Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне

Электронная книга - «El Vizconde Que Me Amo». Краткое содержание книги:

Los cotilleos de lady Whistledown no fallan nunca: una vez más, Anthony Bridgerton es el soltero más codiciado de la temporada en la alta sociedad victoriana. Pero este año, el atractivo vizconde, amante de la diversión y enemigo del compromiso, sorprende a todos y decide buscar esposa y sentar cabeza.
La joya más preciada, la joven y hermosa Edwina Sheffield, es su elección natural. Pero para conseguirla ha de obtener antes la aprobación de la hermana mayor de la muchacha, Kate. Anthony comprobará que convencer a esa mujer arrogante y decidida de que ha dejado de ser un vividor no es tarea fácil. Como tampoco lo es quitársela de la cabeza cuando llega la noche.
1 ... 64 65 66 67 68 69 70 71 72 ... 85
Перейти на страницу:

– Sólo que está bien no tener que preocuparse del mantenimiento de tu hermana y tu madre -concluyó Kate por ella con voz amable.

Edwina soltó un gran suspiro.

– Eso mismo.

Kate estiró el brazo por encima de la mesa y le cogió las manos.

– Puedes estar tranquila de que ya no tienes que preocuparte por mí, y estoy segura de que Anthony y yo siempre podremos ocuparnos de Mary, si es que alguna vez necesita ayuda.

Los labios de Edwina formaron una sonrisa temblorosa.

– En cuanto a ti -añadió Kate-, creo que ya era hora de que pudieras pensar sólo en ti misma para variar. Que tomaras una decisión en función de tus deseos, no de lo que piensas que necesitan los demás.

Edwina soltó una de sus manos para secarse una lágrima.

– Me gusta de verdad -susurró.

– Entonces estoy segura de que a mí también me gustará -dijo con firmeza su hermana-. ¿Cuándo puedo conocerle?

– Va a estar en Oxford la próxima quincena, me temo. Tiene compromisos contraídos que no quiero que desatienda por mi causa.

– Por supuesto que no -murmuró Kate-. Seguro que no quieres casarte con un caballero que no sepa cumplir con sus compromisos.

Edwina expresó su conformidad.

– De todos modos, he recibido una carta suya esta mañana, y dice que vendrá a Londres a finales de mes y que confía en poder hacerme una visita.

Kate sonrió con malicia.

– ¿Ya te envía cartas?

Edwina hizo un gesto de asentimiento y se sonrojó.

– Varias a la semana -admitió.

– ¿Y a qué estudios se dedica?

– Arqueología. Tiene un gran talento. Ha estado en Grecia. ¡Dos veces!

Kate nunca había pensado que fuera posible que su hermana -ya famosa en todo el país por su belleza- estuviera aún más encantadora de lo habitual, pero cuando Edwina hablaba de ella y del señor Bagwell, su rostro resplandecía de un modo tan radiante que causaba impacto.

– Me muero de ganas de conocerle -anunció Kate-. Tenemos que organizar una cena informal con él como invitado de honor.

– Sería maravilloso.

– Y tal vez los tres podamos ir a dar un paseo por el parque otro día para conocernos mejor. Ahora que soy una madura dama casada, puedo desempeñar el papel de acompañante. – Kate soltó una risita-. ¿No resulta gracioso?

Una voz muy masculina, muy divertida, se oyó en el umbral de la puerta.

– ¿El qué es gracioso?

– ¡Anthony! -exclamó Kate sorprendida de ver a su esposo a esa hora del día. Siempre parecía tener citas y reuniones que le tenían fuera de casa-. Qué alegría verte por aquí.

El sonrió un poco mientras hacía un gesto con la cabeza para saludar a Edwina.

– He encontrado un rato libre con el que no contaba.

– ¿Te apetece tomar el té con nosotras?

– Me quedaré con vosotras -murmuró mientras cruzaba la habitación y cogía una licorera de cristal que reposaba sobre una mesita auxiliar de caoba-, pero creo que mejor me tomo un brandy.

Kate le observó mientras se servía una copa, que a continuación hizo girar en su mano con aire distraído. Eran estos los momentos en que a ella le costaba apartar la vista de su amor. Él estaba tan apuesto a última hora de la tarde… No estaba segura del motivo; tal vez era el leve atisbo de barba en sus mejillas o el hecho de que tuviera el pelo un poco despeinado por su actividad durante el día. O tal vez era sencillamente porque no le veía con frecuencia a esas horas; en una oca sión leyó un poema que decía que el momento inesperado era siempre el más dulce.

Mientras Kate contemplaba a su esposo, pensó que era probable que aquel poema tuviera razon.

– Y bien -dijo Anthony tras dar un sorbo a su bebida-, ¿de qué hablaban las señoras?

