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Juego del Depredador

Электронная книга - «Juego del Depredador». Краткое содержание книги:

Después de ser torturado, el ex SEAL y Caminante Fantasma, Jess Calhoun, regresa a su ciudad natal en Sheridan, Wyoming, donde posee una estación de radio local. Sus intenciones son vivir tranquilamente, escribir canciones y realizar su fisioterapia.
Saber Wynter contesta a un anuncio para la estación de radio… el trabajo perfecto de noche para ella. Es afortunada al alquilarle a Jess, el segundo piso de la estación, en donde también puede trabajar como un ama de casa de medio jornada.
Jess pasa la mayor parte de su tiempo encerrado y aislado en su oficina privada. Pero frente a la fragilidad e inocencia de Saber se despierta en su alma, el poderoso deseo de protegerla, cuidarla y… amarla.
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Se sentó durante mucho tiempo observando su sueño. Estaba acurrucada como un gatito, sus rizos azul oscuro resaltaban contra la almohada, competían en color con sus finas pestañas. Disfrutaba verla en su cama. Parecía algo perdida sin su cuerpo al lado del suyo, pero eso también le gustaba.

Mientras se sentaba observando su sueño, su cuerpo se endureció, demandando. No tardó mucho en despojarse de su ropa, sin dejar de mirar su menudo cuerpo. Se sentía tan correcto que estuviera en su cama. Dejó caer su camisa, luego luchó con su pantalón, estremeciéndose un poco mientras su cuerpo se tensaba y endurecía por la anticipación. Ella parecía una hermosa invitación con su pelo revuelto y sus labios ligeramente separados, allí en medio de una cama tan grande.

– Deja de contemplarme. -Ella no abrió los ojos.

– Quiero nadar.

– Ve a nadar y déjame sola.

– No se supone que nade solo. Mi doctor lo dijo.

Ella hizo un ruido grosero, pero todavía mantenía los ojos tercamente cerrados.

– Nadas solo todo el tiempo. ¿Desde cuándo escuchas a tu doctor?

– Piensa en cuan mal te sentirás si me ahogo.

Sus pestañas revolotearon.

– Creo que podría ayudarte a ahogarte. Si te marchas, puedo dormir por… -Ella alzó sus pestañas apenas un centímetro y miró detenidamente el reloj antes acostarse sobre la almohada otra vez-. Un par de horas más.

Él descansó su barbilla en su palma, colocó un codo junto a la cama, inclinándose hasta colocarse a pulgadas de su rostro.

– ¿Sabías que eres una gruñona cuándo te despiertas?

– Sólo porque tus amigos se marcharon no quiere decir que puedes molestarme.

Él debería haber sabido que ella sería consciente de la presencia de otros en la casa. El conocimiento sólo le hizo sentirse orgulloso de ella. Tiró de la sábana.

– Natación. Ejercicio. Podemos nadar como Dios nos trajo al mundo.

– Realmente no vas a dejarme, ¿verdad? -Ella abrió los ojos y lo fulminó con la mirada, entonces su mirada se ensanchó y ella enrojeció cuando vio que estaba desnudo y más que alerta.

Él se rió de ella.

– ¡No!

– No eres exactamente el hombre soñado que pensé que eras. Eres implacable cuando quieres algo.

– Soy tu hombre soñado -arrancó las mantas de ella y deslizó su mano sobre su estómago, hasta su pecho-. Quiero algo ahora. -Él bajó su cabeza en invitación, disfrutando de la forma en que los músculos de su estómago se tensaban y como jadeaba cuando su boca se ubicó cerca, invitante.

Saber cerró los ojos, rodeando su cabeza con los brazos, acercándolo a sus senos mientras su boca tiraba fuertemente, enviando destellos de fuego por su corriente sanguínea. Era demasiado consciente de su otra mano yendo a la deriva por su cuerpo, deslizándose sobre su suave piel, moviéndose más y más abajo. Sus caderas temblaron en previsión de su toque. Él trasladó la mano hacia su pierna, deslizándose por la parte interior de su muslo.

El pulso de ella palpitó en su sangre. Esperando. Necesitando. Deseando. Él tenía que tocarla. En ese momento, con su boca tirando fuertemente de su pecho, su lengua envió ondas de calor a través de su cuerpo y su mano recorriendo su piel, le hizo ver su futuro, el tiempo se extendía claramente para ella. Nunca sería libre de su necesidad de él. Ansiaría su toque con esa misma intensidad por siempre.

