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Un Puente Sobre El Drina

Электронная книга - «Un Puente Sobre El Drina». Краткое содержание книги:

Ivo Andric, connotado escritor de origen bosnio (1892-1975), cre? en los a?os de la Segunda Guerra Mundial una trilog?a novel?stica denominada ‘de los Balcanes’. Del primero de sus t?tulos, ‘Cr?nica de Travnik’, ya hay gran rese?a en Hislibris. Esta es la presentaci?n del segundo: ‘Un puente sobre el Drina’.
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En semejante estado de ánimo, le hizo el efecto de que Kherak era una especie de avispa agresiva, de la cual resultaba difícil defenderse. Le parecía que tenía que responder, no sólo de su artículo, sino también de todo lo ocurrido en la escuela durante la tarde. Hubiera querido a toda costa encontrarse solo en aquellos momentos, lejos de allí, y poder reflexionar tranquilamente sobre algo que no fuese ni su artículo ni la muchacha.

Pero el amor propio le impulsaba a mantener su postura. Stikovitch había citado a Tsviitch y a Strossmayer 1, y Kherak, a Kautski y a Bebel.

– Coges el rábano por las hojas – exclamó Kherak, analizando el artículo de Stikovitch -.

Es imposible crear una formación política duradera y sólida, si los campesinos balcánicos continúan hundidos en la miseria y en toda clase de desgracias. Únicamente, la liberación económica previa de las clases explotadas, del campesino y del obrero y, por consiguiente, de la inmensa mayoría del pueblo, puede producir las condiciones necesarias para la formación de Estados independientes. Ese es el proceso natural a seguir, y no a la inversa. Por esta razón, la liberación y la unidad nacional deben realizarse dentro del espíritu de la liberación y de la renovación sociales. Si no, lo que ocurrirá es que el campesino, el obrero y el pequeño burgués llevarán a las nuevas formaciones políticas, contagiándolas de su destino mortal, llevarán, te digo, su indigencia y su naturaleza de esclavos, en tanto que los explotadores, pequeños en número, impregnan todo con su mentalidad de parásitos y de reaccionarios y con sus instintos antisociales.

En esas condiciones, no podrá existir ni un Estado estable ni una sociedad sana.

– Todo eso que acabas de decir, no es más que una serie de ideas extranjeras, demasiado literarias -replicó Stikovitch -. Tu razonamiento se viene abajo ante el impulso vivo de las fuerzas nacionales que se han despertado, primero, entre los servios, y, después, entre los croatas y los eslovenos. Todas esas fuerzas tienen una sola meta. Los acontecimientos no se desarrollan según las previsiones de los teóricos alemanes, sino que, por el contrario, marchan de acuerdo con el sentido profundo de nuestra historia y la vocación de nuestra raza. A partir del momento en que Karageorges dijo: "Que cada uno mate a un soldado turco", las cuestiones sociales se resuelven en los Balcanes mediante guerras nacionales de signo liberador. Y todo va sucediendo de una manera muy lógica: del pequeño al grande, de la región y de la tribu a la nación y al Estado. ¿Es que nuestras victorias en Kumanovo y en Bregalnitsa 1 no han sido al mismo tiempo las mayores victorias del pensamiento progresista y de la justicia social?

– Eso está por ver -replicó Kherak.

– Quien no sea capaz de verlo ahora, no lo verá nunca. Nosotros creemos…

– Vosotros creéis y nosotros creemos, por eso deseamos que nos convenzan con pruebas y con hechos reales -exclamó Kherak.

– Y, ¿el caso de los turcos y el desfallecimiento de Austria-Hungría, primer paso hacia su desaparición, no constituye en realidad victorias de los pequeños pueblos democráticos y de las clases dominadas, en su aspiración por conquistar un lugar iluminado por el sol? -dijo Stikovitch, siguiendo el hilo de su pensamiento.

– Si la realización de las aspiraciones nacionalistas trajese consigo la realización de la justicia social, ya no se presentarían grandes problemas sociales, ni movimientos ni conflictos dentro de los Estados de Europa occidental, los cuales, en su mayoría, han realizado todos sus ideales nacionales y están satisfechos en este aspecto.

Ahora bien, ya hemos podido ver que nacionalismo y justicia social no corren parejas.

– Pues yo te repito -respondió Stikovitch un poco cansado- que si la creación de Estados independientes, establecidos sobre la base de la unidad nacional, y sin la realización de las concepciones contemporáneas sobre la libertad individual y social, no se puede hablar de "liberación social". Porque, como ha dicho un francés, "política ante todo…".

– ¡Ante todo, mi estómago! -interrumpió Kherak.

Llegados a este punto, los demás compañeros empezaron a gritar y la ingenua discusión de estudiantes se transformó en una querella de muchachos en la que todos hablaban a la vez, interrumpiéndose unos a otros; una querella que, cuando se dijeron algunas palabras ingeniosas se disipó, diluyéndose entre risas y gritos.

Fue ésta una buena ocasión para que Stikovitch interrumpiese el debate y se callase, sin dar la impresión de haber sido derrotado ni de abandonar la lucha.

Después de que Zorka y Zagorka se hubieron marchado, hacia las diez, acompañadas por Velimir y por Ranko, todos los demás empezaron también a dispersarse. Al final, se quedaron solos Stikovitch y Nicolás Glasintchanine.

Ambos tenían la misma edad. Habían sido compañeros de instituto y habían vivido juntos en Sarajevo. Se conocían a fondo y, precisamente por eso, no podían apreciarse en su justo valor ni quererse de verdad. Con los años, se abrió entre ellos, de un modo natural, un abismo cada vez mayor y más lamentable.

