En El Pais De La Nube Blanca
- Автор: Lark Sarah
- Год: 2011
- Язык: испанский
- Жанр: Историческая проза
Электронная книга - «En El Pais De La Nube Blanca». Краткое содержание книги:
En el país de la nube blanca, el debut más exitoso de los últimos años en Alemania, es una novela cautivadora sobre el amor y el odio, la confianza y la enemistad, y sobre dos familias cuyo sino está unido de forma indisoluble.
– Como buenos cristianos no vamos a perder el tiempo hablando de esto -le interrumpió Gwyn con firmeza, pero James se echó a reír.
Como si se hubieran puesto de acuerdo, ambos llenaron de heno los compartimentos de los caballos, y Gwyn no pudo evitar poner dos zanahorias en el comedero de Igraine. Al final, su vestido ya no estaba tan perfecto. Gwyn lo miró apesadumbrada. Bueno, a la luz de los farolillos nadie se daría cuenta.
– ¿Está usted listo? Ya que estoy aquí, tal vez debería desear un feliz año nuevo al personal.
James sonrió.
– Tal vez tenga tiempo para bailar un baile. ¿Cuándo empiezan los espectaculares fuegos artificiales?
Gwyn se encogió de hombros.
– En cuanto den las doce y empiece el jaleo. -Sonrió-. Mejor dicho, cuando todo el mundo haya deseado a otro la mayor felicidad del mundo, aunque quizá no lo piense en serio.
– Vaya, vaya, Miss Gwyn. ¿Tan cínica hoy? Pero si es una fiesta maravillosa. -James la miró inquisitivo. Ella ya conocía esas miradas y le llegaban hasta la médula.
– Sazonada con una buena porción de alegría por el mal ajeno -suspiró-. En los próximos días todos hablarán del caso y el señor Gerald todavía empeorará las cosas con todo lo que dice.
– ¿Cómo que alegría por el mal ajeno? -preguntó James-. Kiward Station está en su mejor momento. Con los beneficios que el señor Gerald obtiene ahora de la lana puede dar una fiesta así cada mes. ¿Por qué siempre está tan insatisfecho?
– Bah, no hablemos de eso -murmuró Gwyn-. Empecemos mejor el año con alegría. ¿Ha mencionado usted algo de baile? Mientras no sea un vals…
McAran interpretaba con el violín una jiga llena de brío. Dos sirvientes maoríes tocaban unos tambores, lo que obviamente no encajaba mucho, pero a ojos vistas deleitaba a todo el mundo. Poker y Dave giraban con las chichas maoríes. Moana y Kiri se dejaban llevar riendo al ritmo de esa danza para ellas extraña. Gwyneira desconocía o apenas conocía a las otras dos parejas. Se trataba del servicio de los invitados más distinguidos. La doncella inglesa de Lady Barrington miró con desaprobación cuando los empleados de Kiward Station saludaron alborozados a Gwyneira. James le tendió la mano para conducirla a la pista de baile. Gwyn la tomó y sintió de nuevo esa tierna impresión que le provocaba oleadas de excitación cada vez que tocaba a James. Él le sonrió y la sostuvo cuando ella dio un ligero tropiezo. Luego hizo una reverencia frente a ella, pero eso fue lo único que esa danza tenía en común con los valses que había bailado hasta la saciedad.
«She is handsome, she is pretty, she is the Queen of Belfast City», disfrutaban cantando Poker y unos cuantos hombres más, mientras James hacía revolotear a Gwyneira hasta que ella se mareó. Y cada vez que tras un giro jocoso volaba a los brazos de él, veía ese brillo en sus ojos, de admiración y… ¿qué era eso? ¿Anhelo?
En medio del baile se elevó el cohete que anunciaba el nuevo año y luego se descargó todo el esplendoroso espectáculo de los fuegos artificiales. Los hombres en torno a McAran interrumpieron la jiga y Poker entonó As old long syne. Los demás inmigrantes se unieron a ellos y los maoríes tararearon con más emoción que habilidad. Sólo James y Gwyneira no tenían oídos para la canción ni ojos para los fuegos de artificio. La música se había detenido mientras ellos seguían con las manos entrelazadas y sin poder moverse. Ninguno quería desprenderse del otro. Parecían estar en una isla, lejos del ruido y las risas. Sólo estaba él. Sólo estaba ella.
Al final, Gwyn reaccionó. No quería perder esa maravilla, pero sabía que no podía consumarse allí.
