Los estados carenciales
- Автор: Валвей Анхела
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Los estados carenciales». Краткое содержание книги:
– Quédate a dormir aquí, si quieres -dice Penélope. Se coloca boca arriba. Está adormecida. Cansada y tranquila y agradecida. Siempre has sido generoso con las mujeres. A lo mejor ése es el secreto de tu éxito.
– ¿Y mañana? -preguntas tú tontamente.
¿Y mañana? Mañana quién lo sabe, Ulises.
El amor y la vida, al revés que el dolor, son cosas poco exactas.
– ¿Quieres quedarte? -pregunta Penélope.
Te metes debajo de las sábanas. Palpas a ciegas hasta que encuentras de nuevo su cintura.
– Sí, quiero -dices-. Sí.
APÉNDICE
Apuntes para un libro imposible de escribir por Viliulfo Alberola
Que en el principio, cuando el mundo era joven, había muchas ideas pero nada que fuera una verdad. El hombre se hacía sus verdades y cada verdad era el compuesto de muchas ideas vagas. En todas partes del mundo hubo verdades y todas ellas eran hermosas.
El anciano había enumerado cientos de las verdades en su libro. No trataré de decírselas todas. Estaba la verdad de la virginidad y la verdad de la pasión, la verdad de la riqueza y la pobreza, de la frugalidad y el desenfreno, de la indiferencia y la entrega. Cientos y cientos eran las verdades, y todas eran hermosas.
Y luego vino la gente. Cada cual, cuando aparecía, se apoderaba de una de las verdades, y algunos que eran muy fuertes se apoderaban de una docena.
El anciano tenía totalmente elaborada una teoría referente al asunto. Su idea era que en cuanto una persona tomaba para sí una de las verdades, la llamaba su verdad y trataba de vivir su vida por ella, se convertía en grotesco y la verdad que abrazaba se convertía en una falsedad.
Ya ve usted por sí mismo de qué modo el anciano, que se había pasado toda la vida escribiendo y que estaba lleno de palabras, escribió cientos de páginas acerca del asunto. El tema creció tanto en su mente que él mismo estuvo en peligro de convertirse en un grotesco. No fue así, supongo, por la misma razón por la que jamás publicó el libro».
SHERWOOD ANDERSON,
Winesburg, Ohio, El libro de los grotescos
Una vida feliz es aquella que, objetivamente, es absolutamente preferible a la no-existencia, a no haber existido.
Ten alegría de ánimo.
Busca la tranquilidad de tu espíritu.
«El prudente no aspira al placer, sino a la ausencia de dolor» (Aristóteles).
Evita la envidia.
«El querer no se puede aprender» (Séneca). Aprende, a partir de tu experiencia, qué es lo que quieres y de qué eres capaz.
No olvides que hay cosas que no tienen remedio.
Nadie echa de menos lo que nunca ha pretendido. El pobre no echa en falta las grandes posesiones de los ricos. Lo que está fuera de nuestra vista no nos inquieta. Hoy, que todo está expuesto a nuestra vista a través de los medios de comunicación de masas, solemos inquietarnos por todo. Cuando eso te ocurra a ti, deja de mirar por unos días.
En ausencia de grandes sufrimientos, las pequeñas molestias te atormentarán.
En tiempos difíciles has de recordar que todo pasa. Cuando sientas una alegría desmesurada, también.
Haz con buena voluntad aquello que puedas, y ten la voluntad de soportar el sufrimiento.
«Vive, no como quieras, sino como puedes vivir» (Fleischer).
Ten presente que todo está expuesto al azar y al error.
«Sométete a la razón si quieres someterlo todo» (Séneca).
Cuando se produzca una desgracia, no pienses que las cosas podrían ser de otra manera, porque no pueden serlo.
Habla poco con los demás, y mucho contigo mismo.
Abre todas tus puertas a la alegría y no te preguntes si tienes o no tienes verdaderos motivos para estar alegre.
No vivas en el pasado, ni pienses demasiado en el futuro. Trabaja en el presente para el porvenir.
Mantén la serenidad. Sé consciente de que tu infortunio puede ser sólo una pequeña parte de las desgracias que podías haber sufrido.
No pases la vida torturándote al pensar en probables alegrías imaginarias. Disfruta de tu presente soportable, indoloro y tranquilo.
Procura evitar el dolor, aun a costa de rechazar placeres.
Recuerda que mostrar ira u odio con palabras o con expresiones es inútil, peligroso, imprudente, ridículo y vulgar.
Los asuntos de la vida que te afectan son inconexos y fragmentarios. Organiza tu manera de pensar en ellos de la misma forma: abstráete, piensa, arregla, disfruta, sufre cada cosa en su momento, nada más.
No te lamentes por los placeres perdidos: son quimeras perdidas. «Sólo el dolor es real» (Voltaire), evítalo.
Corrige con arte lo que el azar te ofrece.
En la primera mitad de tu vida, buscarás con ansia la felicidad. En la segunda mitad de tu vida, buscarás la tranquilidad y la ausencia de dolor. Es entonces cuando te sentirás más satisfecho.
No pienses en lo feliz que serías si tuvieras todas esas cosas que no tienes. Piensa qué sería de ti si, las que tienes, te las quitaran.
Lo único verdaderamente importante que posees es aquello que nadie puede robarte.
Pon freno a tus deseos, tus apetencias, tu ira. El ser humano no puede alcanzar más que una parte de todo lo que desea.
«Que no te atormenten el miedo y la esperanza ante cosas poco útiles» (Horacio).
Si crees que sufres, fíjate en el que sufre más que tú, no en el que goza más.
No pienses que a la vejez le falta alegría y no puede gozar de placeres. Todo placer es relativo, pues sacia una necesidad, y el placer desaparece cuando lo hace la necesidad.
«Entre los deseos unos son naturales y necesarios. Otros naturales y no necesarios. Otros no son ni naturales ni necesarios, sino que nacen de la vana opinión» (Diógenes Laercio). La misma división hace Epicuro con los bienes.
Esforzarse y luchar contra algo que se resiste es una necesidad esencial de la naturaleza humana. Superar obstáculos es un placer.
No tomes como guía las imágenes que te procura tu fantasía porque no te saciarán, cuando las alcances se desvanecerán. Guíate por los conceptos, que cumplen lo que prometen.
Cuida tu salud. «Nueve décimos de nuestra felicidad se basan en la salud, porque de ella depende nuestro buen humor» (Schopenhauer).
Lo que se puede ver es muy fuerte en comparación con lo que se piensa y se razona. No dejes que lo que ves te ciegue.
Nuestra vida es el producto de una serie de acontecimientos y de otra formada por nuestras decisiones. Ambas fuerzas tiran en direcciones opuestas y conforman el curso de nuestra existencia.
Ten en cuenta las transformaciones que el tiempo opera en ti. No te empeñes en cosas que ya no son las adecuadas para tu persona y tu edad.
«El medio más seguro para no volverse infeliz es no llegar a desear ser muy feliz» (Schopenhauer). Que las exigencias de tu placer -posesiones, rango, honores…- estén a un nivel moderado. «En pesada caída se derrumban altas torres» (Horacio).