Deja en paz al diablo
- Автор: Вердон Джон
- Серия: Dave Gurney [es] #3
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Deja en paz al diablo». Краткое содержание книги:
Han pasado seis meses. David Gurney apenas ha conseguido reincorporarse a una cierta normalidad después de haberse encontrado al borde de la muerte tras resolver el caso más peligroso al que se había enfrentado. Madeleine, su esposa, está preocupada: ha sido diagnosticado con síndrome de estrés postraumático; nada parece alegrarle.
Hasta que recibe una llamada. Connie Clark, la periodista que creó la leyenda de superpoli, lo puso en la portada de una revista y lo catapultó a la fama, quiere pedirle ayuda. Su hija Kim está realizando un documental sobre las familias de las víctimas de un asesino en serie al que nunca atraparon, el Buen Pastor, y Connie quiere que Gurney supervise sus investigaciones y la guíe. En parte por aburrimiento y en parte por hacerle un favor a Connie, Gurney acepta.
Sin embargo, esto no será más que el principio. Incapaz de ponerle coto a su curiosidad y a su necesidad de resolver cada una de las incógnitas que se le presentan, David Gurney se verá arrastrado a una investigación para descubrir la verdadera identidad del asesino. Un asesino que es tan imprevisible como peligroso.
Si en Sé lo que estás pensando te asombró y en No abras los ojos te aterró, con Deja en paz al diablo, John Verdon consigue lo inesperado: sorprender al lector a cada página hasta dejarlo sin aliento.
– ¿Le importa ser más concreto?
– ¿Se debatió sobre si fueron necesarias las gafas de francotirador?
Trout torció el gesto.
– ¿De qué está hablando?
– ¿Se habló acerca de la absurda elección del arma? ¿O sobre cuántas armas se utilizaron? ¿Se discutió dónde se deshizo de ellas el asesino?
A pesar de un evidente esfuerzo por mantenerse impasible, los ojos de Trout dejaron entrever cierta preocupación.
– Y luego está la contradicción entre la probada aversión que el asesino sentía por el riesgo y su declarado fanatismo -continuó Gurney-. Así como el conflicto entre su planificación, perfectamente lógica, y sus objetivos, completamente ilógicos.
– Casi todos los terroristas suicidas caen en contradicciones similares -dijo Trout con un gesto desdeñoso de la mano.
– No son solo ellos, los suicidas. Están el tipo que les da las órdenes, el que tiene un objetivo político, el estratega que traza el plan, el reclutador, el preparador, el supervisor sobre el terreno, el mártir que se presenta voluntario para salir volando por los aires…, todos ellos pueden funcionar como un equipo, pero cada uno es lo que es. El resultado de la red podría resultar una locura, incluso algo contraproducente, pero cada uno de sus componentes es internamente consistente y comprensible.
Trout negó con la cabeza.
– No veo la relevancia.
En el umbral, Daker bostezó.
– Es obvio. Los Osama bin Laden del mundo no se convierten en pilotos ni estrellan aviones contra rascacielos. Son cosas diferentes. O bien el Buen Pastor es más de una persona, o bien lo que les ha llevado a deducir que estamos ante una sola persona es erróneo.
Trout exhaló un sonoro suspiro.
– Muy interesante, pero ¿sabe lo que me parece más interesante? Su comentario sobre la pistola… o pistolas. Revela que ha tenido acceso a información restringida. -Se recostó en su sillón y puso los dedos en campana, bajo su barbilla, con gesto reflexivo-. Es un problema. Un problema para usted y para quien haya filtrado tal información, un error de los que pueden acabar con una carrera. Deje que le haga una pregunta directa: ¿tiene más información de archivos policiales federales de uso restringido, en relación con este o con otros casos?
– Dios mío, no sea absurdo.
El cuello de Trout se tensó, pero no dijo nada.
– He venido a hablar de este caso porque creo que hay algo que no encaja -continuó Gurney-. ¿De verdad quiere reducir esto a una riña infantil sobre una hipotética infracción burocrática?
Holdenfield levantó la mano derecha para detenerlo, como si fuera una policía de tráfico.
– ¿Puedo sugerir algo? Podemos detenernos un momento. Estamos aquí para discutir hechos, pruebas, interpretaciones razonables. El componente emocional se está interponiendo. Tal vez podríamos…
– Tiene toda la razón -dijo Trout con una sonrisa tensa-. Creo que deberíamos dejar que Gurney, Dave, diga lo que tenga que decir, que ponga las cartas sobre la mesa. Si hay un problema con su interpretación de las pruebas, lleguemos hasta el fondo. ¿Dave? Estoy seguro de que tiene más cosas que decirnos. Adelante, por favor.
Era tan evidente que Trout pretendía que reconociera haber recibido archivos robados que Gurney estuvo a punto de reírse en su cara.
