Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Другие детективы » La Casa del Alfabeto
La Casa del Alfabeto - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

La Casa del Alfabeto

Электронная книга - «La Casa del Alfabeto». Краткое содержание книги:

Alemania, segunda guerra mundial. El avión de los pilotos ingleses James Teasdale y Bryan Young es derribado en territorio enemigo durante una misión fotográfica. Consiguen sobrevivir, pero no llevan los uniformes, por lo que, si son capturados, serán acusados de espionaje y, probablemente, ejecutados.
Finalmente logran subir a un tren que parte del frente oriental con soldados enfermos. En uno de los vagones encuentran a varios oficiales de alto rango muertos sobre unas camas. Sin vacilar, James y Bryan tiran a dos de ellos del tren y ocupan su lugar, con la esperanza de poder escapar en cuanto tengan una oportunidad. Así, llegan hasta la Casa del Alfabeto, un hospital psiquiátrico situado en el corazón de Alemania, Mientras, la guerra sigue haciendo estragos, su única oportunidad de sobrevivir es simular que son enfermos mentales, pero ¿serán capaces de hacerlo durante meses sin convertirse en auténticos perturbados? ¿Son los únicos del pabellón que están fingiendo?
1 ... 69 70 71 72 73 74 75 76 77 ... 137
Перейти на страницу:

Laureen le hizo un gesto impaciente con la mano que tenía libre e intentó concentrarse en lo que le estaban diciendo por teléfono.

– Muchísimas gracias, ha sido usted muy amable -dijo, sonriente.

Cuando, unas horas más tarde, el taxista dejó su equipaje en la acera delante del hotel Colombi de Rotteckring, un barrio exclusivo de Friburgo, Bridget se quedó boquiabierta contemplando la fachada blanca y las ventanas panorámicas. Luego se volvió y miró hacia el parque ajardinado. Las fatigas de la llegada al euroaeropuerto de Basilea-Mulhouse-Friburgo, desde donde habían tomado un bus directamente a la estación de trenes de Friburgo, donde finalmente les confirmaron la reserva de su hotel, habían quedado atrás. Se inclinó tranquilamente sobre una de las numerosas jardineras que el hotel había dispuesto en la entrada y pasó un dedo por el borde de la caja para, acto seguido, examinar la punta de su dedo. Una sencilla mujer galesa había entrado en acción.

– ¿Crees que tendrán minas de carbón en la ciudad, Laureen? -exclamó.

CAPÍTULO 34

Por cada bocanada de aire que Bryan, apostado delante de la casa de Kröner, inspiró aquella mañana, exhaló un flujo de ira, contenida durante tantos años. En ciertos momentos, cuando el ruido de un motor anunciaba la aparición de un nuevo coche, sintió unas ansias irrefrenables de abalanzarse sobre sus ocupantes, como si fuera un animal salvaje. Sin embargo, nunca eran los pasajeros que esperaba ver llegar. En otros momentos, presa del pánico, temía por que fuera descubierto por el ama de llaves de los Kröner.

La casa parecía estar muerta.

La amargura que le produjo saber que el hombre del rostro picado de viruela había conseguido llevar una vida despreocupada y cómoda durante todos aquellos años provocó una larga concatenación de pensamientos siniestros. «Lo arruinaré -pensó Bryan-. Se lo quitaré todo: su casa, su mujer, su ama de llaves y su nombre falso. Lo castigaré, seré su azote, hasta que me ruegue de rodillas que pare. Pagará por todos sus crímenes. Deseará no haber hecho nunca lo que hizo.

«Pero antes que nada tendrá que decirme dónde está James.»

El coche se acercó silenciosamente. Bryan no detectó ni el más mínimo movimiento detrás de los cristales ahumados. Apenas un segundo después se detuvo delante de la puerta principal de la casa. Salieron tres hombres que reían y parlamentaban mientras se subían los pantalones y se ajustaban los trajes. Bryan no pudo ver sus caras, pero oyó la voz de Kröner. Cortés, profunda, fuerte y obsequiosa, ahora como en el pasado; autoritaria, masculina, espeluznantemente reconocible.

Bryan se concedió dos horas más. Si por entonces Kröner aún no había salido a la calle, se acercaría y llamaría a la puerta.

No fue necesario.

Apareció un segundo coche; era algo más pequeño que el de Kröner. Después de unos titubeos previos, apareció una carita detrás de una de las ventanas. El niño tenía un pelo casi blanco. Sus piernas cortas pisaron la grava con cuidado. Detrás de él apareció una mujer joven y esbelta, cargada con varias bolsas de la compra. El niño se rió cuando su madre lo empujó suavemente con la rodilla. Las risas del vestíbulo se oyeron en toda la calle.

