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La Leyenda De La Séptima Virgen

Электронная книга - «La Leyenda De La Séptima Virgen». Краткое содержание книги:

El peligroso viaje de una virgen, hasta convertirse en mujer…
La leyenda decía que seis novicias que vivían en un convento fueron convertidas en piedra cuando faltaron a sus votos. La séptima virgen debía enfrentar un destino diferente…
Muchos años más tarde, cuando el convento había pasado a ser la mansión de la familia St. Larston, el destino reclamó a otra joven virgen.
Kerensa Carlee era apenas una muchacha campesina, pero tenía ambición y era hermosa… y sabía muy bien usar ambas cosas. En esta mansión misteriosa, Kerensa en su calidad de dama de compañía, debió iniciar el peligroso viaje hasta convertirse en mujer.
La presencia de Kerensa evocó antiguos recuerdos y extraños acontecimientos del pasado. Ella fue la causa que se despertara ese ancestral espíritu de venganza, capaz de llevar hasta la locura, especialmente en noches de luna.
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—¿Por qué tienen tanta seguridad de que hay estaño en la mina Saint Larston?

—Bueno, nuestros abuelos contaron a nuestros padres, y nuestros padres a nosotros, que fue cerrada de manera súbita. Por capricho, podría decirse. Y eso causó muchas privaciones. Y bien, ahora vienen malos tiempos y los malos tiempos no son tiempos para que los caballeros alardeen de sus caprichos.

Aquí había una amenaza, lo cual no me gustaba, pero comprendí la sabiduría del razonamiento de esos hombres.

—Por cierto, diré a mi esposo que han venido —les aseguré.

—Y dígale, señora, que vendremos de nuevo.

Incliné la cabeza y todos salieron en fila, respetuosamente. Entonces regresé junto a Mellyora, que estaba muy pálida.

—Kerensa —dijo con mirada que expresaba admiración—, ¿acaso no hay nada que no seas capaz de hacer?

Repuse que no creía haber hecho nada extraordinario y pensé: "Esta es la respuesta. La mina será trabajada de nuevo. El Abbas será salvado para Sir Carlyon."

* * *

Estaba despierta cuando llegó Johnny esa noche. Antes de que hablara vi en sus ojos una expresión desesperada; era lo que yo había llegado a reconocer como "mirada de perdedor"..

Tanto mejor así. Ahora estaría tan ansioso como cualquier otro por que se investigara la posibilidad de explotar la mina. Me senté en la cama, y tan pronto como entró exclamé:

—Johnny, vino una delegación.

—¿Una qué?

—Estuvieron aquí Saul Cundy y algunos mineros. Quieren que abras la mina Saint Larston. Sé que no te gusta… pero es una posibilidad de resolver las dificultades. Lo que una vez resultó puede volver a resultar.

—¿Estás loca? —inquirió después de sentarse en la cama y mirarme con fijeza. Luego se levantó, tambaleante, y acercándose a la ventana, corrió las cortinas y se quedó allí, mirando hacia afuera.

—Has estado bebiendo —lo acusé—. Oh, Johnny, ¿no ves que hay que hacer algo? Estos hombres abrirán la mina, te guste o no.

—Si los encuentro en mi propiedad los haré encerrar como intrusos.

—Escucha, Johnny. Algo habrá que hacer. Aquí habrá muchas privaciones cuando cierre la mina Fedder. No puedes permitir que nuestra mina quede inactiva cuando podría proporcionar trabajo…

Entonces se volvió; tenía la boca crispada. No me había dado cuenta de que se hallaba tan alterado.

—Sabes muy bien que no se puede interferir en la mina.

—Sé que debemos hacer algo al respecto, Johnny.

—¿Hacer qué?

—Debemos demostrar a esas personas que estamos dispuestos a abrir la mina. ¿Qué pensarán de nosotros si nos negamos?

Me miró como si tuviese ganas de matarme.

—La mina no será tocada —declaró.

—Johnny…

Salió de la pieza y no regresó, sino que pasó la noche en su trasalcoba.

Johnny fue inflexible. No abriría la mina. Nunca lo había visto tan empecinado. Había cambiado; siempre había sido despreocupado y descuidado y yo no podía soportar este cambio en él. ¿Por qué se opondría tan severamente? Nunca le había importado tanto como a Justin el orgullo familiar.

¡Justin! Se me ocurrió la idea de escribirle. Después de todo, Justin seguía siendo el jefe de la casa. Si él daba su autorización para que comenzasen las investigaciones, eso bastaría.

