La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)
- Автор: Гудкайнд Терри
- Серия: La Espada de la Verdad #2
- Язык: испанский
- Переводчик: Joana Claverol
- Жанр: Фэнтези
Электронная книга - «La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)». Краткое содержание книги:
Para vencerlo, Richard debe aprender a dominar sus incipientes talentos arcanos, pues de otro modo morirá. A no ser que Richard aprenda a controlar sus poderes, nadie, ni siquiera su amada Calan, la poderosa pero benevolente Madre Confesora, podrá salvar al mundo. El único modo de lograrlo es ponerse en manos de las misteriosas Hermanas de la Verdad, que afirman ser su única esperanza.
— ¿Quién eres?
La figura se sentó frente a ella. Que Kahlan viera, el espíritu no llevaba ropas, pero tampoco parecía ir desnudo. La mujer miró a Richard, y sus facciones reflejaron tanto anhelo como angustia.
— Soy Denna —respondió.
Su reacción instintiva al escuchar ese nombre y verla tan cerca de Richard fue alzar el puño para descargar sobre ella su poder. Pero, antes de que pudiera hacerlo, Denna habló de nuevo.
— Richard se está muriendo y nos necesita a las dos.
Kahlan vaciló.
— ¿Puedes ayudarlo?
— Ambas podemos, quizá. Si lo amas lo suficiente.
Las esperanzas de Kahlan se reavivaron.
— Haría cualquier cosa por él. Cualquiera —afirmó.
— Eso espero.
Denna posó de nuevo los ojos en Richard y le acarició con ternura el pecho. Kahlan volvió a sentir un impulso casi irrefrenable de descargar en Denna su poder, pues no sabía si intentaba hacerle daño o ayudarlo. Esperaba contra todo lo razonable que fuera lo segundo. Era su única oportunidad de salvar a Richard. El joven respiró hondo. A Kahlan le dio un salto el corazón.
— Sigue contigo —dijo Denna sonriendo, y apartó la mano.
Kahlan bajó ligeramente el puño y se enjugó las lágrimas de las mejillas con los dedos de la otra mano. No le gustaba la expresión de nostalgia con la que Denna contemplaba a Richard, no le gustaba ni un pelo.
— ¿Cómo has llegado hasta aquí? Richard no ha podido llamarte. No eres antepasada suya.
— Es imposible explicarte con exactitud qué ha ocurrido —replicó Denna, y su leve sonrisa soñadora desapareció—, pero trataré de hacértelo entender. Me encontraba en un lugar de oscuridad y paz, que fue perturbada por el paso de Rahl el Oscuro. Es algo que, en principio, jamás debía ocurrir. Cuando estuvo cerca sentí que, de algún modo, Richard lo había llamado y le había permitido atravesar el velo que le impedía el acceso al mundo de los vivos.
»Como conozco a Rahl el Oscuro demasiado bien, lo seguí. Yo sola jamás habría podido atravesar mi propio velo, pero me pegué a él y fui capaz de pasar en su estela. Vine porque sabía lo que Rahl el Oscuro le haría a Richard. No sé explicarme mejor.
Kahlan asintió. No estaba viendo un espíritu, sino a la mujer que había tomado a Richard como pareja. El poder bullía furioso dentro de ella. Kahlan tenía que hacer verdaderos esfuerzos y se repetía que era para salvar a Richard. No conocía ningún otro modo; debía dejar que Denna lo ayudara, si es que podía. No bromeaba al decir que haría cualquier cosa, incluso abstenerse de matar a alguien que ya estaba muerto, alguien a quien hubiese deseado matar mil veces y otras mil más.
— ¿Puedes ayudarlo? ¿Puedes salvarlo?
— Lleva la marca del Custodio. Esa marca empuja irremediablemente hacia el Custodio a quien la posee. Pero, si alguien pusiera la mano sobre ella, la marca se transferiría a esa persona y sería ella quien caería en manos del Custodio en vez de Richard. De este modo, viviría.
Kahlan supo enseguida qué debía hacer. Sin dudarlo, se inclinó sobre él y extendió una mano.
— Yo le quitaré la marca. Iré en su lugar al inframundo, para que viva. —Con estas palabras acercó la mano a la marca negra casi hasta tocarla.
— No, Kahlan, no lo hagas.
— ¿Por qué? Si es para salvarlo, iré gustosa en su lugar.
— Lo sé, pero no es tan sencillo. Primero debemos hablar. No será fácil para ninguna de las dos. Si realmente queremos ayudarlo, ambas tendremos que sufrir.
