Los coleccionistas [The Collectors - es]
- Автор: Балдаччи Дэвид
- Серия: Camel Club (es) #2
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
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De repente, ella pareció interesarse.
– Usted tampoco cree que DeHaven haya muerto de un ataque al corazón, ¿no?
«¿Tampoco?», pensó Stone.
– Señora DeHaven, ¿podría dedicarme unos minutos? Por favor, es importante.
Tomaron el café en un bar cercano, sentados en una mesa situada al fondo del local.
– Su marido le mencionó algo sobre la muerte de DeHaven, ¿no? -le preguntó Stone sin rodeos.
Ella sorbió el café y se caló el sombrero un poco más.
– CB creía que no había muerto de un ataque al corazón -respondió en voz baja.
– ¿Por qué no? ¿Qué es lo que sabía?
– No estoy segura. Nunca me comentó nada de forma directa.
– Entonces, ¿cómo sabe que tenía dudas?
Marilyn Behan vaciló.
– No veo motivo alguno para hablarle de ello.
– Seré sincero con usted, con la esperanza de que me devuelva el favor. -Le explicó lo de Reuben y por qué estaba en la casa, aunque no mencionó el telescopio-. No mató a su marido, señora Be-han. Estaba allí porque le pedí que vigilara la casa. Han pasado muchas cosas raras en Good Fellow Street.
– ¿Como qué?
– Como la persona que está en la casa al otro lado de la calle.
– No sabía nada sobre eso -replicó con nerviosismo-, y CB nunca lo mencionó. Sé que creía que lo espiaban. Tal vez el FBI, para sacarle los trapos sucios. Quizá fuera el FBI, quizá no, pero se ha ganado muchos enemigos.
– Ha dicho que no le comentó nada de forma directa sobre la muerte de Jonathan, pero en el funeral parecía querer asegurarse de que había muerto de un ataque al corazón. Dijo que a veces las autopsias son erróneas.
Ella dejó el café en la mesa y frotó nerviosa la mancha de pinta-labios rojo que había en el borde de la taza.
– Un día lo escuché hablar por teléfono, por casualidad -dijo, y se apresuró a añadir-: Yo iba a buscar un libro y él estaba hablando por teléfono en la biblioteca. La puerta estaba entreabierta.
– Estoy seguro de que no lo oyó de manera intencionada -dijo Stone.
– Pues bien, le estaba diciendo a alguien que acababa de averiguar que DeHaven se había hecho un chequeo cardiológico en el hospital Johns Hopkins y que estaba en plena forma. Luego dijo que había movido hilos en la policía de Washington y que se había enterado de que los resultados de la autopsia de DeHaven no eran satisfactorios. No encajaban. Parecía preocupado y dijo que investigaría al respecto.
– ¿Lo hizo?
– No solía preguntarle adónde iba, y él me dispensaba la misma cortesía. Es obvio que las circunstancias de su muerte ponen de manifiesto que a veces se descarriaba. Yo me marchaba a Nueva York en avión y tenía prisa; pero, por algún motivo, no lo sé, tal vez fuera su expresión preocupada, le pregunté adonde iría, si pasaba algo. Para ser sinceros, ni siquiera sabía que era propietario de la maldita empresa.
– ¿Empresa? ¿Qué empresa?
– Creo que se llamaba Fire Control, Inc., o algo así.
– ¿Fue a Fire Control?
– Sí.
– ¿Le dijo por qué?
– Quería comprobar algo. Oh, mencionó la biblioteca o, al menos, el lugar donde Jonathan trabajaba. Algo sobre que habían contratado su empresa para proteger la biblioteca de los incendios y eso, y que acababa de saber que se habían llevado algunas bombonas. También dijo que había una metedura de pata en el inventario.
– ¿Sabe si encontró algo?
– No, como ya le he dicho, me fui a Nueva York. No me llamó. Y cuando yo lo llamé, no mencionó nada al respecto; ya me había olvidado del asunto.
– ¿Le pareció que estaba inquieto cuando habló con él?
– No especialmente. -Se calló-. Oh, dijo que comprobaría las tuberías de nuestra casa. Pensé que bromeaba.
– ¿Las tuberías? ¿A qué se refería?
– No lo sé. Supuse que a las tuberías de gas, a que pueden tener fugas y provocar una explosión.
«Como lo que le sucedió al presidente de la Cámara, Bob Brad-ley», pensó Stone, pero se le ocurrió otra idea.
