Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Триллеры » Un asesinato musical
Un asesinato musical - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Un asesinato musical

Электронная книга - «Un asesinato musical». Краткое содержание книги:

De la celebrada autora israeli, Batya Gur, nos llega una nueva novela de Michael Ohayon, la cuarta de esta popular serie de thrillers fascinantes e inteligentes. En esta ocasion, Michael Ohayon, un detective culto, solitario y encantador, entabla amistad con una chelista perteneciente a una familia de musicos de fama internacional. Pero su aficion a la musica le llevara a investigar un inesperado caso de doble asesinato que afecta el entorno de su nueva amiga y que tiene que ver con el descubrimiento de un antiguo requiem barroco. Puede una obra de arte convertirse en el movil de un crimen brutal?
1 ... 64 65 66 67 68 69 70 71 72 ... 124
Перейти на страницу:

Al entrar en el despacho con Balilty, Michael había advertido que la mujer retiraba una mano de las de Izzy y la dejaba sobre la mesa. Sus dedos, incluido un pulgar con la uña amoratada, comenzaron a moverse en cuanto Michael tomó asiento frente a ella. La mujer señaló un sobre que tenía delante.

– El pasaporte de Izzy, tal como me lo ha solicitado -dijo, y dirigió a ambos hombres una mirada de declarada curiosidad. Un fogonazo de rabia alumbró fugazmente sus ojos rasgados y se frotó la frente como si quisiera borrar una mancha invisible.

– Señora Mashiah -dijo Balilty, y ella dejó de frotarse la frente-. También tenemos que hablar con usted.

– Sí, cómo no -dijo ella con voz clara y juvenil-. Ya me lo imaginaba -agregó enfadada, y apretó los labios. Luego los despegó para decir-: Pero tendrán que disculparme si no me concentro mucho -y miró a Michael a los ojos-. Porque me he resbalado en la bañera y me he hecho daño y, además, desde anoche tengo un dolor de cabeza horrible -se señaló el centro de la frente-. Y después, al saber lo de Gabi… -enmudeció, extendió las manos sobre la mesa, miró a Balilty y se quedó a la espera.

Izzy emitió un largo suspiro. Fue el único sonido que se oyó en el despacho durante unos segundos. La señora Mashiah miró en derredor, expectante.

– Entonces, ¿querían hablar conmigo? -dijo con voz autoritaria e impaciente.

Aquella voz le sonó familiar a Michael, creía haberla oído recientemente en un contexto muy distinto. Y esa sensación se hizo más intensa cuando ella añadió un apremiante: «¿Y bien?». Balilty se lanzó primero. Sacó unos formularios de un cajón del archivador. Michael conocía esa técnica, él mismo la había utilizado en más de una ocasión. Balilty se sentó despaciosamente, extrajo un rotulador del bolsillo de su camisa y comenzó a preguntarle los datos personales. Ella comunicó pacientemente su nombre, dirección y ocupación. Oírla decir «asistente social» refrescó la memoria a Michael. De pronto tuvo la clara sospecha de que ya sabía dónde había oído su voz. Con excepcional alarde de formalidad, tal como solía conducirse cuando no pisaba terreno firme, Balilty le preguntó dónde trabajaba. Ella respondió con una sonrisa amable:

– Soy la directora de la Agencia de Bienestar Infantil del Departamento de Asuntos Sociales.

La mano de Balilty, gruesa y sólida, se detuvo sobre el formulario. La habitación comenzó a girar sobre sí misma. Balilty ni siquiera miró a Michael de reojo. Y esa falta de contacto visual delató sus pensamientos. A Michael le costaba concentrarse para recordar lo que sabía de la directora de Bienestar Infantil. Sólo podía basarse en los informes de la sargento Malka, transmitidos por Tzilla, y en una conversación telefónica muy breve. Había tenido lugar antes de la primera visita de la enfermera Nehama, y Michael recordaba la voz clara y juvenil y el tono autoritario a la par que tranquilizador con que le había hablado. Según Tzilla, Malka sentía un respeto rayano en el temor por la directora, y no cesaba de hablar de lo inteligente que era. Michael le había descrito a Balilty la Agencia de Bienestar Infantil como un organismo amenazador, siniestro casi. De la enfermera Nehama no le había contado nada.

Justo antes de la reunión matinal, Tzilla había respondido a la mirada de ansiedad de Michael diciendo:

– Sin novedad. Aún no han descubierto nada -le dijo de mala gana y con amargura, para expresar una vez más los reparos que le inspiraba el asunto.