Vacilé. Imaginé a Justin recibiendo la carta, decidiendo que aquella razón bastaba para su regreso. Lo vi obteniendo la aprobación de la aldea. Acaso estuviesen prestos a olvidar las circunstancias que habían llevado a su partida, si él regresaba y abría la mina.

No; no podía escribirle a Justin.

Todo estaba cambiando en la aldea. Amenazaba un desastre; los saludos iban acompañados de un gesto huraño. Nosotros, la familia Saint Larston, habríamos podido proporcionar trabajo y nos negábamos a ello.

Una vez arrojaron una piedra a Johnny cuando cruzaba a caballo la aldea. No sabía quién se la había arrojado, y no le acertó; pero fue una señal.

Nunca me había sentido tan incómoda.

No intenté hacerle reproches porque tenía la idea de que eso aumentaba su empecinamiento. Casi nunca estaba en casa; llegaba en silencio a medianoche y se introducía furtivamente en la trasalcoba. Era evidente que me estaba eludiendo.

Yo me había acostado temprano. Me decía sin cesar que las cosas no podían continuar de esa manera. Algo iba a ocurrir; Johnny cedería.

Permanecía acostada, sin dormir. Suponía que Johnny no volvería a casa hasta la medianoche… o más tarde aún. Entonces debía tener otra conversación con él, por más que lo enfureciera. Debía recordarle su deber hacia nuestro hijo. ¿Qué necio orgullo familiar era ése, que le hacía resistirse a lo inevitable?

Ensayaba las palabras que iba a utilizar, y mientras estaba allí acostada, cierto impulso me hizo abandonar la cama e ir a la ventana.

Era un hábito mío ponerme con frecuencia junto a esa ventana, porque desde ella podía ver el círculo de piedras, que me fascinaban entonces tanto como antes. Siempre me decía que ninguno de mis problemas era tan grande como lo había sido el de ellas. Tal vez por eso siempre podía extraer consuelo de esas piedras.

De pronto me quedé inmóvil, pues una de las piedras se había movido. ¡Una de las Vírgenes había cobrado vida! No. Alguien más estaba allí… ¡alguien con una linterna! Había más de una linterna… y las luces se desplazaban espectralmente en torno a las piedras. Por un momento, una figura se destacó con claridad; era un hombre que llevaba puesto una especie de casco. Lo observé con atención; entonces vi a otras figuras. Se hallaban de pie dentro del círculo de piedras y todos llevaban puestos cascos.

Tenía que saber quiénes eran y qué hacían, de modo que me puse a toda prisa algunas ropas y salí de la casa. Por los jardines crucé al prado, pero cuando llegué no encontré a nadie. A la luz de las estrellas vi las piedras, fantasmales, parecidas a mujeres sorprendidas y petrificadas en la danza. Y no lejos de allí, la mina que tantas discusiones causaba.

De pronto se me ocurrió algo. ¿Tal vez hubiesen sido Saul Cundy y sus amigos, que se reunían para discutir qué harían luego? ¡Qué sitio "más apropiado para tal reunión!

Pero ya se habían ido. Me detuve dentro del círculo de las piedras, y mientras me preguntaba qué harían luego Saul y sus amigos, no podía contenerme de pensar en las Seis Vírgenes, y principalmente en la séptima, que no había salido a bailar aquella noche fatal.

¡Encerrada, emparedada y abandonada para morir!

Pensamientos estúpidos, fantasiosos, pero ¿qué se podía esperar cuando una se detenía en el centro de un círculo de piedras a la luz de la luna?

* * *

Esa noche no oí llegar a Johnny (debo de haber estado durmiendo cuando lo hizo), de modo que no tuve ocasión de hablar con él.

A la mañana siguiente se levantó tarde y salió. Fue a Plymouth, y allí a su club. Debe de haberse pasado la tarde jugando.

Más tarde comprobamos que salió del club alrededor de la medianoche. Pero no llegó a casa.

Al otro día vi que nadie había dormido en la cama de la trasalcoba, y aguardé todo el día su llegada pues había resuelto que ya no podía demorar más en hablar con él.

Tampoco vino a la noche siguiente. Y cuando pasaron otra noche y otro día sin que él hubiese vuelto aún, empezamos a sospechar que algo le había ocurrido.

Hicimos averiguaciones, y fue entonces cuando descubrimos que había salido de su club a la medianoche, dos noches atrás. Al principio pensamos que habiéndolo visto ganar dinero, lo habrían seguido y robado; pero había perdido mucho y tenía consigo poco dinero al salir.

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