El Lugar Maldito
- Автор: Кунц Дин Рэй
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «El Lugar Maldito». Краткое содержание книги:
Cuando Frank Pollard despierta en un oscuro callejón apenas sabe más que su nombre y que algo, indefinible y horroroso, lo persigue para darle muerte. Tras huir y encontrar refugio en un motel se vuelve a sumergir en un sueño del que despierta con las manos bañadas de sangre. Aterrorizado por albergar tras su consciencia una realidad tan misteriosa como abominable intenta mantener su frágil vigilia, pero el cansancio y la desesperación acaban por hacerle acudir a los Dakota, un joven y extrovertido matrimonio de detectives californianos.
Bobby y Julie impresionados por la extraña dimensión del caso, deciden vigilar a Frank durante sus inexplicables fugas amnésicas para desentrañar el origen de su incomprensible perturbación. Al penetrar en un mundo vedado a la lógica y tránsido de una maldad insoportable, descubrirán la trama fatal de una familia que maduró en su seno la crueldad más abominable para redimir al mundo con una estirpe de desquiciados redentores.
Bobby dijo:
– Ella me encargó que te dijera que te quiere incluso más que ayer y que mañana te querrá incluso más.
Se abrazaron de nuevo porque esta vez Thomas dio el abrazo a Bobby para Julie.
Clint preguntó si podía ver el último libro de poemas. El se lo llevó a través de la habitación y el hombre se sentó en la butaca de Derek, lo cual pudo pasar porque Derek no la ocupaba, se hallaba en la sala de juego.
Bobby trasladó la silla desde la mesa de trabajo acercándola a la butaca que ahora pertenecía a Thomas. Entonces se sentó y los dos hablaron de lo azul que era el día y de lo bonitas que estaban las flores, todas resplandecientes, ante la ventana de Thomas.
Durante un rato hablaron de muchas cosas y Bobby estuvo gracioso… pero cuando hablaron de Julie cambió. Se notaba que Julie le preocupaba. Cuando habló de ella fue como una buena fotografía de poema…, no habló de su preocupación pero la dejó ver y te la hizo sentir.
Como él estaba preocupado por Julie, la preocupación de Bobby le hizo sentirse incluso peor, le hizo tener miedo por ella.
– Estamos muy atareados con el caso actual -dijo Bobby-, de modo que ninguno de los dos podrá visitarte otra vez hasta este fin de semana o los primeros días de la semana próxima.
– Vale -dijo Thomas. Y un frío enorme llegó de alguna parte y le envolvió. Cada vez que Bobby mencionó el nuevo caso, ése del bebé, su poema pictórico de preocupación fue más fácil de leer.
Thomas se preguntó si no sería aquel el caso en que ellos se encontrasen con la «cosa malévola». Estaba seguro de que sí. Pensó que debería decir a Bobby lo de la «cosa malévola», pero no encontró palabras. Cualquier cosa que dijera, parecería la persona más tonta de todas las que vivían en el Hogar. Sería mejor esperar a que el peligro se acercara mucho más, y entonces televisaría a Bobby un aviso verdaderamente urgente que le asustase y le hiciera buscar la «cosa malévola» y disparar contra ella cuando la viera. Bobby prestaría atención al anuncio televisado porque sabría de dónde provenía: que provenía tan sólo de una persona tonta.
Además Bobby sabía disparar, todos los detectives privados sabían porque había muchas cosas malas en el mundo casi todos los días y tú sabías que te encontrarías con alguien que intentaría dispararte primero, o arrollarte con un coche, o apuñalarte o estrangularte e incluso arrojarte por un edificio e intentar «hacerlo pasar por un suicidio», y puesto que la mayor parte de los chicos buenos no llevan pistolas, los detectives privados necesitan ser buenos tiradores.
Pasado un buen rato, Bobby hubo de irse. No al baño sino de vuelta al trabajo. Así que los dos se abrazaron de nuevo. Entonces Bobby y Clint se marcharon y Thomas se quedó solo.
Fue a la ventana. Miró hacia fuera. El día era bueno, mejor que la noche. Pero aunque el sol empujaba casi toda la oscuridad hacia el borde del mundo y aunque el resto de la oscuridad se escondía del sol detrás de árboles y edificios, había maldad en el día. La «cosa malévola» no se había ido con la oscuridad hasta el borde del mundo. Estaba todavía allí, en algún lugar dentro del día, se veía claramente.