– De todas formas, ahora no servirá de nada. Me quitarán a la niña aunque no encuentren a la madre.

Y Tzilla se encogió de hombros como quien dice: «La culpa es tuya».

– Aun cuando no estuviera trabajando en el caso. Por mi mera relación con Nita. Ahora no puedo alegar que estoy criando a la niña. Pase lo que pase, estoy perdido.

La expresión de Tzilla se dulcificó.

– Malka me ha dicho que aún no ha recibido noticias de la Agencia de Bienestar Infantil -dijo en tono alentador, queriendo suavizar las críticas previas.

– No lo ha anotado -le advirtió Ruth Mashiah a Balilty, y volvió a frotarse la frente.

Balilty se inclinó precipitadamente sobre el formulario y garrapateó unas notas. Luego alzó la cabeza, miró a Michael y dijo:

– Me voy a llevar a este caballero a otro despacho para poder charlar a solas, ustedes quédense aquí -habló en un tono conspiratorio, como si estuviera despejando el campo para un encuentro íntimo, incluso romántico. Michael estaba a punto de protestar, pero Balilty le dirigió una mirada admonitoria y señaló la puerta con un gesto.

– Tendrán que disculparnos un momento -se apresuró a decir Michael.

Se levantó de un salto y salió seguido de Balilty. En el pasillo, conferenciaron en susurros, y luego Balilty, después de girar la cabeza en todas direcciones como una veleta y de echar un vistazo al rellano superior de la escalera, alerta ante posibles peligros, dijo sin mirar a Michaeclass="underline"

– No estoy dispuesto a meterme en esto. Primero pon los asuntos en orden con ella, o manda a alguien en tu lugar, a Tzilla, por ejemplo. Si no lo haces, me interrogará sobre tu relación con Nita y al final me la cargaré yo. Sabe cómo te llamas, no se le escapa nada. Tú mismo la has visto… no hay quien la engañe. ¿Cuándo vas a ver a Shorer?

– Shorer no va a resolverlo. Es demasiado tarde para que Shorer haga nada -dijo Michael con amargura-. Ya no hay quien lo arregle. Pero quiero que me digas si lo sabías.

– ¿El qué? -preguntó Balilty confuso-. ¿Si sabía qué? ¿Que te iban a quitar a la niña?

– No, que era la directora de la Agencia de Bienestar Infantil.

– ¿Te has vuelto loco? -replicó Balilty ofendido-. ¿Cómo quieres que lo supiera? ¿No has visto el susto que me he llevado? Tú mencionaste un apellido distinto, nada que ver con Mashiah. ¿Quieres que le pida a Tzilla que la interrogue?

– No -dijo Michael, y una serenidad extraña, onírica casi, descendió sobre él. Un sentimiento fatalista-. Haremos lo que tú has dicho. Tú comentas con él los resultados de la prueba poligráfica y yo hablo con ella. No veo la dificultad por ningún lado. Me considero perfectamente apto para interrogarla.

Y así lo hicieron. Izzy Mashiah siguió a Balilty cabizbajo y, al llegar a la puerta, dirigió una mirada de desesperación a su ex mujer, que lo tranquilizó con un gesto como quien da ánimos a un niño al que se deja en el colegio por primera vez. Luego se frotó la frente y se volvió para mirar a Michael. Durante unos minutos guardaron silencio, luego ella lo rompió al decir con mucha calma:

– Izzy me ha hablado de usted. Yo conozco su caso desde otro punto de vista. ¿Es usted la persona que vive con Nita van Gelden y su hijo y la niña que encontró? -planteó la pregunta con naturalidad, como si fuera lo más normal del mundo-. En vista de su interés en el caso, me sorprende verlo implicado en la investigación. En nuestra profesión somos muy estrictos a la hora de separar la vida privada del trabajo. ¿No lo consideran también importante en la policía?

Michael no dijo nada.

– Ya que sabe a qué me dedico, sería de esperar que respetase mis horarios y no me tuviera aquí durante horas y horas. Es evidente que Izzy no tiene nada que ver con este asunto, y yo tampoco, desde luego.

– Yo la conozco como Ruth Zellnicker, no como Ruth Mashiah -dijo Michael a la defensiva.

1 ... 64 65 66 67 68 69 70 71 72 ... 124
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)