Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Триллеры » Los coleccionistas [The Collectors - es]
Los coleccionistas [The Collectors - es] - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Los coleccionistas [The Collectors - es]

Электронная книга - «Los coleccionistas [The Collectors - es]». Краткое содержание книги:

l Camel Club entra de nuevo en acción. Son cuatro ciudadanos peculiares con una misma meta: buscar la verdad, algo difícil en Washington. Esta vez el asesinato del presidente de la Cámara de Representantes sacude Estados Unidos. Y el Camel Club encuentra una sorprendente conexión con otra muerte: la del director del departamento de Libros Raros y Especiales de la Biblioteca del Congreso. Los miembros del club se precipitarán en un mundo de espionaje, códigos cifrados y coleccionistas.
1 ... 55 56 57 58 59 60 61 62 63 ... 90
Перейти на страницу:

«El plástico nunca falla», pensó Reuben mientras suspiraba de nuevo. Volvió a mirar hacia la otra ventana, donde vio con claridad un destello rojo. Eso no era un coche. Se acercó a la ventana y se quedó helado al ver la casa que estaba al otro lado de la calle. Aquel maldito lugar estaba envuelto en llamas. Escuchó con atención. ¿Eran sirenas? ¿Alguien había avisado del incendio?

No tuvo tiempo de responder a esa pregunta. El golpe le llegó desde atrás y lo derribó al suelo. Roger Seagraves rodeó el cuerpo y se acercó a la ventana con vistas a la casa de Behan, donde, sin tan siquiera usar el telescopio, vio que la joven había terminado de desvestirse y, con una sonrisa picara, se arrodillaba lentamente frente a un Cornelius Behan más que contento. Poco le duraría.

Cuando Reuben se despertó, al principio no supo dónde estaba. Se irguió poco a poco y vio la habitación. Seguía en el desván. Se levantó con las piernas temblorosas y recordó lo sucedido. Cogió un viejo trozo de tablón a modo de arma mientras recorría el desván con la mirada. No había nadie, estaba completamente solo. Pero alguien lo había golpeado tan fuerte en el cráneo que lo había derribado y dejado inconsciente.

Oyó ruidos procedentes de la calle. Miró por la ventana. Había varios camiones de bomberos alineados en la calle apagando las llamas de la casa de enfrente. Reuben también vio ir y venir varios coches de policía.

Mientras se frotaba la nuca, miró hacia la casa de Behan. Las luces estaban encendidas. Al ver que la policía entraba en la casa, tuvo un mal presentimiento. Cruzó la habitación tambaleándose y miró por el telescopio. La luz del dormitorio seguía encendida, aunque la actividad era bien distinta.

Cornelius Behan estaba tumbado boca abajo en el suelo, completamente vestido. Tenía el pelo mucho más rojo gracias al enorme agujero que se le veía en la parte posterior de la cabeza. La joven estaba apoyada en la cama, sentada. Reuben le vio las manchas rojas en la cara y en el pecho. Parecía como si le hubieran disparado en la cabeza. Los policías uniformados y de paisano estudiaban con detenimiento la escena del crimen. ¿Cuánto tiempo había estado inconsciente? Lo que vio a continuación hizo que olvidara todo lo demás.

Había dos orificios de bala en la ventana del dormitorio y otros dos orificios idénticos en la ventana por la que él estaba mirando. «¡Oh, mierda!», exclamó, tras lo cual salió corriendo hacia la puerta, tropezó de nuevo y se cayó. Alargó la mano para incorporarse y cogió algo del suelo.

Al levantarse, sostenía el rifle que estaba seguro que se había utilizado para matar a Behan y a la joven. Mientras corría por la cocina, vio la comida que había dejado fuera y supo que sus huellas estarían por todas partes, pero no tenía tiempo para preocuparse de eso. Salió por la puerta de atrás.

La luz lo cegó y levantó una mano para bloquear aquel resplandor.

– ¡Alto!-gritó una voz-¡Policía!

Capítulo 44

– Le conseguí un abogado -explicó Caleb-, aunque es tan joven y barato que no sé si lo hará bien. Pero le conté una mentira piadosa y le dije que Reuben estaba allí a petición mía para vigilar la colección de libros, y que por eso tenía las llaves de la casa y sabía la combinación de la alarma. Le expliqué lo mismo a la policía. Les proporcioné el nombre del abogado de Jonathan para que confirmen mi papel como albacea literario.

Milton y Caleb estaban en casa de Stone. La pasmosa noticia de la detención de Reuben por los asesinatos de Cornelius Behan y su amiga saltaba a la vista en el semblante sombrío de los presentes.