En la época de las vacaciones, se volvían a encontrar en la pequeña ciudad. Se miraban uno a otro y se contemplaban como inseparables compañeros que por las circunstancias se habían convertido en enemigos. Por si fuera poco, se interpuso entre ellos Zorka, la hermosa e inquieta maestra. En efecto, durante los largos meses del invierno anterior, Zorka empezó a salir con Glasintchanine, el cual ni ocultaba ni podía ocultar hasta qué punto estaba enamorado. Se entregó a aquel amor con todo el ardor de que son capaces los amargados y los descontentos. Pero cuando llegó el verano y los estudiantes hicieron su aparición, Glasintchanine no dejó de darse cuenta de la atención que Zorka prestaba a Stikovitch. De ahí que la tensión que desde hacía algún tiempo existía entre los dos muchachos aumentara durante los últimos meses, aunque la mantuviesen en secreto. Durante aquellas vacaciones, no se habían visto todavía a solas ni siquiera una vez.

Al encontrarse reunidos por casualidad, su primer pensamiento fue el de separarse lo antes posible, sin entablar una conversación que sólo podía resultar desagradable. Pero una consideración absurda, propia de su juventud, les impedía marcharse. En esta situación embarazosa, surgió en su ayuda una circunstancia que alivió por un momento el penoso silencio que los oprimía. En la oscuridad, se oyeren las voces de dos personas que caminaban lentamente y que se detuvieron cerca de la kapia, detrás del ángulo que formaba el parapeto, de manera que Stikovitch y Glasintchanine, sentados en el sofá, no podían verlos ni ser vistos, pero sí escuchar cada una de las palabras que pronunciaban los dos paseantes. Eran voces conocidas. Se trataba de dos de sus compañeros más jóvenes. Tomás Galus y Fekhim Bakhtiarevitch. Ambos se mantenían un poco alejados del grupo integrado por la mayoría de los estudiantes de bachillerato y de los universitarios que, todas las noches, se reunían en la kapia en torno a Stikovitch y Kherak. La razón era que, aunque más joven, Galus era, en tanto que poeta y orador nacionalista, rival de Stikovitch, por quien no sentía estima alguna, y Bakhtiarevitch era extraordinariamente taciturno, orgulloso y salvaje, como correspondía al nieto de un bey.

Tomás Galus era un muchacho de mejillas coloradas y ojos azules. Su padre, Albán Galus (Albán von Galus), era el último descendiente de una vieja familia de Burgenland. Llegó a Vichegrado, como funcionario, inmediatamente después de la ocupación, siendo durante unos veinte años "guarda forestal". Ahora se había retirado. Al poco de llegar a Vichegrado, se casó con la hija de uno de los hombres más ricos de la ciudad, Khadji Tomás Stankovitch. La que fue su esposa era una muchacha robusta, algo madura, de tez morena y fuerte voluntad. Tuvo con ella dos hijas y un hijo, que fueron bautizados en la iglesia servia y que crecieron como verdaderos hijos de Vichegrado y como auténticos nietos de Khadji Tomás. El viejo Galus, hombre alto y, en su juventud, guapo, con una sonrisa noble y una abundante cabellera, completamente blanca, se había convertido en un ciudadano más de Vichegrado. Era "el señor Albo" y los jóvenes no pensaban siquiera que pudiera ser extranjero. Se distinguía por dos pasiones que no molestaban a nadie: la caza y la pipa. Tenía buenos amigos en todo el distrito, tanto entre los servios como entre los campesinos musulmanes, a los que le unía su pasión por la caza. Había asimilado, como si hubiese nacido y crecido entre ellos, muchas de sus particularidades, sobre todo aquella manera especial de mantener un alegre silencio y de conversar tranquilamente, que caracteriza a los fumadores apasionados, y a la gente que ama la caza, el bosque y la vida al aire libre.

El joven Galus había obtenido aquel año su título de bachiller en el instituto de Sarajevo, y para el otoño iría a Viena a continuar sus estudios. Esta cuestión produjo divergencias dentro de su familia. El padre hubiese querido que el muchacho estudiase ciencias técnicas o silvicultura pero el hijo prefería matricularse en la Facultad de Letras. Y es que Tomás Galus sólo se parecía a su padre en el aspecto externo; sin embargo, sus tendencias naturales se dirigían a un campo totalmente distinto al de Albán. Tomás era uno de esos buenos alumnos, modestos y ejemplares en todo, que aprueban sus exámenes con facilidad, pero que sólo se sienten verdadera y sinceramente preocupados por satisfacer sus aspiraciones espirituales un poco desordenadas y confusas; aspiraciones que van más allá del ambiente de la escuela y de los programas oficiales. A esa clase de estudiantes le son desconocidas las lamentables y penosas crisis de la vida sensual y sentimental por las que han de pasar tantos muchachos de su edad, mas, como contrapartida, encuentran difícilmente el modo de apaciguar sus inquietudes intelectuales y son, frecuentemente durante toda su vida, unos enredadores, unos originales interesantes, sin ocupación estable ni dirección determinada.

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1. lowan Tsviitch (Cvijié), gran geógrafo y etnógrafo servio que fue de los primeros en defender el nacionalismo yugoslavo.

Strossmayer, obispo croata de Djakovo, fue un ardiente defensor de la unión de los Esclavos del Sur. (N.del T.)

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1. Kumanovo: victoria servia sobre los turcos (1912).

Bregalnitsa: río que sirvió de escenario a la derrota de los búlgaros frente a los servios en 1913. (N. del T.)

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