De mala gana, Kahlan alejó la mano de la marca y asintió. Estaba dispuesta a cualquier cosa, a pagar cualquier precio, incluso a hablar con esa… mujer. Sentada frente a Denna, mirándola cara a cara, posó una mano protectora sobre Richard.
— ¿Cómo sabes quién soy?
Denna sonrió, a punto de soltar la carcajada.
— Es imposible conocer a Richard y no saber quién es Kahlan.
— ¿Él te habló de mí?
— Más o menos. —La sonrisa se desvaneció—. Le oí pronunciar tu nombre innumerables veces. Cuando lo torturaba hasta que desvariaba, él gritaba tu nombre. Siempre era el tuyo, ni el de su madre ni el de su padre, sólo el tuyo. Aunque lo torturara hasta que olvidase incluso su propio nombre, el tuyo siempre lo tenía presente. Sabía que hallaría el modo de estar contigo, pese a que eres una Confesora. —Denna recuperó un atisbo de sonrisa—. Creo que Richard hallaría el modo de lograr que el sol saliera a medianoche.
— ¿Por qué me dices esto?
— Porque voy a pedirte que lo ayudes y quiero que entiendas exactamente todo el daño que vas a hacerle antes de que accedas. Debes comprender qué debes hacer, si quieres salvarlo. No pienso engañarte. Debes hacerlo siendo plenamente consciente de tus actos. Sólo así sabrás cómo salvarlo. Si no lo comprendes, fracasarás.
»Richard corre peligro, y no sólo debido a esta marca. Sufre una locura que yo misma le provoqué. Esa locura lo matará sin remedio, si no lo hace antes el Custodio.
— Probablemente, Richard es la persona más cuerda que conozco. No está loco. Lo que hay que hacer es quitarle esa marca.
— Es un hombre marcado en más de un aspecto: posee el don. Lo supe desde el momento en que lo vi. Incluso ahora lo veo en su aura. Sé que va a matarlo, y que apenas le queda tiempo. No sé cuánto le queda, sólo que es poco. No quiero salvarlo del Custodio y que el don lo mate.
Kahlan asintió mientras se limpiaba la nariz con el dorso de la mano.
— Las Hermanas de la Luz afirman que pueden salvarlo. Pero, para ello, Richard debe ponerse un collar. Y él se niega en redondo. Me contó todo lo que le hiciste y por qué jamás se lo pondría. Pero no está loco. Al final comprenderá que es necesario y se lo pondrá. Así es él. Al final verá la verdad.
Denna negó con la cabeza.
— No te ha contado ni una décima parte de lo que le hice sufrir. Ni siquiera puedes imaginarte lo que no te ha contado. Yo sé que está loco. Si él no te lo explica todo, lo haré yo.
— Creo que no te conviene nada hacerlo —le advirtió Kahlan, al notar que se enfurecía de nuevo—. Si él no quiere decírmelo, es mejor que no lo sepa.
— Debes saberlo. Si quieres ayudarlo, debes entenderlo. En algunos aspectos, yo lo entiendo mejor que tú. Yo lo llevé hasta el borde de la locura y lo obligué a saltar al abismo. Lo he visto perdido en un yermo de demencia. Yo lo llevé hasta allí y le impedí salir.
Kahlan la fulminó con la mirada. Se daba cuenta de cómo miraba Denna a Richard y no confiaba en ella.
— Lo amas —le dijo.
— Pero él te ama a ti. Yo usé ese amor para hacerle daño. Lo llevé hasta el borde de la muerte y lo mantuve allí, en el límite de la vida. Hay otras mord-sith capaces de llevar más rápidamente a un hombre al límite, pero no pueden mantenerlo allí. Siempre van un paso demasiado allá, o se precipitan y lo matan antes de infligirle el más exquisito de los sufrimientos: provocarle la más cruel de las locuras. Rahl el Oscuro me eligió porque sabía que tenía talento para mantener a un hombre vivo y torturarlo una vez y otra. Él mismo me enseñó.
»A veces me quedaba sentada durante horas, esperando, pues sabía, que si lo tocaba sólo una vez más con el agiel, lo mataría. Mientras esperaba que se recuperara lo suficiente para seguir atormentándolo, él susurraba tu nombre una y otra vez durante horas, sin siquiera darse cuenta de que lo hacía.
»Tú eras el hilo que lo mantenía vivo, el hilo que me permitía infligirle aún más dolor, empujarlo más hacia la locura y hacia la muerte. Usaba el amor que siente por ti para castigarlo de la peor de las maneras posibles.