Kate miró a su hermana para pedirle permiso para comunicar las últimas noticias, y cuando Edwina hizo un gesto afirmativo, dijo:

– Edwina ha conocido a un caballero que le gusta.

– ¿De veras? -preguntó Anthony. Sonó interesado, con un tono paternal muy peculiar. Se acomodó en el brazo del sillón de Kate, un mueble informal muy mullido que no seguía en absoluto las modas del momento, pero muy apreciado de todos modos entre la familia Bridgerton por su comodidad poco habitual-. Me gustaría conocerle -añadió.

– ¿De verdad? -Edwina pestañeó como un buho-. ¿Querría?

– Por supuesto. De hecho, insisto en ello. -Al ver que ninguna de las damas hacía más comentarios, frunció un poco el ceño y añadió-: Soy el cabeza de familia, al fin y al cabo. Normalmente nos toca hacer ese tipo de cosas.

Los labios de Edwina se separaron a causa de su sorpresa.

– No me había percatado de que se sentía responsable de mí.

Anthony la miró como si se hubiera vuelto loca por un momento.

– Eres la hermana de Kate -dijo, como si aquello lo explicara todo.

La falta de expresión en el rostro de Edwina continuó así durante un segundo más, y luego se fundió en un gesto de deleite por completo radiante.

– Siempre me había preguntado cómo sería tener un hermano- comentó.

– Espero pasar el examen -farfulló Anthony, no del todo cómodo ante aquel repentino arranque de emoción.

Ella le dedicó una amplia sonrisa.

– Desde luego. Juro que no entiendo por qué se queja tanto Eloise.

Kate se volvió a Anthony y explicó:

– Edwina y tu hermana se han hecho íntimas amigas desde nuestro matrimonio.

– Dios nos ayude -dijo entre dientes-. Y, si puedo preguntar, ¿de qué podría quejarse Eloise?

Edwina sonrió con gesto inocente.

– Oh, de nada, de verdad. Sólo que, a veces, puede ser un poquito… demasiado protector.

– Eso es ridículo -refunfuñó.

Kate se atragantó con el té. Tenía la impresión de que cuando sus hijas estuvieran en edad de casarse, Anthony se convertiría al catolicismo sólo para poder encerrarlas en un convento con paredes de cuatro metros.

Anthony le echó una ojeada con los ojos entrecerrados.

– ¿De qué te ríes?

Kate se dio unos golpecitos en la boca con la servilleta y musitó desde debajo de los pliegues de la tela:

– De nada.

– Mmmf.

– Eloise dice que parecía un policía cuando Simon cortejó a Daphne – explicó Edwina.

– Oh, ¿eso dice?

Edwina asintió con la cabeza.

– ¡Dice que se batieron en duelo los dos!

– Eloise habla demasiado -masculló Anthony.

Edwina asintió feliz con la cabeza.

– Siempre lo sabe todo. ¡Todo! Sabe incluso más que lady Confidencia.

Anthony se volvió a Kate con una expresión que en parte era de tribulación y en parte de pura ironía.

– Recuérdame que compre una mordaza para mi hermana -dijo con chispa-. Y otra también para la tuya.

Edwina soltó una risa musical.

– Nunca había imaginado que fuera tan divertido hacer bromas con un hermano como con una hermana. Estoy encantada de que decidieras casarte con él, Kate.

– No tuve mucho que elegir al respecto -dijo entonces Kate con sonrisa seca- pero estoy bastante complacida con la manera en que me han salido las cosas.

Edwina se levantó y despertó sin querer a Newton, quien se había quedado dormido tan tranquilo junto a ella en el sofá. Soltó un gemido ofendido y se dejó caer pesadamente al suelo, donde enseguida se enrolló debajo de la mesa.

Edwina observó al perro y soltó una risita antes de decir:

– Tengo que marcharme. No, no hace falta que me acompañes a la puerta -añadió cuando Kate se levantó para acompañarla a la puerta de la entrada-. Conozco el camino.

– Tonterías -dijo Kate y cogió a su hermana del brazo-. Anthony, vuelvo en seguida.

– Contaré cada segundo -murmuró él, y entonces, mientras daba otro sorbo a la copa, las dos damas salieron de la habitación seguidas de Newton que ladraba con entusiasmo por suponer, lo más seguro, que alguien iba a llevarle a dar un paseo.

Una vez que se fueron las dos hermanas, Anthony se acomodó en el mullido sillón que Kate acababa de dejar vacío. Aún estaba caliente de su cuerpo, le pareció que aún podía oler su aroma en la tapicería. Más jabón que lirios esta vez, pensó mientras olisqueaba con cuidado. Tal vez los lirios eran algún perfume, algo que se ponía por la noche.

1 ... 64 65 66 67 68 69 70 71 72 ... 85
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)