– Señora Behan, ¿tiene un sistema de rociadores contra incendios en casa?
– Oh, no. Tenemos una importante colección de ilustraciones, así que tuvimos que descartar el agua. Pero a CB le preocupaban los incendios. Mire lo que acaba de pasar al otro lado de la calle. Instaló otro sistema, uno que apaga los incendios sin agua. No sé muy bien cómo funciona.
– No se preocupe, creo que yo sí lo sé.
– Entonces ¿cree que quienquiera que matara a Jonathan también asesinó a CB?
Stone asintió:
– Sí. Y si estuviera en su lugar, me quedaría en otra casa, lo más lejos posible de aquí.
Ella abrió los ojos como platos.
– ¿Cree que corro peligro?
– Es probable.
– Entonces volveré a Nueva York. Me iré esta misma tarde.
– Eso sería lo más sensato.
– Supongo que la policía me dejará marchar. Les tuve que entregar el pasaporte. Supongo que soy sospechosa. Al fin y al cabo, soy la esposa. Mi coartada es irrefutable, pero supongo que podría haber contratado a alguien para que lo matara mientras yo estaba en Nueva York.
– No sería la primera vez -admitió Stone.
Permanecieron en silencio durante unos instantes.
– CB me quería -dijo ella finalmente.
– Estoy seguro -repuso Stone con cortesía.
– No, sé lo que está pensando, pero él me quería. Las otras mujeres sólo eran divertimentos. Iban y venían. Yo era la única que siempre estaba a su lado. Y me lo dejó todo. -Sorbió el café de nuevo-. Resulta irónico, aunque se hizo rico fabricando armamento, en realidad odiaba las armas y nunca tuvo ninguna. Lo suyo era la ingeniería. Era un tipo inteligente y trabajaba más duro que nadie. -Se calló-. Me quería. Eso las mujeres lo notamos. Y yo también le quería a él, a pesar de sus defectos. Todavía no me creo lo ocurrido. Una parte de mí ha muerto con él. -Se secó una lágrima del ojo derecho.
– Señora Behan, ¿por qué me miente?
– ¿Qué?…
– ¿Por qué me miente? Ni siquiera me conoce, ¿por qué se molesta, entonces?
– ¿A qué coño se refiere? No miento. Le quería.
– Si de veras le quería, no habría contratado a un detective privado para vigilar la casa desde el otro lado de la calle. ¿Fotografiaba las idas y venidas de las mujeres con las que su marido se entretenía?
– ¡Cómo se atreve! No tengo nada que ver con eso. Seguramente era el FBI, que espiaba a CB.
– No, el FBI habría sido lo bastante inteligente como para traer a un equipo de agentes, al menos un hombre y una mujer para que pareciera un hogar normal. Habrían sacado la basura y se habrían ocupado de las tareas cotidianas, y no se habrían dejado ver durante la vigilancia. Además, ¿por qué habría de vigilar su casa el FBI? ¿Acaso creerían posible que su marido se reuniría en su casa con alguien que lo incriminaría? Por increíble que parezca, ni siquiera el FBI cuenta con presupuesto ilimitado. -Negó con la cabeza-. Espero que no pagase mucho dinero a la empresa, porque su servicio no lo vale.
Ella se levantó a medias de la silla.
– ¡Cabrón!
– Podría haberse divorciado. Se habría quedado con la mitad de todo y sería una mujer libre.
– ¿Después de que me humillase de esa manera? ¿De que esas putas desfilasen por MI casa? Quería que sufriera. Tiene razón: contraté a un detective privado y lo instalé en esa casa. ¿Y qué? ¿Y las fotografías que ya había tomado de mi marido y esos putones? Pensaba usarlas para desangrar vivo a CB y obligarle a que me lo diera todo. De lo contrario, todo habría salido a la luz, y al Gobierno federal no le gusta que sus contratistas se metan en situaciones comprometedoras. CB contaba con autorizaciones altamente confidenciales. Tal vez no las habría tenido si el Gobierno hubiera sabido que hacía algo por lo que se le podría chantajear. Y, después de que me lo diera todo, pensaba dejarle. El no era el único que tenía líos. He tenido unos cuantos amantes y he elegido uno con el que viviré el resto de mis días. Pero ahora me quedaré con todo sin necesidad de chantajearle. Es la venganza perfecta.