La oscuridad de los sueños
- Автор: Коннелли Майкл
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «La oscuridad de los sueños». Краткое содержание книги:
Para ese propósito, elige a Alonzo Winslow, un drogadicto de dieciséis años encarcelado tras confesar la autoría del asesinato de una joven hallada estrangulada en el maletero de un coche. Jack quiere escribir acerca de la negligencia y la injusticia social que convirtieron a Winslow en un asesino. Al adentrarse en la historia, descubre que la confesión del chico es falsa y sospecha que es inocente. Tras vincular el asesinato del maletero de Los Ángeles con otro acontecido en Las Vegas, McEvoy se ve ante el reportaje más espectacular de su carrera desde que el Poeta se cruzara con él años atrás.
Una vieja amiga del pasado se une a la investigación; se trata de la agente del FBI, Rachel Walling. Juntos le pisarán los talones a un psicópata que lleva demasiado tiempo actuando a la sombra del radar del FBI y la policía.
– ¿Freddy Stone es un alias? ¿Cómo se las ingenió para superar los controles de seguridad de los que tanto se vanaglorian en Western Data? ¿No comprobaron sus huellas dactilares?
– Según los documentos de la compañía, Declan Mc Ginnis firmó para que lo contrataran. De manera que pudo haberlo amañado.
Asentí. Mc Ginnis podía haber introducido a su compañero de crímenes en la empresa sin problemas.
– Bien, ¿y quién es?
Abrí mi mochila sobre la cama y saqué cuaderno y bolígrafo.
– Su nombre real es Marc Courier. Es Marc, con c. La misma edad, veintiséis años, con dos detenciones por fraude en Illinois. Desapareció hace tres años antes de que lo juzgaran. Se trataba de casos de suplantación de identidad. Conseguía tarjetas de crédito, abría cuentas bancarias y toda la pesca. Según los antecedentes, parece evidente que es un hacker muy hábil y un troll despiadado con un largo historial de abusos y asaltos digitales. Es un chico malo y estaba allí delante, en el búnker.
– ¿Cuándo empezó a trabajar para Western Data?
– También hace tres años. Por lo visto se largó de Chicago y casi inmediatamente acabó en Mesa con el nuevo nombre.
– ¿Así que Mc Ginnis ya lo conocía?
– Creemos que lo reclutó. Hasta hace poco siempre era sorprendente que dos asesinos de perfil similar coincidieran. ¿Qué posibilidades había de que algo así ocurriera? Pero ahora, con Internet, es completamente diferente. Es la gran intersección, para lo bueno y para lo malo. Con chats y webs dedicadas a todos los fetichismos y parafilias imaginables, resulta que la gente con intereses similares se interconecta a cada minuto, durante todo el día. Vamos a tener más casos como este, Jack, de gente que sale de la fantasía y el ciberespacio y se mete en el mundo real. Conocer a gente con tus mismas creencias ayuda a justificarlas. Es alentador. A veces es una llamada a la acción.
– ¿Hay alguien más que se llame Freddy Stone?
– No, parece un nombre fabricado.
– ¿Algún dato de violencia o de delitos sexuales en Chicago?
– Cuando lo detuvieron allí hace tres años le confiscaron el ordenador y encontraron un montón de porno. Según me han dicho, incluía unas cuantas películas de torturas de Bangkok, pero no se presentaron cargos. Es difícil, porque las películas llevan indicaciones de que todos son actores y nada es real, aunque lo más probable es que se trate de tortura y de dolor verdaderos.
– ¿Y qué hay de material sobre ortesis y cosas por el estilo?
– No hay nada de eso, pero lo investigaremos, créeme. Si el vínculo entre Courier y Mc Ginnis es la abasiofilia, lo encontraremos. Si se encontraron en un chat de doncellas de hierro, lo encontraremos también.
– ¿Cómo identificasteis a Courier?
– Por la huella de la mano guardada en el lector biométrico que hay en la entrada a la granja de servidores.
Acabé de escribir y repasé mis notas, pensando en la siguiente pregunta.
– ¿Podría disponer de alguna foto de ficha policial de Courier?
– Mira en tu correo electrónico. Te he enviado una antes de salir de allí. Quería que me dijeras si te resulta familiar.
Alcancé el portátil al otro lado de la cama y me metí en el correo. Su mensaje estaba el primero. Abrí la foto y observé la fotografía de Marc Courier tras ser detenido tres años antes. Cabello largo y oscuro, perilla desaseada y bigote. Tenía aspecto de encajar sin problemas con Kurt y Mizzou en el búnker de Western Data.
