Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Фэнтези » El Libro de las sombras contadas. Las Cajas del Destino
El Libro de las sombras contadas. Las Cajas del Destino - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

El Libro de las sombras contadas. Las Cajas del Destino

Электронная книга - «El Libro de las sombras contadas. Las Cajas del Destino». Краткое содержание книги:

El Libro de las sombras contadas. Las Cajas del Destino
1 ... 61 62 63 64 65 66 67 68 69 ... 228
Перейти на страницу:

Richard pensó en Michael y confió en que estuviera a salvo. Michael no sabía qué estaba haciendo él y probablemente se estaría preguntando dónde se había metido. Seguramente estaba preocupado. En principio Richard había planeado visitar a su hermano después de abandonar la casa de Zedd, pero no habían tenido tiempo. Rahl había estado a punto de atraparlos. El joven deseó haber podido advertir a Michael; cuando el Límite cayera el Primer Consejero correría grave peligro.

Cuando se cansó de serrar, empezó a cortar con el hacha. Era agradable volver a utilizar los músculos, sudar por el esfuerzo, hacer algo que no le exigiera pensar. La fría lluvia le facilitaba la tarea, pues refrescaba su acalorado cuerpo. Para no aburrirse se imaginó que los troncos que cortaba eran Rahl el Oscuro. De vez en cuando cambiaba y pensaba que eran un gar. Cuando se encontraba con un tronco especialmente duro se imaginaba que era la cabeza del hombre pelirrojo.

Kahlan salió de la casa y le preguntó si quería cenar. Richard ni siquiera se había dado cuenta de que estaba oscureciendo. Cuando la mujer volvió a entrar, el joven se dirigió al pozo y se echó encima un cubo de agua fría para limpiarse el sudor. Kahlan y Adie estaban sentadas a la mesa y, puesto que únicamente había dos sillas, Richard fue a por un tronco en el que sentarse. Kahlan le colocó delante un cuenco con sopa y le tendió una cuchara.

—Me has hecho un regalo maravilloso, Richard —dijo Adie.

—¿Qué regalo? —Richard sopló sobre la cucharada de sopa para no quemarse.

—Me has dado tiempo para poder hablar con Kahlan en mi lengua materna —repuso la anciana de los huesos, mirándolo con sus ojos blancos—. No puedes imaginarte qué alegría he sentido. Hacía tanto tiempo que no pasaba... Eres un hombre realmente astuto; un verdadero Buscador.

—Tú también me has dado algo muy valioso: las vidas de mis amigos. Gracias, Adie. —Richard le dirigió una radiante sonrisa.

—Y tu sopa picante es magnífica —añadió con cierta sorpresa.

—Sí. —Kahlan le guiñó un ojo—. Es casi tan buena como la que yo preparo.

—Kahlan me ha contado qué se propone Rahl el Oscuro y que el Límite está cayendo. Eso explica muchas cosas. También me ha dicho que conocéis la existencia del paso y que queréis cruzar a la Tierra Central. Ahora debéis decidir qué queréis hacer. —Dicho esto la anciana se llevó a la boca una cucharada de sopa.

—¿A qué te refieres?

—Es preciso que tus amigos se despierten cada día para beber y comer gachas. Duermen aún bastantes días, cinco o quizá diez. Tú, como Buscador, decides si los esperáis o seguís adelante. Nosotras no podemos ayudarte; la decisión es tuya.

—Sería mucho trabajo para ti sola.

—Sí. Pero no tanto como ir tras las cajas y parar los pies a Rahl el Oscuro. —La mujer de los huesos siguió tomando sopa mientras observaba al joven.

Richard removió distraído la sopa con la cuchara. Hubo un largo silencio. Entonces miró a Kahlan, pero el semblante de la mujer no revelaba nada. Richard sabía que Kahlan no quería interferir. El joven volvió a fijar la mirada en su cuenco de sopa.

—Cada día que pasa Rahl está más cerca de la última caja —dijo al fin, en voz baja—. Zedd me dijo que tenía un plan, aunque quién sabe si era un buen plan. Y es posible que, cuando despierte, ya no quede tiempo para ponerlo en práctica. Podríamos perder antes incluso de empezar. —Richard posó la vista en los ojos verdes de Kahlan—. No podemos esperar. No podemos arriesgarnos; hay demasiado en juego. Tenemos que partir sin ellos. —Kahlan le lanzó una sonrisa tranquilizadora—. De todos modos no hubiera dejado que Chase nos acompañara. Tengo un trabajo más importante para él.

