El Club de París
- Автор: Берри Стив
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «El Club de París». Краткое содержание книги:
Malone conocía el aeródromo. Estaba situado al noroeste a unos once kilómetros de allí. Durante décadas fue el único aeropuerto de París, famoso por ser el lugar donde tomó tierra Charles Lindbergh a su regreso de la travesía transatlántica de 1927.
– Ese avión se dirige hacia ustedes -dijo Daniels.
Malone ató todos los cabos y dijo:
– Para eso quería ganar tiempo Lyon.
– ¿Qué quiere que hagamos? -preguntó Stephanie.
– Mientras hablamos, un helicóptero de la OTAN está aterrizando al norte de los Inválidos. Súbanse a él. Me pondré en contacto con ustedes cuando hayan llegado.
Eliza estaba disfrutando del momento. La impresión que causaban sus palabras en el público constataba que había elegido bien. Todos ellos eran audaces e intrépidos empresarios.
– Bin Laden fracasó porque permitió que el fanatismo se impusiera al buen criterio. No fue cuidadoso. Quería transmitir su mensaje y deseaba que el mundo supiera cómo lo había hecho. No puedes generar beneficios a largo plazo siendo tan estúpido.
– A mí no me interesa matar gente -espetó Robert Mastroianni.
– A mí tampoco. Y no es necesario. Solo hace falta una amenaza creíble que la ciudadanía tema. Nosotros sacaremos tajada de ese miedo.
– ¿No tiene miedo suficiente el mundo? -preguntó otro de los asistentes.
– Desde luego -respondió ella-. Lo único que tenemos que hacer es utilizarlo en nuestro provecho.
Eliza recordó algo que le había enseñado su madre: “La mejor manera de ganarse la confianza de quien te escucha es hacerle creer que le has confiado un secreto”.
– Contamos con la sabiduría de los papiros. Estos papiros le enseñaron a Napoleón muchas cosas y, créanme, también pueden guiarnos a nosotros.
La oradora adoptó un semblante reflexivo.
– El mundo ya está asustado. El terrorismo es real. Nadie puede cambiar eso. La cuestión es cómo puede utilizarse esa realidad.
– Cui bono -dijo uno de ellos.
Eliza sonrió.
– Eso es. ¿Quién se beneficia? Ese principio latino describe a la perfección esta empresa -en ese momento alzó un dedo para dar más énfasis a su discurso-. ¿Alguna vez se han planteado quién se beneficia del terrorismo? Se produce un incremento inmediato de la seguridad en los aeropuertos y edificios. ¿Quién controla todas esas instalaciones, el tráfico aéreo y, por supuesto, la información? Los beneficios los cosechan quienes proporcionan esos servicios esenciales. La economía de las aseguradoras se ve afectada de manera directa. La militarización de nuestro aire, tierra, agua, océanos y espacio se intensifica. Nada es demasiado caro para protegernos de una amenaza. El negocio del apoyo logístico, la ingeniería y los servicios de construcción relacionados con la guerra contra el terrorismo es enorme. En esta guerra, combaten más los contratistas privados que el propio ejército. En ella se obtienen unos beneficios casi impensables. Desde 2001 hemos visto cómo el valor de las acciones de las empresas que ofrecen servicios de apoyo a la guerra se ha incrementado entre un quinientos y un ochocientos por ciento.
Eliza sonrió y arqueó levemente la ceja.
– Soy consciente de que algunas de esas cosas resultan obvias, pero hay otras maneras más sutiles de sacar provecho. De ellas les hablaré después de comer.
– ¿Qué tiene planeado? -preguntó Ashby-. Me mata la curiosidad.
Eliza no puso en duda esa observación. Ella también sentía curiosidad. Se preguntaba si Ashby era un amigo o un enemigo.
– Permítanme que lo explique de este modo. A finales de los años noventa, Corea del Sur, Tailandia e Indonesia experimentaron lo que prácticamente era una debacle económica. El Fondo Monetario Internacional acabó sacándolos del apuro. Nuestro Roben Mastroianni trabajaba para el FMI por aquel entonces y sabe a qué me refiero.
