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Un asesinato musical

Электронная книга - «Un asesinato musical». Краткое содержание книги:

De la celebrada autora israeli, Batya Gur, nos llega una nueva novela de Michael Ohayon, la cuarta de esta popular serie de thrillers fascinantes e inteligentes. En esta ocasion, Michael Ohayon, un detective culto, solitario y encantador, entabla amistad con una chelista perteneciente a una familia de musicos de fama internacional. Pero su aficion a la musica le llevara a investigar un inesperado caso de doble asesinato que afecta el entorno de su nueva amiga y que tiene que ver con el descubrimiento de un antiguo requiem barroco. Puede una obra de arte convertirse en el movil de un crimen brutal?
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– Es mi apellido de soltera. Entré en la agencia antes de casarme y me siguen conociendo por ese nombre -explicó a la vez que se enderezaba.

– ¿Estuvo en algún momento en las inmediaciones del auditorio ayer, día del asesinato? -preguntó Michael como si ella no hubiera dicho nada-. ¿Vio ayer a Gabriel van Gelden?

Ruth Mashiah lo miró con gravedad y ladeó la cabeza. Tenía un cuello largo, fino y muy arrugado. Luego respiró hondo, se recostó en el respaldo y empezó a hablar. Sí, había estado cerca del auditorio la víspera, por la mañana. Por lo visto, a la hora del ensayo.

– Pero no entré -dijo con énfasis-. Y la última vez que vi a Gabriel fue… hace unos días, una semana quizá, acerqué a mi hija a su casa. Y le llevé unos libros.

Como tenía el coche en el taller y necesitaba salir de la ciudad, explicó, fue a recoger el coche de Izzy al auditorio, porque ese día lo estaba utilizando Gabi. Para facilitar las visitas de su hija, ella tenía un juego de llaves del coche de Izzy y también la llave de la casa de la pareja. Sus relaciones con Gabi eran muy correctas, añadió, e incluso le tenía afecto. Irit, su hija, estaba muy unida a él. Ella no había hablado mucho con él. A Theo apenas lo conocía. Sólo lo había visto una vez, en la celebración de la circuncisión del hijo de Nita. Gabi solía consultarle su opinión con respecto a Nita, y lo había hecho sobre todo durante el embarazo, cuando Nita parecía a punto de venirse abajo. «Me contó que había abandonado completamente la música, y eso nunca había sucedido antes.» Ella se había mostrado en contra de un aborto, sobre todo debido a la edad de Nita. «No es conveniente abortar la primera vez que te quedas embarazada si ya tienes treinta y siete años. Además, Nita deseaba tener el niño.» Había hablado con ella y le había sugerido que solicitase ayuda profesional, psicológica, ese tipo de cosas.

A Felix van Gelden no lo había conocido. Lo había visto alguna vez pero sin llegar a hablar con él. «Excepto en la tienda», añadió con un leve y sarcástico encogimiento de hombros. Como era una buena chica, que escuchaba música y tocaba el piano, iba a comprarle la música a él. Además recordaba a la madre, la había impresionado mucho por su altura y su pelo rubio recogido hacia atrás en un moño. «Tenía planta de aristócrata», reflexionó en voz alta. «¿No conocía usted a la madre?»

Michael negó con la cabeza. Decidido a que la conversación no se saliera de los límites marcados por el caso, mantenía a raya todo indicio de familiaridad, pero, mientras la escuchaba con esfuerzo, mucho se iba temiendo que no tardarían en saltarse esos límites.

Estaba conmocionada, cómo no, dijo Ruth Mashiah con su gutural acento sabra [3] y la franqueza que había caracterizado su manera de hablar desde el principio. Pero no se podía permitir dar rienda suelta a sus sentimientos en un momento así, estando Izzy al borde del colapso. Miedo le daba pensar cómo iba a asimilar la muerte de Gabi, sobre todo una muerte así, considerando lo unido que estaba a él. Por su parte, prosiguió, ella había presenciado tantos horrores, en el trabajo y fuera de él, que para ella era una segunda piel mantener las distancias y ser reservada en la expresión de sus sentimientos. «Y a veces incluso en el propio sentimiento», añadió con una sonrisa que rejuveneció su rostro al apretar el entramado de arruguitas de sus mejillas y poner un centelleo en sus ojos, revelando de pronto el encanto juvenil que antaño debió de poseer. «Puedes llegar a trastornarte si no tienes cuidado», dijo, y la sonrisa se desvaneció. A pesar de que Izzy era relativamente joven -ella le sacaba unos cuantos años-, continuó con voz preocupada, padecía graves problemas de salud.