Adie alargó una mano y la colocó sobre la del joven. Pese a estar muy estropeada, la mano de la anciana era suave y cálida al tacto.

—No es una decisión fácil —dijo—. No es fácil ser el Buscador. En el futuro debes enfrentarte a dificultades que superar tus peores temores.

—Al menos aún tengo a mi guía —replicó Richard con una sonrisa forzada.

Los tres guardaron silencio, reflexionando sobre lo que había que hacer.

—Ambos necesitáis dormir bien esta noche —les dijo Adie—. Lo necesitáis. Después de la cena os digo lo que debéis saber para cruzar el paso. Y os cuento cómo perdí un pie —añadió con voz aún más rasposa si cabe, mirando alternativamente a uno y a otro.

17

Richard colocó la lámpara a un lado de la mesa, cerca de la pared, y la encendió con una ramita del fuego. Por la ventana se colaba el sonido de la suave lluvia que caía y de las criaturas de la noche. Los chirridos y las llamadas de los pequeños animales nocturnos le eran muy familiares. Para él eran los reconfortantes sonidos del hogar. El hogar. Ésa era la última noche que pasaría en su tierra natal antes de ir a la Tierra Central. Como su padre hizo en el pasado. El joven sonrió para sí. Era irónico; su padre había traído de la Tierra Central elLibro de las Sombras Contadasy ahora él lo devolvía. Richard se sentó en el tronco, frente a Kahlan y Adie.

—¿Cómo podemos encontrar el paso? —preguntó a Adie.

La anciana se reclinó en la silla y agitó una mano en el aire.

—Ya encontrado. Estáis en el paso. Al menos, en la boca de él.

—¿Y qué debemos saber para cruzarlo?

—El paso es un espacio vacío en el inframundo pero sigue siendo la tierra de los muertos. Vosotros estáis vivos. Las bestias del inframundo cazan a los vivos, si éstos son lo suficientemente grandes para interesarles.

Richard miró a Kahlan, pero el rostro de ésta permanecía del todo impasible.

—¿Qué bestias son ésas? —preguntó, posando de nuevo la vista en la mujer de los huesos.

—Ésos son sus huesos —respondió Adie, señalando con un largo dedo las cuatro paredes—. Tus amigos son atacados por bestias del inframundo. Los huesos confunden sus poderes. Por eso te digo que reciben ayuda desde el momento que entran aquí. Los huesos expulsan el veneno mágico de sus cuerpos y espantan el sueño de la muerte. Los huesos alejan el mal de aquí. Las bestias no pueden encontrarme porque perciben la maldad de los huesos; éstos las ciegan y les hacen creer que yo soy una de ellas.

—¿Y si nos llevamos algunos huesos para que nos protejan? —sugirió Richard, inclinándose hacia la anciana.

La mujer de los huesos esbozó su media sonrisa que hizo que alrededor de los ojos apareciera una red de arrugas.

—Muy bien. Eso es exactamente lo que debéis hacer. Los huesos de los muertos poseen una magia que os protegerá, en parte. Pero hay más. Escuchad con atención lo que os digo.

Richard entrelazó las manos y asintió.

—No podéis llevar caballos, pues la senda es demasiado estrecha para ellos. Hay lugares por los que no pueden pasar. Tampoco debéis apartaros de ella; es muy peligroso. Y no debéis deteneros para dormir. Para cruzar el paso tardáis un día, una noche y la mayor parte del día siguiente.

—¿Por qué no podemos detenernos para dormir? —quiso saber Richard.

—En el paso hay otros seres, además de las bestias. —Adie los miró a ambos con sus albos ojos—. Y si os paráis el tiempo suficiente, van a por vosotros.

—¿Seres? —inquirió Kahlan.

—Yo voy a menudo al paso. Es bastante seguro si uno va con cuidado. Pero si no, hay seres que atacan. —La áspera voz de la mujer de los huesos se hizo más grave y amarga—. Una vez yo me confío demasiado. Un día camino mucho y estoy muy cansada. Me siento segura de mí misma, segura de que conozco todos los peligros, por lo que me siento con la espalda apoyada en un árbol y echo una cabezadita. Sólo unos minutos. —Adie se llevó una mano a la pierna y empezó a frotarla suavemente—. Mientras duermo una lapa chupasangre se me engancha al tobillo.

—¿Qué es una lapa chupasangre? —preguntó Kahlan con rostro demudado.

1 ... 61 62 63 64 65 66 67 68 69 ... 228
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)