Mastroianni asintió.
– Mientras tenía lugar esa operación de rescate, los inversores saquearon esas tres economías y cosecharon grandes beneficios. Si posees la información adecuada en el momento adecuado, puedes ganar millones incluso en los arriesgados mercados de los derivados y los futuros sobre acciones. He realizado algunas proyecciones preliminares. Con los casi trescientos millones de euros de que disponemos ahora mismo, cabe esperar un rendimiento de entre cuatro mil cuatrocientos y ocho mil millones de euros en los próximos veinticuatro meses. Y eso siendo precavidos. Todas esas cifras son libres de impuestos, claro está.
Eliza comprobó que al grupo le había gustado esa predicción. A una persona con dinero nada la atraía más que la posibilidad de ganar más dinero. Su abuelo tenía razón cuando decía: “Gana todo el dinero que puedas y gástalo, porque se puede ganar mucho más”.
– ¿Y cómo vamos a salir airosos de todo esto? -preguntó uno de ellos.
Eliza se encogió de hombros.
– ¿Por qué no íbamos a hacerlo? El gobierno es incapaz de gestionar el sistema. Dentro del gobierno, pocos entienden el problema y mucho menos cómo encontrar una solución. Y la ciudadanía es absolutamente ignorante. Si no, mire lo que hacen los nigerianos cada día. Envían millones de correos electrónicos a incautos en los que aseguran que pueden obtener grandes beneficios a través de unos fondos no reclamados siempre que abonen una pequeña tasa administrativa. Gran cantidad de gente en todo el mundo cae en esta estafa. Cuando se trata de dinero, pocos piensan con claridad. Yo propongo que pensemos con claridad cristalina.
– ¿Y cómo se hace eso?
– Se lo explicaré todo después de comer. Baste decir que estamos garantizando una fuente de financiación que debería proporcionarnos muchos más billones en recursos no declarados. Se trata de una riqueza no documentada que puede invertirse y utilizarse para nuestro provecho colectivo. Ahora es el momento de que subamos a lo alto de la torre para disfrutar de la vista.
El grupo se levantó.
– Les garantizo que el viaje valdrá la pena.
LIII
Malone oyó cómo el turboeje Rolls-Royce impulsaba las hélices del Wesland Lynx. La Armada le había enseñado a pilotar cazas y acumulaba un respetable número de horas de vuelo en reactor, pero nunca había estado al mando de un helicóptero. Se acomodó en el compartimento trasero mientras el aparato se ladeaba en el frío cielo del mediodía. Stephanie viajaba junto a él.
Un golpecito en la ventanilla de la puerta de la cabina llamó su atención. El piloto señaló sus auriculares y los dos que colgaban de la pared. Un soldado entregó los auriculares a Malone y a Stephanie.
– Ha llegado un mensaje encriptado para ustedes -dijo el piloto.
Se oyó un crepitar y una voz anunció:
– Estoy de vuelta.
– ¿Le importaría decirnos qué ocurre? -le preguntó Malone a Danny Daniels.
– El avión se ha desviado de su rumbo. Primero se ha dirigido hacia el norte, alejándose de la ciudad, y ahora ha virado hacia el sur. No se puede establecer contacto por radio. Quiero que lo verifiquen antes de que lo hagamos saltar por los aires. Tengo al presidente francés por la otra línea. Ha conseguido un caza. Ahora mismo el objetivo no sobrevuela ninguna zona poblada, de modo que podemos abatirlo. Pero no queremos hacerlo, obviamente, a menos que sea imprescindible. Habría que dar muchas explicaciones.
– ¿Está seguro de que esta amenaza es real? -preguntó Malone.
– Maldita sea, Cotton, no estoy seguro de nada. Pero Lyon tenía un avión en Heathrow. Usted lo descubrió. Por lo visto, quería que lo encontráramos…
– De modo que usted sabe lo que sucedió ayer noche.