Los estados carenciales
- Автор: Валвей Анхела
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Los estados carenciales». Краткое содержание книги:
No olvides que «la necedad sólo agarra una punta de la vida, y ésta puede ser muy placentera» (Schopenhauer).
Cada uno vive en un mundo diferente según la diferencia de su cabeza. No aspires a la posesión de bienes externos, sino a tener un temperamento alegre y feliz, y una mente sana. únicamente el «estado de conciencia» es lo duradero, todo lo demás es pasajero. Es «lo que somos» lo que importa, no «lo que tenemos«o «lo que representamos».
Piensa que todo lo que sucede es necesario. Es «posible» aquello que con seguridad puede suceder. Todo lo real es necesario, y no hay diferencia entre realidad y necesidad en el mundo fáctico.
Para la razón, en cambio, la necesidad, la realidad y la posibilidad son cosas separadas. Trátalas como tales.
Cuando pienses en posibilidades, medita sobre las malas y toma medidas para prevenirlas. Las vanas ilusiones sólo pueden traerte decepción.
No hagas «amplios preparativos para la vida». La vida es demasiado corta para alojar todos tus planes.
«¿Porqué esfuerzas a tu espíritu demasiado débil para planes eternos?» (Horacio).
Pero no olvides que el engaño de que la vida es larga tiene su lado bueno: sin él jamás llegaríamos a hacer algo grande.
Dentro de ti están tu bienestar y tu malestar.
Uno disfruta sólo de sí mismo. «Si el "yo mismo" no vale mucho, entonces todos los placeres son como vinos deliciosos en una boca con regusto a hiel» (Schopenhauer).
Los grandes enemigos de la felicidad humana son dos: el dolor y el aburrimiento. Contra el dolor, la alegría. Contra el aburrimiento, el espíritu.
A veces, la alegría y el espíritu son incompatibles. «El genio es pariente de la melancolía» (Aristóteles). «Los ánimos alegres sólo tienen capacidades espirituales superficiales» (Cicerón). Sea como sea, si posees mucha alegría soportarás mejor el dolor. Y disfrutarás del ocio si tienes mucho espíritu.
«Mi madre tenía un maravilloso sentido del humor, y aprendí de ella que las más altas formas de comprensión que podemos alcanzar son la risa y la compasión humanas» (Richard P Feynman).
«La vida filosófica es la más feliz» (Aristóteles).
«Un noble del siglo XVII escribió en un castillo de Sajonia: Amour véritable, Amitió durable, Et tout le reste au diable» (Schopenhauer). Los amigos son una de tus mejores posesiones.
«La felicidad pertenece a los que se bastan a sí mismos» (Aristóteles).
«La mayor suerte es la personalidad» (Goethe).
No creas que tu felicidad depende de tu destino y de aquello que puedas tener. El destino puede mejorar, pero si eres un necio, ni siquiera un favorable destino conseguirá que dejes de ser un necio.
«Todos los lujos y placeres representados en la conciencia apagada de un necio son pobres frente a la conciencia de Cervantes cuando escribió Don Quijote en una cárcel incómoda. Lo que uno tiene por sí mismo, lo que le acompaña en la soledad sin que nadie se lo pueda dar o quitar, esto es mucho más importante que todo lo que posee o lo que es a los ojos de los otros» (Schopenhauer).
Nunca olvides que tu felicidad depende de ti mismo, de lo que eres, no de lo que tienes ni de lo que representas.
NOTA DE LA AUTORA
Contra lo que pudiera parecer, la felicidad no es el arte de saber conformarse, si bien es posible que sí lo sea el de aprender a disfrutar de lo que somos, y secundariamente de lo que tenemos, sin preocuparnos demasiado por aquello que es evidente que jamás podremos ser o por lo que nunca tendremos. Por ejemplo: conozco a alguien que, cuando era una niña, quería, por encima de todo, ser un pájaro y poder volar. A esa mujer le costó mucho tiempo y mucha infelicidad entender que jamás podría conseguir unas alas propias y que, además, un ave ni siquiera sabe que vuela. Cuando lo comprendió, por fin empezó a gozar de la enorme dignidad y el privilegio que significa ser un ser humano. Nada más que humano. Nada menos.
Esta novela que tienes en tus manos, lectora o lector, es en cierta manera deudora de mis lecturas de algunos filósofos, que son mencionados (citados) a lo largo de sus páginas cuando les corresponde. Personalmente, pocas cosas me han producido en la vida tanta felicidad como leer a los filósofos: ellos me han ayudado siempre a comprender. A comprender a otros seres humanos, al mundo y a mí misma.
Debo advertirte de que la historia está dividida en tres partes -«Lo que representamos», «Lo que tenemos» y «Lo que somos»-, en honor a Arthur Schopenhauer, porque según él esos son los tres puntos que conforman La suerte de los mortales. También que para escribir la Eudemonología (o Pequeño Arte de ser feliz) que la concluye, he usado, y abusado, de otro texto de Schopenhauer, elaborado con fragmentos dispersos, recogidos bajo el título español de El arte de ser feliz (Ed. Herder, Barcelona, 2000), cuya lectura recomiendo vivamente. Creo que el viejo maestro me habría dado permiso para explotar a placer sus reflexiones. Schopenhauer es uno de mis pensadores preferidos (junto con Marco Aurelio, Michel de Montaigne, Séneca, Cicerón, Epicuro… etc., etc.), a pesar de que no es conocido por su optimismo, precisamente. Más bien, como dijo Jean Rostand, era un filósofo que se sentía «muy optimista en cuanto al porvenir del pesimismo». Sin embargo, siguiendo el modelo de Gracián, demuestra con esta «Doctrina de la felicidad» que «el pesimismo metafísico es compatible con los esfuerzos por llevar una vida feliz» (según el prefacio de Franco Volpi, traducido en la edición española arriba citada).