Transcurridos unos minutos, los hombres que habían llegado primero abandonaron la casa y se quedaron un rato delante de ella despidiéndose de la mujer, que había vuelto a salir con el niño de la mano.

Kröner fue el último en salir. Tomó al niño en sus brazos y lo abrazó. El niño se apretujó contra su pecho, como si fuera un mono. Bryan jadeó al contemplar las' caricias que se dispensaban padre e hijo. Entonces Kröner besó a la joven de un modo que era todo menos paternal y se puso el sombrero.

Antes de que Bryan alcanzara a comprender lo que acababa de ver, los hombres se alejaron en el Audi de Kröner, Todo había sucedido de una forma tan repentina que Bryan no había tenido tiempo de considerar lo que haría en una situación así. La larga espera lo había agarrotado. El Audi ya había alcanzado el final de la calle cuando Bryan finalmente pudo subir al Jaguar.

Y por entonces, ya fue tarde.

Tuvo que dejarlos escapar en el primer semáforo. Un peatón lo amenazó desde la acera cuando hizo patinar las ruedas y las palomas levantaron asustadas el vuelo entre los puestos de los comerciantes. La mayoría de las calles estaban muy transitadas, la semana laboral estaba llegando a su fin. Muchas familias se preparaban para el fin de semana.

Estuvo dando vueltas por el barrio sin rumbo fijo y, media hora más tarde, vislumbró el coche de milagro.

Estaba aparcado. Apenas cinco metros lo separaban del otro lado de la calle. Kröner y uno de los hombres del pequeño grupo de la mañana habían vuelto al coche y hablaban cordialmente en mitad de la acera.

Muchos de los transeúntes sonrieron a Kröner, que les devolvió el saludo llevándose la mano al sombrero. Era evidente que era un hombre apreciado y respetado por sus conciudadanos.

El acompañante de Kröner era el prototipo de hombre educado que generalmente acaba ocupando un cargo superior en la administración estatal o municipal. Era un hombre más atractivo que Kröner, pero era Kröner quien destacaba, a pesar de su rostro picado y su sonrisa exageradamente jovial. Era una persona vital y muy consciente de serlo. Mientras estuvieron en el lazareto, Bryan no había conseguido determinar su edad. Ahora resultaba más fácil; tenía menos de sesenta años, pero parecía un hombre de cincuenta.

Todavía le quedaban muchos años buenos.

De pronto, sin que Bryan tuviera tiempo de bajar la cabeza, Kröner volvió la vista hacia él. Kröner abrió los brazos y entrechocó las manos con entusiasmo. Luego posó la mano sobre el hombro de su acompañante y señaló el objeto de sus aspavientos. Bryan se apretujó contra el asiento en un intento de que el marco de la ventanilla tapara su rostro.

El objeto del amor de Kröner era el Jaguar de Bryan. Parecía dispuesto a acercarse al coche en cuanto surgiera una pequeña interrupción en el tráfico denso. Bryan echó un vistazo nervioso por encima del hombro. En cuanto el flujo de coches disminuyó, Bryan dirigió el Jaguar a la calzada y desapareció. En el espejo retrovisor vio a los dos hombres en medio de la calle, sacudiendo la cabeza.

En la Bertoldstrasse vio el Volkswagen. Daba muestras de haber sido decorado anteriormente con toda la paleta psicodélica; los viejos motivos todavía se entreveían. Ahora estaba bastante negro. Lo habían repintado a toda pastilla; el esmalte no brillaba.

El mensaje en la ventanilla trasera no daba lugar a dudas. Un precio asequible y un número de teléfono muy largo. Estaba aparcado delante de un edificio bajo de color amarillo y de tejado plano. «Roxy», rezaba un rótulo rampante en la fachada, por lo demás, totalmente desnuda. Unos ladrillos de cristal hacían las veces de ventanas de la tasca. De no haber sido por la puerta oscura y los letreros que anunciaban «Lasser Bier» y «Bilburger Pils», aquellos bloques sucios de cristal habrían cubierto la fachada entera del edificio. Un verdadero horror de bierstube había sobrevivido al avance despiadado hacia una presunta harmonización urbanística.

Sorprendentemente, había mucha luz en el local. Resultó fácil señalar al propietario del coche. Entre las borracheras y los rostros rechonchos y surcados de venillas destacaba un viejo y anticuado hippy; fue el único que dio muestras de haberse percatado de la aparición de Bryan. Éste hizo un gesto con la cabeza hacia la orgía de colores que relumbraba desde el chaleco de ganchillo y la camiseta demasiado estrecha y llena de lamparones.

1 ... 69 70 71 72 73 74 75 76 77 ... 137
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)