– Debemos… ir a ver los caballos -dijo en un tono inexpresivo.
James no soltó su mano por el camino hacia los establos.
– ¡Mire! -susurró-. Nunca había visto algo así. ¡Como una lluvia de estrellas!
Los fuegos artificiales de Lucas producían un efecto espectacular. Pero Gwyn sólo veía estrellas en los ojos de James. Lo que estaba haciendo ahí era absurdo, estaba prohibido y no tenía nada de decente. Pero de todos modos se apoyó sobre el hombro del joven.
James le apartó dulcemente el cabello que había caído sobre su rostro con la alocada danza. Su dedo paseó liviano como una pluma por su mejilla, sus labios…
Gwyneira tomó una decisión. Era Año Nuevo. Se podía dar un beso a la persona que estuviera al lado. Se puso cuidadosamente de puntillas y besó a James en la mejilla.
– Feliz año nuevo, señor James -dijo en voz baja.
McKenzie la tomó entre sus brazos, lenta, dulcemente. Gwyn podría haberse liberado de su abrazo, pero no lo hizo. Tampoco se desprendió de él cuando los labios de James encontraron los suyos. Gwyneira se entregó al beso con pasión y sin artificios. Era la sensación de haber vuelto a casa, a un hogar donde todavía la aguardaba un mundo lleno de maravillas y sorpresas.
Estaba fascinada cuando él al fin la soltó.
– Feliz año nuevo, Gwyneira -dijo James.
Las reacciones de los invitados a la fiesta, así como las invectivas de Gerald, reforzaron la decisión de Gwyneira de quedarse embarazada aunque fuera sin ayuda de Lucas. Naturalmente, eso no tenía nada que ver con James y el beso de medianoche; eso había sido un patinazo. Al día siguiente la misma Gwyne no sabía qué le había ocurrido. Por suerte, McKenzie se comportaba igual que siempre.
Trataría el asunto del embarazo sin ninguna emoción. Justo como la cría de animales. Con esta idea reprimió una risita boba e histérica. No era momento para tonterías. En lugar de eso había que pensar de forma práctica en quién podía ser el padre de la criatura. Se trataba de un asunto de discreción, pero sobre todo de herencia. Los Warden, Gerald en primer lugar, no podían dudar en ningún momento de que el heredero era de su propia sangre. Con Lucas el asunto tenía otras connotaciones, pero si era sensato guardaría silencio. De todos modos esto no la preocupaba demasiado. Había visto a su marido cauto en exceso, severo y con poco aguante, pero nunca se había mostrado imprudente. Por añadidura era en su propio interés que acabaran de una vez con todas esas indirectas y bromas que se hacían a costa de ellos dos.
Gwyneira se puso a pensar con objetividad qué aspecto tendría el hijo de ella y Lucas. Su madre y todas sus hermanas eran pelirrojas, parecía heredarse. Lucas era rubio claro, pero James de cabello castaño…; aunque Gerald también tenía el pelo castaño. Y tenía ojos castaños. Si el niño se parecía a James se podría asegurar que era igual que su abuelo.
Color de ojos: azul y gris… y marrón si contaba a Gerald. Estructura corporal…, conjugaba. James y Lucas eran más o menos igual de altos, Gerald claramente más bajo y achaparrado. Ella misma era notablemente más baja. Pero sería un niño con toda seguridad y seguro que se parecería a su padre. Ahora lo que tenía que hacer era convencer a James… ¿Por qué a James en realidad? Gwyneira decidió posponer un poco más la decisión. Tal vez su corazón no latiría tan fuerte mañana cuando pensara en James McKenzie.
Al día siguiente había llegado a la conclusión de que, salvo James, no entraba nadie más en consideración como padre de su hijo. ¿O quizás un extranjero? Pensó en los «cowboys solitarios» de las novelas baratas. Iban y venían y nunca se enteraban de que nacía un niño cuando se sumergían en el heno. ¿Un esquilador quizá? No, eso sí que no podía ser. Además, los esquiladores volvían cada año. No podía ni imaginar qué pasaría si el hombre se iba de la lengua y se jactaba de haber cohabitado con la señora de Kiward Station. No, no había ni que planteárselo. Necesitaba a un hombre conocido, sensato y discreto que, además, sólo transmitiera al niño lo mejor.
Gwyneira volvió a pasar revista con objetividad a diversos candidatos. Los sentimientos, se convencía a sí misma, no desempeñaban ningún papel.
Su elección recayó en James.