– ¿Saldrá bajo fianza? -preguntó Milton.

Stone negó con la cabeza.

– Teniendo en cuenta la situación personal de Reuben y las circunstancias del caso, lo dudo. Pero quizá con la información que Caleb les ha proporcionado reconsideren las acusaciones.

– He visto a Reuben esta mañana -dijo Caleb-. Me ha contado que estaba vigilando la casa de Behan cuando vio las llamas y luego alguien le golpeó en la cabeza y lo derribó. Cuando volvió en sí, vio que Behan y la chica estaban muertos. Intentó huir, pero la policía lo pilló.

– La prensa se ha puesto las botas con el hecho de que Behan apareciese muerto con su amante desnuda. Al parecer, anoche la señora Behan estaba en Nueva York -añadió Milton.

– Lo que tenemos que hacer es encontrar al verdadero asesino -dijo Stone.

– ¿Y cómo lo conseguiremos? -preguntó Milton.

– Prosiguiendo con nuestras investigaciones. -Miró a Caleb-. Necesitaríamos echar un vistazo a las cintas de vídeo de seguridad de la biblioteca.

– Susan dijo que me ayudaría, pero no he sabido nada de ella.

– Entonces te sugiero que lo hagas tú solo -dijo Stone.

Aunque Caleb pareció sorprenderse, no cuestionó sus palabras.

– Creo que podemos afirmar con toda tranquilidad que Behan y Bradley no eran amigos -dijo Stone-. Al principio creía que Behan había ordenado la muerte de Bradley, y puede que sea cierto, pero ¿quién mató a Behan y por qué?

– ¿Para vengarse de él por haber matado a Bradley? -sugirió Milton.

– Si fuera cierto, tendríamos que investigar a los posibles sospechosos desde esa perspectiva. -Stone miró a Milton-. Necesitaré información sobre miembros del gabinete de Bradley, socios conocidos o tal vez amigos en el ejército o en las agencias de inteligencia que contaran con los medios para asesinar a Behan.

Milton asintió.

– Hay algo llamado Directorio de No Electos que podría sernos útil. Sin embargo, será complicado obtener información de los militares o las agencias de inteligencia.

– Quienquiera que matase a Behan sabía que Reuben estaba en la casa y le cargó el muerto. Eso significa que también estaban vigilando la casa.

– ¿Los que estaban en la casa de enfrente que Reuben mencionó? -aventuró Caleb.

Stone negó con la cabeza.

– No. El fuego seguramente lo provocó un cómplice del asesino. Sabían que la casa de Behan estaba bajo vigilancia. El fuego fue una distracción para entrar en la casa, matar a Behan y huir.

– Muy astuto -comentó Caleb.

– Iré a ver a Reuben -dijo Stone.

– ¿No te pedirán la documentación o algo, Oliver? -señaló Milton.

– Pueden pedírmela, pero que yo sepa no es delito no tenerla.

– Estoy seguro que de Susan podría conseguírtela -sugirió Milton-. Tenía credenciales del FBI que parecían reales.

– ¿Dónde está nuestra intrépida compañera? -preguntó Caleb.

– Tenía otros planes -respondió Stone.

Jerry Bagger estaba sentado en su despacho con una expresión de derrota del todo inusual. Con mucha discreción, habían distribuido fotografías de Annabelle y Leo hasta en el último rincón del mundo de los estafadores, y nadie había logrado identificarlos. No resultaba sorprendente, porque no tenían ninguna instantánea clara de ella ni de su adlátere. Era como si hubieran sabido dónde estaban las cámaras de vigilancia. Y, aunque los suyos se habían esforzado por impedirlo, se habían filtrado pequeños rumores sobre la estafa; lo cual seguramente era peor que contar la verdad pura y dura, ya que daba pie a todo tipo de especulaciones. En resumen, el rey de los casinos era el hazmerreír de todos y eso aumentaba su deseo de encontrar a los dos estafadores y pasarlos por la sierra circular mientras grababa con la videocámara sus últimos suspiros agónicos en la tierra.

Habían registrado sus habitaciones y no habían encontrado ni una huella dactilar. Los vasos que la mujer y su compinche habían tocado estaban relucientes. El móvil que ella había arrojado contra la pared había acabado en un contenedor de escombros y luego en el vertedero del estado al que iba a parar la basura. El período de cuatro días les había permitido borrar su rastro. Bagger se llevó las manos a la cabeza. Y pensar que había sido él quien había sugerido ampliar el plazo a cuatro días. Se había estafado a sí mismo.

1 ... 55 56 57 58 59 60 61 62 63 ... 90
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)