La torre de la golondrina
- Автор: Сапковский Анджей
- Язык: испанский
- Жанр: Фэнтези
Электронная книга - «La torre de la golondrina». Краткое содержание книги:
La acción comienza con Ciri llegando a una cabaña de un ermitaño al que va contando su historia, y así en un enorme flashback nos pone al día de sus andanzas. A lo largo de los recuerdos de Ciri tendremos momentos llenos de acción, de crueldad, Ciri lo pasa mal, muy mal, de ternura, de humor. Todo esto esta narrado, no solo por Ciri, sino por los numerosos personajes que van apareciendo en sus andanzas, conformando un complejo puzle, que a veces es difícil de seguir, pero que consigue recrear un fresco de las aventuras de la joven en el que una vez que todo encaja asistimos a un final tan climático y abierto que nos dejará ansiosos por comenzar a leer La dama del lago, última entrega de la serie, donde suponemos que asistiremos a un final a la altura de las novelas, en realidad una sola, que conforman la serie.
Como en todas las entregas anteriores destaca la habilidad de Sapkowski para dotar de voces personales a todos y cada uno de los personajes que aparecen, tanto a los viejos amigos como a los nuevos que se incorporan en esta entrega, como el ermitaño o algunos de los bandidos,merito compartido con la excelente traducción, entrelazar una estructura narrativa alambicada en la que las distintas lineas de acción van concordando con la precisión de un reloj, aunque en esta ocasión flojean un tanto las historias de Geralt y Yennefer, mas que nada por lo poco que aportan al destino final de la serie, en comparación con la importancia del personaje de Ciri, lo que lastra el resultado final de esta entrega, que aun así es sin duda uno de los títulos imprescindibles de la fantasía.
– Poesía.
– ¿Lo prefieres menos poético? A causa de un cambio en el ángulo de caída de los rayos solares se desplazará, y mucho, la frontera de los hielos eternos. El hielo que vendrá del norte destrozará estas montañas y se arrastrará lejos hacia el sur. Todo quedará cubierto por la blanca nieve. Una capa de más de una milla de espesor. Y hará frío, mucho frío.
– Tendremos que llevar calzoncillos largos -dijo Geralt sin emoción-. Zamarras. Y gorros de piel.
– Me lo has quitado de la boca -el elfo, sereno, concedió-. Y con esos calzoncillos y esas zamarras sobreviviréis hasta que algún día volváis aquí, a cavar y a registrar estas cavernas, para destruir y robar. La profecía de Itlina no lo dice, pero yo lo sé. No hay forma de destruir por completo ni a los humanos ni a las cucarachas, siempre queda por lo menos una parejita. En lo que concierne a nosotros, los elfos, Itlina es bastante más decidida: sólo se salvarán aquéllos que sigan a Golondrina. La Golondrina, el símbolo de la primavera, es la salvadora, aquélla que abrirá la Puerta Prohibida, el camino de la salvación. Y permitirá la resurrección del mundo. La Golondrina, la Hija de la Antigua Sangre.
– ¿Es decir, Ciri? -Geralt no aguantó-. ¿O un hijo de Ciri? ¿Cómo? ¿Y por qué?
Avallac´h, daba la sensación, no había escuchado.
– La Golondrina de la Antigua Sangre -repitió-. De su sangre. Ven. Y mira.
Incluso entre aquellas otras estatuas increíbles por su realismo, atrapadas en un movimiento o un gesto, la señalada por Avallad! se distinguía. Una elfa de mármol blanco, que medio yacía en una plataforma, producía la impresión como si, habiéndola despertado, fuera a sentarse y levantarse al momento siguiente. Estaba vuelta con el rostro hacia un lugar vacío a un lado, y la mano alzada parecía tocar allí algo invisible.
En el rostro de la elfa se pintaba una expresión de serenidad y felicidad.
Pasó mucho tiempo antes de que Avallac´h rompiera el silencio.
– Ésta es Lara Dorren aep Shiadhal. Por supuesto, esto no es una tumba, sino un cenotafio. ¿Te extraña la posición de la estatua? En fin, el proyecto de cincelar en el mármol a los dos legendarios amantes no obtuvo muchos apoyos. Lara y Cregennan de Lod. Cregennan era un humano, hubiera sido una profanación el despilfarrar el mármol de Amell en una estatua suya. Hubiera sido una blasfemia colocar aquí la estatua de un ser humano, en Tir ná Béa Arainne. Por otro lado, todavía un crimen mayor hubiera sido destruir con premeditación la memoria de aquel sentimiento. Así que se llegó al justo medio. Cregennan… formalmente no está aquí. Y sin embargo lo está. En la mirada y en el gesto de Lara. Los amantes están juntos. Ni siquiera la muerte consiguió separarlos. Ni la muerte ni el olvido… Ni el odio.