La noche anterior, cuando se quedó demasiado cerca de la «cosa malévola» y ella intentó cogerle, se asustó tanto que se apartó muy aprisa. Tuvo la impresión de que la «cosa malévola» estaba intentando averiguar quién era él y dónde estaba, y tan pronto como se enterara vendría al Hogar y se lo comería al igual que se comía los pequeños animales. Por tanto, se propuso no acercársele otra vez, mantenerse alejado, pero ahora no podía hacerlo por consideración a Julie y el bebé. Si Bobby, que nunca se preocupaba, parecía tan preocupado acerca de Julie, él necesitaba preocuparse aún más por ella. Y si Julie y Bobby pensaban que se debía proteger al bebé, él tenía que preocuparse también acerca del bebé, porque todo cuanto fuera importante para Julie era importante para él.
Alargó la mano hacia el día.
Ella estaba allí. Todavía muy lejos.
No quiso acercársele.
Sintió miedo.
Pero debería dejar de asustarse por Julie, Bobby y el bebé, acercarse más, y asegurarse de que sabía en todo momento dónde estaba la «cosa malévola» y si se proponía venir hacia aquí.
Capítulo 45
Jackie Jaxx no llegó a las oficinas de Dakota amp; Dakota hasta las cuatro y diez de la tarde del martes, una hora antes de que Bobby y Clint regresaran, y para disgusto de Julie se pasó media hora creando una atmósfera propicia para su trabajo. Opinó que la habitación estaba demasiado iluminada y por tanto cerró las persianas de las grandes ventanas, aunque el inminente crepúsculo invernal y unos nubarrones provenientes del Pacífico hubiesen arrebatado ya al día una buena parte de su luz. El hombre probó diferentes arreglos con las tres lámparas de bronce, cada una de las cuales estaba provista con una bombilla trifásica, lo cual le proporcionaba al parecer un número infinito de combinaciones; por último dejó una de ellas a setenta vatios, otra a treinta y la tercera apagada. Pidió a Frank que se trasladara desde el sofá a una de las sillas. Luego pensó que eso no funcionaría y entonces corrió la gran butaca de Julie fuera de la mesa y lo sentó en ella; acto seguido colocó frente a él cuatro sillas en semicírculo.
Julie pensó que Jackie podría haber trabajado igual o mejor con las persianas abiertas y las lámparas encendidas. Sin embargo, él seguía siendo un actor aunque estuviera fuera del escenario, y no podía resistirse a la tentación de ser teatral.
En años recientes, los ilusionistas habían renunciado a los seudónimos espectaculares como el Gran Blackwell o Harry Houdini por preferir nombres que al menos parecieran los verdaderos, pero Jackie era un tradicionalista. Así como el verdadero nombre de Houdini era Erich Weiss, Jackie había sido bautizado como David Carver. Como él practicaba la magia cómica, había procurado evitar los nombres misteriosos. Y como desde la pubertad ansiara formar parte de los clubes nocturnos de Las Vegas, había elegido una nueva identidad que para él y los de su círculo social sonaba a realeza de Nevada. Mientras otros chicos aspiraban a ser maestros, médicos, agentes inmobiliarios o mecánicos de automóviles, el joven David Carver soñaba con ser alguien como Jackie Jaxx; ahora, a Dios gracias, su sueño se había consumado.
Aunque se moviera entre un contrato de una semana en Reno y un trabajo de poca monta como acto inicial del espectáculo de Sammy Davis en Las Vegas, Jackie no se presentó en vaqueros ni vistiendo un traje ordinario, sino luciendo una indumentaria que podría haber llevado durante sus actuaciones: un sobrio traje negro con ribete verde esmeralda en la solapa y los puños de la chaqueta, una camisa verde para hacer juego y zapatos negros de charol. Jackie tenía treinta años, medía un metro cincuenta, era flaco, mostraba un bronceado canceroso, se teñía el pelo de un color negro tinta y exhibía unos dientes de una blancura feroz, poco naturales.
Tres años antes, Dakota amp; Dakota había sido contratada por un hotel de Las Vegas con el que Jackie tenía un contrato a largo plazo: entonces se le encomendó la ardua tarea de descubrir la identidad de un chantajista que intentaba despojar al ilusionista de casi todos los ingresos. Aquel caso tuvo muchos lances imprevistos, pero cuando ellos lo solucionaron, lo que más sorprendió a Julie fue el haber superado su antipatía hacia el ilusionista hasta el extremo de simpatizar con él. O casi.