que tú.

—He dicho que iremos los dos.

—¿Y si no vuelves? Pastel Caliente no puede llevarme él solo, lo sabes de sobra…

—Y hay lobos —dijo Pastel Caliente—. Los oí anoche, cuando montaba guardia. Me pareció que estaban muy cerca.

Arya también los había oído. Estaba dormida entre las ramas de un olmo, pero los aullidos la despertaron. Se había quedado sentada durante una hora entera, escuchando, aunque de cuando en cuando un escalofrío le recorría la columna.

—Y tú ni siquiera nos dejas encender un fuego para espantarlos —se quejó Pastel Caliente—. No está bien, nos abandonas a los lobos.

—Nadie os abandona —replicó Gendry, asqueado—. Si vienen lobos, Lommy tiene su lanza, y tú estarás con él. Sólo vamos a echar un vistazo, nada más. Volveremos.

—Sean quienes sean, deberíais rendiros —gimoteó Lommy—. Necesito alguna poción para la pierna, me duele mucho.

—Si vemos alguna poción para piernas te la traeremos —dijo Gendry—. Vamos, Arry. Quiero acercarme antes de que el sol se ponga. Pastel Caliente, quédate con Comadreja. No quiero que nos siga.

—La última vez me dio una patada.

—Yo sí que te daré una patada si no la vigilas bien. —Sin aguardar respuesta, Gendry se puso el yelmo de acero y echó a andar.

Arya tuvo que correr para mantener el paso. Gendry le llevaba cinco años, medía treinta centímetros más y caminaba a zancadas largas. Durante un rato no dijo nada, se limitó a caminar entre los árboles con un gesto de enfado en el rostro. Hacía demasiado ruido, pero al final se detuvo.

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