Saber le recorrió con los dedos el pelo, manteniendo los ojos cerrados para absorber mejor las sensaciones. Calor y fuego. Espirales. Era asombroso como él podía traer su cuerpo a la vida.

– Esto es una forma tan perfecto de despertarse -murmuró ella, todavía soñolienta, arqueando su espalda como un gato.

– Estoy de acuerdo -él besó el sendero desde sus costillas a su pequeño e intrigante ombligo-. ¿Sabes cuán suave es tu piel? -Su voz era baja y áspera, con el tono ronco que tanto la excitaba, que le decía que él estaba totalmente concentrado en ella.

Ella alzó las pestañas para ver el deseo crudo grabado indeleble y profundamente en su rostro, la hambrienta necesidad en sus ojos -por ella. Sus manos eran duras contra sus caderas, girando su cuerpo a través de la cama, arrastrándola más cerca a él, su mirada era ávida, centrada entre sus muslos. Su aliento se atascó en los pulmones cuando él abrió sus piernas. Sus manos realizaron largas caricias en el interior de sus muslos, moviéndose despacio hacia su acalorado centro. Ella estaba dolorida por él, su cuerpo palpitaba con conciencia y necesidad.

Sus labios se deslizaron como una pluma por su abdomen, su lengua jugueteó con sus nervios enviando por ella pequeñas explosiones. Él dijo algo bajo y rudo, su voz sensual, el oscurecimiento de sus ojos, añadiendose a la necesidad que se construía dentro de ella. El sentimiento de confort y somnolencia había sido sustituido por una exigente necesidad. Estaba impresionada por la velocidad con que el deseo se construía en su interior, convirtiéndose en fiebre, cuando él sólo estaba besando y tocando su piel. Había algo pecaminosamente atractivo sobre el aspecto áspero de la lujuria en sus sensuales rasgos cuando tiró de sus piernas, apartándole los muslos, usando la anchura de sus hombros para mantener su cuerpo abierto para él.

Él bajó su cabeza otra vez, su aliento era caliente. El cuerpo de ella se estremeció en reacción pero él la sostuvo firmemente. Su lengua la probó profunda y largamente, ella lanzó un grito en un tono roto. Su boca se colocó sobre ella, su lengua se amamantó de ella. De repente la penetró profundamente con la lengua. Ella gimió y casi se cayó de la cama. Él era fuerte, más fuerte de lo que recordaba, y sostenía sus caderas, fijándola en el lugar mientras se daba un banquete.

Su lengua empujaba profundamente y con fuerza, una y otra vez, acariciando su clítoris, para luego amamantarse otra vez, enviando fuegos artificiales que explotaron a su alrededor. Sus dedos se aferraron a la colcha mientras movía la cabeza de un lado a otro, retorciéndose bajo las sensaciones que rasgaban por su cuerpo mientras su lengua daba golpecitos enviándola al orgasmo.

– Jesse -su aliento llegó en jadeos desiguales-. Más lento. Tienes que ir más lento. -Porque el placer se acercaba mucho al dolor, acumulándose demasiado rápido, el orgasmo era demasiado furioso. Se sentía fuera de control e incapaz de respirar o pensar correctamente. Ya otro orgasmo se formaba velozmente, serpenteando por ella más y más duro, tomándola más y más alto.

Él gruñó bajo en su garganta, la vibración envió un espasmo por su matriz mientras sus músculos se apretaban en necesidad. Él se movió otra vez, deslizó la lengua sobre ella una última vez, probando su calor. Él empujó su cuerpo en la cama y se levantó sobre ella sosteniéndose sobre las rodillas, agarrándola de las caderas con las manos y levantándola.

Sus miradas se encontraron. Él parecía salvaje, sus ojos casi negros por el deseo, su rostro resplandecía. La cabeza de su dura erección presionaba contra su entrada. Ella podría jurar que su corazón dio un salto. El aire se atascó en sus pulmones. Y luego él se sumergió en ella, surcando profundamente por sus suaves pliegues y apretados músculos, alojándose tan hondamente que lo sintió contra su matriz. La estiró, invadiéndola, obligando a su cuerpo a aceptar la intrusión de su grueso eje. El placer se derramó sobre ella ante la intensidad de la fricción, meciéndola hasta que quiso gritar.

Jess comenzó un ritmo rápido que la hacía elevarse para encontrarlo, desesperada por la liberación. Los potentes golpes la llevaron más alto, forzando a su cuerpo a una espiral más y más apretada. La temperatura se elevó, hasta que sintió como si se quemara, derritiéndose alrededor de él, hasta que la tensión siguió creciendo como algo que nunca hubiera imaginado.

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