– ¿Podría ser el hombre del hotel de Ely? -preguntó Rachel. Estudié la fotografía sin contestar-. ¿Jack?
– No lo sé. Podría ser. Ojalá le hubiera visto los ojos.
Examiné la fotografía durante unos segundos más y luego volví al asunto.
– Bien, decías que tenías noticias buenas y malas. ¿Cuáles son las malas?
– Antes de desaparecer, Courier introdujo un virus en su propio ordenador del laboratorio de Western Data y en los archivos de la compañía. Han estado infestándolo casi todo hasta que los han descubierto esta noche. Los archivos de cámara se han borrado. Y también un montón de datos de la compañía.
– ¿Y eso qué implica?
– Implica que no nos va a ser tan fácil como creíamos seguirle la pista. Cuándo estaba allí, cuándo no, cualquier tipo de contacto o de encuentros con Mc Ginnis, esas cosas, ¿entiendes? Los mensajes de correo electrónico en uno y otro sentido. Habría sido muy bueno disponer de ese material.
– ¿Cómo ha podido pasar por alto algo así con Carver y todas las garantías de seguridad que supuestamente tienen allí?
– Para sabotear una empresa no hay nada como pertenecer a ella. Courier conocía los sistemas de defensa. Construyó un virus que navegaba por ellos.
– ¿Qué hay de Mc Ginnis y su ordenador?
– Creo que ahí tendremos más suerte, por lo que me han dicho. Pero no hace mucho que lo han abierto, de manera que no sabré más hasta que vuelva por allí mañana. Un equipo de investigación también estuvo en su casa durante toda la noche. Mc Ginnis vive solo, sin familia. He oído que encontraron material interesante, pero la investigación sigue abierta.
– ¿Cómo de interesante?
– Bueno, no sé si querrás oír esto, Jack, pero encontraron un ejemplar de tu libro sobre el Poeta en sus estantes. Ya te dije que lo encontraríamos.
No respondí. Sentí un súbito calor en la cara y el cuello y permanecí en silencio mientras consideraba la idea de que había escrito un libro que en cierto modo había sido un manual para otro asesino. No podía decirse que fuera un libro de instrucciones, pero ciertamente describía de qué manera llevaba a cabo el FBI sus perfiles e investigaciones sobre asesinos en serie.
Necesitaba cambiar de tema.
– ¿Qué más encontraron?
– Todavía no lo he visto, pero me han dicho que han encontrado un juego completo de ortesis de muslo a tobillo para mujer. También había pornografía sobre el tema.
– Joder, menudo hijo de puta enfermo.
Escribí unas notas sobre los hallazgos y hojeé las páginas para ver si algo me sugería una pregunta más. Con lo que ya sabía y lo que me estaba explicando Rachel podría escribir un gran artículo para el día siguiente.
– Western Data está completamente cerrado, ¿verdad?
– Casi. Me refiero a que las webs que se alojan en la compañía siguen operativas. Pero hemos congelado el hosting. Ningún dato puede entrar ni salir hasta que el RPE finalice su evaluación.
– Algunos de los clientes, como los grandes bufetes de abogados, se van a subir por las paredes cuando se enteren de que el FBI tiene la custodia de sus archivos, ¿verdad?
– Es probable, pero no hemos abierto ninguno de esos archivos. Por lo menos de momento. Lo que hacemos es mantener el sistema tal como estaba: nada entra y nada sale. Estuvimos redactando con Carver un mensaje para mantener informados a todos los clientes. Decía que la situación es temporal y que Carver, como representante de la compañía, supervisaba la investigación del FBI y garantizaba la integridad de los archivos y bla, bla, bla. Es todo lo que podemos hacer. Si luego han de subirse por las paredes, que se suban.
– ¿Qué hay de Carver? Habréis comprobado sus antecedentes, ¿no?
– Sí, y está limpio desde que salió del MIT. Hemos de confiar en alguien allí, y creo que él es ese alguien.
Permanecí en silencio mientras escribía unas cuantas notas finales. Tenía más que suficiente para redactar el artículo del día siguiente. Aunque no pudiera localizar a Rachel, estaba seguro de que mi artículo saldría en primera página y atraería la atención de todo el país. Dos asesinos en serie por el precio de uno.