Al brujo le pareció que la voz de indiferencia del elfo se había transformado por un instante. Pero aquello seguramente no era posible.
Avallac´h se acercó a la estatua, con precaución, con un movimiento delicado acarició el brazo de mármol. Luego se dio la vuelta y en su rostro triangular apareció de nuevo su acostumbrada sonrisa levemente burlona.
– ¿Sabes, brujo, cuál es la peor desventaja de una larga vida?
– No.
– El sexo.
– ¿Cómo?
– Has oído bien. El sexo. Al cabo de menos de cien años acaba por hacerse aburrido. Nada hay en ello que pudiera fascinar y excitar, que tuviera la belleza excitante de la novedad. Ya se ha hecho de todo… De una u otra forma, pero todo. Y entonces, de pronto, tiene lugar la Conjunción de las Esferas y aparecéis vosotros aquí, los humanos. Aparecen aquí los humanos supervivientes, que provienen de otro mundo, de vuestro antiguo mundo, el cual conseguisteis destruir con vuestras propias manos, todavía cubiertas de pelos, apenas cinco millones de años después de haberos formado como género. Sois apenas un puñado, el tiempo de vida media que tenéis es ridículamente corto, así que vuestra perduración depende de la velocidad de multiplicaros, por eso el deseo de lujuria no os abandona nunca, el sexo os gobierna por completo, es un impulso más fuerte incluso que el instinto de supervivencia. Morir, ¿por qué no?, siempre y cuando antes pueda uno follar. Ésa, en pocas palabras, es toda vuestra filosofía.
Geralt no le interrumpió ni comentó nada, aunque tenía muchas ganas de hacerlo.
– ¿Y de pronto qué sucede? -siguió Avallac´h-. Los elfos, aburridos de sus aburridas elfas, se lían con las siempre dispuestas mujeres humanas; las aburridas elfas se entregan, por curiosidad perversa, a vuestros sementales humanos, siempre llenos de vigor y fuerza. Y ocurre algo que nadie ha conseguido explicar: las elfas, que normalmente sólo ovulan una vez cada diez o veinte años, desde que copulan con los humanos, comienzan a ovular con cada intenso orgasmo. Actúa no sé qué hormona oculta o combinación de hormonas. Las elfas entienden que, en la práctica, sólo pueden tener hijos con los humanos. Fue por las elfas que no os exterminamos cuando aún éramos más fuertes. Y luego vosotros fuisteis más fuertes y comenzasteis a exterminarnos a nosotros. Pero aún teníais aliados entre las elfas. Ellas eran las partidarias de la convivencia, la cooperación y la coexistencia… y no querían reconocer que, en realidad, se trataba del coacostarse.
– ¿Y qué tiene que ver todo esto conmigo? -gruñó Geralt.
– ¿Contigo? Absolutamente nada. Pero mucho con Ciri. Puesto que Ciri es descendiente de Lara Dorren aep Shiadhai, y Lara Dorren era partidaria de la coexistencia con los humanos. Principalmente con un humano. Con Cregennan de Lod, hechicero humano. Lara Dorren coexistió con el mencionado Cregennan a menudo y con éxito. Más claro: se quedó embarazada.
También esta vez el brujo guardó silencio.
– El problema yacía en que Lara Dorren no era una elfa común y corriente. Era un depósito genético. Especialmente preparado. El resultado de muchos años de trabajo. En unión con otro depósito, un elfo, se entiende, había de dar a luz a un niño todavía más especial. Concibiendo de la semilla de un humano, enterró aquella posibilidad, tiró por la borda el resultado de cientos de años de planes y preparaciones. Así por lo menos se pensó entonces. Nadie sospechó que el mestizo engendrado por Cregennan pudiera heredar de su valiosa madre algo positivo. No, un matrimonio tan desigual no podía traer consigo nada bueno…
– Y por ello -le interrumpió Geralt- fue severamente castigado.
– No de la forma que piensas. -Avallac´h le lanzó una rápida mirada-. Aunque la unión de Lara Dorren y Cregennan produjo un perjuicio incalculable a los elfos mientras que a los humanos sólo les podía venir bien, fueron los humanos, no los elfos, los que asesinaron a Cregennan. Los humanos, no los elfos, produjeron la perdición de Lara. Exactamente así fue, pese a que muchos elfos tenían motivos para odiar a los amantes. También motivos personales.
A Geralt, por segunda vez, le sorprendió un leve cambio en el tono de voz del elfo.
– De una u otra forma -siguió Avallac´h-, la coexistencia estalló como una burbuja de jabón, las razas se echaron mutuamente a la garganta. Comenzó la guerra que perdura hasta hoy. Y en este tiempo, el material genético de Lara… existe, como seguro que ya te has imaginado. E incluso se ha desarrollado. Por desgracia, ha sufrido mutación. Sí, sí. Tu Ciri es una mutante.
Tampoco esta vez el elfo esperó a que dijera algo.