Domada por Amor
- Автор: Лоуренс Стефания
- Язык: испанский
- Жанр: Исторические любовные романы
Электронная книга - «Domada por Amor». Краткое содержание книги:
Los hombres del Bastion Club han demostrado su valor luchando secretamente por su país. Ahora su líder se enfrenta a la más peligrosa de todas las misiones: encontrar una novia.
Actuando como el misterioso líder del Bastion Club conocido como «Dalziel», Royce Henry Varisey, X duque de Wolverstone, ha servido a su país durante décadas, enfrentándose a innombrables peligros. Pero como poseedor de uno de los títulos de nobleza más augustos de Inglaterra, ahora debe cumplir con la labor más crucial de todas: el matrimonio.
No obstante, las jóvenes y las grandes damas que podrían ser apropiadas son predeciblemente aburridas. Mucho más tentadora resulta la terca y distante ama de llaves de su castillo, Minerva Chesterton. Bajo su sereno exterior se esconde una mujer de ardiente sensualidad, que colmaría sus días de comodidades y sus noches de puro placer. Decidido a reclamarla, se embarca en una seducción para demostrar su maestría sobre cada centímetro de su cuerpo… y cada fibra de su corazón.
Al otro lado de la habitación, Royce se obligaba a sí mismo a mantener la mirada sobre Helen Ashton, o sobre cualquier otra persona que estuviera cerca, y no permitir que sus ojos vagaran hacia Minerva, como constantemente querían hacer. Había entrado en el salón antes de la cena, anticipando otra deliciosa noche disfrutando de su ama de llaves, solo para encontrarse cara a cara con Helen. La última mujer a la que esperaba ver.
En su interior maldijo, puso en su cara una expresión serena, y luchó por no buscar ayuda de la única persona en la habitación a la que realmente quería ver. Tenía que ocuparse de Helen primero. Una irritación que no había previsto y que no deseaba; no comprendía por qué demonios había llegado allí antes de que él se enterara.
Susannah. ¿En qué demonios había estado pensando su hermana? Lo descubriría más tarde. Aquella noche, sin embargo, tendría que marcar una delgada línea; Helen y el resto (todos los que sabían que había sido su última amante) esperaban que le prestara atención ahora que estaba allí.
Porque, hasta donde ellos sabían, no había estado con una mujer durante semanas. No había tenido una amante en Wolverstone. Eso era cierto, y aún no la tenía.
Con todo el mundo mirándolo a él y a Helen, si en su lugar miraba a Minerva, alguien se daría cuenta… alguien podría descubrirlo. Mientras trabajaba para convencerla y poder hacer pública su relación, no estaba seguro de tener éxito, y no tenía intención de arriesgar su futuro con ella debido a sus ex amantes.
Así que tendría que dedicarle tiempo hasta que pudiera confirmar el estatus de Helen directamente con ella. Como era la dama de mayor edad entre las presentes, no había tenido más remedio que escoltarla hasta el comedor y sentarla a su izquierda… en cierto sentido una bendición, porque esto había mantenido a Minerva a distancia.
Esperaba (rezaba) porque ella lo entendiera. Al menos una vez que le explicara…
No estaba esperando esa conversación porque, además, Minerva lo conocía muy bien. No se sorprendería al descubrir que Helen había sido su amante, y que ahora era su ex amante. En su mundo, era el ex el que contaba.
Incluso con su atención externa en otra parte, se enteró de cuando Minerva dejó la habitación. Una rápida mirada se lo confirmó, y agudizó la agitación interior que lo impulsaba a seguirla.
Pero primero tenía que dejar las cosas claras con Helen.
Y Susannah. Su hermana pasó junto a Helen; lo miró a los ojos y le hizo un guiño. Escondiendo su reacción tras una expresión tranquila, dejó a Helen conversando con Caroline Courtney; cerró los dedos sobre el codo de Susannah y la llevó con él mientras caminaba un par de pasos.
Una vez que estuvieron lo bastante separados de los demás para poder hablar en privado, la liberó y la miró.
Ella sonrió con infantil delicia.
– Bueno, querido hermano, ¿estás más contento ahora?
En sus ojos leyó sinceridad. Interiormente, suspiró.
– La verdad es que no. Helen y yo nos separamos cuando me marché de Londres.
El rostro de Susannah se abatió casi cómicamente.
– Oh -Parecía totalmente desconcertada. -No tenía ni idea -Echó un vistazo a Helen. -Pensaba…
– Si puedo preguntar, ¿qué es lo que le has dicho exactamente?
– Bueno, que estabas aquí, solo, y que tenías que tomar la temida decisión de con quién casarte, y que si ella venía, quizá podría hacer tu vida más fácil y, bueno… ese tipo de cosas.