– Se derivan en parte del asma y las alergias que sufre. La gente no sabe hasta qué punto puede ser grave el asma. Mortal, a veces.

– Cuénteme, por favor -dijo Michael-, cómo han logrado mantener una relación tan amistosa. ¿No le molestó que la abandonara por un hombre?

Ella adoptó un aire pensativo.

– ¿En contraposición a que me abandonara por una mujer, quiere decir? -preguntó.

Michael la miró y vio que sus ojos lo observaban con gran seriedad.

– No lo sé -reconoció, consciente del interés que le había suscitado la pregunta de Ruth Mashiah-. En parte, quizá. Pero, en general, me refería al hecho de ser abandonada. Por cualquiera.

– No sé si tiene importancia que el agente externo sea un hombre o una mujer. Supongo que sí. Aunque, a decir verdad, en nuestro caso al menos, la dificultad principal fue desmantelar una estructura de vida, deshacer la familia.

– Continúe -dijo Michael.

– Por lo que se refiere a la relación de hombre y mujer, o, dicho de otro modo, al aspecto romántico, nuestro matrimonio se había agotado mucho antes de que Izzy conociera a Gabi. Éramos buenos amigos, nada más. En cuanto se conocieron supe lo que iba a pasar, desde el principio. Pero eso está relacionado con cuestiones íntimas en las que no quiero entrar ahora. Sólo estoy dispuesta a decir que la separación me permitió, o me obligó, más bien, a realizarme como persona y a enfrentarme a mi propia realidad. Izzy nunca me engañó. No tengo motivos para guardarle rencor -volvió a frotarse la frente, se estiró la comisura de los ojos, como si pretendiera enderezarlos, posó las manos en el regazo, ladeó la cabeza y dijo-: Usted está divorciado.

Michael asintió con un gesto. Muchos años atrás había comprendido que, con objeto de crear un ambiente de franqueza en un interrogatorio, y en especial en uno de aquellas características, era necesario que él también se abriera.

– ¿Tiene hijos?

– Un hijo. Ya es mayor.

– ¿Cuántos años tenía cuando se divorciaron?

– Seis.

– ¿Y lo ha criado usted?

Michael se encogió de hombros.

– En parte. Todo lo posible.

– Un divorcio hostil -dijo ella comprensiva-. No fue una separación amistosa.

– No particularmente -reconoció Michael-. Pero en estos últimos años… la situación ha mejorado.

– Pues bien, a usted le resultará difícil comprenderlo. El caso es que nuestra hija ha sido un factor decisivo. Había que hacer un esfuerzo por ella. Y, además, básicamente nos tenemos afecto -tomó aliento y agregó-: Y todos estos años, hasta que conoció a Nita, ¿ha vivido solo?

– Más o menos. Ha habido unos cuantos experimentos fallidos -respondió Michael sin pensarlo. Por un momento, el rostro de Avigail revoloteó tristemente ante sus ojos. Luego se desvaneció.

Ruth Mashiah lo miraba con los ojos muy abiertos.

– Quiere quedarse con la niña -dijo al fin.

Michael intentó tragar saliva. Tenía la boca como la lija. Asintió con un gesto.

– ¿Y usted no es el padre del hijo de Nita?

– No, no lo soy -reconoció.

– De hecho, lleva muy poco tiempo con Nita. Nita se lo contó a Gabi y él se lo contó a Izzy. No sabía que Izzy me lo contaría a mí.

– ¿Por qué no lo sabía? -Michael se enderezó.

– ¿Quién? ¿Gabi? -sonrió-. ¿Es que no sabe nada de las parejas? ¿No se da cuenta de que mi relación con Izzy inspiraba sus reservas a Gabi? A veces sentía celos. No le gustaba que Izzy me lo contara todo, o casi todo.

– Pensaba que entre hombres habría más… yo qué sé.

– Las parejas son parejas. En este sentido, no hay diferencias entre las parejas heterosexuales y las otras. A decir verdad, me da la impresión de que en su caso los celos a veces son más agudos. Entre ellos hay más dependencia mutua, tal vez debido al aislamiento al que se creen condenados. La relación de Izzy y Gabi era así. En fin, a lo que iba, sé que lleva usted muy poco tiempo con Nita.

– Eso no tiene importancia -arguyó Michael.

– Así, de pronto, ¿quiere tener una familia instantánea? ¿Con una niña hecha a medida?

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[3] Natural de Israel. (N. de la T.)

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