– Quizá durante los últimos diez años he estado demasiado cerca de todo esto -añadió Trout, falsamente-. Quizás usted pueda aportar una mirada fresca. Cuénteme, ¿qué me estoy perdiendo?
– ¿Qué le parece el hecho de que hayan construido una gran hipótesis sobre muy pocos datos?
– De eso trata el arte de construir una premisa de investigación.
– También tratan de eso los delirios esquizofrénicos.
– Dave… -La mano de precaución de Holdenfield se levantó de su regazo.
– Lo siento. Me preocupa que el caso de estudio que se ha consagrado en los anales de la psiquiatría contemporánea sea solo un espejismo. El manifiesto, los detalles de los disparos, el perfil del asesino, la creación del mito por parte de los medios, la imaginación popular y la teorización académica tienen en común haber contribuido a la historia, modelándola, puliéndola, hasta convertirla en una verdad irrefutable. El problema es que no hay nada sólido que apoye que estemos ante una verdad irrefutable.
– Salvo, por supuesto -dijo Holdenfield con agudeza-, los dos primeros elementos que ha mencionado. De hecho, estos sí que son muy sólidos: el manifiesto y los detalles de los disparos.
– Pero supongamos que se hubieran diseñado para reflejarse y reforzarse el uno al otro. Es decir, supongamos que el asesino es mucho más listo de lo que se piensa. ¿Podríamos suponer que lleva diez años riéndose del equipo del agente Trout?
Los ojos de Trout se endurecieron.
– ¿He de entender que ha leído el perfil?
Gurney sonrió.
– ¿Otra prueba de acceso ilegal a archivos restringidos? En realidad, no he dicho nada de eso. Me he referido al perfil, pero no he dicho que lo haya leído. Déjeme simplemente especular durante un momento. Me jugaría algo que el perfil dice que el asesino es al mismo tiempo eficiente e ineficiente, estable y loco, ateo y fervoroso creyente, alguien que lo tiene todo calculado, pero alguien que improvisa de forma constante. ¿Voy bien?
Trout suspiró, impaciente.
– Sin comentarios.
– Aceptaron el manifiesto del asesino como la expresión legítima de su pensamiento, y lo hicieron por una sola razón: corroboraba las teorías de la policía, validaba las ideas que ya se estaban formando del caso. Nunca se les ocurrió pensar que el manifiesto era una charada, que les estaban tomando el pelo. El Buen Pastor les estaba diciendo que sus conclusiones eran correctas. Y por supuesto lo creyeron.
Trout negó con la cabeza, para aparentar resignación.
– Me temo que usted y yo vivimos en planetas diferentes. Por su historial, creí que estaríamos del mismo lado.
– Bien pensado. Estoy un poco alejado de la realidad.
– El objetivo del FBI, en el caso del Buen Pastor, y como debería ocurrir siempre, es descubrir la verdad. Es el objetivo de cualquier policía. Si compartiéramos la integridad de nuestra profesión, entonces estaríamos del mismo lado.
– ¿Eso cree?
– Es la base de todo lo que hacemos.
– Mire, Trout, he trabajado tanto tiempo como usted, quizá más. Está hablando con un policía no con el puto Rotary Club. Por supuesto, el objetivo es descubrir la verdad, salvo cuando otro objetivo se entromete. En la mayoría de los casos, no llegamos a la verdad. A lo que llegamos, si tenemos suerte, es a una conclusión satisfactoria. Llegamos a una forma creíble de caracterizar algo. Llegamos a una forma de convencer a alguien. Sabe perfectamente que la estructura de los cuerpos policiales del mundo real no recompensan la persecución de la verdad y la justicia. Recompensan conclusiones satisfactorias. El objetivo en el corazón de cada policía podría ser llegar a la verdad. Sin embargo, el objetivo por el que lo recompensan es la resolución del caso. Se pretende entregar al fiscal un sospechoso al que acusar, preferiblemente con una narración coherente del hecho y del móvil, y a ser posible con una confesión firmada: ese es el juego real.
Trout puso los ojos en blanco y miró su reloj.
– La cuestión es -dijo Gurney, inclinándose hacia delante- que tenían una narración coherente. En cierto modo, tenían una confesión firmada: el manifiesto. Por supuesto, la mosca en la sopa era el carácter esquivo del Buen Pastor. Pero, qué demonios, consiguieron el perfil del asesino. Tenían su detallada declaración de intenciones. Tenían seis asesinatos cuyas características se correspondían con lo que usted y los de la Unidad de Análisis de la Conducta sabían del Buen Pastor. Trabajo sólido, conclusiones lógicas. Coherente, profesional, defendible.
– ¿Cuál es exactamente su problema con eso?