Royce gruñó en su interior, y después suspiró entre dientes.
– No importa. Hablaré con ella y lo dejaré todo aclarado.
Al menos ahora sabía que su instinto había sido correcto; Helen no estaba allí solo para compartir una noche de pasión. Gracias a la pobre redacción de Susannah, Helen ahora tenía aspiraciones más altas.
Dejó a Susannah, bastante desanimada, y volvió junto a Helen, pero tuvo que esperar hasta que todos los demás decidieron por fin retirarse para darles un espacio donde pudiera hablar privadamente.
Al abandonar el salón, en la retaguardia del grupo, rozó el brazo de Helen, y le indicó el pasillo que salía del vestíbulo.
– Por aquí.
La condujo hasta la biblioteca.
Pasó a través de la puerta que mantuvo abierta para ella, y se detuvo un momento; tenía demasiada experiencia para no darse cuenta del significado de aquel lugar de reunión. Pero entonces se irguió y siguió caminando. El la siguió y cerró la puerta.
En la repisa de la chimenea había un candelabro encendido; un pequeño fuego ardía alegremente en el hogar. Señaló a Helen la butaca que había junto a la chimenea. Caminó por delante de Royce hasta esta, y después se dio la vuelta para mirarlo, con las manos entrelazadas.
Abrió la boca, pero el duque levantó una mano, deteniendo sus palabras.
– Primero, déjame decirte que me ha sorprendido verte aquí… No tenía ni idea de que Susannah te había escrito -Se detuvo al otro lado de la chimenea, y sostuvo la mirada azul de Helen. -Sin embargo, debido a lo que mi hermana te escribió, entiendo que puedes haber llegado a alguna conclusión errónea. Para dejar las cosas claras… -Se detuvo, y después dejó que sus labios se curvaran cínicamente. -Para ser brutalmente franco, en estos momentos estoy negociando la mano de la dama a la que he elegido para que sea mi duquesa, y no tengo absolutamente ningún interés en ninguna aventura.
Y si había pensado que tenía alguna oportunidad de una conexión más permanente, ahora lo sabía mejor.
Tenía que reconocer que, como había esperado, Helen asimiló la realidad a la perfección. Era una natural superviviente en su mundo. Con los ojos sobre el rostro de Royce, inhaló aire profundamente mientras digería sus palabras, y después inclinó la cabeza, con los labios curvados en una atribulada mueca.
– Dios santo… Qué embarazoso.
– Solo tan embarazoso como deseemos hacerlo. Nadie se sorprenderá si nos separamos amigablemente y seguimos adelante.
Ella pensó, y después asintió.
– Cierto.
– Yo, naturalmente, haré todo lo que esté en mi mano para asegurarme de que no te sientas incomoda mientras estés aquí, y espero que, en el futuro, sigas contemplándome como un amigo -Continuó mirándola, totalmente seguro de que ella entendería la oferta tras sus palabras, y de que la valoraba adecuadamente.
No iba a decepcionarlo. Estaba lejos de ser estúpida, y si no podía tenerlo como amante o marido, entonces tenerlo como un poderoso y bien dispuesto conocido era la mejor opción. De nuevo inclinó la cabeza, esta vez con reverencia más profunda.
– Gracias, su Excelencia -Dudó, y después levantó la cabeza. -Si no es inconveniente para ti, creo que me quedaré un par de días… quizá hasta la fiesta.
Royce sabía que tenía que guardar las apariencias.
– Por supuesto.
Su entrevista llegó a su fin; Royce le señaló la puerta, y la acompañó mientras salía de la habitación.
Se detuvo en el umbral, y esperó hasta que ella lo miró.
– ¿Puedo preguntarte si viniste a Northumbría buscando solo distracción, o…?
Helen sonrió.
– Susannah, aparentemente, creía que yo tenía alguna oportunidad de convertirme en tu duquesa -Lo miró a los ojos. -Si te soy totalmente sincera, yo no lo creía posible.
– Disculpa a Susannah… es más joven que yo y no me conoce tan bien como cree.
Helen se rió.
– Nadie te conoce tan bien como cree -Se detuvo y luego sonrió… con una de sus encantadoramente gloriosas sonrisas. -Buenas noches, Royce. Y buena suerte con tus negociaciones.
Abrió la puerta y salió.
Royce contempló la puerta mientras se cerraba tras Helen; se quedó mirando los paneles, con la mente inmediatamente concentrándose en el único tema que actualmente dominaba su existencia… las negociaciones con la dama que había elegido como su duquesa.
Su campaña para asegurarse de que Minerva decía que sí.